No estoy más sola, soy más libre

Cada vez que quedo con mi abuela, me pregunta hasta el hastío que cuando me voy a casar, que ella con 26 años ya tenía un hijo (mi padre). Sabe que los tiempos han cambiado, pero no se hace una idea de cuánto.

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La principal diferencia es que las mujeres ya no tenemos miedo de la soledad. Ella creció escuchando que tenía que cuidar la casa, ser buena esposa y buena madre, a cambio su marido se encargaría de todo lo demás.

La generación de mis padres puede que tuviera algo menos de presión, sin embargo continuaban todavía muy lastrada por el modelo familiar tradicional que aún prevalece en España (el hombre sustenta y la mujer vive mantenida). Pero poco a poco, las cosas empiezan a cambiar.

Cada vez somos más libres económicamente hablando gracias a la educación que nos han dado nuestros padres babyboomers. Que no tengas que depender de nadie” es seguramente una de las frases que más nos han dicho hasta que se nos ha quedado grabada.

Ya no es necesario formar parte de una pareja para tener un sustento, para viajar, para salir, para abrirte una cuenta en el banco o para disfrutar de la vida. Entiendo que en la época de mi abuela todo a lo que podría aspirar una mujer era a hacer de secretaria o taquígrafa, pero la batalla que luchamos contra el techo de cristal nos acerca, espero, a puestos de mayor importancia y, por tanto, a más remuneración económica.

No podemos olvidarnos, si hablamos de la libertad de la mujer, de la Iglesia, por supuesto, ese órgano supresor que te condenaba al infierno si ibas a vivir en pecado con tu pareja sin pasar por el sacramento. Cuando la educación que recibes dice que el centro de tu vida es tu marido, tu Dios, tus hijos y tu casa, ¿qué queda para ti?

¿Qué clase de escapatoria podrían tener quizás de un matrimonio en el que no eran felices si ni siquiera sabían qué les gustaba a ellas mismas? Y claro, ¿cómo tomar esa decisión? Con lo mal visto que iba a estar entre las vecinas. Y ya si se enteraban en el pueblo mejor ni hablamos.

Quizás actualmente estamos tan absorbidas entre el trabajo, las amigas, las series e Netflix y las manifestaciones feministas que lo último que nos preocupa es si vaciamos la lavadora aunque luego suponga una discusión con la compañera de piso de turno.

Y aún con todos estos pasos hacia adelante, hay quien se atreve a criticarlos. Se nos acusa, injustamente, de haber perdido el romanticismo, de no ser lo bastante dedicadas a las relaciones, a las parejas, a la crianza de los hijos. Se nos acusa de lo que los hombres llevan haciendo toda la vida. “Con dinero pero pobres en espíritu” es como una escritora inglesa, Suzanne Venker, nos ha definido a las millennials.

Claro que nuestra percepción del dinero ha cambiado. Dinero es poder, dinero es éxito, el dinero representa felicidad ya que, ¿qué puede hacerte más feliz que trabajar por y para ti misma? Estamos centradas en llegar a la cima de nuestras carreras y si no es la cumbre, todo lo alto que podamos subir mientras tanto.

Por mucho que sepamos hacer la declaración de la renta, construir edificios o salir airosas de operaciones a corazón abierto según ella y sus hordas de seguidores, no tiene ningún valor ya que hemos perdido la noción básica de criar a un bebé. Qué contrariedad. ¿Ya soy menos mujer? Casi parece con esa manera de pensar que por no dejar el trabajo y quedarnos en casa la sociedad está abocada al desastre.

A ella y a quienes compartan ese punto de vista, les pediría que no miraran solo la paja en el ojo ajeno. A fin de cuentas, lo único que consiguen con esas ideas es mantener que son los hombres los que pueden elegir tenerlo todo y nosotras las que, sin más opción, nos toca quedarnos con solo una de las caras de la moneda. Pero es que queremos ambas, queremos lo mismo que ellos, es decir, todo.

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Así que quienes nos compadecen a las mujeres de estas nuevas generaciones, estas que no sabemos cambiar un pañal ni falta que nos hace (además si lo necesitaríamos ya buscaríamos un tutorial en Youtube), que nos ven ricas pero miserables por preocuparnos solo por el trabajo sin centrar todas nuestras energías en encontrar una pareja, decirles que no estamos solas, que somos libres y felices de serlo.

Duquesa Doslabios.

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Azulmarinocasinegro

    También afecta al colectivo masculino el cambio de generación.
    Tampoco tenemos la obligación de casarnos ni tener relaciones largas para poder disfrutar de nuestra soledad y de nosotros mismo.
    Pero claro Duquesa, siempre barriendo para casa supongo

    24 enero 2019 | 09:45

  2. Dice ser iris

    Me ha gustado mucho tu articulo 😉

    24 enero 2019 | 13:52

  3. Dice ser clara alegría

    No todo es blanco o negro, hay muchísimos matices. Ni todas las mujeres que no tienen pareja y viven libremente, sin ataduras, con dinero, viajando etc. son felices, ni todas las mujeres que libremente deciden trabajar en casa (que no mantenidas…..) son unas marujas amargadas. Ni viceversa.

    24 enero 2019 | 14:27

  4. Dice ser Lena

    Lo más importante es que las mujeres de hoy en día (al menos en occidente) tenemos la libertad de elegir cómo y con quien queremos vivir.

    24 enero 2019 | 16:15

  5. Dice ser Milf

    No hay nada mejor que la soledad, esta nos ayuda a comprender cosas que no comprendíamos cuando teníamos pareja, nos ayuda a reflexionar a pensar mejor y a tener mas auto estima en nostras mismas

    24 enero 2019 | 16:36

  6. Dice ser felizmentecasado

    Veremos que bonita es la soledad llegando a la senectud sin ningún familiar al que recurrir, ya veréis la libertad que bonita es……

    25 enero 2019 | 11:38

  7. Dice ser Libertad sin ira

    Ya verás tú @felizmentecasado, qué sorpresón cuando, a la senectud, los familiares que creías te cuidarían te aparcan cual mueble, o, ya no están aquí, o vaya usted a saber, que la vida da muchas vueltas. Sea como quiera, el no estar casado, feliz o convenientemente, no significa no tener a nadie que te estime, te cuide y te arrope.Las elecciones de cada uno son de cada uno, y los caminos de esta vida diversos e inescrutables.

    25 enero 2019 | 22:10

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