Archivo de la categoría ‘amor’

No estoy más sola, soy más libre

Cada vez que quedo con mi abuela, me pregunta hasta el hastío que cuando me voy a casar, que ella con 26 años ya tenía un hijo (mi padre). Sabe que los tiempos han cambiado, pero no se hace una idea de cuánto.

PIXABAY

La principal diferencia es que las mujeres ya no tenemos miedo de la soledad. Ella creció escuchando que tenía que cuidar la casa, ser buena esposa y buena madre, a cambio su marido se encargaría de todo lo demás.

La generación de mis padres puede que tuviera algo menos de presión, sin embargo continuaban todavía muy lastrada por el modelo familiar tradicional que aún prevalece en España (el hombre sustenta y la mujer vive mantenida). Pero poco a poco, las cosas empiezan a cambiar.

Cada vez somos más libres económicamente hablando gracias a la educación que nos han dado nuestros padres babyboomers. Que no tengas que depender de nadie” es seguramente una de las frases que más nos han dicho hasta que se nos ha quedado grabada.

Ya no es necesario formar parte de una pareja para tener un sustento, para viajar, para salir, para abrirte una cuenta en el banco o para disfrutar de la vida. Entiendo que en la época de mi abuela todo a lo que podría aspirar una mujer era a hacer de secretaria o taquígrafa, pero la batalla que luchamos contra el techo de cristal nos acerca, espero, a puestos de mayor importancia y, por tanto, a más remuneración económica.

No podemos olvidarnos, si hablamos de la libertad de la mujer, de la Iglesia, por supuesto, ese órgano supresor que te condenaba al infierno si ibas a vivir en pecado con tu pareja sin pasar por el sacramento. Cuando la educación que recibes dice que el centro de tu vida es tu marido, tu Dios, tus hijos y tu casa, ¿qué queda para ti?

¿Qué clase de escapatoria podrían tener quizás de un matrimonio en el que no eran felices si ni siquiera sabían qué les gustaba a ellas mismas? Y claro, ¿cómo tomar esa decisión? Con lo mal visto que iba a estar entre las vecinas. Y ya si se enteraban en el pueblo mejor ni hablamos.

Quizás actualmente estamos tan absorbidas entre el trabajo, las amigas, las series e Netflix y las manifestaciones feministas que lo último que nos preocupa es si vaciamos la lavadora aunque luego suponga una discusión con la compañera de piso de turno.

Y aún con todos estos pasos hacia adelante, hay quien se atreve a criticarlos. Se nos acusa, injustamente, de haber perdido el romanticismo, de no ser lo bastante dedicadas a las relaciones, a las parejas, a la crianza de los hijos. Se nos acusa de lo que los hombres llevan haciendo toda la vida. “Con dinero pero pobres en espíritu” es como una escritora inglesa, Suzanne Venker, nos ha definido a las millennials.

Claro que nuestra percepción del dinero ha cambiado. Dinero es poder, dinero es éxito, el dinero representa felicidad ya que, ¿qué puede hacerte más feliz que trabajar por y para ti misma? Estamos centradas en llegar a la cima de nuestras carreras y si no es la cumbre, todo lo alto que podamos subir mientras tanto.

Por mucho que sepamos hacer la declaración de la renta, construir edificios o salir airosas de operaciones a corazón abierto según ella y sus hordas de seguidores, no tiene ningún valor ya que hemos perdido la noción básica de criar a un bebé. Qué contrariedad. ¿Ya soy menos mujer? Casi parece con esa manera de pensar que por no dejar el trabajo y quedarnos en casa la sociedad está abocada al desastre.

A ella y a quienes compartan ese punto de vista, les pediría que no miraran solo la paja en el ojo ajeno. A fin de cuentas, lo único que consiguen con esas ideas es mantener que son los hombres los que pueden elegir tenerlo todo y nosotras las que, sin más opción, nos toca quedarnos con solo una de las caras de la moneda. Pero es que queremos ambas, queremos lo mismo que ellos, es decir, todo.

PIXABAY

Así que quienes nos compadecen a las mujeres de estas nuevas generaciones, estas que no sabemos cambiar un pañal ni falta que nos hace (además si lo necesitaríamos ya buscaríamos un tutorial en Youtube), que nos ven ricas pero miserables por preocuparnos solo por el trabajo sin centrar todas nuestras energías en encontrar una pareja, decirles que no estamos solas, que somos libres y felices de serlo.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Te quiero pero me aburres en la cama

Tenemos pornografía gratis al acceso de nuestro teléfono las 24 horas del día. Los sex shops cada vez están más aceptados y se han convertido, muchos de ellos, en elegantes boutiques en las que las vitrinas acristaladas exponen los juguetes sexuales como si de artículos de lujo se trataran.

GTRES

Es común encontrar cada día, en las principales revistas, artículos y reportajes con consejos sobre cómo aderezar nuestra intimidad. Y aún con todo eso, nos aburrimos en la cama.

¿Mi muestra estadística? Mis amigas de diferentes edades que se encuentran, cada una, en un estado laboral y civil diferente, a las que les une una misma situación: el sexo con sus parejas, tras un tiempo, les resulta aburrido.

Enamoradas hasta las trancas, con atracción física hacia su pareja y unos niveles de deseo sexual normales (es decir, no tienen alteraciones), hablamos de que el sexo termina por convertirse en algo monótono.

No me malinterpretéis, no me quejo de la monotonía. Os habla alguien que se está viendo por sexta vez la serie Friends y que siempre se pide el mismo tipo de pizza y hamburguesa. Disfruto como nadie del placer rutinario de despedirme con un beso de buenas noches o de desayunar todos los días una tostada con aceite y tomate. Creo en “De lo bueno se repite”.

Y aunque soy un animal de costumbres, en la cama busco la excepción de mi propia norma. Es el único sitio en el que no estoy de acuerdo con hacer siempre lo mismo por mucho que me conozca (o me conozcan) de la cabeza a los pies.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que, en todas mis relaciones, he sido yo quien ha abierto un poco las miras por los dos, quien ha introducido juguetes, complementos, accesorios, lencería, prácticas, ideas, posturas…

Pero es que hablando con mi círculo cercano, se repite el mismo patrón una y otra vez siendo nosotras las más curiosas y ellos quienes se dejan llevar con lo que propongamos bajo las sábanas.

Es como si realmente muchos hombres no tuvieran el mismo interés en desarrollar el erotismo. ¿Será una cuestión de placer o es pura comodidad? Me pregunto con una amiga. A fin de cuentas, la metan como la metan, llueva o truene o echen Fast & Furious por la tele, les resulta más sencillo excitarse. No es el mismo caso de las mujeres.

En mi caso, cuando me compro un conjunto de encaje, no me limito a hacerme con una prenda de ropa interior. Ir a la tienda, mirar los diseños, escoger uno y fantasear con la reacción que pueda tener mi pareja, ya forma parte del juego horas antes.

Hablando claro y rápido, las mujeres necesitamos ese extra, ese algo más, estímulos que no sean únicamente repetir de manera sistemática las cinco posturas que ya sabemos que funcionan.

A todos nos gusta cuando el equipo marca gol, pero ¿qué hay del placer de jugar un buen partido?

Que experimentar, curiosear, innovar y explorar no recaigan siempre en la misma persona. En nuestra mano está salir de la rutina en todos los ámbitos de nuestra vida incluyendo el sexual.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Mejora tu vida sexual en 2019 con estos propósitos

Pasar de un año a otro, además de las consabidas felicitaciones que enviamos y reenviamos por los grupos de WhatsApp, muchos nos dedicamos a elaborar listas de propósitos.

PIXABAY

En mi caso, desde que escribo este espacio, prefiero orientarlas hacia el terreno íntimo ya que considero que, pese a la importancia que tiene el terreno sexual en nuestra vida, es raro que alguien te diga que para 2019 se ha propuesto “tener mejor sexo” (que no en mayor cantidad, algo que, en cambio, sí que me han comentado como resolución de Año Nuevo).

Me toca hacer balance. ¿Cómo puedo mejorar mis relaciones durante los próximos 365 días? Espero que mis sugerencias os puedan servir de inspiración.

Probar algo nuevo en el territorio sexual siempre entra en mis planes. En 2018 descubrí los vibradores que alcanzan el clítoris (vaya si lo alcanzan), los anillos para el pene, las pinzas de pezones regulables (os hablaré algún día al respecto) y posturas curiosas como el pretzel.

Este año no sé qué me depararán las sábanas, pero está en mi mano hacer que la experiencia sea novedosa, por lo que procuro no perder la curiosidad visitando con cierta frecuencia tiendas eróticas o brujeando por las páginas más tórridas de Internet.

AMANTIS.NET

Mi gran caballo de batalla que espero cabalgar en compañía va a ser situar en un primer plano el placer sexual. Como os comentaba, la cantidad para mí tiene importancia, claro, pero este año quiero que sea adelantada por la calidad.

Y para ello es necesario hablar y tener la confianza de decirle a la persona con quien compartamos ese momento qué nos gusta, qué no nos gusta, qué necesitamos o si queremos más. Para que me entendáis, este año quiero seguir luchando por disminuir la brecha orgásmica.

No puedo olvidarme tampoco del clásico propósito de mejorar mis hábitos de vida, solo que, en este caso, me gustaría que acompañaran a mejorar el ámbito sexual. La alimentación, el ejercicio, la higiene o el bienestar en general, son factores que ayudan a que nuestra predisposición entre las sábanas mejore sin olvidar que la protección es indispensable.

Incluyo también en este apartado las visitas médicas, ya que a la mínima que nos encontremos algo extraño, que sintamos un dolor que no es habitual o que dudemos de algo, es donde podrán ayudarnos, así como acudir religiosamente (qué extraño utilizar este adjetivo en un blog de sexualidad) a las revisiones.

Para mis lectoras, recomendaros que este año probéis, aunque sea una vez, un método ecológico de recogida menstrual. Las compresas y los tampones nos han facilitado mucho las cosas, pero contaminan demasiado.

La copa menstrual o la ropa interior absorbente son las que más popularidad han ganado estos años. Aunque puedes encontrar otras opciones si estas dos no te convencen, date una oportunidad con alternativas más sostenibles que, además, benefician en primer lugar a tu bolsillo.

Conocer mi sexualidad es un propósito en el que llevo trabajando desde que soy consciente de que algo en mi entrepierna tenía vida propia. No me refiero solo a explorarse o a darse placer (algo que, por supuesto, os recomiendo), sino a conocer también qué es lo que nos pone, nos excita, lo que deseamos probar secretamente…

Hablemos más de sexo en 2019, que no haya vergüenza, que se vea como algo normal. Basta de sentirse mal, de esconderse al abrigo de la luz apagada por sentir inseguridad, basta de fingir un orgasmo o de esconder el historial de navegación si hemos estado buscando cómo encontrar el punto G.

Os deseo que vivamos un Año Nuevo sexual épico.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Hablan los hombres de sentimientos entre ellos?

Este fin de semana lo he pasado en una casa rural con amigos, un grupo en el que estamos entre los 23 y los 30 años.

PIXABAY

Aunque la mayor parte del tiempo lo hemos pasado todos juntos, también hemos tenido los clásicos momentos en los que hablábamos las chicas por un lado y los chicos por otro.

Mientras que nuestras conversaciones iban desde el trabajo, a los estudios, pasando por la menstruación, nuestras familias, nuestras parejas o las emociones encontradas que nos producían peinarnos juntas en el baño, como cuando teníamos 13 años, las de ellos giraban en torno a los coches o el gimnasio.

En más de una ocasión le he preguntado a mi pareja sobre qué hablaban los chicos cuando quedaban y solía repetirme aquellos dos temas o, si eso, añadiendo como tercera conversación la fiesta, si la ocasión para la que se habían juntado era salir juntos.

Entonces, ¿no hablan entre ellos de cómo se sienten? ¿No se desahogan cuando han discutido con la novia? ¿Cuando el perro está malo? ¿Cuando a su padre le da un coma diabético? ¿Cuando no aprueban unas oposiciones?

La mayoría de los que conozco que rondan esas edades o no lo hablan o, si acaso, lo hablan con su pareja o familiares, pero nada de sacar el tema entre ellos.

Aquello me hizo echar la vista atrás y recordar desde cuándo llevo compartiendo mi mundo interior con las amigas.

En el patio del colegio es habitual encontrarnos en grupitos hablando mientras que ellos, centrados en el deporte, ocupan el patio principal haciendo uso de los campos de fútbol y la cancha de baloncesto. No todos, por supuesto, pero sí una gran mayoría.

Ya desde pequeños existe una gran diferenciación que, nos demos o no cuenta, nos acompaña el resto de nuestra vida, por lo que el hecho de que lleguen a los 30 años y no sean capaces de hablar entre ellos, de escucharse, puede deberse, en parte, a que ya desde pequeños, no está bien visto que hablen de sus emociones.

Está aceptado que corran, que hagan deporte juntos, que sean un equipo, pero ¿qué clase de equipo hay si no conoces a los miembros que lo forman?

No me imagino mi vida sin poder compartir mis miedos, mis inseguridades, mis frustraciones o mis enfados con mis amigas, que son como una zona segura, una mezcla entre psicólogas y curanderas que reducen todos los problemas por arte de magia y te hacen sentir de nuevo, tranquila y lista para enfrentarte al mundo.

Son ellas las que consiguen hacernos ver lo que nos sucede desde otro punto de vista, ayudarnos reflexionar sobre cómo gestionamos una situación y por tanto, plantearnos cómo podemos mejorar.

Y si bien uno de los puntos en el que coincidíamos todas era que, en ocasiones, nos falta mayor empatía por parte de nuestras parejas, ¿no sería esta una manera de desarrollarla?

Ojalá ellos descubrieran que abrirse es de gran utilidad, además del placer que produce poder compartirte con otras personas a las que quieres.

Podemos pensar que somos muy progresistas, que ya no tenemos prejuicios, pero todavía está presente el miedo de ser “menos macho” delante de los colegas o de que te llamen “mariconazo” por hablar del corazón. Algo que sigue, por desgracia, alimentando los estereotipos de género, pese a que las únicas consecuencias que tiene compartir los sentimientos con las personas de confianza, son positivas.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Cuánto drama aportas en tu relación?

Lo admito. Me encanta el drama. Soy de esas personas que disfruta viendo Titanic.

PIXABAY

Y como buena drama queen, en mi relación tampoco falta la tragedia. Aunque es una tragedia sana, de esas de discusiones absurdas, de temas que no son ni relevantes. De las que ni sirven para hacer un ingenioso hilo y volverme el nuevo fenómeno viral.

No es que discutir sea algo habitual en mi personalidad. Pero es que a veces, “hay que buscar drama” (estoy hablando en una relación sana con momentos puntuales de discusión, no de una pareja tóxica en la que una persona sistemáticamente hunde a otra).

Y ahí es donde entra la regulación emocional. Cómo dejamos que nos afecten las cosas y cómo reaccionamos ante ellas, algo que podemos aplicar a por qué te molesta tanto que tu pareja haya vuelto a dejar (por quinta vez) los calcetines en el suelo.

Tenemos que partir de que los sentimientos no se equivocan y que si por algo nos enfadamos y nos sentimos mal, estamos en lo cierto, lo que sí cabe buscar es el origen de ello.

Hay tres aspectos que debemos tener en cuenta: el subconsciente, el consciente y el consciente social.

El subconsciente es la versión más salvaje de nosotros mismos, sin filtros. La que no aguanta al novio de tu amiga.

El consciente es el que sabe que, aunque te caiga mal, quieres a tu amiga y lo importante es que ella sea feliz. Y por último el consciente social es el que sabe que no puedes decirle lo que piensas porque sería bombardear vuestra relación y lo que te importa realmente es lo que tienes con ella.

Estando con nuestra pareja ocurre una cosa, y es que podemos llegar a perder los filtros y decir directamente lo que pensamos desde el subconsciente. Y claro que decir lo que pensamos está bien, pero no siempre es correcta la manera en la que lo hacemos.

Volviendo al calcetín que lleva todo el rato ahí tirado en lo que escribo esto. Si vas y le dices a tu novio que es “un cerdo”, en tu línea, directa y sin rodeos, estás dejando salir tu pensamiento inconsciente, pero no es la mejor forma de abordar la situación ya que seguramente tu pareja se lo va a tomar mal.

En cambio si aplicas el consciente, sabes que no es un cerdo porque se ducha todos los días y es bastante ordenado. Y si después añades el consciente social, para cuidar el trato entre ambos, le dirás que si no le importa recogerlo cuando tenga un momento.

Para quienes, como yo, parezcamos unidas ineludiblemente al drama, ser consciente de esto es un punto clave, no solo a la hora de comportarnos sino a la hora de encajar los comentarios del estilo.

La clave, como todo, está en el balance, en saber dónde está nuestro filtro. ¿Es extremadamente social por lo que no buscamos nunca el confrontamiento? La base de las relaciones es la comunicación sincera por lo que deberíamos poder discutir con madurez cuestiones en las que surgen desacuerdos.

En el otro extremo, la discusión. ¿Buscamos continuamente la pelea? Si es así, es el momento de hacer introspección y plantearnos si todo esta bien o hay algo por ahí en lo que tengamos que trabajar a nivel personal.

Lo mejor es que el dial se encuentre bien situado entre los dos puntos. De hecho lo suyo es que la mayor parte del tiempo la relación esté bien y también haya un pequeño porcentaje para una sana discusión y diálogo siempre con respeto y tratando las cuestiones de manera correcta.

A cambio, además de disminuir ese drama, nos hace madurar en la relación y mejorar la conexión con nuestra pareja.

Así que, ¿qué tal si de deberes te haces autoexamen y te preguntas si no estarás pasándote de calamidad?

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Tonta por ti

Hay una cosa que no te digo a menudo, y es que me sigues encantando.

PIXABAY

Quién me iba a decir a mí que, con la de años que llevamos a la espalda juntos, ibas a seguir gustándome tanto.

Sigo pensando que qué suerte la mía la de que tus ojos castaños se cruzaran con los míos y qué divertido es ahora conocer de memoria todos los cambios de expresión que pueden llegar a experimentar, desde cuando se encogen de felicidad porque el Madrid ha marcado gol hasta cuando frunces el ceño porque no se despega tu tortita de avena de la sartén, esas que por fuera son muy feas pero que, en realidad, están buenas.

Me gusta como cada vez que te tocas el flequillo te dejas la ceja izquierda despeinada, lo que me obliga a alisarla y perderme un poco por tu mirada o, ya que estoy con la mano en tu cara, darme un paseo por tu barba.

Tu barba, tan tuya como los espasmos que te dan de repente mientras duermes o tus pesadillas que no se te pasan hasta que sales de la cama y te das un paseo para tranquilizarte por mucho que te diga que no estás en un coche sin frenos.

Pero es que dormir es una maravilla gracias a que continuas con tu manía de acostarte en calzoncillos aunque sea un mes frío y yo termine con los calcetines por encima del pijama.

No me crees cuando te digo que es una suerte encontrarse en mitad de la noche, en una de esas pausas entre sueño y sueño, con tu pecho desnudo. O incluso verlo con las primeras luces del día, que es cuando yo abro el ojo y tú, como buena persona nocturna, te niegas a salir de la cama hasta que no pasen las once de la mañana.

Me encantas con tu acento, tus refranes manchegos, tu costumbre de cantar las canciones en inglés e inventarte la letra porque no entiendes el idioma. Y sí, aunque no lo comparta, me sigue encantando tu manera de combinar calcetines negros con zapatillas blancas porque según tú, es lo que pega.

No pierdas nunca el hábito de cambiarme, desde tu aplicación del móvil, la canción que estoy escuchando en el Spotify del ordenador aprovechando que compartimos cuenta para que, aunque estemos separados, me hagas sonreír en la distancia con Leiva.

Siempre nos quedará la promesa de que cuando salimos a comer fuera, tuya es la última patata del plato principal y para mí el último bocado del postre.

Si me enfado, ya sabes que el remedio es abrazarme e inclinarme hacia el suelo para darme un beso de esos de película antigua, para que, de la risa que me entra, se me pasen todos los mosqueos.

Y es que es difícil resistirse a lo bien que te sienta la ropa que me compro de talla XL para llevar suelta, por mucho que me la quites del armario y me dejes sin ella.

Así como es difícil decirte que no cuando me pides un beso de esos que nos damos al vuelo disimuladamente porque estás en el trabajo.

Supongo que solo puedo responsabilizarte de haber convertido la adolescencia en un estado mental, porque, con mis casi treinta años, no se pasa esta tontería que tengo por ti.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Gracias, siguiente

Hablar bien de tu ex es algo que parece, en mi caso, más que complicado, imposible después de que desaparezca alguien con quien hemos tenido una relación.

Y sin embargo, es de lo que trata la última canción de Ariana Grande, de pararnos a reflexionar sobre las relaciones pasadas y quedarnos solo con lo bueno. Sin el reproche, sin el dolor, solo con el agradecimiento de lo vivido y aprendido que nos ha vuelto la persona que somos ahora. Y eso, es algo que merece la pena agradecer.

PIXABAY

Así que gracias a V por enseñarme lo erótica que puede ser una película de terror en la última fila del cine. Gracias por volverme creativa estrujándome la cabeza para hacer planes divertidos cuando no teníamos más dinero que los 6 euros de paga semanal. Gracias por cumplir todas mis fantasías de adolescente, como enganchar un candado con nuestros nombres en el puente a dos calles de mi casa, aunque ahora me parezcan ridículas.

Gracias a K por animarme a sacar la mejor versión de mí, terminé en ese voluntariado gracias a él y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Gracias por enseñarme lo que era el sexo, el de verdad. Gracias por prepararme un baño de espuma enseñándome que el amor es también estar ahí cuando la otra persona ha tenido un día de mierda.

Gracias a A por quererme tanto a pesar de las diferencias. Por hacer que apreciara el country y el hip hop aunque antes me negara con cualquiera de ambos estilos. Por enseñarme a comprometerme por primera vez, por descubrirme el deporte aunque no le cogiera el gusto hasta más adelante. Por escribirme una canción. Ni la Carolina de M Clan ni la Eloise de Tino Casal se sintieron en su día lo mitad de especiales que me hiciste sentir.

Y, ¿por qué no? Gracias a R por ser tan impulsivo, por hacerme vivir un amor que hacía palidecer a las comedias románticas, por hacerme sinvergüenza y atreverme a lanzar el tanga por la ventana, por enseñarme, a su manera, el valor de la vida.

Cruzarme con ellos por el camino ha ayudado a que cada vez tuviera más claro el mío sabiendo que, aunque no iba a transcurrir al lado de ninguno de ellos, sería, tras compartir un trecho, un camino en el que me sentiría más cómoda, más completa en diferentes aspectos pero sobre todo más yo.

Y tú, ¿qué le agradeces a tu ex?

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Cómo sé si es el momento de mudarme con mi pareja?

Estoy en ese punto en el que parece que regalan los alquileres con las cajas de cereales, ya que la mayor parte de mis amistades se encuentran compartiendo piso o en vías de hacerlo próximamente.

Mudarte con tu pareja es EL PASO de los millennials, una generación que se caracteriza por la falta de compromiso (y las infinitas suscripciones al gimnasio lo demuestran). Pero no es algo que suceda a la ligera.

PIXABAY

Tomar la decisión significa que, prácticamente, tienen que alinearse los planetas, ya que tienen que coincidir el momento, el lugar, la persona y, sobre todo, la situación económica. Llamadme poco romántica, pero como decía Marilyn Monroe “Un beso puede ser grandioso, pero no va a pagar el alquiler de tu pisito”.

Sin embargo, pongámonos en que eres mileurista y que puedes permitite el lujo de terminar en un estudio de 30 metros cuadrados. ¿Tu relación está realmente preparada para dar el paso?

Según la consultora de pareja Lesli Doares, que habló con Bustle acerca del paso de mudarse juntos, “la cosa más importante de la que se debe ser consciente antes de dar el paso es tener claro el motivo por el que se está haciendo. Si es porque, conscientemente, se elige llevar la relación al siguiente nivel, genial, pero si es por otras razones como que ya pasas toda la noche con tu pareja o porque estás más cerca del trabajo o porque quieres cambiar el piso” mejor echar el freno.

Mantener una relación necesita acciones, no intenciones y va a requerir mucho trabajo por parte de los miembros de la pareja.

Si funcionáis bien viajando, durmiendo juntos o cohabitando varios días armónicamente, puede ser un buen indicativo, pero para saber cuál es el momento puedes prestarle atención a las señales que demuestran que en vuestra pareja os encontráis listos para dar el siguiente paso.

Algunas cosas a tener en cuenta antes de hacerlo es hablar del dinero, ya que tienes que organizarte con tu pareja a la hora de cubrir gastos ¿Cómo va a ser el pago de la casa? ¿Y las facturas?

Descubrirás nuevas diferencias que pueden hacerte la vida más o menos sencilla o incluso hábitos extraños del otro, pero si son cosas que conoces ya o que al descubrirlas las aceptas y te ves capaz de vivir con ellas (o de ponerlas sobre la mesa para que las cambie), tendréis mucho ganado.

De hecho, ser capaz de sincerarse, de tener una buena comunicación y ser capaces de hablar de vuestras necesidades es fundamental, no solo para resolver discusiones sino para llevar la relación de manera sana.

Aunque tu anterior estilo de vida puede cambiar un poco, es vital mantener la independencia así como aprender a daros espacio manteniendo vuestros intereses o incluso vuestro lugar dentro de casa.

Y, por supuesto, tener encendida la chispa como compromiso de ambos. Hay que tener claro que no todo va a ser un camino de rosas antes de pasar al siguiente nivel, pero hay un común denominador que lo puede todo.

¿El ingrediente fundamental? Las ganas, la disposición de querer trabajar en ello. Si tienes eso, y mucho amor, lo tienes todo ganado.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

“Por no habernos querido a tiempo”

Puede que las heridas del corazón necesiten cuidados intensivos, pero hay quienes hemos encontrado en la escritura una terapia. Hoy os traigo una pluma invitada que, por mucho que se preocupa más por la tinta impresa en los guiones, sabe también cómo usarla para cicatrizar(se).

PIXABAY

Almas.

Hemos viajado por un tiempo y un espacio que ha visto fuego y luz en todos lados. Sobrevivido a universos y vidas que desconoce cualquier humano.

Eones que siempre terminan con nuestros besos y cogidos de la mano. 

En este tiempo, en estos cuerpos, nuestros almas no se han encontrado. Nunca se han perdido, pero en esta historia, nos hemos varado.

Asumir que nos tendríamos, fue el principio del comienzo de este inicio.

De un inicio que terminaría con un final extremo. Donde la meta no sería, sino el epílogo de nuestro libro.

Uno de hojas en blanco sin historias para contar una vida que cuente. Un libro lleno de vacío. Un libro que solo tiene la marca de nuestros nombres en la solapa.

Con un lomo tan grueso y distante que como el destino, en esta edición, impide que ambas partes se unan.

En este libro vivimos.

En este cuerpo, donde no somos más que una marca. Almas que olvidaron lo que aprendieron en mil vidas. Perdidas en cuerpos que se deshacen con los años.

Llenos de sueños, llenos de llantos. Por no habernos querido a tiempo. Por no habernos valorado. Por todo: nunca nos amamos.

Señor Origásmico.

Así es cómo deberías tener la charla del “¿Qué somos?”

Hay un punto de no retorno en todas las relaciones que es conocido como “la charla”.

Normalmente sabes que ha llegado el momento de tener la conversación cuando tus amigas te dicen “Ah, ¿que no habéis hablado aún que sois? ¿Y cuándo vais a tener la charla?

PIXABAY

La charla es ese momento en el que ya no puedes seguir eludiendo la pregunta de ¿qué somos? o ¿a dónde va esto? Tenerla es una manera de sincerarte no solo personalmente con tu persona sino con quien estés compartiendo la experiencia.

Con los años he ido perfeccionándome en la técnica porque al principio era de soltar la bomba y esperar a ver si no hacía mucho estropicio, cuando, realmente, puedes hacerlo con tacto y cariño sin que resulte incómodo para nadie ni te sientas como que estás poniendo todas tus entrañas en una picadora.

Porque aunque a veces no nos guste, “¿qué somos?” es una pregunta que tarde o temprano debemos hacer. Y es que llega un momento en el que lo de las maripositas en el estómago se parece más a un tifón tropical visceral y quieres a esa persona toda la mañana del domingo en vez de solo cinco minutos antes de que se vista y se marche.

Hablar las cosas siempre va a ayudarte a que veas todo claro. Asume que la respuesta que puedes recibir es negativa, (no está en el mismo punto/no quiere lo mismo que tú) pero de esa manera, recuerda que conocimiento es poder, podrás tomar la decisión al respecto de si seguir o no sabiendo que por la otra persona no hay mucho futuro.

Si das con alguien que solo quiere pasar un buen rato, piensa que está en todo su derecho, pero que es mejor que tú seas consciente de ello y no te estés montando la película de que vais a ir a Bali a haceros la foto para Instagram cogidos de la mano sobre una canoa con las montañas en el agua de fondo.

A la hora de sacar el tema, evita ir al grano en plan “Eh, que qué somos”. Hazlo más delicado, más casual, más “Oye, ¿podemos hablar de cómo estamos viviendo esto?” sin que parezca que le estás poniendo entre la espada y la pared.

Pero ante todo, sinceridad. Ábrete porque es la única manera de que la otra persona esté al tanto de lo que pasa por tu cabeza.

Pregunta si tienes dudas. Si no terminas de verlo claro o si te dicen “Yo es que no creo en las etiquetas”. Que te parece estupendo pero no eres una tienda de ropa sino una persona.

Lo importante es que resulte como resulte, os queden las cosas claras y podáis seguir adelante juntos o por separado pero sabiendo lo que hay.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)