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Desmontando mitos machistas: “Tengo celos porque te quiero”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Formamos parte de una sociedad en la que los celos aparecen a edades muy tempranas (y los que tenemos hermanos pequeños lo sabemos bien). Sin embargo se nos enseña rápidamente, o al menos en mi caso, a racionalizarlos, y, por tanto, terminan desapareciendo.

Los celos parten de la autoestima, no de las actuaciones de otra persona. No son causa de comportamientos, son una muestra de inseguridad. 

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Y yo, en su momento, los viví en carne propia. Tuve una de esas relaciones en las que mi pareja me pedía que le mandara fotos, vídeos e incluso audios si así lo deseaba, que acreditaran dónde estaba. Según él era algo que demostraba que yo era digna de su confianza pero en realidad se trataba de una herramienta de control.

Aquella pareja borró, literalmente, todos los amigos varones con los que contaba. Yo no estaba autorizada a quedar con ellos ya que “teniéndole a él, no necesitaba a nadie más”. Y claro, si yo me empeñaba en quedar con alguno de ellos, me llegaba al minuto el reproche de que tendría la culpa si él se ponía celoso y me tocaba asumir las consecuencias (desplantes, enfado, insultos, mal rollo en nuestra relación…). Por lo que procuraba evitarlo para que hubiera paz en mi pareja.

Pero los celos no entran en el pack del amor, de hecho, todo lo contrario. Cuando tienes la suerte de encontrar a alguien que viene con el amor debajo del brazo, no hay lugar para celos por el simple motivo de que sabes que esa persona solo te quiere a ti y que si no te quisiera no estaría contigo, y ninguna compañera del trabajo, monitora de full body o amiga de la infancia lo va a cambiar.

Sin embargo es difícil llegar a esa conclusión cuando los mensajes que nos mandan desde fuera son contradictorios. Hugo en Tres metros sobre el cielo actúa movido por los celos, así como Edward Cullen o Christian Grey. Todos se comportan como si su pareja fuera de su propiedad. De hecho no hace falta ir al cine, si por lo que sea ves Mujeres y Hombres y Viceversa o Gran Hermano encontrarás todo tipo de polémica generada porque un concursante tiene celos de que la tronista haya hablado con un pretendiente.

Otros datos alarmantes son que un tercio de los españoles según el estudio del CIS consideran inevitable o aceptable ciertos comportamientos como controlar los horarios de su pareja, impedir que vea a su familia o amistades, no dejarle que estudie o trabaje o decirle lo que puede o no puede hacer.

De hecho, las nuevas generaciones asocian la violencia machista a lesiones y no consideran los celos y el control algo negativo.

Y antes de nada, aclarar que yo no digo que no haya mujeres celosas, ni mucho menos. Por supuesto que las hay. Sin embargo la diferencia está en las estadísticas. ¿Cuántas mujeres son asesinadas por sus parejas o antiguas parejas? ¿Y cuántos hombres? Ahora empezamos a entendernos…

Los hieren, los celos consumen, los celos son un riesgo, pero sobre todo, LOS CELOS MATAN. Lo pongo en mayúsculas para que quede bien claro. Los celos forman parte de la cultura machista que nos considera a las mujeres objetos, posesiones, algo que pertenece al hombre. Recordemos que desde que se empezó a llevar un registro de las víctimas, 945 mujeres han sido asesinadas por violencia machista.

Lo que me parece todavía peor es que encima muchos de estos asesinatos se relatan como auténticas novelas en las que tiene lugar un crimen pasional del estilo “el ex marido, llevado por los celos, asesinó a su ex mujer y a su amante”, como tratando de dar un significado o una justificación al hecho de que los celos son una cosa “normal” que pueden hacer que te entren ganas de matar a tu pareja.

No es normal. Y es el momento de darse cuenta de ello y de decir “Hasta aquí”. En el momento en el que tu pareja habla de celos o los utiliza para que tú modifiques tu comportamiento, hay que ser consciente de que el problema no es nuestro, sino que lo tiene la persona consigo misma. Si es capaz de resolverlo y mantener una relación sana (considerar que tienes control sobre una mujer es algo que hay que desaprender), adelante. Pero si tu pareja no es capaz de deshacerse de ello, quizás es el momento de que te deshagas tú del compromiso que mantienes.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

 

Otros 6 trucos (aún más infalibles si cabe) para superar lo suyo

Querid@,

¿Qué tal la resaca?

Imagino que piensa que con los truquitos que le he dado piensan no va a ser suficiente. Lleva usted todo el santo fin de semana regodeándose en bucle en el fango de la melancolía . Déjelo ya, en serio, es bochornoso, lamentable, ridículo. Sé que piensa que lo suyo es diferente, lo suyo mucho más serio, de acuerdo. Antes de continuar, deje de referirse a lo suyo como lo suyo. ¿Capicci? También es ridículo. Estoy convencida de que lo está pasando muy mal y realmente necesita un milagro. Ya no puede más, ya no puede más, siempre se repite la misma historia. Está bien.

Temiéndome lo peor, voy a compartir con ustedes otros 6 trucos infalibles para salir vivito y colenado de esta.

7. Celos

Esa chiflada estrategia de intentar provocar celos en el ex es una pésima idea, además de  resultar de lo más patético. Y sobre todo, no funciona. Comerse el morro y tontear con alguien delante del ex no es digno. Por favor, no lo haga.

8. Salga allende de su zona de confort. Mande a la mierda su hábitat natural, cambie de look, rásguese las vestiduras, sueltese la melena, vaya a bailar bachata -si no le gusta- y si le gusta plantéese que es usted un hortera. Aproveche sus horas (que ahora han quedado muertas) para conocer gente nueva. Viaje, váyase a cualquier otra parte, aunque solo se atreva a coger el cercanías e irse al pueblo de al lado. Cómprese una moto o una bicileta y márchese de paseo.

La verdad es que da igual donde, simplemente cambie de aires y a otra cosa mariposa. Ponga rumbo a lo desconocido, no temas y atrévete a soñar de n nuevo. Todo con el fin de crear nuevos recuerdos y olvidarse de esos malos pensamientos que aparecen a destiempo, esos fantasmas que se le aparecen a escupirle su recuerdo, y de paso a tocarle los huevos. Con el amor, con la soltería, o ir de flor o en flor o de capullo en capullo, pero no me llore más. Piense que ya llorara mañana.

9. Un clavo saca otro clavo.

Aunque suene a frase de manual, me manifiesto completamente de acuerdo. Eso sí, no se enganche a un clavo ardiendo. Echarse novio o novia de nuevo nada más terminar una relación no es la mejor de las ideas. La cosa no suele acabar bien si lo que usted intenta es llenar el vacío con el primero o la primera que se pasea. Creo que todos necesitamos un respiro, cada uno el suyo, para aprender de los errores (seguro que los ha habido), mimar su maltrecho corazón y reconstruirse uno después de la ruptura, que digo yo que algo le habrá desmontado.

Dese tiempo y no se precipites en tener una nueva relación. Las prisas no son buenas en las cosas del querer. Como decía mi tía Isabelin (DEP), Amor y mortaja del cielo bajan.

10. ¿Cómo quedamos? ¿Cómo amigos? De ninguna de las maneras.

Eso de quedar como amigos es como una peli de ciencia-ficción y la mayor mentira de la humanidad. El timo de la estampita. Vamos, digo yo que si a uno le dejan, de lo último de lo que tiene ganas es de hacerse amigo de aquel cretino que le ha roto el corazón. Esta usted en pleno duelo, déjese de tonterías. Para amigos los que le van a tener que tolerar hasta que se le pase a usted el disgusto. No conozco a nadie (mínimamente en su sano juicio) que mantenga una relación de sincera amistad con su ex, al menos, no inmediatamente después de la ruptura. Deje que pase el tiempo, y cuando ya no le importe como antes, y aun así siga queriéndole en su vida, inténtelo si quiere. Ya me dirá qué tal.

11. No se cierre al amor. Eso es absurdo, ilógico y una mamarrachada, es como ponerle puertas al mar. Recuerdo que después de la tormenta siempre llega la calma y que zas, cuando menos se lo espere, el amor volverá a llamar a la puerta de su maltrecho corazón. Y es que tras una ruptura de esas que te dejan jodido una buena temporada, el miedo se apodera de uno y solo de pensar que le vuelvan a hacer daño, nos cagamos de miedo. No sea tonto o tonta, de sobra saben que el que no arriesga no gana y si se cierras al amor y lo espanta como si fuera una fastidiosa mosca , el amor, como usted bien comprende, no podrá entrar de nuevo en tu vida. Si el amor asoma tras su puerta, vámonos, no se lo piense más.

12.¿Y si…?

¿Y si se la cruza por la calle, si l@ ve con otro@, si ya ha rehecho su vida? Esta es la parte más jodida de todas querid@, no le voy a negar lo evidente. Escúchela a ella que sabe de lo que habla.

En cristiano, quítele hierro al asunto y no dramatice en exceso. No voy a caer en frases de manual (las detesto) ni en típicos tópicos y decirle que no le merece, que usted es mejor y aquel que ha despreciado su amor, que solo le daba migajas, no le llega ni a la suela del zapato. Puede que sí, puede que no. ¿Quién soy yo para juzgarle a usted y al verdugo de su alma? Lo único que puedo decirle es que todo pasará y que sobrevivirá.

Un buen amigo me dijo hace años “Pepita, no malgastes tu tiempo deshojando margaritas.” Ahora soy yo la que se lo dice.

Sé que tiene miedo, está petrificado. Sigue pensando que nunca podrá vivir sin esa persona a su lado. Pase de capítulo a la de ya. Ahora toca empoderarse para curarse. Vuelva a mirarse al espejo, dele al play y digale eso de:

Y ahora vete, date-media-vuelta-y-sal-de-mi-vida. ya no eres bienvenido nunca mas, ya no eres mi numero uno, 
¿Quien trató de romperme con deseo? 
¿Creíste que me derrumbaría? 
¿Creíste que caería y moriría? 
¡Oh, yo no! 
Sobreviviré 
¡Si! 
Mientras que yo sepa amar, 
podré vivir sin ti, 
¡Tengo toda mi vida para vivir! 
¡Tengo todo mi amor para dar! 
Sobreviviré 
Sobreviviré 
¡Si, si! 

Toma toda la fuerza que tuviste 
y no te desmorones, 
estoy tratando de reparar las piezas 
de mi corazón roto. 
Y yo ¡Oh! pase tantas noches 
sintiendo lastima por mi mismo, 
solía llorar, 
pero ahora tengo mi cabeza en alto 
y me verás con 
alguien nuevo, 
ya no soy ese estúpido 
enamorado de ti, 
tu pensabas que esto acababa de pasar, 
y esperabas que estuviera libre, 
pero ahora estoy guardando todo mi amor 
para alguien que me ame.

Insisto. Se le pasará, sobrevivirá. Todos lo hacemos.

POST DATA: Casi se me olvidaba incluir esta advertencia en esta guía de andar por casa de cómo olvidar a ese ex al que quiso con locura. Si en esta ocasión es usted el abandonador, el malo o la mala de la película, háganos a todos un favor: NO MAREE. Si ha decidido poner punto y final a su relación, sea consecuente y no joda la marrana. No sea como el perro del hortelano que ni come ni deja comer.

Que follen mucho y mejor.

Los celos de la mujer de su amigo

Han sido amigos toda la vida. Vecinos de tabique y acera que han compartido juegos, meriendas y fiestas de cumpleaños repletas de gusanitos y refrescos de cola. Guardería, colegio e instituto; veranos de piscina y escapadas callejeras. Misma pandilla, mismos bares, mismas fronteras. Juntos estaban en su primera borrachera y juntos también afrontaron muchos problemas. Se intercambiaron los hombros llenos de mocos cuando necesitaron llorar desengaños amorosos, y en cada momento importante siempre estuvo uno en el umbral del otro. Ni demasiado lejos ni demasiado cerca; lo justo para llegar a tiempo y tender una mano amiga. No había que esforzarse; salía solo.

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Fue ella quien recogió sus pedazos cuando su hermano murió en accidente de coche; ella quien lo ánimo a juntar los trozos y marcharse fuera, recorrer mundo y conjurar a la muerte con sorbos de vida. Pero vida de la buena, de la que avanza a borbotones, no de la que deja pasar los días. Lo vio reír y llorar junto a una preciosa francesa, partir algún corazón, montar un negocio e instalarse de vuelta. Hasta que un día él conoce a una nueva chica, se enamora, y se empiezan a torcer las cosas.

“Tus amigas me miran mal, no ponen ningún interés en conocerme. Sobre todo esa, la rubia”. Mal comienzo; empieza la ponzoña. “¿Y por qué tienes que acompañarla tú al taller, no la puede llevar su novio?”. La mierda continúa. Si salen todos juntos, en grupo, y ella se quiere ir a casa y él intenta quedarse un rato, bronca. Si la rubia está enferma y él acude a visitarla, bronca. Si hablan demasiado rato o si se ríen demasiado juntos, bronca. Si ella se niega a ir a su fiesta de cumpleaños y él insiste, bronca.

No paraban de crecer los muros y multiplicarse las grietas. “Me hubiera gustado que nacieras el día que te conocí”, le dijo una vez. Es decir, borrar su vida, su pasado, todo aquello aquello que existiera antes de ella y le resultara molesto, amenazante. Que habían quedado para comer, se ponía mala, había que cancelar. Que los invitaba a una fiesta, iba solo para intoxicar: “No me hace caso, se ríe de mí con sus amigas, la he pillado criticándome, no me gusta cómo te toca, al pasar junto a mí ha intentado darme un codazo…” Y así, poco a poco, fue sembrando el veneno de la duda, de la sospecha, hasta que logró acabar con toda la complicidad entre ambos y con cualquier cosa que pudieran compartir.

Al principio, su amiga se revolvió, claro. Pasó de la prudencia a defenderse y de ahí directamente al ataque, cometiendo el error de decirle a aquel que hasta entonces había sido su amigo todo lo que pensaba. Gran equivocación, la de decirle al que tiene los oídos tapados todo aquello que no quiere oír. No se puede obligar a ver a quien prefiere vivir ciego. Y aunque le costó aceptarlo, al final asumió que había perdido un amigo.

Ahora lo ve una vez cada mucho, cuando se lo encuentra de casualidad por el barrio y se saludan como viejos conocidos, cordiales pero fríos. Tiene su misma cara, pero ella solo ve a un extraño. La otra noche, supone que porque estaba borracho, recibió un mensaje en su móvil. Lo había borrado de su agenda, pero era imposible no reconocer el número, después de tantos años. “Ya no sé ni quién soy, he perdido a todos mis interlocutores válidos”. Eliminó el mensaje y apagó el teléfono: “Deben de haberse equivocado”.