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‘Aunque está muy bien el aquí te pillo aquí te mato, no creemos que el sexo merezca ser devaluado’

Consumimos, más que de forma acelerada, casi compulsiva. El catálogo de Netflix, la comida a domicilio, ropa que añadimos al cesto con el acompañamiento de estresantes cuentas hacia atrás para que no pierda validez el código de descuento…

Y es algo que, siendo ya parte de nuestra rutina, incluimos también en la intimidad. Contra ese polvo rápido y mal echado -para ponernos a hacer otras cosas-, o ese beso a medias, para no perder de vista ni un detalle de las historias de Instagram, está el slow sex.

CALVIN KLEIN

Es un estilo de vida sexual que no consiste únicamente en tener sexo más despacio. Pero, en vez de ser yo quien os lo cuente, ha sido Elsa Viegas, cofundadora de Bijoux Indiscrets, quien me ha convencido para hacer autocrítica sobre la calidad de mis intercambios.

No solo me explica lo necesario que es disfrutar de una vida sexual sin prisas, sino de centrarla también (y darle importancia por igual) a cada uno de los momentos, alejándonos del mito de que solo la penetración cuenta como sexo.

¿En qué consiste la filosofía slow sex?
Básicamente trata de poner en el presente el placer y el deseo sin ir a buscar directamente el orgasmo. Disfrutar con cada práctica, sin presiones. Trata de ponerle voz a cada práctica mientras las sitúa a todas al mismo nivel, sin prejuicios y sin prisas. Por eso hemos lanzado una colección con el nombre de esta filosofía, diseñada para algo tan serio como disfrutar.

¿Por qué ha surgido ahora?
Por varios motivos. Primero porque aunque pensemos que está muy bien el sexo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’, express, sin ataduras, no creemos que el sexo merezca ser devaluado. Se puede tener muy buen sexo con alguien que no conoces si ambos (o ambas) escucháis vuestros verdaderos deseos. Segundo porque queremos aportar un granito de arena a la eliminación de prejuicios y clichés. ¡La penetración no lo es todo!

¿Por qué vuelve a tener importancia vivir un sexo con todos los sentidos y sin prisa?
Creo que el sexo es un lugar donde refugiarse a solas o en compañía de quien decidas, un oasis a donde huir y disfrutar. Algo muy opuesto al estrés diario, al ritmo frenético de estos tiempos. La gente se está empezando a dar cuenta lo valioso que es estar presente y dedicarle tiempo de calidad a las cosas en las que aún puedes decidir a qué ritmo consumirlas.

¿Diría que es algo que va a mejorar nuestra vida íntima?
Sin duda. Slow Sex te obliga de un modo muy tentador a cuestionar todo lo que sabes sobre el sexo. Por ejemplo, tenemos un roll-on frío para pezones que te invita a pensar “¿qué hago con esto?”. Bueno, si no sabes qué hacer con unos pezones, tal vez debas redescubrir el sexo. Cuestionarse es bueno, es desarmarse para volver a montarse, pero esta vez como a ti te gusta.

¿Qué diferencias existen entre nuestras experiencias sexuales convencionales y aquellas que nos tomamos de manera slow?
Que buscamos desesperadamente el orgasmo. Y sí, el orgasmo está bien, es intenso, pero dura poco. ¿Qué hacemos con los minutos previos al orgasmo? Disfrutarlos, sin duda. Lo máximo posible. Tratar el sexo de manera slow no implica necesariamente ser más tiernos en la cama, implica dedicarle tiempo al placer en todas sus formas. Es no tener tapujos para decir qué te gusta, cuánto quieres de eso o de lo otro.

¿Cuál sería el decálogo de este tipo de sexo?
Consensúa, dedica, siente, experimenta, fluye, cuida, desea, sé consciente, derriba tabúes y disfruta.

¿Hay algún reflejo de esta filosofía en las tiendas eróticas?
Creo que todos los juguetes, o al menos los que he tenido el placer de ver y probar, se enfocan en dar placer instantáneo pasando de 0 a 100 y llamando al orgasmo constantemente. Dildos, dildos vibradores con conejito, punto G, geles orgásmicos. Si no se alcanza la meta es porque no se quiere o, te lo dicen de manera indirecta, te pasa algo. Pretendemos revolucionar y cambiar el mensaje, para que se empiece a decir: Con esto vas a disfrutar a tu manera. Y conseguirlo; realmente conseguir que quien esté interesado en un producto erótico disfrute como quiera.

¿Qué productos nos ayudan a introducirnos en el slow sex?
Finger Play sería otro de los favoritos. ¡Hay que tocarse más! O el Skin and Hair Shimmer Dry Oil, que desgenitaliza por completo el sexo, hidrata y deja una estela brillante en tu cuerpo. Un must si quieres empezar a cuidarte y empoderarte en el sexo.

¿A qué generación diría que le va a costar más practicarlo?
A los baby boomers y a los X. De los millennials en adelante el discurso en los medios ha cambiado, por no hablar de internet, que ha abierto miras y ha derribado muros que se pensaban infranqueables. Pero aún existe el pensamiento, sobre todo en estas dos generaciones pasadas, del pecado, del sexo por concebir, de la culpa, del sacrificio… Es muy difícil cambiar ese pensamiento religioso y de tabú con una filosofía o un producto erótico.

¿De qué manera podemos introducir el slow sex? ¿Como experiencia puntual o volviéndolo nuestro estilo de vida sexual?
Primero desde una decisión propia. Tomar consciencia de nuestros deseos y de nuestro placer se puede lograr desde la experimentación: tocarse como si fuese la primera vez, visualizar nuestras fantasías, revisar por qué nos gusta lo que nos gusta o si existe alguna práctica que realicemos por cumplir o por vergüenza a decir que no. Después de tenerlo definido lo comunicaremos con nuestra pareja (o pareja puntual), consensuando o directamente aplicando lo que queremos en nuestras relaciones. Si se puede volver un estilo de vida, o no, solo puede determinarlo la persona interesada en disfrutar decidiendo cómo quiere hacerlo.

Duquesa Doslabios.

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Succionador de clítoris, ¿por qué hay hombres que le tienen miedo?

Ni Freddy Kruger ni Jason, el nuevo personaje de terror de la cultura de masas es el succionador de clítoris.

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O, al menos, podría parecer que les ha quitado el puesto a los villanos de las películas de miedo teniendo en cuenta cómo muchos hombres reaccionan ante el juguete sexual. Si antes le tenían miedo al clítoris, ahora se lo tienen al succionador.

Se trata de una batalla (cuyo ganador para la mayoría de mujeres es el que tiene batería) que me recuerda a la guerra entre taxis y Cabify.

Los taxistas no entendían que la clientela pudiéramos preferir un mejor servicio, que nos gustaba más eso de tener un conductor educado, bien vestido, botellas de agua en la parte trasera, subir el aire a nuestro gusto y cambiar la emisora musical.

El resultado fue, en vez de tomar nota de las ventajas de Cabify, y hacer de los taxis un servicio de mayor calidad, declararles la guerra para no tener que compartir el pastel.

Con el succionador ha pasado algo parecido. Muchos hombres, en vez de tomárselo como algo personal y espabilar, han arremetido contra el producto.

Tenían al alcance de la mano (literalmente) aprender a estimular, tomarse el trabajo de buscar información, y, sobre todo, poner en práctica los conocimientos.

Pero en vez de eso me he llegado a encontrar a un grupo de hombres intimidados que, tanto en redes sociales como en mi cajón de comentarios, prácticamente ponían el uso del estimulador a la altura de algo que solo hacíamos las mujeres sin alma.

Es el miedo, así es cómo reaccionan cuando se sienten amenazados. Hace unos años, tuvieron que superar el problema del dildo, algo que seguro que a más de uno le pasó factura a su autoestima.

Su pene estaba siendo sustituido por un objeto parecido físicamente (o hasta menor en muchos casos) y de plástico. ¿Quién podría entenderlo?

Pero el succionador de clítoris ha hecho algo todavía más poderoso.

Demuestra que la vagina no es imprescindible para alcanzar el orgasmo. Y el pene, al tener un uso principalmente vaginal, no es necesario.

Esto para los hombres es equivalente a un cortocircuito mental. Ya no queremos penes de goma, ¡es que ya no queremos ni penes! ¿En qué lugar les deja eso a ellos?

Además, le ha dado el protagonismo total a una zona que, históricamente, ha sido ignorada por los hombres hasta ahora. No solo por tratarse de la zona en sí, sino por representar el placer femenino en su máxima expresión, ese que se nos ha negado por considerarlo de segunda categoría y que ahora revindicamos para que esté a la misma altura que el masculino.

El succionador ni niega ni ignora el clítoris, lo celebra. Por eso se ha convertido en un amante preferido, más de lo que pueden decir muchos hombres.

Mientras los hay que siguen buscando respuesta, poniendo a su ‘enemigo’ (del que buena nota podrían tomar) por los suelos, yo ya conozco a más de una que ha incluido al succionador en su lista de regalos para Papá Noel.

Chúpate esa, falocentrismo.

Duquesa Doslabios.

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Más allá del ‘ghosting’, maneras (malas) de ligar que deberían estar prohibidas

A estas alturas del año, creo que puedo hablar en nombre de todos si digo que estamos más que familiarizados con el ghosting.

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O bien hemos desaparecido sin dar explicaciones o nos han dejado en ‘Leído’ pese a que varias veces hemos intentado retomar el contacto.

Pero por muy desagradable que me resulte, no es la única tendencia que eliminaría de la faz de la tierra del planeta del ligoteo.

Hay otras modas en la dinámica de las citas que quiero que desaparezcan.

Una de ellas es el zombieing, algo que me ha explicado mi profesor de inglés y que vendría a ser la estrategia de dejar de pronto colgada la conversación durante un tiempo y hablar repentinamente, mucho después, como si nada hubiera pasado.

“Ey, ¿qué tal? Cuánto tiempo sin hablar/ saber de ti”. ¡Ja!, como si hubiera sido yo la que hubiera dejado de hablarte.

De hecho, basta con que retrocedas hasta la última conversación (seguramente tuvo lugar varios meses antes), para descubrir que lo último que le preguntaste sigue en ‘Visto’.

Y puede que te quedaras sin saber qué planes tenía para esa tarde, pero que te hable ahora como si la conversación no hubiera estado abandonada por meses solo demuestra que el interés que tiene, es el que tiene.

En ese momento estaba sin nadie a la vista y, buceando en su lista de banquillo –el benching, que también os lo conté aquí-, ha sido el turno de llamar a tu puerta.

Pero todavía me parece peor el breadscrumbing, o, como diríamos en castellano, las miguitas de pan cuyo objetivo es que alguien vaya siguiendo el rastro.

No significa que en la cafetería de tu universidad él o ella desmigue el bocata lomo-queso (algo que sí que sería calificado como crimen) y te lance trocitos a ver si te giras y descubres que es el amor de tu vida.

Las migas de pan las lanzamos, hoy en día en forma de ‘Me gusta’ y reacciones a las historias de Instagram.

Le ha regalado el corazoncito a todas tus fotos, incluso a aquella que solo sacabas una fachada de edificios de tu viaje a Liverpool.

Esa es su manera de hacerte saber que está ahí, y que quiere que le regales una taza de casito. Obviamente es decisión tuya si sigues o no el camino mordiendo los anzuelos.

Pero es muy poco valiente, además de difuso, dejar que sean los emoticonos quienes hablen por nosotros. Al igual que lo es optar por desaparecer para no hacer frente a las personas, así como retomar el contacto solo cuando la urgencia aprieta.

Igual es el momento de, más que de crecer, empezar a madurar.

Duquesa Doslabios.

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La vida es demasiado corta como para no disfrutar la soltería

“La envidia que le das a tus amigos emparejados cuando ligas”, “Ver lo que te da la gana en Netflix”, “Ir, entrar, salir, viajar, trabajar full time sin tener que rendir cuentas a nadie”, “Vivir a tu aire”, y mi favorita de todas: “Calma”.

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Esas son algunas de las respuestas que me da mi comunidad de seguidores cuando lanzo la pregunta de las ventajas de optar por la soltería.

Una situación que ha pasado de estar relacionada a pasarte tus días en un piso rodeada de gatos o jugando a los videojuegos, a vivir la vida de una manera increíblemente plena.

Si algo hemos conseguido los millennials, y doy gracias a películas como ‘Mejor solteras’ que se han encargado de ellas, es de romper con el estigma de que solo en pareja podemos alcanzar sentirnos completas como personas.

Soltería es independencia, es libertad, es disfrutar de una misma con un 100% de felicidad. Hay pequeños placeres que la convierten en una opción que hay quienes mantienen toda su vida.

Solo se vive una vez, y, entre tantas relaciones, es imprescindible que exista una de autoemparejamiento, como lo define Emma Watson.

Hay un extraño bienestar en poder tirarte en el sofá con tu pijama más sucio del armario comiendo espagueti y con un vaso de vino. Pero también lo hay en no responder un mensaje de texto por el simple motivo de que no te apetece, sin que haya consecuencias..

Aunque no basta con reivindicar la soltería, también desde fuera de ella hay que aprender a respetarla.

Querría una ley que prohibiera las frasecitas condescendientes de turno. En tu boda, por mucha ilusión que te haga que las solteras peleen por el ramo, puede que no todas queramos pasar por el altar.

Ya vale de que el monotema de las comidas familiares es que a ver cuándo te echas novio o que se te va a pasar el arroz.

Lo mismo con las amigas. Quedas para contarte qué tal van las cosas, no para que tu vida sexual o emocional sea diseccionada o puesta bajo la lupa en una placa de Petri. Un escrutinio del que solo te libras si has sentado cabeza con alguien.

Al final, hay que recordar que por mucho que coincidamos en que siempre es de agradecer “que no te quiten el postre,” lo cierto es que soltería “es felicidad”.

Duquesa Doslabios.

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Infidelidad monetaria, cuando te pone los cuernos… con el dinero

He discutido por celos, por familia, por trabajo, por amistades, pero no he discutido tanto por ninguna de esas cosas como he discutido por el dinero.

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Al principio no sospechaba nada, mi relación era como otra cualquiera. Felicidad, cariño, amor, respeto y sinceridad. O al menos al comienzo.

Las señales de alarma de mi cerebro llegaron de forma inconsciente, ese sexto sentido que se empeña en activar la campana de notificación de “¿Segura que está todo bien? Haz una actualización es estado”.

A veces indagando, y otras de manera accidental, llegué al punto de averiguar que no estaba bien, estaba del revés.

Primero fueron cosas pequeñas, cantidades sin importancia, de apenas 20 euros. Luego llegaron los dos ceros, y ahora los tres.

Pero lo peor no eran las cifras, era la mentira que las ocultaba, la forma de no mencionarlas como si no existieran cuando compartíamos, noche tras noche, la misma almohada.

No fue hasta que llegué a Google que pude ponerle nombre a lo que estaba pasando. Estaba siendo engañada económicamente, aquello tenía nombre, “infidelidad”, y apellido, “monetaria”.

Y eso que parecía que todo estaba hablado desde un principio, de manera adulta y sana, clara y concisa, como otros temas que poníamos sobre la mesa desde el principio de la relación.

Independientemente de su destino u origen, año tras año, las cantidades se seguían escondiendo delante de mis narices. Y, cada vez que descubría el nuevo engaño, era más devastadora que la anterior.

Lo que él no llegaba a entender es que por mucho que no hubiera una tercera persona con la que engañarme, el fraude seguía estando presente.

Las mentiras y ocultamientos que quedan al descubierto hacen que una confianza, ya de por sí resquebrajada, se rompa por completo.

Y mira que intentaba hacerle entender que, como si de una relación a tres se tratara, la doble vida del infiel monetario siempre terminaba por salir a la luz.

Aquella experiencia me hizo reflexionar sobre la fidelidad monetaria, algo que no puede existir sin la transparencia absoluta.

No solo en su obtención sino también en su administración, desde que entra hasta que se va de la cuenta o si está en otros depósitos escondidos.

Algo que, por mucho que vaya de billetes y monedas o cifras en el extracto, no viene a ser nada más que mantener la sinceridad de la relación, el auténtico pilar.

De no hacerlo -y como si de otra infidelidad se tratara-, el daño provocado es inmenso. Un dolor que, no solo afecta a la relación sino que viene acompañado de la pérdida total de la confianza.

Duquesa Doslabios.

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Para jugar a este juego erótico, da igual tu orientación sexual o tu edad

El sexo siempre es una maravilla, siempre. Mi succionador de clítoris da fe de que es un terreno en el que nunca dejo de sorprenderme. Pero como toda actividad, tiene un enemigo común: la monotonía.

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Por muy bien que lo pasemos poniendo en práctica el placer, si no hacemos de la experiencia algo variado, termina por aburrirnos y ser igual de apasionante que ir a hacer la compra al supermercado del barrio o el café de las nueve en la oficina, algo rutinario.

Salir de la costumbre va más allá de experimentar con posturas acrobáticas, una colección de lencería digna de una tienda de Victoria’s Secret o el sexo en los lugares más aleatorios de la casa (¿en serio era necesario incluir en la lista el váter?).

Una de las opciones de la que os quiero hablar hoy son los juegos eróticos. Para ello, he hablado con Víctor P., que es el creador de Coupletition, un sexgame pensado para avivar la llama.

Es él quien me confirma que este tipo de complementos son una herramienta muy recomendable. “Sus resultados sorprenden cuando se incluyen en la vida diaria, ya que está demostrado que ayudan a combatir ese aburrimiento y monotonía que a veces parecen inevitables”.

¿El momento para empezar según Víctor? Cualquiera: “El error que se comete en muchas ocasiones es esperar a caer en la rutina para buscar cosas que nos emocionen. En nuestra opinión es mucho más efectivo anticiparse y prevenir estas situaciones, ya sea con juegos eróticos, detalles para nuestra pareja, sorpresas de todo tipo… Nuestra relación se volverá mucho más fuerte si cada día nos esforzamos en mantener la ilusión”.

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Uno de los aspectos más curiosos es que el juego va más allá de los clásicos dados que indican en qué zona besar o quién tiene que quitarse una prenda. “Hemos introducido juegos que van mucho más allá de lo que se entiende esencialmente como el acto sexual. Además, el factor competición que rodea la experiencia es algo que ayuda a reafirmar la confianza y complicidad con tu pareja, pero siempre desde un enfoque erótico y sexual, que es lo divertido”, afirma Víctor.

La principal característica es su estructura en forma de competición. “Pretende mezclarse con las rutinas del día a día durante un mínimo de 15 días, ofreciendo una experiencia larga y completa. En cuanto a las pruebas, hemos querido incluir un poco de todo para que la experiencia sea totalmente innovadora, heterogénea y que, quizás, ayude a descubrir nuevos juegos y prácticas a aquellos que no las hayan probado”, declara el diseñador del juego.

Si hablamos de sexualidad, es obvio que la diversidad tiene que salir en algún momento. Y es que el problema es que, cuando se piensa en juegos eróticos, generalmente encontramos opciones heterosexuales, ¿no deberíamos tener una variedad de productos de este tipo de ocio más inclusiva? Víctor lo tiene claro.

“Cuando diseñas un juego como Coupletition, lo fácil sería centrarse en parejas heterosexuales (ya que, estadísticamente, suponen un público mayor para el producto). No obstante, nosotros quisimos darle una vuelta y adaptar todas las pruebas de forma que no se excluyese a ningún tipo de pareja. El juego es perfecto para cualquier persona que tenga una pareja para jugarlo, independientemente de su orientación sexual”.

Las ventajas de incluir juegos en la vida sexual, son muchas, no solo la variedad como me aclara Víctor. “Las personas tendemos a sentirnos atraídas por la novedad, lo misterioso, lo arriesgado… Sin embargo, nos solemos acomodar a aquello que nos proporciona equilibrio y seguridad; nos acostumbramos y generamos una dependencia que nos hace sentir bien”, declara el diseñador.

“No obstante, en ocasiones es incompatible el hecho de querer descubrir aquello novedoso y, a la vez, estar atado a aquello a lo que estás acostumbrado. Creemos que la gran ventaja de complementar la vida sexual y de pareja con juegos es que permite descubrir juntos nuevos gustos y prácticas que motiven ese lado curioso que todos tenemos; y lo más importante: lo hace desde la diversión y el placer que el sexo aporta, y la confianza de hacerlo con tu pareja“, afirma.

Duquesa Doslabios.

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Que tú venías para quedarte

Dices que ya no escribo de ti. O que, si lo hago, es para hablar de las (pocas) cosas que haces mal.

Pues aquí va, otro texto más para ti. Sí, para ti.

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Han pasado… ¿Cuántos van ya? Casi cinco años desde que nos tropezamos.

Me parece que fue ayer cuando pasé por delante de tu trabajo. Si en ese momento habría sabido que eras tú, no te habría hablado de primeras. Hubiera cruzado a la acera de enfrente y me hubiera sentado en cualquier cafetería.

A tomar cualquier cosa que me hubiera servido de excusa para mirar por la ventana viendo cómo te desenvuelves, empezando a descubrir los gestos (tan) tuyos que terminarían por tatuárseme en el cerebro hasta el punto de saberlos de memoria.

Habría descubierto que te muerdes las uñas hasta el hueso y que te peinas el flequillo más veces al día de las que puedo llevar la cuenta (y ya no hablamos de los días de viento).

También me habría gustado conocer que a todo el mundo que te preguntaba, le dedicabas una sonrisa. Algo que mantienes cinco años más tarde por muy cansado que a veces estés de trabajar de cara al público.

Porque, en aquella supuesta cafetería de hace cinco años, no lo sabría, pero terminaría reconociendo que si algo te caracteriza es tu amabilidad, hasta límites insospechados.

No en vano, en una de nuestras primeras citas, atravesaste tres carriles solo para darle un pañuelo de papel a una chica que estaba vomitando. Siempre atento, siempre dispuesto a ofrecer tu ayuda a cualquiera.

En otoño de 2015 no me habría creído que compartiría mi vida contigo. Creo que la mezcla entre mi estado emocional (una autoestima rota después de una relación tóxica) y tu profesión -cuánta mala fama os lleváis- jugaban en contra en aquel momento.

Y aun con todo, habríamos de ingeniárnoslas para seguir adelante.

No sería fácil, le habría dicho a esa antigua yo. Estaban por venir problemas, mudanzas al extranjero, discusiones por todo y por nada, convivencia extrema…

Habría querido pararme a observarte con detalle, lo que sigo haciendo ahora mismo de manera disimulada mientras tecleas a mi lado en tu ordenador. Y es que casi dos mil días más tarde no me canso de hacerlo.

Aunque si pudiera decirle algo a mi yo del pasado en ese momento, no sería otra cosa que no fuera tonta y no tuviera tanto miedo en dejarte entrar.

Que tú venías para quedarte.

Duquesa Doslabios.

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Así ha cambiado nuestra forma de ligar según las ‘apps’ de citas

Que veinte años no es nada, dice el tango de Carlos Gardel. Y, en la era digital, apenas dos de ellos podrían equivaler a dos décadas.

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Trabajamos con prisa, comemos con prisa mirando la pantalla del móvil, quedamos con prisa porque mañana hay que madrugar y hasta tenemos sexo con prisa, porque queremos seguir viendo el capítulo de la serie de turno de HBO.

La vida va acelerada, por lo que es casi habitual acostumbrarse a la gran cantidad de cambios en todos los ámbitos. Y sí, el de ligar no se salva si paso lista.

Si sumamos el impacto social que ha tenido el feminismo, con las mejoras en las aplicaciones para conocer gente por internet, el resultado es un reflejo bastante acertado de cómo ha cambiado nuestra manera de relacionarnos.

Y parece que es para bien.

Elie Seidman, quien es el director ejecutivo de Tinder, confirmó al diario británico The Guardian que, el algoritmo de belleza de la aplicación, había pasado a mejor vida desde hacía tiempo.

Si antes tus matches dependían de la belleza de quien te hiciera swipe (cuanto más atractivo, mejor tu puntuación), la empresa ha tomado una mejor decisión.

Tu lugar en la escala virtual no está definido por el atractivo de pretendientes, ahora, la frecuencia del uso de la app y la localización (porque cuanto más cerca, mejor), son los dos factores que han ganado mayor prioridad.

Las aplicaciones para ligar han tenido que remar en contra de una mala reputación. Conocerse por internet era casi algo humillante de confesar en la comida familiar.

Sin embargo, el estudio que realizó la universidad de Chicago sobre matrimonios que se habían conocido online entre 2005 y 2012, reveló que las relaciones de pareja que empiezan de esta manera son más largas y satisfactorias que laquellas que se conocen de la manera analógica.

Algo que se puede achacar a una de las grandes ventajas de ‘tropezarse’ en la red, no solo conoces en mayor medida (internet hace que hablemos mucho y nos conozcamos bastante en profundidad para suprimir la falta de presencia física) sino que tendemos a mentir menos.

No estás frente a frente cuando confiesas que, pese a tener 31 años, todavía vives con tus padres o que todos tus exnovios te regalaron gatos, así que, ¿qué más da?

Si algo ha cobrado importancia son también las nociones de comportamiento básicas. Cada vez se limitan más las malas actitudes o fotos de genitales no solicitadas. Si la haces, la pagas, y serás vetado en la aplicación con pocas posibilidades de regresar.

Además, algunas de estas apps llegan incluso a incluir recomendaciones para que los usuarios estén al tanto de lo que no es aconsejable. Y, aunque ligar en internet no es universo paralelo, una burbuja a la realidad, que se recuerde la educación y los buenos modales, deja claro que ya no se puede ir de troll por la vida.

Ni siquiera si se trata de la vida virtual.

También Happen ha aportado su granito de arena a la lista de cambios a la hora de ligar. Según un estudio de la empresa, las mujeres se acercan mucho más que antes.

El antiguo concepto de que es el hombre el que tiene que dar el primer paso, ha quedado desfasado. Si nos gusta, también iniciamos una conversación e invitamos a tomar algo.

Duquesa Doslabios.

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¿Lo más importante es la penetración? Según un estudio, los preliminares no están de acuerdo

En la cama cometo varios errores, de eso estoy segura. Pero uno de los que más he tardado en darme cuenta ha sido del error de los preliminares.

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No porque se me resista la técnica, sino porque, hasta hace relativamente poco, formaba parte de ese grupo que consideraba que no eran más que una práctica de segunda categoría.

Una manera de preparar el terreno de juego, y nada más lejos. Mi experiencia sexual me ha ido poniendo en mi sitio, y si algo he sacado en claro es que era precisamente en ese momento, cuando mis posibilidades de tener un orgasmo se multiplicaban.

Me toca entonar el mea culpa, pero al mismo tiempo señalar que, cómo no iba a tener esa idea del sexo, y, sobre todo, esa manía de considerarlos parte del calentamiento, si nadie me había enseñado lo contrario.

En las series o películas con escenas subidas de tono, lo realmente importante y urgente era la penetración. Todo lo demás o salía en una menor medida o ni hacía acto de presencia.

Lo que construye, poco a poco, la presión social de que, pase lo que pase, hagas lo que hagas, si no entra, no cuenta.

No fui solo yo quien hizo este descubrimiento, era algo que entre amigas no era un secreto, ya sabíamos cuál era nuestra parte favorita.

Ni somos rara avis ni somos las únicas.

Un último estudio al respecto, realizado este año por Bijoux Indiscrets, tienda erótica, ha averiguado que somos un 66,8% los que preferimos la masturbación o el sexo oral, frente al 6,59% que prefiere la penetración.

El 26,54% restante elige los besos y las caricias.

¿La conclusión que podemos sacar entonces de esa idea de los preliminares? Pues como afirma Elsa Viegas cofundadora de la marca encargada del estudio: “Excluye la sexualidad de muchas personas. Tanto hombres como mujeres consideran que estas prácticas están llenas de placer y por lo tanto forman parte del sexo”.

Al darles ese nombre, ya estamos condicionando que se tratan de un paso anterior a lo realmente importante, cuando la realidad es que son igual de válidas y de protagonistas.

Es una tara social que nos toca asumir como parte de la falocracia, mediante la cual el hombre es más importante en todos los ámbitos, lo que se traduce en el sexo a que todo gira alrededor de la penetración.

El estudio no hace más que probar que es un pensamiento que ha quedado antiguado. Llega el momento de desaprenderlo y aprender a tener sexo de nuevo.

Un cambio que tiene que empezar por nuestra manera de pensar para que se vea después en el comportamiento en la cama.

Duquesa Doslabios.

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El futuro del sexo ya está aquí, las novedades en la industria de los juguetes eróticos

Si pensaba que mi trabajo era interesante, al conocer a Christian, portavoz de la mítica sex shop Amantis, me doy cuenta de que con gusto le cambiaría el puesto un día o dos.

AMANTIS

Sobre todo, si ese día coincide con alguna feria de juguetes eróticos, lugares que frecuenta para traer a Madrid las últimas novedades del sector, las mismas que me tiene preparadas para acercarme a ese futuro sexual que suena lejano pero no tardaremos en ver en los estantes de su tienda.

Pero, ¿a dónde acudir a la hora de cazar los futuros ‘séxitos’? A los países asiáticos. “Son los que más invierten en tecnología y diseño en sus fábricas para poder así estar a la cabeza en el mundo a nivel de innovación”, admite Christian. Y es que hasta Estados Unidos, Holanda o Alemania ponen sus miras ahí.

Llevando una tienda de productos eróticos durante más de quince años, no se me ocurre nada que a estas alturas pueda sorprender a mi entrevistado. Sin embargo, sigue asombrándose con sus últimos descubrimientos.

“Desde un estimulador de clítoris que asemeja un pequeño pulpo con tres bracitos contoneándose, a una anilla con un dispositivo para aplastar los testículos. Plugs anales con cadena para tirar como si fuera un perrito, masturbadores masculinos que se calientan por dentro y emiten distintos gemidos que parecen una nave espacial… Una locura”, dice Christian a modo de resumen.

Aunque no solo de novedades va la cosa en estas ferias, los succionados de clítoris continuar evolucionando y siendo los auténticos hits que no nos cansamos de comprar. ¿Uno en especial? El succionados de clítoris.

AMANTIS

“Ha sobrepasado todas las expectativas, ha sido un crecimiento lento pero constante hasta desatar el furor más absoluto, y las opciones son interminables”, afirma.

Y es que, aunque llevaran varios años en el mercado, su éxito es mucho más reciente. En palabras del portavoz de Amantis: “Es ahora cuando estamos viendo cómo se incrementan sus ventas gracias a las redes sociales”.

Conociendo diferentes mercados, él mejor que nadie puede decirme si un best seller a nivel nacional puede triunfar en el mundo entero.

“Cada cultura es diferente y por lo tanto la gente que vive en ella también. Hay juguetes y tendencias que triunfan en todo el mundo, pero lo habitual es que cada país tenga sus preferencias. En oriente, por ejemplo, tienen una especial atracción por escoger juguetes que parezcan animalitos, eso en España, no es tan habitual”, dice Christian.

En este sentido, son los productos eróticos los que parecen destinados a acabar con la brecha orgásmica.

“Aunque los juguetes sexuales existan desde hace al menos 30.000, su desarrollo comenzó hace 100 años como tratamiento a la ‘histeria’. Hoy día seguimos viendo más juguetes para mujeres, aunque la tendencia es ir igualando el placer para ambos sexos. De hecho, la estimulación anal entre los hombres heterosexuales lleva años al alza, pero muy al alza”, afirma.

Duquesa Doslabios.

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