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¿Cómo es el sexo de los casados?

Querid@s,

¿Cómo es el sexo de los casados?

He observado que después del matrimonio, las personas dejan de ser curiosas decia Antón Chéjov. Gabriel García Márquez consideraba que el problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno. Yo creo que el sexo no es la máxima prioridad en una relación de pareja pero si no hay es una mierda. La admiración, la amistad y el respeto van por delante. El sexo puede ser mejor o peor, puede ser modesto y misionero o hacerte que veas las estrellas. Eso si, tiene que haber sexo. Sin sexo, la pareja no tiene sentido alguno. Podemos ser amigos o compañeros, pero nada más. Salvo que seáis asexuales claro, pero en este tema no voy a meterme hoy.

La frecuencia sexual de los casados

Según revela un estudio de la Universidad de Chicago (por aquí sigo) de 1994 publicado en The Wall Street Journal, casi el 80% de las parejas casadas tienen relaciones sexuales varias veces al mes o más. No obstante conviene tomarse los estudios sobre sexualidad humana con relativo escepticismo, porque en lo que a juegos de alcoba se refiere la gente siempre miente. En general, -no me echéis a los lobos-, los hombres se comen una y cuentan veinte. Y las mujeres nos comemos veinte y contamos una. Ironías de la vida.

Dicho lo dicho los datos arrojados por los estudios en la materia revelan que “la frecuencia sexual media es de unos 3,2 encuentros sexuales a la semana en el primer año de convivencia de una pareja. Durante ese primer año, por lo general, está presente el más infalible de los afrodisíacos, el enamoramiento. Tanto ellos como ellas presentan unas ganas locas de estar juntos y enredados en una constante intimidad en el que el resto del mundo no importa. Pero con el paso de los días, las semanas, los meses, los años, el verse la cara todos los días, pasar tanto tiempo juntos que ni siquiera hay tiempo para echarse de menos, va pasando factura.

Durante el tercer año la media de relaciones sexuales desciende a las 1,9 por semana y a partir de ese tercer año la frecuencia sexual de las parejas disminuye drásticamente hasta un irrriosorio 1,1 encuentro semanal. Los tres años simbolizan un hito en la relación, ya que a partir de ese momento el enamoramiento decida plegar alas y se esfuma. Si el amor es sólido, la pareja se consolida, si es un amor de garrafón las parejas experimentan crisis y episodios turbulentos en su relación. Algunas se van al traste y para las que sobreviven, la frecuencia sexual comienza a decaer. El deseo disminuya, al menos uno de los miembros siente deseos de acostarse con otra persona, y la pasión se ahoga entre broncas maritales, facturas y el monstruo de la rutina, a veces intolerable.

Personalmente las cifras se me antojan demasiado escasas, aunque se rumorea que la explicación tiene toda la lógica del mundo. El matrimonio en si no es un factor que afecte negativamente al deseo, lo que sí constituye un elemento decisorio es la convivencia. Cuando no convivimos, las ganas de verse son constantes. Recuerdo cuando yo andaba enamorada por primea y última vez y juro que lo único que quería era estar pegadita a él las 24 horas del día, su compañía siempre me sabia a demasiado poco. Le echaba de menos incluso antes de que se marchara y a todas horas ansiaba que los demás desaparecieran y que nos quedáramos solos para colarme entre sus piernas y dormir pegada a él para toda la vida. Pero cuando los deseos se hacen realidad y realmente tienes que ver, por narices, al otro todos los días, ayy amigos, las cosas cambian. Vaya si cambian.

Como reza el viejo chiste: “¿Por qué el soltero/la soltera está siempre delgad@ y el casado gordo/ la casada gorda? Porque el soltero/la soltera al llegar a casa, abre la nevera y dice: “Siempre lo mismo” y se va a la cama. Mientras que el casado/ la casada , se va a la cama y dice: “Siempre lo mismo”. Y abre la nevera”.

Factores del deseo sexual

La fantasía es el motor principal del deseo sexual. No hay nada mejor para alimentar la libido que fantasear, cuanto más mejor. Nada aviva más el fuero interno que la conquista de pensamientos eróticos. Hasta aquí todo claro, pero otra cosa muy distita y más difícil es mantenerlo en el tiempo. Para eso no basta con quererse, hay que desearse para salvar la monotonía. Sin pasión el amor acaba desvaneciéndose o convirtiéndose en algo que a algunos puede valer como sucedáneo. Amistad, compañía, pero nunca amor. Al menos no del bueno.

¿Y si no hay ganas?

Para muchos casados es una verdadera hazaña echar un polvo con su pareja debido a un porrón de historias: los hijos que no le dejan a uno tiempo para nada, los respectivos trabajos, las rendijas del amor que la pareja se profesa, la falta de tiempo y de tranquilidad, las reyertas maritales…Pfffff, como para agobiarse y que el deseo se esfume pensaréis algunos. Puede ser pero no entiendo que a uno se le extingan definitivamente las ganas de hacer el amor con la persona a la que quiere. El sexo no es una obligación y que me encierren si algún día digo lo contrarioQue un día estoy cansada y no me apetece, vale. Que otro día no le viene en gana a él, pues bien también. Pero cuando la renuncia al sexo es sistemáticamente, cuando las faltas de ganas son constantes, tenemos un problema querid@s. Y de los gordos.

Tanto la vida de soltero como la de casado tienen sus grandezas y sus miserias. Ya lo dijo otro listo, esta vez fue Petronio hace más años que Matusalén. Te puedes casar o quedarte soltero, pero te arrepentirás de las dos cosasEspero que no tenga razón.

¡A follar a follar que el mundo se va a acabar!