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Dolores de crecimiento: ¿mito o realidad?

“Hola, buenos días. Nos hemos citado porque a mi hijo de doce años le duelen las rodillas desde hace ya varias semanas, sobre todo después de hacer ejercicio, y ha llegado al punto de que no aguanta ni quince minutos del entrenamiento de baloncesto…”.

Esta recreación resume la típica consulta al pediatra que en muchos casos acaba con el diagnóstico de “dolores de crecimiento”. Pero, ¿realmente esta “enfermedad” existe o es algo que nos hemos inventado los pediatras para desviar la atención de algo que sabemos que acabará pasando con el paso del tiempo y que no tiene mayor importancia? ¿Son los adolescentes unos quejicas o realmente les pasa algo?

La anatomía del hueso en crecimiento

Los huesos largos del cuerpo -como el fémur, la tibia o el húmero- tienen tres partes muy diferenciadas.

  • Por un lado está la parte central, estrecha y circular, y que lleva por nombre diáfisis.
  • Las epífisis son los extremos del hueso, son anchos y en esa zona se encuentran las articulaciones.
  • Por último, a la zona de transición entre diáfisis y epífisis se la conoce como metáfisis.

Los prefijos dia-, epi, y meta- provienen del griego y hacen referencia a opuesto, encima y después de “algo”, en el caso de los huesos a la fisis, o lo que es lo mismo, al cartílago de crecimiento.

Por tanto, durante la infancia y la adolescencia (o hasta que se cierran las muñecas, como les gusta decir a la abuelas), el hueso tiene una cuarta parte, la fisis, que es la zona donde se forma hueso nuevo y hace que el niño crezca en altura, la cual desaparece al finalizar la pubertad.

Además, hay otros tipos de huesos en el cuerpo, muchos de ellos pequeños y cortos, como los de las manos y los pies. Este tipo de huesos también tienen zonas de cartílago que permite que estos huesos crezcan a medida que el niño se hace mayor.

¿Duelen los huesos al crecer?

El crecimiento de un hueso no duele. Si no fuera así, desde el mismo día en que nacemos y hasta que dejamos de crecer, nos estaríamos quejando de que alguna parte del cuerpo nos molesta.

Sin embargo, cuando los niños dan el estirón durante la pubertad, los huesos crecen a una velocidad mucho más alta que durante el resto de la infancia. Durante ese tiempo, el cartílago de crecimiento se pone a formar hueso como si no hubiera un mañana. Y a pesar del ello, esto tampoco duele.

Pero la anatomía del cuerpo humano es muy caprichosa y justo donde hay un cartílago de crecimiento suele insertarse un tendón. Los tendones son la parte final de los músculos desde donde ejercen la tracción que permite que las articulaciones se muevan.

Cuando esos tendones someten a los cartílagos de crecimiento de un niño adolescente a una tracción repetida e intensa puede llegar el momento en que provoquen inflamación y con ello dolor. Es como si el cartílago de crecimiento, que ya de por sí está trabajando más de la cuenta para que el niño pegue el estirón dijera “… estoy aquí dándolo todo para que el niño pegue el estirón y encima el tendón que tengo insertado a mi lado no para de tirar de mi… pues mira, como que no puedo con todo…”. Y entonces se inflama, lo que se traduce en dolor. Como os podéis imaginar, esto ocurrirá casi en exclusiva en las piernas -sobre todo en las rodillas y en los talones-, ya que es ahí en donde nuestro cuerpo soporta mayor peso y carga durante el ejercicio.

En la literatura médica nos referimos a este proceso inflamatorio del cartílago de crecimiento por actividad física de diferentes formas, como ostecondrosis o apofisitis por tracción. Nombres muy complejos para el día a día y sobre todo para explicar a los padres lo que les pasa a sus hijos, por lo que al final usamos el término de “dolores de crecimiento”.

La enfermedad de Osgood-Schlatter

De entre todos los dolores de crecimiento, la enfermedad de Osgood-Schlatter es la más frecuente y conocida. En este caso, el cartílago de crecimiento afectado se encuentra en la región superior de la tibia, allí donde se inserta el tendón rotuliano, por lo que los niños que la sufren se quejan de dolor en la parte de abajo de las rodillas.

Ocurre típicamente entre los 9 y 14 años de edad, sobre todo hacia los 12-13 años y coincidiendo con el estirón. Es mucho más frecuente en adolescentes que hacen deporte, en donde la incidencia es de hasta el 20%. Los deportes que se consideran un factor de riesgo son aquellos que hacen “trabajar” mucho al cuadriceps, el músculo que se inserta en la tibia a través del tendón rotuliano, como el fútbol, el running, el tenis, el baloncesto o la gimnasia deportiva. Debido a que es una enfermedad que afecta preferentemente a adolescentes que hacen deporte, estos suelen tener una complexión atlética y delgada.

La historia típica de esta enfermedad es la de un chico o una chica adolescente delgado/a que hace mucho deporte y que desde hace varias semanas le duelen las rodillas (a veces puede ser solo una). Este dolor empeora con el ejercicio y mejora con el reposo, llegando en ocasiones a impedir la actividad física. A la exploración encontramos dolor al palpar la zona en donde se inserta el tendón rotuliano, incluso a veces se puede ver cierto grado de inflamación. En general no se requieren radiografías ni otras pruebas para su diagnóstico.

El problema que tiene la enfermedad de Osgood-Schlatter, como todos los dolores de crecimiento, es que no terminan de resolverse hasta que el niño deja de crecer. Os parecerá una tontería, pero es importante que esto lo entiendan los padres, ya que en ocasiones estos dolores dan mucho la lata durante varios meses.

Para calmar el dolor es adecuado ciclos cortos de antiinflamatorios como el ibuprofeno durante 4 o 5 días. El hielo aplicado sobre la rodilla también suelen ser efectivo. Además, el reposo relativo, interrumpiendo la actividad física durante unos pocos días o bajando la intensidad de los ejercicios suelen ayudar.

La enfermedad de Severs

En este caso el cartílago de crecimiento que se afecta es el del calcáneo, el hueso que se encuentra en el pie formando el talón. Allí se encuentra insertado el tendón de Aquíles, que en parte es el responsable de que se produzca esta enfermedad. A diferencia del Osgood-Schalter, la enfermedad de Severs se presenta un poco antes, entre los 8 y 12 años y afecta preferentemente a niños, generalmente de forma bilateral.

En este caso, la historia típica es la de un niño de unos 10 años que se queja de dolor en los talones cuando hace ejercicio y que mejora cuando hace reposo o toma un antiinflamatorio. Otra diferencia con el Osgood-Schalter es que estos niños, aunque suelen practicar deporte, no suelen estar muy delgados, de hecho no es raro que presenten sobrepeso. Pensad que el exceso de peso caerá en cada paso en el talón y si además el tendón de Aquíles ejerce su tracción de forma intensa, pues al final el cartílago del calcáneo se inflamará. A la exploración física el niño presentará dolor cuando le palpemos el talón y la parte más posterior de la planta del pie. Tampoco suele ser necesario hacer radiografías.

Esta enfermedad está muy relacionada con el uso de calzado que no sujeta bien el talón, como las sandalias o calzado deportivo excesivamente blando. Además, las botas de fútbol también se han relacionado con la enfermedad de Severs ya que los tacos que tienen en su suela transmiten de forma directa al talón el impacto del pie contra el suelo.

Cuando el niño esta muy dolorido se recomienda tomar antiinflamtorios durante 2 o 3 días y cesar la actividad física si esta era muy incapacitante. Para prevenir que reaparezcan los síntomas se aconseja el empleo de taloneras (unas lengüetas de silicona que se introducen dentro del calzado para que absorban el impacto), además de utilizar zapatos y zapatillas que sujeten bien el talón. También se recomienda que el niño haga ejercicios de estiramiento del tendón de Aquíles.

Dolores que no son “dolores de crecimiento”

Aunque hay otras muchas enfermedades que podemos catalogar de “dolores de crecimiento”, no merece la pena que nos metamos en ellas ya que son mucho más raras que las dos anteriores. Sin embargo, si que queremos dejar claro cuándo el dolor de los huesos/articulaciones debe ser evaluado siempre por un pediatra para descartar otro tipo de enfermedades.

Como habéis podido leer, los dolores de crecimiento tienen un curso subagudo, es decir, van cambiando de intensidad a lo largo de varias semanas. Por ello, todo dolor articular de aparición súbita (días) debe ser evaluado para saber qué está pasando. También aquellos dolores que se refieren a otras partes del cuerpo como los brazos, las caderas o columna vertebral.

Por otro lado, los dolores de crecimiento empeoran con el ejercicio y mejoran con el reposo. En le caso de que suceda al contrario, que sea un dolor de mayor intensidad por las mañanas y que mejora a lo largo del día, también debe ser evaluado. Lo mismo ocurre con los dolores articulares que van cambiando de localización: un día me duele la rodilla, otra semana el codo, ahora las manos y más tarde los tobillos…

Además, si el dolor del niño se acompaña de síntomas constitucionales como la fiebre o la pérdida de peso o producen una impotencia funcional importante (por ejemplo que el niño cojee) , no dudéis en acudir al médico.

Y por supuesto, los dolores de crecimiento se producen durante la pubertad. Cualquier dolor fuera de esta edad (por debajo de los 8 años y por encima de los 15) también debe ser evaluado.


En resumen, los dolores de crecimiento existen, aunque se limitan al periodo de la vida en la que los niños pegan el estirón. Suelen estar limitados a las rodillas (Osgood-Schalter) o a los talones (Severs) y empeoran al hacer ejercicio y mejoran con el reposo. Son una enfermedad que puede durar varios meses ya que no suele resolverse del todo hasta que el niño supera la pubertad. Los antiinflamatorios y el reposo son la mejor arma para luchar contra ellos.

Pero no todo son dolores de crecimiento. En el caso de que el dolor muscular/articular se acompañe de otros síntomas o tenga un curso atípico se debe consultar siempre con el pediatra.

Y si queréis leer información de calidad sobre traumatología y ortopedia infantil no dudéis en visitar el blog Mi Nieta Cojea, escrito a cuatro manos por una pareja de traumatólogo infantil y pediatra que son un amor.

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Bibliografía:

Mi hijo cojea, ¿qué debo hacer?

– Gonzalo… Tu sobrino cojea…

– Uy, ¿y desde cuándo?

– No sé… Salió esta mañana de casa y ha vuelto del parque que parece que no quiere apoyar el pie, pero no he visto que se haya caído.

– ¿Qué zapatos le has puesto?

– Esos que me diste de tu hijo de la talla 21.

– Cris, esos zapatos le quedan pequeños a tu hijo ya que usa un 23. Seguro que ese es el problema…


La cojera es un motivo frecuente en pediatría. De repente, los padres os dais cuenta que vuestro hijo camina cojeando o incluso rechaza andar, os preocupa y reconocéis que eso no es normal. Dependiendo de los síntomas acompañantes puede suponer algo banal hasta enfermedades muy importantes.

A través de las siguientes líneas os contaremos qué hacer y cuándo consultar con vuestro pediatra. También hablaremos sobre las enfermedades que más frecuentemente tenemos en cuenta cuando se produce este síntoma.

¿Qué es la cojera?

La cojera se define como “el patrón anormal de la marcha bien sea por dolor, deformidad o debilidad muscular”.  Habitualmente encontraremos a un niño que camina diferente a su forma habitual o que directamente rechaza la deambulación.

La edad del niño junto con la historia clínica y la exploración física, orientará hacia un tipo de patología u otra y los pasos a seguir. En esta historia clínica no deben faltar preguntas sobre la presencia de fiebre, antecedente de golpe, catarro previo o episodios similares, entre otros. Una buena exploración permitirá localizar cuál es la articulación afectada.

Os dejamos a continuación las causas más importantes de cojera que debéis conocer.

Sinovitis transitoria de cadera

Es la causa más frecuente de cadera dolorosa y cojera en los niños. Habitualmente afecta a la cadera aunque puede localizarse en otras articulaciones. Es un motivo de consulta muy frecuente tanto en atención primaria como en las urgencias de pediatría.

En general se presenta en niños entre 3 y 8 años de edad de forma súbita sin otra sintomatología acompañante, salvo la propia cojera. En la exploración suele objetivarse dolor a la movilización de la cadera. El dato más importante que orienta a esta enfermedad es el antecedente de una infección vírica en las semanas previas, que provoca inflamación de forma reactiva sin que exista una infección en la articulación propiamente dicha.

Tanto la historia como la exploración son tan características que el diagnóstico no requiere de pruebas complementarias. El tratamiento consiste en realizar reposo relativo (no acudir a clases de educación física ni otra actividad similar) y la toma de antiinflamatorio (ibuprofeno). Los síntomas suelen desaparecer en unos 7 días, momento en el que conviene realizar una revisión con el pediatra para comprobar la buena evolución del cuadro.

Artritis séptica

En este caso, la cojera se debe a una infección por una bacteria en la articulación, normalmente cadera o rodilla. Aunque no es tan frecuente como la sinovitis transitoria puede ser muy grave por lo que es muy importante saber diferenciarlas.

En este caso, puede afectar a niños de todas las edades pero es más frecuente en menores de 3 años. A diferencia de la sinovitis, suele presentarse con fiebre, aunque no siempre. El niño presenta mal estado general junto con una exploración difícil de realizar debido al gran dolor y la inflamación de la articulación.

La artritis séptica es una causa grave de cojera que suele requerir pruebas complementarias e ingreso hospitalario inicial. El tratamiento consiste en antibiótico que puede prolongarse varias semanas y ocasionalmente precisar cirugía.

Mira siempre los pies y los zapatos de tu hijo

Parecerá una tontería pero es muy habitual que los niños cojeen por un par de zapatos nuevos o una piedra que se les haya colado en el parque. También otros motivos como heridas, uñas encarnadas o papilomas en la planta del pie pueden ocasionar cojera. Así que antes de acudir al pediatra asegúrate de que tu hijo sigue cojeando al estar descalzo y que no presenta ninguna de las lesiones que te hemos comentado.

Ojo con los golpes

Los pediatras siempre os preguntamos si la cojera de vuestros hijos comenzó con una caída o un golpe. A pesar de que es un dato importante ya que puede traducir un esguince o una fractura, hay recordar que los niños sufren caídas frecuentes leves que no suelen ser el motivo de la cojera. Si tras un golpe tu hijo no mejora en un tiempo razonable deberías consultar con tu pediatra para que descarte otras enfermedades.

¿Cuándo debo consultar con mi pediatra?

Los datos de alarma de una cojera son: fiebre, rechazo de marcha, dolor muy importante, afectación del estado general, cojera que no mejora en unos días, episodios repetidos, cojera niños pequeños o empeoramiento a primera hora de la mañana.

En estos casos debéis consultar siempre con vuestro pediatra para que descarte una enfermedad grave.


La información de este artículo ha sido obtenida del protocolo diagnóstico terapéutico de la Asociación Española de Pediatría sobre la Cojera (link).

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