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¿Tu relación no funciona? Igual no le estás prestando atención a estos detalles

No está remunerado, pero muchas veces tengo la sensación de que mantener una relación es un trabajo a tiempo completo. Requiere tiempo, dedicación, energía… Es, como una vez me dijo una amiga, “como llevar un negocio”.

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Establecemos conexiones que se convierten en relaciones porque damos con alguien con quien compartimos cosas y nos aporta felicidad. Pero es algo que debemos cuidar siempre.

Entonces, ¿cuál es el truco para que funcione?

Hablar con el corazón de todo lo que podamos necesitar. La honestidad es algo básico, ya sea porque necesitamos más cercanía o más espacio. Una pareja que puede tratar de todos los temas de manera abierta crea un espacio seguro en el que todo puede salir con la confianza: deseos, necesidades, miedos, aspiraciones… Compartir estas cosas con tu pareja hace que ambos os conozcáis mejor.

Ten siempre, también, la mente abierta, intenta no juzgar a tu pareja. No ya solo porque dentro de la cama le gusta que te pongas algo que a ti a lo mejor te parece raro, sino respecto a todos los temas: política, gustos, religión… No es necesario que compartas todo absolutamente con él, pero sí que lo tengas en consideración. El respeto es básico.

No critiques a no ser que sea de manera constructiva, y procura encontrar el momento. Esa comida familiar puede que no sea el sitio más adecuado para recordarle que siempre deja gotas de pis fuera de la taza del váter. Intenta no usar sus pequeños defectos (que todos tenemos) en su contra. Hazle saber que le valoras siempre.

Comparte, comparte cosas tan ridículas como el postre, una cerveza y termina compartiendo cosas grandes como experiencias, viajes, vivencias… Crea recuerdos. Todo eso fortalecerá vuestro vínculo.

Tu pareja, tu prioridad. Puede que tengas un trabajo muy estresante, una vida familiar que te exige mucho y un montón de cosas más, pero eso no significa que tu pareja deba estar a un lado. Haz que sea partícipe de tu vida y que le des la importancia que se merece. A fin de cuentas, si no se la estás dando, ¿para qué estás en pareja?

Nunca des el amor (ni a la persona) por sentado. Que para ti todo esté yendo de maravilla, no tiene por qué significar que tu pareja tenga la misma concepción de la relación. No escatimes en recursos para conocer y trabajar en vuestra relación.

Pero, sobre todo, quiere, quiere mucho y sin parar, porque queriendo el resto de cosas no supondrán para ti ningún problema.

Duquesa Doslabios.

Los importantes pequeños detalles sin importancia

Estoy enamorada. Lo sé ahora y lo llevo sabiendo un tiempo. Y como enamorada que llevo ya estando unos años, sé cuándo quitarme la venda de los ojos.

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Más que quitármela, decidí que prefería ver las cosas como eran en realidad, con sus cosas buenas y no tan buenas.

Y como enamoradas que estamos muchas, viviendo una rutina con nuestras parejas, todos vemos algunas cosas, pequeñas tonterías: hoy en vez de dejarte en casa, te deja más lejos para poder llegar a otra cosa a tiempo.

Lo que antes era una cena mirándote a los ojos se convierte en una cena en la que tú, de no ser por la camarera, te sentirías invisible ya que, lo que antes solo eran ojos para ti, ahora lo son para el Real Madrid. Los cinco minutos de “buenos días” que tanto te gustaban, de abrazos y remoloneo en la cama, se sustituyen por cinco minutos en los que uno teclea en el teléfono y el otro, aburrido, le sigue para no estar mirando al techo.

De repente te suelta un “Cállate un poquito” que te deja plantada en el sitio y otro día más que vuelve a dejarte a una manzana de casa para no perder el tiempo dando la vuelta o que ya llega tarde a buscarte cuando antes (quizás por la presión de estar al comienzo de la relación) habría llegado con más tiempo.

Y notas los descuidos contigo, con los detalles, que ahora que hay más confianza por lo visto ya se puede ser más descuidado y pasar de limpiar o de lavar las sábanas. “Confianza”, esa palabra que parece justificar que ya no se reciba el mismo cuidado ni la misma atención dentro de una relación.

Te das cuenta de que esas veces que has salido de su coche un poco más rápido, sintiéndote más fría cada vez por la despedida fugaz, lo único que querías era que él corriera detrás en pleno ataque de romanticismo y te dijera una vez más que te quiere, que tu adiós le ha sabido a poco y que sin otro beso tú no te vas.

El amor no es una prueba de velocidad, no es a ver quién conquista antes la meta y luego ya está. Se nos olvida que es una carrera de fondo de, más que años, de toda una vida, de resistir embates, de aguantar hasta el final. Porque al final los pequeños detalles sin importancia, a algunos, sí que nos parecen importantes.

Duquesa Doslabios.