No existen las ‘zorras’, existen las personas enfadadas con mujeres

A lo largo del día escucho tantas veces la palabra “zorra” dirigida a mujeres, que he tenido que hacer el ejercicio de reflexionar sobre ella. Y he llegado a la conclusión de que una zorra no existe.

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Te pongo un ejemplo. Despega los ojos de la pantalla y mira a tu alrededor. ¿Qué ves? La ventanilla del metro, el café del desayuno, tu teléfono, el teclado… Son cosas reales, tangibles. Objetos que seguirían estando ahí si el ser humano se extinguiera de un día para otro.

¿Pasaría lo mismo con una “zorra”? No a no ser que se trate de la hembra del zorro, y te diré por qué.

Una “zorra” es un apelativo que se basa en una construcción social, pero no de cualquier tipo, sino una patriarcal. Esto significa que quien ejerce el papel dominante es el hombre, por lo que la mujer se encuentra siempre por debajo.

Es decir, “zorra” no es otra cosa más que el antiguo “bruja” con unas pequeñas diferencias. La palabra que invocaba a la hechicería tenía un objetivo claro: eliminar a aquellas mujeres que pudieran suponer una amenaza por cualquier motivo, ya fuera su influencia, su posición, sus actividades o, simplemente, en aquellas que no eran muy apreciadas por los vecinos.

Una palabra tan poderosa (perdonad el juego, pero hablando de brujería tenía en bandeja la expresión) que servía para quemarla viva y sacarla de en medio. En otras palabras, el paraíso de los hombres que consideraban a una mujer un peligro para su existencia.

Puede que “bruja” se haya quedado anticuado y ya no sirva para subir a la receptora del apelativo a la hoguera.

¿La nueva estrategia? Buscar una nueva palabra que sirviera para ‘quemar’ socialmente a aquellas que no se sometieran, ya sea en redes sociales, en la universidad, en el trabajo ¡y hasta en el colegio!

Para “zorra” no hay un significado unánime, es un término que sirve para todo. Y con todo, me refiero por supuesto, a todo lo que esté sujeto a ser criticado.

“Zorra” puede ser la que tontea en un bar. “Zorra” es la que te rechaza porque no le gustas. “Zorra” es la funcionaria que te dice que te has equivocado de centro de la Seguridad Social. “Zorra” es la que es infiel (si es a ti o a otra persona es lo de menos). “Zorra” es la que aprueba el examen a la primera. “Zorra” es la que perrea hasta el suelo con Daddy Yankee. “Zorra” es a la que le dan el trabajo cuya entrevista no pasaste.

¿A qué conclusión se puede llegar? Que cuando se usa ese término es fruto de algún sentimiento negativo que puede ir desde la envidia al deseo, pasando por el rencor.

De hecho, se ha vuelto tan famosa la palabra que, como “bruja”, incluso las propias mujeres la usamos entre nosotras para desprestigiarnos.

Al final, como apuntó un amigo mío: “No existen las zorras, solo personas enfadadas”.

Duquesa Doslabios.

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1 comentario

  1. Dice ser Ner

    Decir algo se puede hacer de dos maneras: una, partiendo de lo necesario, para ir hacia lo necesario siguiendo reglas lógicas que preservan esa necesidad; otra, que no busca, ni parte de lo necesario, sino que se centra en lo probable (básicamente, cuando o es muy difícil o no hay una ciencia posible al respecto). No es que no existan más maneras, las hay, pero como son irrelevantes, no se les presta atención, ni importan a nadie: como, por ejemplo, una manera de hablar que partiese de lo innecesario.

    Psicologizar los usos de una palabra es justamente eso: elegir sin ningún tipo de fundamento, ni necesidad una intención y ponerla como razón de ser. Por que eso es lo que se consigue, no te equivoques; no es que no sea probable que alguien usase una palabra con una intención concreta (de eso va, en parte, usar el lenguaje: la intencionalidad es toda una dimensión lingüística), es que no hay ninguna razón que justifique y haga necesario decir algo en plan, no, es que siempre que se usa tal palabra es con tal intención.

    04 marzo 2020 | 14:23

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