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Una noche loca de sexo aumenta la productividad laboral

Querid@s,

Me consta que ya lo sabéis, pero a modo recordatorio piaros que las relaciones sexuales provocan la instantánea liberación de dopamina, ese neurotransmisor asociado con los centros de recompensa del cerebro, así como oxitocina, la hormona molona asociada a las relaciones sociales y al apego. Por eso, cuando en la oficina, y sobre todo  a primera hora de la mañana, por poner un ejemplo cualquiera, vemos a uno o a una con mala cara agria y de pocos amigos, por lo bajini solemos pensar que tiene cara de mal follado, o follada. Me juego 100 euros – que se dicen pronto – a que ese no tuvo una noche loca de sexo, ni de sexo a secas. Porque cuando a uno le dan lo suyo y lo del vecino, se nos pone el corazón contento y lleno de alegría en cuestión de nanosegundos. Estos beneficios after sex se extiendan hasta bien entradito el día siguiente, para que valoréis si vale la pena o no una noche loca.


De los beneficios de salir bien folladitos de casa y sus efectos positivos en el rendimiento laboral habla un nuevo estudio de la Universidad de Oregón. Los investigadores de esta Universidad afirman que mantener relaciones sexuales por la noche promete una jornada laboral más productiva. El estudio viene a confirmar que aquellas parejas que mantienen una vida sexual saludable mejoran su satisfacción personal en su entorno laboral e incremente su compromiso en sus puestos de trabajo, según señala Keith Leavitt, profesor de la Universidad de Oregón. «Hacemos bromas acerca de la gente que viene “especialmente de buen humor al trabajo” pero resulta que esto es real y debemos prestarle atención. Mantener una relación saludable que incluya una vida sexual saludable ayudará a los empleados a ser más felices y estar más comprometidos en su trabajo, lo que beneficia a los empleados y a las organizaciones para las que trabajan», explica Leavitt.

Los descubrimientos, publicados este mes de marzo en «Journal of Management», demuestran que eso de llevarse a casa el estrés producido por asuntos de trabajo afecta negativamente la vida sexual de los empleados. Si sois de los que una vez en casa estáis pendientes del teléfono y de los emails, sabed que es contraproducente si sacrificáis hábitos como hacer lo que os sienta bien y os apetece, pasear, leer, hacer ejercicio, jugar a la petanca, pasar tiempo con los seres queridos o follar, ya que el desempeño en el trabajo tiende a declinar.

Otros beneficios: satisfacción marital y calidad de sueño

Para que seáis conscientes del auténtico impacto del sexo en nuestras vidas, los investigadores realizaron un seguimiento a 159 empleados casados durante dos semanas. Les pidieron que cumplimentaran dos encuestas diarias. Todo un coñazo, sí señor, pero de este modo hallaron que las parejas folladoras reportaron estados de ánimo más positivos al día siguiente, y que además se mostraban de un considerable y visible buen humor que duraba todo el día, repercutiendo positivamente en una mayor productividad y satisfacción durante toda la jornada laboral.

Y hasta aquí puedo leer. Pensadlo bien, no querréis ser los mal follados de la oficina.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Hablemos de los orgasmos: con sinceridad, alto y claro

Querid@s,

Denle al play. Está en versión original para que no se pierdan ningún detalle por culpa de la traducción.

Hablemos de los orgasmos fingidos. Imagino que todas nosotras (muy mal hecho) hemos fingido un orgasmo en algún momento. Les ruego que se sinceren y que levante la mano la que nunca ha hecho lo mismo que nuestra querida Meg Ryan. No les estoy hablando de montarle el número a su amante, hablo de fingir orgasmos.

Como lectora habitual de blogs de vicios varios y exquisitos, leo mucho y variado sobre los orgasmos, tema que me apasiona especialmente. Orgasmos, divinas palabras. Hoy me gustaría debatir con ustedes sobre las mujeres y el por qué de sus (nuestros) orgasmos fingidos. Las cifras son escandalosas y escandalosamente preocupantes. Dos de cada tres mujeres admiten que han fingido en la cama, según un estudio publicado en el Journal of Sex Research por las sexólogas Charlene Muehlenhard y Sheena Shippee.

¡Ya está bien de fingir orgasmos! Le hacemos a nuestra vida sexual un flaco favor. Todas hemos fingido un orgasmo alguna vez, para ser sinceras, más de una vez. Dos ya son demasiadas veces. Es un craso error. Plagiando la Wikipedia, el orgasmo es el resultado final del clímax explosivo de una relación sexual, que produce una sensación de liberación repentina y placentera luego de un punto casi insoportable e irrefrenable de esa tensión sexual, acumulada y guardada de manera continua desde que se inicia la excitación.

Quizás les guste más esta otra.

Y ahora, la pregunta del millón ¿Cuál es la razón por la que hacemos creer que hemos llegado a la cima?

Obviamente no fingimos orgasmos porque sí, siempre hay un motivo detrás. Al fingimiento del orgasmo va ligada la incapacidad para comunicar que no estamos satisfechas y una clara falta de autoestima. El miedo a la comunicación en la cama es un pésimo aliado. De hecho es un contrasentido si tenemos en cuenta que es uno de los pilares fundamentales de cualquier relación sexual, por esporádica que sea.

Otro motivo es no dañar el ego masculino. Nos sabe mal, nos da pena. Creo que no es un drama no alcanzar el orgasmo siempre que se tiene una relación sexual. Me parece más dramático fingirlo. Si no se consigue el orgasmo, ¿por qué no decirlo al otro?. Con tacto, con ternura, con amor, con pasión, con delicadeza, con inocencia. Cómo quieran ustedes, pero díganlo alto y claro. Tan alto y claro como fingen los orgasmos.

Pero aún hay más. Hay quienes consideran que no se trata de solidaridad para levantar la moral a la pareja, ni tampoco de mostrarse condescendiente con el que no logra estar a la altura. La principal conclusión del estudio Do Women Pretend Orgasm to Retain a Mate? por un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, Oakland y del Instituto Psiquiátrico de Nueva York resuelve que el orgasmo es una estrategia en beneficio propio: consolidar la relación de pareja y disminuir el riesgo de infidelidad. Toma geroma pastillas de goma.

(Tomen nota de estos orgasmos. Son auténticos y pueden ver uno detrás de otro.)

No la niego, pero esta teoría me resulta especialmente absurda. Gemir, jadear, respirar entrecorto, dar micro gritos de placer, gritar como una loca, pronunciar esas palabras o frases, cada una tenemos las nuestras, pero remitiéndonos a los básicos “mmmm”, “si si”, “sigue sigue” o incluso hiperventilar, son síntomas de que uno se lo está pasando muy bien en la cama. Si una mujer hace algo de esto sin sentirlo, puede que le haga sentirse más sensual, puede incrementar su deseo y excitar así aún más a su compañero de cama. Pero es absurdo fingir todo esto, no creen. ¿Piensan de verdad que gemir más, mejor y más fuerte es una razón suficiente para retener a su pareja? Lo dudo. Según el estudio que les he mencionado, cuanto menos consolidada sea la relación y cuánto más desconfianza exista sobre una infidelidad potencial, las mujeres fingirán sus orgasmos con mayor frecuencia e intensidad.

Las cosas no son blancas o negras y considero que en algunas ocasiones es justo y necesario fingir. Personalmente digo SI a fingir orgasmos una noche loca en la que nos sale el tiro por la culata, no hay ese feeling sexual deseado y por no lastimar el ego y terminar rapidito, dar gato por liebre. Pero sólo en estas circunstancias.

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Desde luego que para disfrazar un falso orgasmo hay que tener talento, pero al tratarse ya de una estrategia evolutiva cada vez más lograda y repetida por las mujeres en algún momento de nuestras vidas, se ha convertido en una herencia genética que cualquier mujer puede reproducir a la perfección. Y cuela como uno real. No debemos de estar orgullosas de esta “hazaña interpretativa”. Para terminar, les dejo con unas divinas palabras del poeta uruguayo Eduardo Galeano.

“No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman, pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace”.

Si no quiere seguir siendo una mal follada, deje de fingir. Por favor se lo pido.

Que follen mucho y mejor.