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Casa e hijos: tu próxima relación seria podría salir de una ‘app’ de ligar, según un estudio

Conocer gente a través de una pantalla pone ciertas cosas fáciles. La primera saber que, en cualquier momento y solo pulsando un botón, puedes cortar la comunicación sin dar explicaciones.

Si quedas y no sale bien, habrá un repuesto cerca a golpe de click. Y la tercera es que hace que conocerse en persona sea tan sencillo que no requiere un esfuerzo más allá de proponer ir a tomar algo.

Y además sabiendo que puede dar pie a que avance rápido.

DEREK ROSE

Así que sí, admito que soy de las que veía en este tipo de aplicaciones el campo de cultivo perfecto para historias esporádicas.

Muy intensas y muy fugaces, como un petardo. Al menos, así funcionaban (o lo había comprobado en su día) hace años.

Sin embargo, parece que o bien las apps de ligar se están adaptando a los nuevos tiempos o hay quienes empiezan a utilizarlas como auténticas celestinas del siglo XXI.

Hace unos días, un amigo me contaba que, en su familia, dos de sus hermanos habían encontrado a sus parejas en Tinder. Ayer mismo, mi hermano se abría un perfil en Bumblee con el filtro de que buscaba una relación.

Aunque la prueba definitiva de que las cosas están cambiando más allá de mi círculo cercano (no solo encuentro ejemplos en mi entorno) ha sido el último estudio de la Universidad de Ginebra.

Analizando las intenciones de aquellas parejas que habían conectado de manera digital, llegaron a la conclusión de que no solo estaban más dispuestas a irse a vivir con la otra persona, sino a formar una familia en poco tiempo (sí, incluso antes que las personas que se conocían offline).

Claro que la pandemia ha también ha jugado un papel crucial en esto. Si dar con una persona con quien se tienen en común objetivos o planes de vida -que además resulta atractiva-, podía conseguir que las cosas fueran a una mayor velocidad, el distanciamiento social ha hecho el resto.

Durante varios meses, ya fuera por aplicaciones hechas expresamente para conocer gente o incluso el propio Instagram, hablar ha sido el nuevo quedar en directo.

Y sobre todo hacerlo largo y tendido, sacando temas que igual ni nos planteábamos y llegando a profundizar en la otra persona. La chispa ha surgido y no solo se han roto parejas durante la cuarentena.

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Historias que arrancan, relaciones que han dado el paso y se han mudado a un piso, quienes han hecho la gran pregunta y se casarán en 2021…

El amor se ha abierto camino.

Así que parece que hay vida (y futuro) más allá del swipe right. Quizás se puede sentar la cabeza con el próximo match y quienes somos algo escépticos a encontrar el amor en las peceras digitales, nos atrevamos por fin a probar el agua.

Duquesa Doslabios.

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Unos días, un mes… ¿cuánto ‘luto’ se debe guardar tras terminar una relación?

Si preguntas cuánto hay que esperar después de una ruptura antes de volver a probar suerte con otra persona, es posible que encuentres varias opiniones al respecto.

Habrá quien te diga unos días, un mes, varios o incluso alguien que se descuelgue con una regla matemática según la cual, el periodo correcto, es una semana por cada año que haya durado la anterior relación.

Pero si tengo que contestar yo, mi respuesta es aún más clara: ninguno.

BERSHKA

O quizás, más que no guardar ningún ‘barbecho’, afirmar que no debería existir un tiempo de recuperación más allá del que cada uno sienta.

Habrá quien necesite decirle al cuerpo que aquello se ha acabado encontrando compañías como ciertas estrellas, fugaces.

Habrá quien prefiera un periodo largo en solitario y quien, sin comerlo ni beberlo, dé con alguien inesperado que logra que de pronto se plantee volver a intentarlo.

Lo que tienen en común los tres comportamientos es que son igual de válidos.

Si decimos que el corazón atiende a razones que la razón no entiende -una frase que nos hace quedar de neorrománticos en nuestra red social de turno-, no podemos pretender juzgarlas si no se ajustan a nuestra opinión.

Por mucha experiencia que tengamos en la materia, no sabemos qué piensa o siente quien tenemos enfrente. Cómo ha salido de la relación. Lidiar con una ruptura ya es bastante complejo como para andar cronometrando o haciendo juicios de valor.

En vez de eso, mostremos nuestro apoyo y comprensión entendiendo que cada persona afronta el duelo a su manera. Aceptando que, a nivel emocional y sexual, la recuperación es tan distinta e intransferible que solo nos queda aceptarla tal cual.

Y, en el caso de que tú -quien me lee-, seas quien está en el otro lado, decirte que desde el minuto en el que se pone fin a la relación puedes rehacer tu vida de la forma y en el periodo que consideres.

Duquesa Doslabios.

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Las redes sociales no me dejan olvidar(te)

Fue el día antes de que nos despidiéramos que te lo dije. “Ahora ya sabes lo que toca. Todos mis artículos van a hablar de lo que te voy a echar de menos”.

Y es que es tan difícil olvidar.

PIXABAY

Admito que era un tanto ingenuo por mi parte pensar que, solo poniendo tiempo y distancia de por medio, dividiendo a la mitad lo que habíamos construido en estos años, conseguiría que el proceso de pasar página fuera más eficaz.

No había contado con Facebook ni Instagram. Pensaba que me había adelantado a ellos eliminándote como amistad y dejando de seguirte.

Pero no entraban en mis planes la cantidad de fotos que tendría que volver a ver -tanto en tu perfil como en el mío- de los momentos que compartimos. Los buenos, claro, los que disfrutas mostrando al círculo de contactos.

Los viajes a Italia, a Asturias, al fin del mundo si hubiera hecho falta…

Y no solo eso, sino la cantidad de seguidores de tu entorno. Tus familiares más cercanos, todas tus primas lejanas e incontables, tus amigos, tus compañeros de trabajo, hasta tus clientes.

El proceso de silenciar a todos y cada uno de ellos me hizo volver al momento de conocerles, cuando descubría nuevos aspectos de tu vida que se abrían como ventanas a una faceta desconocida de tu personalidad.

No ser lo bastante minuciosa me llevó a que uno de ellos se escapara de mi filtro (imposible llevar la cuenta de todos) y terminara apareciendo en mi pantalla el sábado noche que estabais pasando juntos.

Bastó una historia de 15 segundos para que volviera a desmoronarme. A llorar. A enfadarme. A que el nudo que llevo bajo el pecho oprimiera todavía más mi respiración. A repetirla una y otra vez para fijarme en tus gestos, tu ropa, para seguir la dirección de tus miradas.

Y lo peor, a llegar a pensar -después de reproducirla por vigésima vez- “Joder, qué guapo estás”.

Ya he llegado a la conclusión de que las redes van a ser mis propias enemigas en este sentido. Y será porque yo misma les he dado las herramientas para ello al hacerles partícipes de tantos episodios que hemos compartido.

Sé lo que viene ahora. Los recuerdos en mi cabeza van a ser tan vívidos como cuando me salten las alarmas de Facebook avisando de que ya hace 3 años desde que te convertiste en el protagonista de mi Trabajo de Fin de Máster.

La alternativa la conozco. No va por borrarte a ti, sino por salirme del círculo social. Por partir de cero también en internet con nuevos perfiles.

Pero como de momento no es algo que me plantee hacer (quizás recule, ya sabes lo mucho que me impactó el documental The Social Dilemma), fantaseo con la idea de que las aplicaciones ofrecieran el botón de “corta con tu pareja” y se encargaran de quitar las interacciones, las fotos y los comentarios, esos que ahora paso de puntillas para que no me escuezan.

Hasta entonces, mi perfil será un mausoleo de lo que fue nuestra historia de amor. Un lugar en el que perderse (si se quiere) en los instantes más maravillosos.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué es tan difícil recuperar la confianza en la pareja?

El día que te fías de una persona, no eres muy consciente de que has tomado la decisión de hacerlo, pero sí, ha sido algo que ha partido de ti. De ahí que te sientas también mal, a nivel personal, cuando te fallan a la confianza.

Porque, de una manera o de otra, te pareció una buena idea dar el paso y llegar a ese nuevo nivel de intimidad.

DEREK ROSE

Como seres sociales, necesitamos confiar. Confiar en que al día siguiente la nómina estará ingresada en el banco, en que van a contestarnos el mail de trabajo, en que el domingo tendrá lugar la comida familiar y confiar en que el año que viene siempre será mejor que el anterior.

Fiarnos de las personas de nuestro entorno nos hace sentir a salvo e integrados, que tenemos una red de apoyo que nos ayudará en cualquier momento de necesidad.

Es un compromiso que fortalece cualquier vínculo, ya que requiere de la unión para superar el escollo.

Cuando se habla de que la base de una relación de pareja es la confianza, no estamos pensando en casos concretos como que relate punto por punto qué ha hecho en cada hora del día.

Se refiere más bien a ese sistema de protección emocional que sabes que te rodea cuando ves a la otra persona.

A tu lado hay alguien con quien puedes despojarte de las corazas. En quien vas a encontrar refugio y ayuda inmediata. Una persona que conoces porque lo que hace, dice y piensa va en la misma línea.

Algo que, a la larga, hace que el lazo entre dos personas sea irrompible.

Pero, ¿qué pasa cuando esa sólida estructura basada en la familiaridad y la fe absoluta se resquebraja hasta el punto de terminar despedazada por el suelo?

Puede ser o no el fin de la relación, pero lo que sí desencadena es un dolor devastador.

Hay mil y una formas de traicionarla, desde mentir o manipular pasando por retractarse o romper promesas de manera sistemática. Dejar a la otra persona a un lado en un momento difícil, ocultar algo o no llegar a compartir del todo los sentimientos, son otros clásicos ejemplos.

Y, el mal rato, no se debe únicamente a la situación puntual que ha llevado a que se rompiera un acuerdo intangible, es más cómo te hace sentir y por qué llega a ser tan desolador, ya que implica mucho más.

No es solo por, como comentaba en un principio, haber descubierto que nuestro criterio para elegir a la persona digna de confianza no es tan agudo como pensábamos.

También porque encontramos una desigualdad en ese trato de dar y recibir que se supone que debería existir entre ambas personas.

Lloramos la pérdida de la seguridad, la desaparición de un mundo que creíamos conocer y en el que nos movíamos como peces en el agua.

La confianza rota es difícil de reconstruir, porque no es como sustituir la taza del café por una nueva cuando se ha roto por enésima vez. No es algo que ofrezcan en las tiendas.

Por lo pronto, significa ponerle remedio a lo que originó el problema en primer lugar. Pero también trabajar -desde ese momento y sin parar- en que no vuelva a pasar. Lo que puede suponer desde trabajar en ello por cuenta propia hasta ayuda profesional si no se sabe gestionar.

Porque lo más complejo no es cambiar y aprender de los errores (en nuestra mano está). El verdadero reto es que implica volver al punto de partida, a lograr que la otra persona vuelva a tomar la decisión de fiarse de nuevo, como ya hizo en su momento.

Duquesa Doslabios.

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Sinceridad, respeto y la tercera clave para que funcione una relación de pareja

Esta es la tercera vez que me encuentro una de sus uñas desperdigadas por el sofá.

No es una casualidad, es justo cuando llega a casa -tras una jornada de trabajo estresante- que deja salir el agobio que oculta detrás de una fachada flemática, viendo la tele.

SPRINGFIELD

Quizás hace un año, cuando empezó la convivencia, habría sido algo cuyo desenlace inevitable era mi enfado.

Ahora intento tomármelo con humor y recordarme a mí misma que no puedo esperar que todo funcione de la manera que me gustaría.

Ya no soy yo sola, ahora somos dos y me toca adaptarme.

De la misma forma en la que él tolera mis manías, mis coleteros por toda la casa (menos en un sitio, que es el cajón del baño) y ese rastro que voy dejando de tazas con posos de infusión a veces hasta el día siguiente.

Me ha costado mucho aprender que las relaciones no son perfectas porque las propias personas que las conforman están llenas de defectos.

También que cada día tengo dos opciones: dejar que me molesten tonterías o quedarme con lo bueno. Ahora intento centrarme más en la segunda.

Amor es poner todo de tu parte para encontrar ese punto medio con el que los dos estéis a gusto. Amor es negociar, es ceder un día tú y al siguiente no. Es llegar a acuerdos. Es poner normas como la de quien cocina no friega o cierra con dos vueltas el que salga el último de casa.

Amor es coger esos planes que mentalmente te habías imaginado y lanzarlos lejos para crear unos nuevos que se adapten a la segunda persona. Amor es ganar flexibilidad.

Porque si no eres capaz de adaptarte, de entender, de ceder, de incluso llegar a cambiar, mejor no empezar nada.

Duquesa Doslabios.

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Siempre hay algo por lo que darle las gracias a tu ex

Me encantaría ser como Ariana Grande y recordar a todos mis exnovios con una sonrisa en el alma y en la cara.

Pero estoy muy lejos de ella, que escribió una canción para darles las gracias a los hombres que habían pasado por su vida.

BERSHKA

Y dudo mucho que pueda llegar a ese nivel superior en el proceso de curación del corazón, hay algunos que siguen (o quizás sigo yo) atravesados.

No, no todos me dejaron románticas lecciones como descubrirme el significado del amor, la fuerza de los sentimientos cuando son auténticos o la ligereza de sentirte colada hasta las trancas y que sea correspondido.

Las que aprendí fueron a la fuerza, a base de ojeras y de controlar ese impulso de mandar un mensaje de texto de madrugada, en pleno ataque de insomnio. Consecuencia de relaciones en las que el punto más doloroso fue el punto final.

Tras una de las primeras rupturas, aprendí lo que era el compromiso, algo para lo que no estaba preparada en ese momento.

Después, en otra salida escopetada de un noviazgo de casi dos años, me topé con la conclusión de que, quien realmente te quiere, no te hará nunca renunciar a lo que te gusta.

Dos aprendizajes que continúan marcándome incluso ahora.

Si tengo que escoger algo más por lo que sentirme agradecida, en general y a bote pronto, es por los buenos recuerdos. Esos que brillan de forma más especial en mi memoria de cuando hubo momentos llenos de felicidad.

Pero incluso de los que siento que no puedo sacar nada en absoluto, los que me dejaron reducida a cenizas porque arrasaron conmigo y con todo lo que me rodeaba, me toca replantearme que quizás sí me dejaron una enseñanza.

La mayor de todas, que no querría volver a encontrarme a uno igual. Nunca.

Duquesa Doslabios.

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Los picaderos de Hong Kong ya no son lo que eran (y Madrid y Barcelona van por el mismo camino)

La intimidad, esa cosa tan difícil de encontrar durante los casi 27 años que viví bajo el techo de mis padres. Solo tenía dos opciones, o aprovechar los pocos momentos en los que la casa quedaba sola o ir a casa de la otra persona, cuando se daba el mismo caso.

DEREK ROSE

No fue hasta la universidad, años en los que empecé a conocer pisos de estudiantes por parte de mis novios de aquella época, que tenía la sensación de poder hacer algo de vida en pareja.

Aunque cuando sabes que, a menos de un tabique de distancia está el compañero de piso, las ganas de dejarte llevar y darle rienda suelta a tu ‘yo’ salvaje en un momento de pasión, sigue costando (sí, por mucho que esté jugando a la Play Station con los cascos puestos).

Así que ha sido cuando me he independizado que realmente he podido disfrutar de sensación de privacidad con mi pareja en nuestra propia casa. Algo que ha llevado más de lo que me habría gustado por dos razones: el precio de los alquileres y mi situación laboral.

Y lo peor -sí, es lo peor- es que somos de las pocas personas afortunadas que, con menos de 30 años, pueden vivir por su cuenta en Madrid, una ciudad que, como Barcelona, convierte la odisea de independizarse en un episodio digno de serie de terror.

Esta falta de espacio propio pasa factura a las relaciones de una manera que condiciona por completo nuestras experiencias en esos años.

Hoy he descubierto que Hong Kong, que tiene un problema parecido, ha encontrado una solución muy sencilla: reconvertir los picaderos.

Los típicos hoteles por horas ya no son solo un lugar en el que tener un encuentro sexual.

Ahora vienen equipados de bañera, cocina y, lo más importante, toda clase de videojuegos y suscripciones a plataformas de streaming para que las parejas puedan experimentar el típico domingo de Netflix & Chill cuando quieran.

Claro que me parece un grandioso ejemplo de adaptación a los nuevos tiempos que la ciudad china haya decidido cubrir esa necesidad.

Pero, por otro lado, me preocupa que esto llegue a pasar en España. No significaría otra cosa más que continuamos sin poder irnos de casa de nuestros padres a unas edades en las que ya queremos vivir con nuestra pareja.

Así que me encantaría, más que ver un cambio en el sector hotelero, que los precios de las viviendas echaran el freno y retrocedieran.

Y lo mismo con los trabajos. No puede ser que la situación laboral estable llegue casi a los 30 años (después de años de estudio, becas y colaboraciones tristemente remuneradas).

No quita que haya hoteles listos para ofrecer una estancia redonda, pero que no sean los sustitutos de disfrutar en nuestra propia casa, esa que con nuestro salario podemos permitirnos.

Duquesa Doslabios.

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Es porque te quiero que necesito espacio

El confinamiento ha sido para mí una montaña rusa. Y, estando en pareja, todavía más. Tras esos meses de convivencia intensiva -de los que creo hemos salido bien parados (e incluso algo más fuertes)-, ahora quiero introducir una novedad.

Una noche al mes sin el otro.

DEREK ROSE

No digo una noche fuera de la relación de pareja, me refiero a una noche separados físicamente.

Y sí, claro que sé que incluso sin necesidad de hablarlo, ya antes de plantearlo podíamos tener esa noche. Los dos contamos con la libertad de estar con los amigos o familia cuando queramos.

Pero incluso teniendo la posibilidad, ni yo ni él la practicábamos de manera habitual.

De forma que ponerlo sobre la mesa -y hacerlo oficial-, ha sido lo que ha conseguido que llegue a suceder.

Y puede que pienses: “Eso es que algo va mal. ¿Por qué sino querrías distanciarte de una persona a quien quieres?”

Pero no tienes que estar pasando un momento complicado para disfrutar de algo de distancia. Para mí esa noche es, o bien una excusa más para hacer algún plan con amigas o para estar a mi aire, simplemente un rato que dedico al 100% para lo que me apetezca.

Porque viviendo juntos, compartiendo tantas aficiones y, en nuestro caso, grupos de amigos, es difícil encontrar momentos por separado fuera de esos círculos.

El objetivo es doble: no solo conectar conmigo misma, con quién soy fuera de mi pareja, sino también aprender a apreciar el tiempo que pasamos juntos.

Que si no se da por hecho pasar todo del que disponemos juntos, igual empezamos a darle la importancia que tiene. Y que, más allá de los momentos rutinarios, lo convirtamos en tiempo de calidad.

Por mucho que hable en primera persona, esto es algo que él también va a tener, por supuesto. Una noche en la que lo mismo puede salir con sus amigos, invitarles a ver el fútbol o ponerse todos los capítulos del documental de Michael Jordan. Durante esas horas, la casa es para él.

Lo que no concibo es que, como individuos, nos desdibujados. Y aunque nuestros trabajos y rutinas nos permiten realizarnos a cada uno por nuestra cuenta, creo que de la misma manera en los momentos de ocio debemos encontrar un hueco a cultivarnos a nosotros mismos.

A fin de cuentas, la felicidad no es algo que vaya a venir únicamente de la relación, hay que trabajarla por cuenta propia. Al contar con ese tiempo de dedicación en esas otras áreas -que nos hacen sentir tan bien-, nos aseguramos de mantener el equilibrio.

Duquesa Doslabios.

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¿Qué pasa si son ellas quienes ‘llevan los pantalones’ en una relación?

Me gusta mandar, suelo llevar la iniciativa e intento que las cosas salgan de la manera que yo quiero. Y es algo que aplico también a mis relaciones.

Soy, por mucho que vea anticuada la expresión, quien lleva los pantalones. Y si yo fuera el hombre de la relación, supongo que no pasaría nada. Sería tan habitual que ese fuera mi rol, que a nadie le extrañaría. Pero como soy la mujer, a veces cambia un poco la cosa.

BERSHKA

Cambia porque, por muy orgullosa que esté de tener un carácter fuerte, no siempre la reacción de otras personas me hace sentir bien. Que en mi relación yo lleve más a menudo las riendas, despierta -de cara a los demás- precaución (“joder con esta”) y casi antipatía.

Mientras que mi pareja (hombre) suele recibir compasión, como si él no tuviera ningún tipo de control en su vida y estuviera supeditado a mis decisiones.

Si me pongo a repasar las relaciones de pareja que hay en mi familia desde mis abuelos, en todas puedo afirmar que son ellas, mis abuelas, tías o incluso madre, las que llevan la voz cantante.

Aunque, en muchos de esos casos, en la sombra. No sé si para que no resultara embarazoso para sus parejas o porque el mundo no estaba preparado.

Ahora me encuentro que lo de que nosotras llevemos los pantalones, tanto o más que ellos, ya se ve con más normalidad (quitando las reacciones que he comentado unas líneas más arriba).

Me tranquiliza que muchos de mi generación ya no se sienten identificados ni con esa frase ni temen el cambio de rol.

En lo que sí estamos de acuerdo -después de un rápido test vía Instagram- es que por muy en desuso que veamos la expresión, coincidimos en que puede que haya relaciones en la que uno de los dos sea más decisivo que el otro.

En mi caso, tengo claro que la personalidad hace mucho. Si ya de por sí soy activa e inquieta y estoy con pareja más tranquila, a ambos nos va a funcionar que lleve yo la iniciativa o que sea quien tire un poco del otro si no le sale tanto.

Claro que si viviera el caso de encontrar a una persona tan movida, tendríamos que ponernos más de acuerdo.

Lo importante de mi reflexión de hoy, el punto al que quiero llegar, es que nos desprendamos de una vez de los prejuicios que pueden implicar ver a una mujer llevar la voz cantante en una relación.

Como os digo, en mi caso, es fruto de la pareja que tenga en el momento y no debería ser considerado como algo negativo para mí (es decir, que no es que controle o someta a la otra persona) ni para él, que tiene poder de decisión en todo momento.

Duquesa Doslabios.

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¿Tras la cuarentena has decidido dar el paso y comprometerte? Puede ser una mala idea…

Creo que estaremos de acuerdo en que, desde que la crisis sanitaria dio comienzo, es como si la gente hubiera enloquecido por comprometerse y tener hijos.

En el segundo caso, la respuesta parece más obvia siempre y cuando hablemos de modelos, cantantes o influencers, ya que con el parón en sus agendas, han pensado que era un buen momento.

SPRINGFIELD

A la mayoría del resto de mortales (grupo en el que estamos tú y yo), si no hemos sido despedidos o estamos en ERTE y tenemos la suerte de teletrabajar, ni se nos pasa por la cabeza ampliar la familia en este momento tal y como están las cosas.

Pero, curiosamente, hay parejas que durante la pandemia han tenido una especie de revelación vital, llegando a la conclusión de que ya era hora de comprometerse con la persona con la que han pasado el confinamiento.

Porque por mucho que haya sido una experiencia que ha llevado a algunos a romper, muchas relaciones han llegado al siguiente nivel.

Aunque, ¿realmente ha sido por una evolución de la pareja o, más bien, consecuencia de lo que estamos viviendo?

No digo que muchos no hayan descubierto en ese tiempo bondades de la otra persona que no conocían todavía. Pero me parece un poco preocupante que haya sido este hecho el definitivo que ha empujado a tomar la decisión.

En mi caso, mi pareja (que estaba en ERTE), se encargaba de la mayoría de tareas domésticas mientras yo trabajaba. Una vez se ha reincorporado, el trabajo que ha tenido que asumir ha sido el doble.

No solo el reparto de tareas se ha invertido, teniendo yo que hacerme cargo en algunos momentos de un peso mayor, también el aspecto romántico, que, por falta de tiempo, ha terminado desapareciendo.

Fuimos de esos que, estando en casa tanto tiempo juntos, acabamos viviendo una peculiar ‘luna de miel’ que desapareció con el posconfinamiento y nuestras respectivas rutinas por separado.

Es decir, de haber tomado cualquier decisión vital en aquellos meses, solo por lo que estábamos sintiendo, habríamos obviado la que es verdaderamente la vida normal en pareja.

Y sí, claro que confirmé que le quería en aquel tiempo, pero sinceramente, no me hacía falta encerrarme tres meses a su lado para darme cuenta, era algo que ya sabía.

Tampoco podemos olvidar que el estrés de la pandemia y el miedo a volver a ser confinados, nos llevan a buscar control y seguridad, así que comprometernos con una persona por el resto de nuestra vida -lo admitamos o no- es un patrón que responde también a la crisis.

Así que antes de dar el paso, hay que intentar distinguir si es una decisión como consecuencia de la situación (que pueden ser tanto por euforia como por miedo) o consecuencia de sentimientos auténticos que, pasado el aislamiento, siguen estando ahí. Nada de tirarse a la piscina.

Duquesa Doslabios.

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