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Y el secreto para que dure una relación es…

De pequeña tenía una lista. En ella, punto por punto, recopilaba las características que tenía que tener mi futura pareja ideal. Buen corazón, sentido del humor, poca o ninguna vergüenza, amor por los libros, que le gustara bailar…

Y después de varias historias de amor, aquel listado cada vez se cubría un poco menos, hasta llegar a mi actual relación. Si bien la primera y la segunda se cumplen, el resto de cualidades que ‘pedía’, brillan por su ausencia.

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Sorprendentemente, esos requisitos que me parecían imprescindibles en mi adolescencia, han pasado a un segundo plano. No esperaba funcionar tan bien con alguien tan distinto a mí y, sin embargo, vamos surcando el quinto año de relación tras superar la segunda mudanza en común (con todo lo que conlleva).

Puede que sobre el papel, no hubiera pensado en mi pareja como alguien con quien podría tener una relación larga, pero estando juntos somos como el agua.

Fluimos.

Eso no significa que todo sea perfecto. También discutimos por decidir a quién le toca bajar esa vez al trastero a por más sillas o si alguien acapara la lista de reproducción musical (vale que me gusta Estopa, amor, pero no los domingos por la mañana a todo volumen).

Pero lo cierto es que, además de acoplarnos, funcionamos. Como diría mi madre, él me sabe llevar.

Aunque para mí esto es algo único y especial, que nunca en mi vida había llegado a experimentar, lo cierto es que no es tan extraño como pudiera pensar al principio, que no las tenía todas conmigo de que aquello tuviera futuro.

Lo que yo pensaba que era simple y llanamente amor, tiene una explicación más científica.

Según el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences sobre las relaciones, no serían las características de la otra persona -si cumple o no esa lista de requisitos que comentaba- la verdadera clave a la hora de que supere el paso del tiempo.

El vínculo creado entre ambos sería el secreto de que dure la relación.

Eso incluye no solo la propia idea de la pareja, si estamos o no felices con ella, también ese microuniverso emocional donde entran sentimientos, recuerdos, rutinas y dinámicas que construyen dos y no se ve a simple vista.

Lo que significa que ya podemos decirle a nuestra abuela, con toda la tranquilidad del mundo, que no es que tengamos mal gusto y siempre elijamos mal, sino que simplemente no ha funcionado la ‘edificación’.

Y, según el estudio, ¿cuáles son las características que miden esa satisfacción? Que la pareja está comprometida, sentirse valorado, que haya una buena vida sexual, sentir que la otra persona es feliz y que los problemas entren en el marco de la normalidad.

Así que, como afirma el propio estudio, una relación en la que haya satisfacción y sensación de seguridad podría superar el resto de diferencias de personalidad. La auténtica prueba de calidad independientemente de que sepa bailar, tenga los ojos azules, prefiera la playa o no le gusten los perros.

Duquesa Doslabios.

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“A los 50 lo que quieres es dormir”

Firma invitada M.C.M.E. para El blog de Lilih Blue

“Cuando nos enamoramos, queremos compartir todo con esa persona: nuestros sentimientos, intelecto y apetencias sexuales giran a su alrededor. Nos las prometemos felices y nos lanzamos a una vida en pareja, mediante contrato o sin él. La duración del enamoramiento es limitada: “no es bueno estar en la nube todo el rato” nos aseguran los expertos en química cerebral. Pero el amor permanece y nos aventuramos en una etapa criando hijos, que llenarán nuestras noches y días.

GTRES

Nuestra vida como pareja se puede ver reforzada o debilitada, porque nuestra prioridad son esos pequeñines a los que hay que cuidar. Vamos sumando aniversarios mientras los hijos crecen. Tal vez ya ni los celebres, o te regale, después de olvidarse los últimos años, un jersey horroroso y le dices que muy bonito, (pobre, que ya que se acordó).

Con el paso del tiempo cimentamos la soñada vida común, acumulando experiencias gratificantes y agravios. Las discusiones pueden ser un “más de lo mismo”, porque, nuestra memoria, no permite que nos olvidemos de antiguos rencores, que saldrán una y otra vez, cuando surja un desencuentro.

Nos volvemos tan previsibles, que es fácil dejarnos llevar por la rutina. Es posible que un silencio denso, insoportable, esté multiplicando la distancia, a una escala cósmica, del espacio que separa las butacas en las que sentados, veis alguna pantalla. Y pasan lustros, décadas, y te ves en la mitad de tu vida, con el tiempo lleno de ocupaciones.

¿Y el tiempo para el sexo? Las amistades te dicen: “A los cincuenta lo que quieres es dormir, o prefieres leer un libro antes que ponerte al tema, o tienes más ganas que tu pareja, que ya casi ni te mira“. Igual estáis instalados en la falsa calma de los que llevan tiempo juntos y apenas comparten sus inquietudes y mucho menos sus ilusiones, y ya ni siquiera discuten porque les parece un esfuerzo inútil, y el sexo esporádico.

Como dice la canción de Luz Casal: “Y no me importa nada, nada…escucho tus bobadas acerca del amor y del deseo… Que rías o que sueñes, que digas o que hagas… Por mucho que me empeñe… Que vengas o que vayas…”

La pareja necesita tiempo para compartir ideas, afecto y el deseo sexual, porque si no, su vida puede resumirse en un compartir piso, con derecho a roce o no. Buscar tiempo para los dos, para hablar de lo que pensáis y sentís. Poner en común para mejorar. Elegir actividades para disfrutar juntos. Planificar un viaje. Revisar todo lo que se puede cambiar. Olvidar lo que no permita avanzar. Organizar una cena o comida romántica de vez en cuando. Hacer todo aquello que os impulse a seguir adelante juntos, porque creáis que merece la pena.”