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¿Es fetichismo o más bien racismo sexual?

Hoy quiero contaros la historia de uno de mis amigos más antiguos al que llamaremos Juan.

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Juan nació en República Dominicana hace casi 29 años y en su tierna infancia se mudó a Madrid con sus padres y su hermana.

Cuando le conocí, tenía bastante éxito con las chicas y, en más de una ocasión, hablábamos abiertamente de nuestra vida sexual.

Pero había una gran diferencia, él sabía que, para muchas mujeres, era una especie de escalón, un logro.

Una casilla que poder tachar en la ruleta del sexo o una conquista de la que presumir con las amigas, simplemente una categoría más dentro de la lista de diversidades étnicas.

Aunque los dos podíamos tener relaciones o aventuras esporádicas, yo no tenía nunca la sensación de que la otra persona podía verme como algo exótico. Algo que él sí podía preguntarse.

Y eso sin hablar de las connotaciones sobre los atributos físicos que también pesaban sobre él, una presión social que es fruto de una mentalidad colectiva bastante simplista que se resume en, hablando mal y pronto, “si es de color, la tiene grande”.

Juan quería ser considerado una persona y no una hipersexualización que se limitaba a reducirle a su etnia. A la vez que se le adjudicaba una identidad que él debía tener por mucho de que, en muchos aspectos, fuera más madrileño que un bocata de calamares.

Estereotipos y prejuicios iban siempre de la mano cuando Juan ligaba, siendo también víctima de la cosificación al ser considerado únicamente un objeto sexual.

También el porno tiene gran parte de la culpa en el momento que divide el sexo por “Asiáticas”, “BBC” (Big Black Cock) o “Interracial”. Esta categorización degrada a la persona que, como mi amigo, ve cómo desaparece viéndose relegado únicamente a su etnia.

Y el problema no es solo que Juan ya no sabía hasta qué punto gustaba él, su piel o la idea preconcebida de lo que podría tener entre las piernas. Incluso esa atracción que podrían sentir hacia él luego no se traducía en seguir conociendo a la chica, quien solo quería tener esa experiencia con él por ser físicamente distinto.

El sexo no es racista. Los racistas somos nosotros.

Duquesa Doslabios.

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