El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Los productos milagro para adelgazar inducen un ‘efecto liberador’ frente a la comida

Capsula coheteEstá guay, muy guay, eso de preocuparse por adelgazar cuando las circunstancias personales de cada uno lo ponen de relieve. Cuando se consigue de verdad, el hecho de ir restándole kilos a nuestra existencia suele implicar un mejor pronóstico de salud, una mayor seguridad personal, la satisfacción de los objetivos alcanzados y, para mí última instancia, una mejoría en la imagen.

No obstante, al afrontar las posibles soluciones asociadas al hecho de adelgazar, las personas implicadas se enfrentan a una primera dicotomía que les obliga a tomar una decisión. Me refiero al “cómo”. Se puede hacer “bien”, tomando las medidas oportunas que implican un cambio en los hábitos de vida que en cada caso le han llevado a cada a ir incrementando su peso de forma paulatina… y se puedo hacer “mal”, es decir, usando cualquiera de las muy frecuentes y ubicuas “soluciones adelgazantes” que en realidad solo son meros artificios cosméticos especialmente diseñados para tranquilizar conciencias y de esta forma reafirmar al usuario en la confianza de que algo ya se está haciendo para atajar el problema del sobrepeso. Hacerlo “mal” y recurrir a esos artificios cosméticos implica, por ser más claro, recurrir a los denominados como “productos milagro” (entre otras posibles malas soluciones).

Sin embargo, tal y como se ha puesto de manifiesto en numerosas entradas a lo largo de los casi cuatro años de existencia de este blog, no existe ni uno solo de esos “productos milagro” que haya conseguido demostrar per se el ser eficaces en eso de “ayudarnos a adelgazar”. Ni la alcachofa, ni la cetona de frambuesa, ni la garcinia cambogia, ni el ojo de halcón, ni las pulseras o pendientes adelgazantes, ni la faseolamina, ni el vinagre de manzana, ni la capsaicina, ni el té verde, ni el café del mismo color, etcétera… han aportado pruebas concluyentes de resultar eficaces en estas cuestiones. Sí, ya sé que hay muchos, algunos incluso que no se han tocado en el blog, pero insisto: ninguno vale. Ninguno. Por algo se llaman productos milagro.

Pero hay peores noticias…

De todas formas lo peor de tomar cualquiera de estos suplementos adelgazantes no es que no hagan nada ni tampoco está en el hecho de dejarse una pasta (porque encima son bastante caros, y más teniendo en cuenta su nula efectividad)… lo peor es que su uso es, a la larga contraproducente para los intereses de las personas que se deciden en un momento utilizarlos. Y no me malinterpretes, porque si bien su efecto “metabólico” no ayuda adelgazar, tampoco estoy diciendo que a partir de ese mismo efecto hagan engordar.

Lo que sí que ocurre es que los usuarios que recurren a estas “soliuciones” obtienen de su subconsciente una respuesta “liberadora” que se traduce en una mayor indulgencia a la hora de realizar aquellas elecciones dietéticas menos indicadas para sus propósitos. Total, “yo ya me estoy cuidando con la pastilla… y por tanto me puedo permitir el exceso dietético” vendría a ser una forma de resumir el hecho.

Así, con la obtención de esa sensación liberadora los usuarios se relajen en el control de la ingesta porque para ello han hecho descansar en el producto milagro la consecución de los objetivos programados, es decir de adelgazar. Es una consecuencia psicológica subconsciente,  no intencionada que podría implicar a la larga la ganancia de peso. Justo lo contrario de lo que se persigue. Toma paradoja.

Digo lo que digo porque tal es como se ha puesto de relieve en un reciente estudio titulado The liberating effect of weight loss supplements on dietary control: a field experiment (El efecto liberador sobre el control dietético de los suplementos para perder peso: un experimento en contexto real). El estudio participaron 70 mujeres de entre 18 y 34 años que pretendían perder peso. Una vez separadas en dos grupos, a las del primer grupo se le aportó una pastilla informándoles de que era un placebo (es decir, haciéndoles saber que lo que les estaban dando no servía para nada o lo que es lo mismo “condición control de placebo conocido”) y a las del segundo se les dio la misma pastilla (es decir, también un placebo) pero informándoles de que era un verdadero suplemento para la pérdida de peso.  Dentro de la dinámica del estudio se les informó a las mujeres de ambos grupos que se les iba a premiar con un almuerzo tipo bufé libre… y los investigadores tomaron buena nota de cuáles fueron las reacciones de las mujeres de ambos grupos ante el fastuoso ágape.

Los resultados, los que de alguna forma ya te he contado:

Las mujeres que creían haber recibido un suplemento para perder peso real comieron significativamente más cantidad de alimentos y con un perfil nutricional menos saludable para sus intereses que aquellas que sabían que su pastilla no servía para nada porque para eso ya les habían informado previamente de ello.

En resumen, el uso de suplementos para perder peso, cualquiera, además de no haber demostrado servir para nada, sirve para que las personas que los usan depositen la confianza en el producto que toman para adelgazar. Por tanto, se aumentan las probabilidades de comer de más o peor (total… ya tienen su escudo frente a la ganancia de kilos… deben de pensar) retrasando en el tiempo las verdaderas soluciones que sí les llevarían a perder los kilos de más.

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Nota: Mi agradecimiento a la compañera Rosa María Espinosa por hacerme partícipe de esta información.

Imagen: iosphere vía freedigitalphotos.net

Etiquetado de alimentos: lo obligatorio, lo voluntario y las novedades (en infografías)

Manzana información nutricionalRonda por ahí una frase lapidaria que asevera que la información es poder. De ahí, supongo, que el 90% de los consumidores lea las etiquetas de los alimentos en el momento de la compra: un 65% afirma leerlas siempre y un 25% dependiendo del producto. Estos son los datos que se desprenden de un estudio llevado elaborado en el mes de marzo por Consumolab.

Nos gusta, digo yo, tener el poder… al menos de decidir si compramos o no un determinado alimento en virtud de la información que su fabricante nos hace llegar en su etiqueta.

Por esta razón y por el peligro que en cierta medida subyace de que nos den gato por liebre, la administración pública (en este caso principalmente la europea) se esfuerza para que esa información sea coherente, accesible y dé respuesta a las necesidades del consumidor. La última gran reforma referente al etiquetado de los alimentos entró en vigor el pasado mes de diciembre de la mano del  Reglamento Europeo 1169/2011 Sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, y te lo conté en esta entrada.

Lo cierto es que con el reglamento nuevo o sin él pocas cosas parece que han cambiado a ojos del consumidor medio tal y como pone de relieve el estudio mencionado que afirma que, al menos para el mes de marzo de este año, tan solo el 39% de los encuestados manifestó haber notado cambios en el etiquetado tras la entrada en vigor del RE 1169/2011… Espera, espera… Houston tenemos un problema:

¿No leía el etiquetado el 90% de los consumidores? Pues según esta confrontación de datos, cerca de un 51% de los consumidores que leen las etiquetas… las leen, pero por lo que se ve se enteran de bastante poco.

Para qué nos vamos a engañar, encontrar la información sensible que a cada uno le resulte relevante, poderla leer sin dificultad e interpretarla de la forma adecuada no es fácil y para buena parte de la población, desentrañar la información del etiquetado supone un auténtico galimatías… de hecho lo contrasto cada año con mis alumnos cuando, aun después de la correspondiente clase, no son pocos los que se siguen sin aclarar, sin encontrar la información o sin hacer una lectura ajustada tras la utilización de varias etiquetas comunes que podemos encontrar en cualquier supermercado. ¿Será que no nos enteramos de lo que está claro o que la norma sigue sin facilitar un etiquetado claro? Ahí lo dejo.

No obstante eso no quita para que nuestras autoridades sanitarias, en este caso a partir de la AECOSAN, se esfuercen para hacer llegar al consumidor las claves de un adecuado etiquetado, bien para que puedan acceder a él conociéndolo, bien para que ante cualquier irregularidad puedan tomar las medidas que estimen oportunas. En este sentido desde hace unos pocos días la AECOSAN ha puesto a disposición de los ciudadanos una web en la que explica qué puede y que no puede esperar el consumidor del etiquetado… siempre y cuando estemos ante un producto que en este sentido cumpla la actual legislación.

Así, bajo el título genérico de ‘El etiquetado cuenta mucho’ se despliegan una serie de contenidos que ponen en alza el valor de la nueva legislación e instruye al consumidor sobre la misma:

Y a mí, en líneas generales me parece fenomenal. Ahora bien, puestos a hacer esta página informativa, me hubiera gustado encontrar un apartado en el que con toda la racionalidad del mundo se afrontaran nuevos retos, dudas a resolver en el futuro, asuntos pendientes, etcétera que tiene la actual legislación sobre etiquetado. Ojo que no estoy hablando de que se critique lo hasta ahora hecho, pero sí que en un ejercicio de honestidad bien entendida se aportara la perspectiva de nuestras autoridades al respecto de temas candentes en la materia. Uno de los más importantes, desde mi punto de vista es por ejemplo el tema de las grasas trans. Y es que mientras medio mundo civilizado está enfrascado en una guerra abierta para su prohibición (ojo, que no digo declaración de su presencia en el alimento) aquí y de momento, no existe obligación alguna de mencionarlas en el etiquetado.

Por último, otro de los aspectos que necesita un repasito, es el tema del control. Me refiero a que me parece muy bien que haya un cuerpo legal que apueste por unas determinadas obligaciones… pero hay que hacerlas cumplir. Y es que en el terreno del etiquetado se siguen viendo muchos disparates e incongruencias (antes y después de la entrada en vigor del mencionad RE 1169/2011). De poco sirve tener tanta ley si no se hace cumplir o si las sanciones no son ejemplarizantes. Parece que en esta tarea de denuncia sobre los desmanes en el etiquetado las que llevan el grueso de esta pesada tarea son las asociaciones de consumidores.

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Imagen: Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

Incluir nutrientes “clave” es percibido como más saludable que comer comida

Lo reconozco, el nutricionismo es uno de mis caballos de batalla. Esta corriente puede también denominarse como nutriente-centrismo, expresión que deja más a las claras la ideología subyacente. Lo comenté de forma más o menos pormenorizada hace ya casi 3 años en este post y lejos de atenuarse va a más. Hablé de nuevo sobre el tema pasado un tiempo cuando el padre del término nutricionismo, Gyorgy Scrinis, publicó un libro en el que abordaba de forma monográfica sus implicaciones. Y como digo, cada día observo más consumidores víctimas de la fiebre ocasionada por esta ideología. Fíjate cómo deben de estar las cosas que aunque lentamente, ya se empiezan a realizar estudios al respecto. El último, bastante reciente, pone de relieve que la población atribuye a los nutrientes aislados (y no tanto a la comida que los pudiera contener) un factor protector frente a las enfermedades crónicas.

Naranja y vitamina C

Antes de continuar, y para todos aquellos que no estén al corriente creo necesario aportar una mínima descripción de lo que se entiende por nutricionismo. En realidad es algo muy fácil de comprender, se trataría de hace descansar en los nutrientes aislados virtudes generales sobre la salud independientemente de la matriz alimentaria (o suplementaria) en la que estén incluidos. Su práctica se pondría de relieve en aquellas personas que, por ejemplo, deciden tomar un suplemento de ácido fólico en vez de incluir en su minuta diaria suficientes alimentos de origen vegetal que a buen seguro incluirán esta vitamina. O bien, cuando se consume una bebida láctea enriquecida con omega tres en vez de consumir con la adecuada frecuencia pescado en la dieta. Si cada día el nutricionismo está más de moda… o si condiciona la conducta de los consumidores, queda bastante de manifiesto cuando nos damos un paseo por los pasillos de un supermercado, o cuando vemos los anuncios de productos alimenticios y de suplementos en la televisión. Lo cierto es que es que hay una oferta infinita de este tipo de productos enriquecidos en lo que sea. Y si esa oferta que es infinita viene produciéndose desde al menos una década larga, es porque la demanda, tristemente, también es infinita.

Así lo ha puesto de relieve como te decía un reciente estudio: Nutrient-centrism and perceived risk of chronic disease (El nutriente-centrismo y la percepción de riesgo de padecer enfermedades crónicas). En él, 114 estudiantes de psicología han sido objeto de estudio y se contrastó que para ellos la descripción de una dieta en términos de nutrientes (mencionar los nutrientes que contenía una dieta dada) era percibido como un elemento más beneficioso para la reducción del riesgo de sufrir determinadas enfermedades (diabetes, patologías cardiacas, etcétera) que cuando la misma dieta se describía mencionando los alimentos “naturales” que la componían. Creo que está bastante claro, pero voy a poner un ejemplo.

De igual forma que decir que nuestras cañerías están llenas de monóxido de dihidrógeno puede tener connotaciones negativas para muchas personas (a pesar de que es lo mismo que decir que nuestras cañerías están llenas de agua); en este estudio se puso de relieve que para esta muestra el decir que alguien sigue una dieta alta en magnesio tiene más virtudes protectoras que si le dices que lo que tiene es una dieta alta en espinacas… Es decir, nutricionismo galopante.

Lo cual, además de ser un error, supone un importante peligro ya que desde hace bastantes años la industria alimentaria nos está bombardeando con alegaciones presuntamente saludables (mencionando dichos nutrientes) en productos con un perfil nutricional francamente nefasto. De esta forma, no pocos consumidores prefieren (por que lo perciben como mejor) las salutíferas alegaciones que pueda incluir la publicidad de unas salchichas de frankfurt “ricas en proteínas y fósforo”, que el anodino aspecto de un huevo pasado por agua… que, no es por nada y desde el más estricto punto de vista nutricional, le da bastantes vueltas a las mencionadas salchichas.

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Nota: Una vez más, agradezco a Marc Casañas (@Firefly_fan) sus aportaciones para este artículo.

Imagen: Maggie Smith vía freedigitalphotos.net

Imposible reconocer los antepasados de lo que comemos

La verdad es que el título que hoy me hubiera gustado poner no me cabía: “Tú no has evolucionado ni la mitad de la mitad de lo que lo han hecho los alimentos en los últimos milenios”… así que he optado por una versión más accesible.

En cualquier caso reconozco que me gotea el colmillo cuando cae en mis manos este tipo de información tan gráfica y contundente. Me refiero a cuando hay argumentos así de sencillos para poner de relieve que la historia esa de comer alimentos eco, bio o naturales… o productos “como nos los ofrece la naturaleza” y demás bla, bla… y ecobla se cae por su propio peso.

Aquí tenemos una serie de infografías de James Kennedy, un profesor de química en Australia, que ponen de relieve cómo eran antiguamente, hace cerca de 10.000 años los alimentos que hoy tan alegremente comemos y nos parecen tan naturales, tan originales y tan inmutables.

La realidad es que muchísimo antes de cualquier idea transgenética el aspecto de nuestras frutas y verduras ha cambiado de forma espectacular desde la aparición de la agricultura. Con ella, los responsables de la producción, los agricultores, han ido generación tras generación (de vegetales) seleccionando artificialmente (uso el adverbio aunque no debiera hacer falta) los cultivos y las cosechas para buscar los rasgos más deseables en cada caso, de forma típica los del tamaño, el color y el sabor.

Como 10.000 años son muchos para ir detallando los cambios acontecidos, este profesor ha ideado un súper resumen gráfico de esos cambios que han sufrido algunos vegetales.

Por ejemplo, la sandía: creo que seríamos incapaces de reconocer esta fruta como tal si nos presentaran las sandías-abuelas de hace 9.000 años… antes tenían ¡un diámetro medio de 5 cm y no pesaban más de 80 gramos! (ahora lo normal es que ronden los 2 a 8 kg)… ¿Y cómo se han producido los cambios de las sandías salvajes a lo que actualmente conocemos como sandías? Pues como decía antes, por selección artificial. Pero no son estos los únicos cambios… su composición, el número de variedades, etcétera son otras variables que han sufrido cambios espectaculares.

(James Kennedy)

(James Kennedy)

Otro ejemplo son los melocotones de hace 6.000 años a los que nos costaría esfuerzo reconocer ahora si nos los presentaran. Estos son ahora ¡16 veces más grandes que entonces! más jugosos… y cuentan con infinidad de variedades más (3 en la antigüedad frente a las 67, más o menos, actuales)

peach2

(James Kennedy)

Y así podríamos seguir con las zanahorias, el maíz, los tomates, la patata, las acelgas, la lechuga… es decir con absolutamente todos los alimentos de origen vegetal. Y no solo vegetal, también animal, ya que los pollos, los cerdos, los corderos, las terneras… definitivamente, todo lo que hemos considerado como alimento lo hemos modificado artificialmente por selección a nuestra antojo y conveniencia, como para que ahora me diga nadie que una manzana o un pollo es “natural” en base a su producción ecológica. Pues no.

Puedes consultar más infografías del mismo autor en este enlace.

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Nota: Mi agradecimiento a Ivan Zaera (@tricutumdurum) por hacerme llegar los contenidos para este post

Me voy a Bilbao al #Naukas15… ¿me prestas tus hijos? Es gratis

En apenas el plazo de una semana voy a tener el privilegio de estrenarme en las conocidas y reconocidas jornadas de divulgación científica Naukas 2015.

NAUKAS-BILBAO-2015

Para quien aun no la conozca (raro si visitas con asiduidad este blog o el de mi vecino Alfred Lopez) Naukas es el nombre que recibe una plataforma de divulgación con tres ejes fundamentales: ciencia, escepticismo y humor. No creo que sea preciso explicar mucho más ya que para muestra aquí está la espectacular web.

Bueno el caso es que desde hace 5 años y acogidas en el Paraninfo de la Universidad del País Vasco se vienen celebrando en Bilbao las mencionadas jornadas Naukas de divulgación científica.

Creo no equivocarme si digo que desde el año pasado además del programa, vamos a llamarlo central, se organiza otro programa con actividades y sesiones dirigidas a los más pequeños, que reciben el nombre de Naukas Kids. Pues bien, mi estreno en las jornadas se va a concretar con ellos… así que, tal y como te decía en el título te estaré infinitamente agradecido si me “prestas” tus hijos durante media hora en la mañana del sábado 12 (en concreto de 11:30 a 12:00) para que participen en una actividad dirigida titulada “El secreto de la pirámide”. En ella trataré de reflexionar con los más pequeños al respecto de algunas herramientas que se utilizan en los colegios para tratar las cuestiones relativas a la nutrición y de qué forma y manera se debería mejorar ese mensaje desde mi punto de vista.

En esencia se trata de cuestionar el mensaje obsoleto de la conocida como pirámide de la alimentación saludable y valorar la utilidad de nuevas herramientas que de un tiempo a esta parte dejan un mensaje mucho más claro sobre estas cuestiones, me refiero fundamentalmente al plato de la alimentación saludable.

La mayor parte de los contenidos que se adaptarán para el público infantil están contenidos en los artículos que puedes encontrar al final de este post. Por si fuera este poco aliciente… te adelanto que mis hijas ya están apuntadas…

Las jornadas Naukas 2015 tienen el aliciente para mí, y seguro que para muchos de vosotros de servir como escusa para saludar a un montón de amigos y compañeros, entre ellos como te decía a Alfred López (“Ya está el listo que todo lo sabe”), pero también estarán Aitor Sánchez (“Mi dieta cojea”), José Manuel López Nicolás (“Scientia”), José Miguel Mulet (“Tomates con genes”), Luis Jiménez (“Lo que dice la ciencia para adelgazar“) entre otros muchos, por no hablar de todas aquellas personas que tendré la ocasión de desvirtualizar (tú mismo si te apuntas).

Aquí te dejo enlaces para que amplíes la información: Programa general #Naukas15 (en el que encontrarás todas los datos referidos a la sede, horarios…) y programa #NaukasKids15 y además he aquí una serie de

Consejos útiles para asistir al evento naukas 2015 (aportados por la propia organización):

  • La entrada es LIBRE y GRATUITA hasta completar el aforo (aproximadamente 500 plazas). Os aconsejamos llegar con antelación porque como vimos en anteriores ediciones, la sala se llena.
  • Pondremos a disposición del público una amplia oferta de libros de divulgación escritos principalmente por los colaboradores de Naukas, así que podéis aprovechar para que os los dediquen.
  • También venderemos nuestras míticas camisetas, con el aliciente de que este año y como conmemoración del quinto aniversario del evento tendrán un nuevo diseño.
  • Si vienes con críos, no te lo puedes perder… Este año habrá 9 sesiones de Naukas Kids.
  • Durante los descansos estrenaremos varios videos de divulgación en primicia.
  • El sábado a las 17:00 se realizará un EVENTO SORPRESA que anunciaremos durante el evento, pero os recomendamos que no os lo perdáis.
  • Aunque no hemos encontrado patrocinador para los Premios Tesla, nos hemos rascado nuestro propio bolsillo y os podemos confirmar que habrá IV edición de los Premios Tesla.
  • El evento será retransmitido en streaming y será posible seguirlo tanto desde la web de EiTB como desde la propia web de  Naukas.com.

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Vídeo que desmonta la dieta paleolítica y saca lecciones prácticas en apenas 20 minutos

Neanderthal

La mayor parte del actual movimiento paleodietético es una moda engañosa en sus planteamientos iniciales y falaz en varias de sus propuestas. Dicho esto, también es preciso reconocer que hay ciencia detrás, eso es cierto, más entre bambalinas que cara al público… pero lo que a pie de calle se hace llegar a la gran mayoría de consumidores es un estereotipo bastante ramplón de cómo debía vivir y comer un genuino cavernícola… un poco al estilo de “Érase una vez el Hombre”.

Más o menos esta es la conclusión en la que me reafirmo después de ver esta sensacional charla TED conducida por una joven doctora arqueóloga especializada en dietas antiguas… y me refiero a las antiguas de verdad. Me reafirmo digo porque ya te conté mi parecer en este post dos meses atrás.

Como se menciona en el título, la Dra. Christina Warinner no necesitó más de 20 minutos para, casi literalmente, despedazar con sus argumentos la moda actual conocida como dieta paleolítica. Nacida en la década de los años 70 con el libro “La dieta de la edad de piedra” hay que reconocer que ha alcanzado su esplendor mediático y popular en este siglo XXI y lo ha hecho dando por ciertos unos importantes mitos que no están avalados por la evidencia arqueológica, es decir, la que trata de poner de relieve qué pasó en aquel entonces. Por ejemplo:

  • Primer mito: los seres humanos evolucionaron para comer carne y en el Paleolítico se consumía en grandes cantidades.
  • Segundo mito: en el Paleolítico no se consumían cereales integrales o legumbres.
  • Tercer mito: los alimentos que se plantean consumir hoy en día en la denominada paleodieta, son los mismos que consumían nuestros antepasados en el Paleolítico.

Y son mitos o mentiras porque esta investigadora tiene pruebas que los contradicen. Es mejor que te lo cuente ella.

No obstante, el vídeo no se queda ahí echando por tierra la moda, sino que de forma muy lúcida, esta investigadora reconoce que nuestro actual patrón de consumo no es saludable y que ciertamente se aleja bastante del estilo de alimentación que debieron de tener nuestros antepasados y por tanto termina lanzando una serie de consejos claros y contundentes alineados con nuestras necesidades de salud y… lo mejor, basado en lo que probablemente sí se tiene claro de lo que se hacía en el paleolítico. ¿Quieres saber cuáles son esos consejos? No creo que te sorprendan si visitas con cierta frecuencia este blog, es mejor que te lo explique la Dra. Christina Warinner (insuperable) pero muy en resumen:

1º No hay una única dieta válida, la [adecuada] diversidad es clave.

2º Consumamos alimentos frescos en base a su estacionalidad.

3º Consumamos integral, no refinado ni procesado.

Impactante su reto: ¿Sabe alguien cuanta caña de azúcar habría de comer para igualar la cantidad de azúcar contenida en un litro de refresco? Esto ya, mejor lo ves tú mismo (está subtitulado)

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Nota: Mi agradecimiento a Vicente Prieto @jvicenteprieto, un buen compañaro con el que comparto buenos ratos en Twitter por haberme hecho llegar este vídeo.

Imagen: Photaro vía Wikimedia Commons.

Diga coláge-no (o la tontería de los suplementos de este tipo)

Colágeno

Hace unos pocos días hablábamos de la absurda moda enriquecedora en base al uso de suplementos de magnesio en forma de comprimidos, pastillas, soluciones, geles… es decir, más allá de su consideración como mineral esencial dentro de los alimentos de forma natural. Entonces ya te contaba que de forma bastante habitual esta tontuna (no necesitamos magnesio más allá del que nos provee una dieta equilibrada, ni tampoco por tomar de más encontraremos mayor beneficio) se acompaña de otra pauta enriquecedora, me refiero al colágeno. Resumiendo la introducción: existe una corriente actual que invita a suplementar la dieta con magnesio y con colágeno para así obtener algunos beneficios sobre la salud.

La cuestión que trataré de aclarar en este post consiste en poner de relieve hasta qué punto este enriquecimiento con colágeno puede resultar interesante.

Colágeno, me suena, ¿pero qué es?

En aras de la concreción y de la accesibilidad de la información, por colágeno en general se entiende una amplia familia de proteínas de origen animal que se organizan formando fibras (fibras de colágeno). Todos los animales tienen la capacidad de elaborar su propio colágeno (con no pocas variantes) y lo hacen a partir de diversas células, pero son los fibroblastos (la unidad celular característica del tejido conjuntivo) las células que de forma típica realizan esta función.

El colágeno es una proteína extremadamente abundante y que se encuentra en mayor cantidad en la piel y en los huesos. Es más, el colágeno representa aproximadamente el 25% de todo el monto de proteínas de un individuo. Forma parte principal de los tendones, está presente como te decía en el hueso, y en la piel contribuye de forma importante a mantener su estructura, aspecto… Llegándonos a cuestiones alimentarias uno de los criterios típicos con los que por lo común se ordenan las distintas categorías de carne es en base a su presencia de colágeno. A más colágeno, más fibras y carnes de inferior categoría. Y al contrario, carnes con apenas fibras (menos colágeno) y por tanto carnes de categoría “primera” o “extra” (¿acaso creías que el precio del solomillo era tres veces superior al de la melosa porque sí?).

Colágeno y cocina

Siguiendo con las distintas categorías de carne, estas se destinan a usos culinarios bien distintos. Además de por la presencia de grasa (que influirá también en la categoría de la pieza) la mencionada cantidad de colágeno terminará por definir el tipo de receta al que se destinará una carne u otra. El colágeno se puede desnaturalizar pero para eso necesita temperaturas suaves cercanas a la ebullición, aplicadas en un medio acuoso y durante un tiempo relativamente prolongado… por ejemplo el típico rancho de ternera a la jardinera o una sabrosa cazuelita de bacalao al pil-pil. ¿Sabes porqué “se te pegan los labios” después de probar un magnífico guisote de estos? Por el colágeno desnaturalizado… tras la cocción tú puedes masticar la carne con suavidad (sin que parezca un chicle) siempre y cuando esté bien hecho, y además estará jugosa… y la pegajosidad de la que hablo depende del colágeno que antes estaba junto a las fibras musculares, y que tras cocinarla se ha “fundido”.

Por el contrario, a ese mismo tipo de carne elaborada en plan a la plancha o al horno (temperaturas altas, corto espacio de tiempo y sin medio acuoso) no habrá forma de hincarle el diente ya que el colágeno seguirá ahí tan campante para desesperación de tus dientes.

Colágeno, bioquímica y digestión

Desde un punto de vista más íntimo, molecular, el colágeno, como todas las proteínas, está compuesto por una concatenación sucesiva de aminoácidos. Aunque son diversos los eslabones o aminoácidos que la componen, destaca muy en especial la presencia de dos de ellos, la glicina y la prolina. Ninguno de los cuales tiene la calidad de esencial, lo que quiere decir que si hicieran falta para cualquier uso (por ejemplo formar más colágeno) estos podrían formarse sin dificultad y sin tener que recurrir a su incorporación en la dieta como sí ocurre con otros aminoácidos (los esenciales, claro).

Sea como fuere cuando nosotros ingerimos colágeno suficientemente desnaturalizado con los alimentos (de otra forma sería imposible el poderlo digerir… y además facilitará el ardor de estómago) nuestras proteasas (tijeras enzimáticas presentes en los jugos digestivos) cortarán en trocitos más pequeños esos pequeños fragmentos de colágeno hasta obtener prácticamente los aminoácidos aislados, los cuales se absorberán y se destinarán a distintos usos metabólicos allá donde se necesiten. Lo mismo ocurrirá con los suplementos de colágeno. Se disgregarán en sus aminoácidos constituyentes y su destino será el de… vaya a usted saber. Me explico.

Deshacer una casa en sus ladrillos constituyentes (digestión del colágeno en aminoácidos) y pretender que luego cada uno de esos ladrillos (aminoácidos absorbidos) se destine a construir la misma casa de la que formaban parte (formar colágeno de nuevo) es tan ridículo como lanzar desde la luna las piezas de un coche… y pretender que aterricen montaditas en la Tierra. Ni los ladrillos de una casa, ni las piezas de un coche, ni los aminoácidos del colágeno tienen memoria.

Además ten en cuenta dos características propias de las “piezas” del colágeno (los aminoácidos):

  • La primera es que son piezas comunes, vulgares si lo prefieres, no esenciales en plan técnico… puedes hacer acopio de dichas piezas a partir de otras proteínas presentes en los alimentos. Se puede ser vegano (y por tanto no hacer acopio de colágeno con los alimentos ya que este solo tiene origen animal)… ¡y tener una salud colagénica perfecta!
  • La segunda, vuelvo a repetir, es que los principales aminoácidos que constituyen el colágeno no son esenciales. Es decir, se pueden obtener por génesis endógena si hicieran falta.

 

PÍLDORAS SUPLEMENTOS

Suplementos de colágeno y evidencia

Los fabricantes de mandangas diversas pueden diseñar las webs más chulas del mundo, los envases más futuristas y usar a personajes de relumbrón para promocionar los beneficios que tiene el uso de colágeno (ya sea usado de forma tópica o ingerido) bien sea a la hora de disimular los signos de la edad o mejorar cualquier condición fisiológica… pero lo cierto es que cuando nos ponemos serios, ni las cremitas ni los suplementos han podido demostrar mayor beneficio. Y da igual cuál sea la condición observada: el dolor articular, la recuperación del dolor post ejercicio, la osteoartritis, la artritis reumatoide o los procesos autoinmunes. No hay evidencia de nada. De nada. Y es que tal y como se ha explicado, tanto por la naturaleza del propio colágeno, como por su proceso como alimento (o suplemento) es imposible… los aminoácidos no tienen memoria.

Tal es así que en el plano más legal, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha dado luz verde a ninguna solicitud que permita hacer alegación de salud en los suplementos que incorporen colágeno. Ninguna (puedes contrastarlo aquí y aquí). La razón: no hay pruebas.

Coláge-no y consejos sí

Los suplementos de colágeno son ultra caros, y más cuando se tiene en cuenta que se obtienen de una materia prima especialmente barata (no dejes de leer ese post del amigo “gominolas de petroleo“) así pues para mantener tu salud en lo que respecta a tu colágeno te sugiero lo siguiente:

  • Antes de precipitarte a reponer el colágeno perdido, asegúrate de minimizar la pérdida del que todavía conservas. Las prioridades en este sentido serían sin lugar a dudas usar una adecuada protección solar, evitar una exposición prolongada al sol y evitar el tabaquismo.
  • En el plano dietético, incorporar una adecuada cantidad de proteínas en nuestra dieta (eso es bastante fácil ya que vamos bastante bien cumpliditos de ellas) a partir de fuentes proteicas saludables: legumbres, huevos, semillas, frutos secos, carnes y pescados con todos los parabienes expuestos en esta entrada, mantenerse hidratado, al tiempo que se sigue una pauta dietética con una presencia importante de alimentos de origen vegetal fresco.

Gelatina Royal

  • Déjate de chorradas, pero si aun y todo eres de los que no se resiste a seguir una conducta “intervencionista”, te sugiero que abandones los suplementos al uso (carísimos) y te pases a algo tan mundano y de toda la vida como es la gelatina. Y es que al fin y al cabo la gelatina es en esencia colágeno puro hidratado (mira lo que pone en el diccionario). Los envases de gelatina no son tan chulos como los de las farmacias o herboristerías, ahora bien, tu bolsillo te lo agradecerá: aquí tienes un ejemplo de un suplemento de colágeno al uso que después de haber hecho las correspondientes reglas de tres, se puede concretar diciendo que su colágeno se comercializa al precio de, no te lo pierdas, 233 € por kilogramo de colágeno. Sin embargo, este otro colágeno, en forma de gelatina, se vende a 81,5 € el kilo. Para mí sigue siendo un disparate tratándose del producto que se trata (insisto en que yo sigo siendo más de garbanzos, de pil-pil y de ese tipo de cosas con tan poco glam) ahora bien, al menos el caso de la gelatina es un disparate tres veces menor… o casi. Así que tu mismo con tu bolsillo.

Ya por último, no me resisto a volver a comentar lo que ya he dicho en tantas y tantas ocasiones: que una mala pauta dietética jamás terminará arreglada con el uso de ninguna estrategia suplementadora por magnífica que esta sea. Además ahora tengo más pruebas para así defenderlo… pero eso será en el próximo post.

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Nota: Mi agradecimiento más sincero a Fernando Díez ‏@Hondoncity y Solo F1 sin Circo ‏@Solof1sincirco dos buenos contertulios con los que compartir reflexiones en Twitter.

Imagen: E rulez vía wikimedia commons y fantasista vía freedigitalphotos.net

Nuevo libro: El cerebro obeso; una lúcida perspectiva neuroendocrina del problema y sus posibles soluciones

Si alguien te dice que tiene una respuesta simple para solucionar tu obesidad o la de la población general… recela: o no tiene ni idea de lo que habla o miente como un bellaco.

El cerebro obesoCon estas palabras tan poco halagüeñas pero sinceras desde mi perspectiva me referí en el libro “Adelgázame, miénteme”a la solución de la obesidad. Y decía así, porque en efecto el problema, y por tanto su posible solución, son de todo menos simples. De todas formas, no estoy hoy aquí para comentarlo de nuevo, ni mucho menos, si no para glosar los contenidos de la obra editorial de Luis Jiménez, “El cerebro obeso” quien de forma espléndida aporta las razones que justifican esta forma de pensar y nos ofrece una panorámica accesible y sin parangón al respecto de las causas últimas del espectacular auge del sobrepeso y la obesidad a escala planetaria.

Cada día estoy más convencido de que adelgazar es terriblemente difícil (aunque no imposible) y más convencido aun si cabe tras leer el libro de Jiménez. La razón es que las decisiones últimas que terminan condicionando nuestras elecciones alimentarias se hallan condicionadas por una cantidad enorme de factores que a duras penas encuentra parangón en otro tipo de respuesta fisiológica. Me explico (aunque encontrarás explicaciones más detalladas en el libro):

Abrir o no la nevera para picar algo o merendar; servirse o no una segunda ración de lo que sea; elegir servirse un cazo más o no; alargar la mano para, cuando se hace la compra en el súper, elegir una serie de alimentos y no otros; decidir ir a comer a un restaurante y no a otro; preferir una guarnición de pimientos rojos frente a la de puré de patata, o escoger no poner guarnición; tomar de postre sandía o arroz con leche (o de nuevo, elegir no tomar postre); tomarte esa segunda cerveza (o tercera, o “n”) acompañada de patatas bravas, de pepinillo con atún… o de nada; llegar al bar de la piscina tras una maratoniana sesión de bicicleta y pedir un refresco de cola normal, sin azúcar, o agua; planificar un menú de Navidad y no otro… De forma ininterrumpida, todos los días de nuestra vida (en nuestro medio y afortunadamente) tenemos que hacer múltiples elecciones alimentarias… ¿y de qué depende que sea una u otra la opción escogida? Te lo diré en una sola palabra: de nuestro cerebro. Nuestro centro rector.

Es este órgano el que determina en última instancia nuestro comportamiento… lo peor para nuestros intereses es que su decisión final es tomada en virtud de innumerables variables (de las cuales, la mayor parte, no se controlan de forma voluntaria).

En un ultra resumen, se podría decir que en primera instancia se identificó al hipotálamo como esa región de nuestro cerebro dentro del sistema nervioso central encargado de recibir y procesar las señales de hambre y saciedad… si lo prefieres, de comer más o menos en virtud de nuestras necesidades energéticas o calóricas: que tienes necesidad de más energía, el hambre se despierta… que ya has comido lo que necesitas, llega la saciedad. Qué fácil sería el problema si la ecuación fuera tan simple. Pero va a ser que no.

Al mismo tiempo y siguiendo con el megaresumen de la situación y por tanto del propio libro, otras zonas de nuestro sistema nervioso central, también en el cerebro, se encargan al mismo tiempo de dar una respuesta hedónica al hecho de comer… pero espera… de comer ciertos alimentos y no otros y en cierta cantidad. Dependiendo de su naturaleza y volumen despertaremos ciertas respuestas de agrado o disconfor que hará que, más allá de nuestras necesidades energéticas, nos apetezca y terminemos comiendo, si tenemos esa posibilidad, más o menos de esto o aquello otro.

Por último está la parte raciocional de nuestro cerebro, la consciente, la que al tiempo que trata de interpretar este tipo de señales como puede (las que responden a las necesidades energéticas y las que responden al placer) usa los conocimientos sobre nutrición y dietética y los pone en valor en virtud de nuestros intereses más mundanos (imagen, capacidad física, perspectivas de salud, etcétera) para terminar haciendo una elección, que lejos de ser “libre”, está fuertmente influida por otras áreas del cerebro que a su vez se ven condicionadas por elementos externos.

Al final, lo que se pone de relieve de lo que actualmente se sabe, y que en realidad todo apunta a que debe tratarse de la punta del iceberg, es que hay un complejísimo entramado de circuitos neuronales que conectan diversos centros que controlan la ingesta, y que estos circuitos se ven influidos al mismo tiempo por una miríada incontable de señales químicas que a su vez dependen de nuestras propias elecciones alimentarias referentes a la cantidad de alimento que suministramos y de su naturaleza. Y todo ello suponiendo que el sistema funcione como se supone que tiene que funcionar.

Por si esta abigarrada perspectiva no estuviera suficientemente embrollada, el papel que a la luz de las más recientes investigaciones desempeñan la flora intestinal, la genética, las situaciones patológicas anteriores, el tratamiento concreto que se les ha dado o está dando, el nivel de estrés, las horas de sueño, etcétera… terminan por hacer de la solución de la obesidad un problema sumamente complejo en virtud de la inmensa cantidad de factores implicados y de las infinitas interrelaciones entre ellos.

Pero espera, para complicar todavía más este escenario, en las últimas décadas contamos con un nuevo actor, y que al menos por su coincidencia temporal es difícil de ignorar (el actor aparece y la obesidad aumenta de forma espectacular haciendo más que razonable el pensar en una relación causa-efecto). Quizá, más bien, lo que habría que hacer es empezar a señalar todos a ese actor con el dedo acusador, ya que el resto de elementos han sido comunes a la naturaleza humana a lo largo de su historia sin que la incidencia de la obesidad sea la que es hoy en día… ese actor es la industria alimentaria.

Una industria que con el lícito afán de hacer aquello a lo que se destinan sus más originales objetivos (mejorar su balance de cuentas), explota con perniciosas consecuencias nuestra natural inclinación a obtener placer del acto alimentario. Así, la balanza se desequilibra y se dificulta sobremanera el hacer mejores elecciones.

La obra se completa con una serie de breves consejos dirigidos a la acción, tanto del interesado individualmente hablando, como de los principales actores responsables en este drama planetario al que estamos asistiendo. Y es que… te pongas como te pongas, la culpa nunca es del propio implicado que padece obesidad.

Todo lo expuesto anteriormente, correctamente argumentado y explicado lo puedes encontrar en el libro “El cerebro obeso”… una obra de esas de las que solo puedo añadir, si esto te sirve de estímulo para su lectura, que es de las que sin lugar a dudas me hubiera gustado escribir a mí. Aun no entiendo cómo es que ninguna de las grandes editoriales no le ha echado el guante a Jiménez.

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Nota: No debiera hacer falta pero Luis Jiménez (@centinel5051) cuenta con un blog especialmente recomendable, “Lo que dice la ciencia para adelgazar” y es autor de otras dos obras: Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable; y Lo que dice la ciencia sobre dietas, alimentación y salud. Ambos libros, así como el que hoy se reseña, los puedes encontrar en este enlace.

¿Qué alimentos y productos alimenticios generan más alertas?

No creo que nadie a estas alturas ponga en duda el gran avance del que hemos sido testigos los ciudadanos de hoy en día en lo que respecta a las cuestiones de seguridad alimentaria, muy en especial cuando esa seguridad la comparamos con la de otro tiempo o, en la actualidad, con la de otros lugares.

Antes de comenzar con lo que parece obvio, es imprescindible recordar esta definición aportada por la FAO del concepto “seguridad alimentaria”:

Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.

Es decir, para empezar que haya qué comer… y luego ya que esos alimentos sean inocuos y nutritivos. Me gusta, y por eso creo que era necesario recordarlo.

La seguridad alimentaria en la UE

Quizá aquí, en la Unión Europea seamos unos de las comunidades del planeta más privilegiadas en cuanto a las cuestiones más obvias del concepto “seguridad alimentaria”. De hecho, si me dejan elegir, yo no preferiría ningún otro sistema que el que ya tenemos implantado aquí. Para mí es el mejor entre todos los existentes.

Esta situación es favorecida en no poca medida gracias al sólido cuerpo de leyes con las que contamos en la UE. Este marco legal garantiza que los alimentos que se van aponer a disposición de los consumidores sean seguros. Pero además de las leyes, también hacen falta mecanismos de control.

RASFF 2

Una herramienta clave dentro de esta maquinaria y que ayuda a mantener el control con respecto a lo establecido es el conocido como RASFF o, por sus siglas en inglés, Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos. Con él se persigue hacer un seguimiento transfronterizo de toda aquella información susceptible de afectar la salud pública relacionada con la cadena alimentaria… es decir de los alimentos que entran o se mueven dentro de la UE.


El sistema RASFF de alerta rápida obliga a que los estados miembros de la UE (y además con las autoridades sanitarias de Noruega, Liechtenstein, Islandia y Suiza) compartan la información sensible relacionada con riesgos en la producción, transporte y comercialización de alimentos. Así, gracias al sistema RASFF, se han podido evitar muchas de las previsibles consecuencias tras haber detectado los consiguientes riesgos.

Nacido a finales de la década de los años 70, el sistema RASFF emite informes anuales al respecto de los riesgos reportados y de esta forma poner un mayor énfasis en su prevención. En esta imagen  tienes un resumen de los principales hitos del RASFF desde su nacimiento a nuestros días: Infraestructuras puestas a su servicio, entorno de países y principales peligros afrontados en su historia.

 RASFF

 

Más en nuestros días, quizá te resulte interesante consultar el último informe anual (2014), disponible en este enlace, o tener a tu disposición un portal en el que consultar las cuestiones de seguridad alimentaria por palabras clave o temas, en este enlace; o conocer las alertas comunicadas (es decir, detectadas) por los distintos países que forman parte de la red RASFF, en este enlace.

Especialmente interesante me parece este súper resumen de lo acontecido en este terreno en 2014: número de notificaciones y alertas; notificaciones por grupo de alimentos, en el que los productos vegetales frescos se llevan la palma… como de costumbre, al tiempo que el número de notificaciones del grupo correspondiente a los productos dietéticos, suplementos y alimentos enriquecidos sufre un espectacular aumento con respecto a 2013. Además, conocerás cuáles han sido los peligros más frecuentes que han sido causa de notificación… a saber y por este orden: bacterias patógenas, residuos de pesticidas, contaminación por micotoxinas, por metales pesados, cuestiones relativas a la composición del alimento y finalmente peligros derivados del mal uso de aditivos y saborizantes.

En resumen

Jamás se debe bajar la guardia ya que siempre existirá el riesgo de sufrir accidentes o, más tristemente, de ser objeto de malas prácticas o fraudes intencionados; pero de lo que no cabe duda alguna es de que jamás hemos disfrutado de un marco alimentario tan seguro como el que ahora tenemos. Para hacerlo así de seguro, el sistema RASFF es imprescindible.

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Así no hay quien haga carrera (relato corto y bananero)

Perseguir con el tenedor los trozos de patata y separarlas de las judías verdes en el plato de la cena no servía para nada… Para nada, salvo para poner de manifiesto el estado de profunda introspección en el que se hallaba.

– Llevas media hora así, hijo –dijo su padre- ¿se puede saber qué te pasa, no vas a acabar tu cena?

– Pfffff, no sé papá… no tengo hambre –respondió Borja con cierta desgana.

– Lo del hambre no sé, Borja, hijo, aunque me cuesta creerte. Andas todo el día de aquí para allá, corriendo, nadando y sobre todo con la bici… me cuesta creer como te digo que no tengas hambre. Pero de lo que tengo pocas dudas es de que hay algo que te preocupa.

– Es que no sé…

– ¿Qué es lo que no sabes?

– Lo de Ramón, el del pueblo.

– A ver, qué pasa con Ramón… ¿es un buen amigo, no? Andas todo el día con él arriba y abajo.

– Sí, pero… -Borja, como si estuviera avergonzado por algo, no se decidía a sincerarse con su padre.

– Pero… qué, ¿Qué sucede?

– No séééé… me cuesta mucho hablar de ello.

– Inténtalo, Borja, cuéntame –se mostró empático el padre.

Casi cada año era la misma historia. Toda la familia pasaba el verano en el pueblo y era entonces cuando su urbanita existencia chirriaba con los aspectos más rurales del estío familiar.

– Es que es imposible, papá. No puedo: es imposible ganar a Ramón –terminó confesando el hijo.

– ¿Que no puedes ganarle a qué? Espera un momento… ¿y para qué necesitas tu ganarle a nada a Ramón?

– ¡Oye, papá! Sabes perfectamente lo que supone para mí el tema de la bici, sabes que, tanto con los amigos del colegio como, en especial, con el club ciclista he ganado bastantes pruebas y obtenido también un buen puñado de trofeos… pero es llegar aquí… y parece que necesito andar todavía con ruedines.

– ¿Con ruedines? No te entiendo, tienes una bici de 27,5” con doble suspensión de aceite último modelo, con eje pasante, horquilla regulable, frenos de disco… y además estás hecho un toro… te entrenas, comes de forma apropiada, tomas tus correspondientes suplementos y vitaminas… esos que te recomendó hace meses ese nutricionista tan famoso y, tal y como dices, no tienes que demostrar ya nada a nadie porque has ganado un montón de premios con la bici.

– Ya, ese es el problema –respondió Borja bajando aún más la cabeza.

– ¿El problema? Yo no veo problema alguno en lo que acabo de decir.

– Papá, parece que no me escuchas; te digo que no puedo ganar a Ramón. Ya sé que cada mañana cuando salimos junto a otros amigos del pueblo no hay ninguna prueba que ganar, salimos en plan “a hacer piernas”, vamos hablando la mayor parte del tiempo, contando la peli de la noche anterior, el último libro que nos hemos leído… Y eso es así solo al principio, o si quieres durante la mayor parte de la salida… pero al final, en cada cuesta, en cada puerto, o en cada “pique” que sin pactarlo de antemano se establece, Ramón está por delante de mí. Lo que más me irrita es que no se entrena como yo y que su bici es de hace 20 años… ¡si ni tan siquiera tiene doble suspensión ni frenos de disco!

– ¡Vaya! Nunca me habías comentado nada al respecto.

– Es que me daba vergüenza…

– ¿Vergüenza dices? ¡Menuda tontería!… me parece que de ahora en adelante, y empezando por mañana, vas llevarte ración doble de esos geles que compramos por Internet, el PowerFuelGel ese que usaste en el último campeonato regional (y que ganaste por cierto)… y además en tu mochila de hidratación pondrás en el agua esos suplementos de sales electrolíticas con magnesio y…

– ¡Para papá!

– Eeeeh ¿qué pasa?

– No servirá de nada, ya lo he intentado y no sirve de nada y además… –Borja calló de golpe haciendo aún más patente la humillación que sentía.

– Y además, qué, continúa hijo, por favor.

– Es que Ramón toma plátanos. Es decir, cuando yo y otros como yo, nos enchufamos los geles y demás, Ramón se toma un plátano que lleva en el bolsillo del maillot. Suele llevar dos o tres… Y eso no es lo peor… además bebe agua.

El padre no salía de su asombro.

Mountain Bike

– ¿Qué toma agua, la del pueblo dices? Bueno… no es lo más ortodoxo, qué duda cabe, pero quizá tú si pruebas con lo mismo… quizá…

– No papá, no. A pesar de lo que sabes que me cuesta tomar ese “otro tipo de suplementos”, prescindir de las fórmulas absolutamente calibradas y medidas que sabes que uso (y que son lo mejor tal y como me recomendó el nutricionista) para aumentar y mantener el rendimiento deportivo… ya lo he probado y no hay manera. Y es que… -Borja volvió a enmudecer como si cada palabra que usara para justificar su fracaso no hiciera otra cosa que humillarlo todavía más.

– ¡¿Es que qué?!

– Que en las salidas más duras… Ramón… toma…

– Por favor Borja, sigue, ¿qué demonios toma Ramón? ¿Me vas a decir ahora que Ramón se dopa, verdad?

-Almendras papá, Ramón toma almendras.

En ese momento la frialdad del silencio solo podía equipararse al de las judías verdes que aún nadaban huérfanas en el plato de Borja. Finalmente, con la mirada fija en la de su hijo, el padre solo pudo solidarizarse con su desesperación:

– Vaya hijo, vaya… acábate pues esas judías, te harán falta. Aunque lo cierto es que, con las cosas así… así no hay quien haga carrera.

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Nota: Este relato lo dedico en especial a Javi, Maxi y Luis… compañeros de pedales (entre otros) de este verano en mis salidas de mountain bike. En la esperanza de repetirlos otros años, solo puedo decir que ha sido un auténtico placer.

Imagen: vectorolie vía freedigitalphotos.net