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Naturist Cleaners: Se buscan mujeres para limpiar casas desnudas

El Reunido Unido, tras el Brexit, vuelve a dar de qué hablar, y es que una empresa británica ofrece servicios de limpieza desempeñados sólo por mujeres. Desnudas. La compañía se llama Naturist Cleaners («limpiadores naturistas») y ofrece, según sus propias palabras, «un servicio de limpieza profesional con creencias naturistas». Limpieza general como quitar el polvo, recoger los trastos, pasar la aspiradora, regar las plantas, hacer las camas, poner la lavadora, planchar o limpiar las ventanas. Vamos, la porno chacha (disculpad el improperio, pero no lo he inventado yo) de toda la vida. El cliente puede mirar, observar y deleitarse todo lo que quiera mientras no se acerque demasiado ni toque a la limpiadora, pues la empresa afirma que bajo ningún concepto las mujeres podrán ser grabadas, fotografiadas o tocadas. Todo un detallazo, sí señores.

El uniforme de las señoritas tiene poca tela. Guantes y zapatillas son las únicas prendas que las mujeres contratadas podrán llevar mientras se dedican a sus labores. Según declaró la propietaria Laura Smith a The Telegraph, la compañía busca mujeres “de todas las edades y apariencia” para limpiar en casas privadas. A cambio de limpiar en cueros, 52 euros por hora. “Las limpiadoras desnudas limpian de verdad, no lo están fingiendo, así que el cliente recibe el beneficio de una bonita experiencia y de una limpieza profesional durante una hora o por el tiempo que haya pagado” apunta Smith.

La empresa ofrece al cliente la posibilidad de elegir a la empleada que le dejará las casa como los chorros de oro. Para facilitar la selección, podrá ver fotografías de las mujeres de la base de datos  y elegir a la que más le convenga. Si alguna de vosotras, no olvidéis que a vosotros no se os contratará, queréis ganaros unas libras, es necesario rellenar un formulario en la web, subir unas fotos en bikini o directamente desnudas y, por supuesto, vivir en la Gran Bretaña. Para justificar el sexismo a la hora de la contratación, la propietaria argumenta que la mayoría de sus clientes son hombres solteros y algunas parejas, y que, por lo general, no buscan a otros hombres para realizar estas tareas. No os preocupéis por la discreción y la confidencialidad, tal y como exige la Ley de Protección de Datos, los datos personales de los clientes y de los trabajadoras son confidenciales.

Naturist Cleaners ofrece una interesantísima tipología de servicios: con el cliente desnudo, con la limpiadora desnuda y con ambos desnudos. La compañía, pionera en este tipo de servicios, asegura que sus clientes son, principalmente nudistas y que lo que ofrecen nada tiene ver con el sexo. Ni con el machismo o el sexismo añadiría yo, porque fíjate tú por dónde que no contratan a hombres para tan pulcros menesteres.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

La paja, esa oda tan onanística

Querid@s,

Aquí me tienen, cascándomela en la ducha. Para mí, el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor. 

Así a bocajarro confiesa al espectador Lester Burnham durante los primeros fotogramas de la tragicomedia finisecular American Beauty. Lester es ese fracasado norteamericano, mal marido y mal padre. Y es que ese sueño americano que idolatraba ya no le satisface. Todo lo contrario, le asquea profundamente. Le aburre su ciudad, el vecindario apesta, le aburre su casa, su trabajo y está hasta el moño de su esposa. Por rutinaria, toda su vida le produce un hastío insoportable, una monotonía nauseabunda. Pero las pajas se salvan de su particular drama, menos mal. Sin duda las pajas acompañan al individuo casi desde que tiene uso de razón, o desde que comienza a advertir que existe vida propia ahí abajo, entre las piernas. Y que además no se conforma con hacerse notar, sino que ruge reclamando atenciones precisas, dedicados mimos y caricias exclusivas. Vamos una paja, y si es de las buenas, mejor que mejor.

De de mis conversaciones con amigos pajilleros y amigas que se tocan, se hacen dedos o echan mano de la juguetería sexual de última generación y vibradores- algunos son asombrosos, como esos consoladores que simulan perfectamente a una buena verga humana, con sus venas, sus pelotas y todo-, cerca de un 95% de los hombres y un para muchos sorprendente 90% de las mujeres (siempre se ha creído que las mujeres nos tocábamos infinitamente menos que ellos, pues va a ser que no) se masturban con cierta frecuencia, y la mitad de estos y estas onanistas lo hacen con frecuencia diaria. Yo lo veo normal. ¿No se come todos los días? Pues igualmente está bien que las pajas sean diarias.

American Beauty, Kevin Spacey

American Beauty, Kevin Spacey

Un amigo – he de hacer hincapié en que era-y siguen siendo-soltero y sin compromiso- me confesó en una noche mano a manode esas en las que no sabes por qué misterioso motivo lloras y le revelas al otro tus demonios y esas sombras que habitan en tu interior y que reconoces al prójimo por primera vez (en mucho tiempo o quizás en toda tu miserable vida), que un inquino sentimiento de culpabilidad se apoderaba de él cada vez que se hacía una paja. Pepita, cuando me hago una paja me siento un miserable, me siento culpable, me siento fatal fueron sus palabras exactas.

Quedé tremendamente sorprendida por la honestidad brutal de sus declaraciones, pues siempre había creído a pies juntillas que a ellos les apasionaba pajearse el pito, y que precisamente por esa inocua pasión, culposo hábito masturbatorio para mi amigo, ellos se pajeaban en grupo en los años de la divina juventud, quizás con la secreta intención de medirse las dimensiones de los mástiles que cada cual poseía y salir triunfante de aquella competición amistosa, quizás para ver quién era el más ducho en el oficio de la puntería o qué chorro repleto de vida en forma de semen viajaba más lejos.

Entonces, dejándome llevar por la ingenuidad del momento, le pregunté expectante. ¿Y entonces por qué te masturbas? Y él, como diciendo ¿Tú has nacido ayer o qué? me espetó Primero porque luego se me pasa y porque si no me la casco yo, no me la casca nadie. Tras esa declaración até cabos. De mis conversaciones con mis amistades también sé que lo de hacerle pajas al prójimo está un tanto pasado de moda, al menos si ya ha perdido usted la virginidad y ya no tiene quince años. Cuando hablo con mis amigas y amigos homosexuales sobre estos menesteres calentorros, ellos y ellas señalan con unanimidad que pasan de hacer pajas, que las pajas dan mucha pereza y cansan, que la mano después de un rato afanoso de dale que te pego, toma que te doy duele, y que ya metidas en faena, pues mejor una mamada, chica. Estoy de acuerdo.

Pero la paja propia, esa que se casca uno mismo, eso ya es otra cosa. La paja es un refugio de lo más intimo en el que uno encuentra un remanso de paz entre tanta excitación, el sosiego más reconfortante entre esa eclosión que está apuntito de estallar. Puede que cuando uno siente que está medio moribundo, le da por hacerse una paja y este acto de amor propio donde los haya le devuelve nuevamente a la vida. Y renace, vuelve a reverdecer. La paja, digo yo, es un vaivén de sensaciones y sobre esto del onanismo y de lo que a uno le pone y cómo le pone, no hay nada escrito. Vamos, que cada uno piensa en lo suyo. Unos vuelan o acaso atraviesan océanos, mientras que para otros es un chute, y al consumarse respiran aliviados porque se sienten en casa. En lo que concierne a la logística de la operación pajillera, las pajas pueden ejecutarse, imagino yo, en cualquier lugar que lamente humana sea capaz de elocubrar. Películas aparte, los enclaves tradicionalmente destinados a casacársela suelen ser la ducha (como hace a diario el doblemente loser de Lester), tumbados boca arriba en la cama, pensando en otra (infinitamente más joven) y con la mujer al lado pensando ¿Pero qué haces cabrón?…

Encerrados en el cuarto de baño mientras el pajillero se alivia el pene sobre el inodoro, por aquello de no ensuciar…

Entre rejas…

Lo que pasa por la  mente de cada uno mientras se pajea es un inmenso abanico de posibilidades. Algunos olisquean alguna prenda íntima y sucia, mientras unos fijan su mirada en esos esculturales cuerpos desnudos que inundan las revistas porno.

Otros tiran de imaginación y de recuerdos…

Y usted ¿En qué piensa cuando se hace una paja?

Si se ha levantado con el pie izquierdo y ha tenido un mal día, quizás todo se solucione con una buena paja. O no. Por probar…

Que follen mucho y mejor.