Archivo de noviembre, 2021

Diez objetos que los pediatras no usamos con nuestros hijos

Bebé

Fuente: Pixabay

Una de las cosas que más me molesta como pediatra es ver cómo muchos padres y muchas madres se rinden al marketing para bebés y acaban comprando cosas que no son necesarias para criar a un hijo, sobre todo desde el punto de vista de la salud. Es frecuente escuchar en la consulta frases como ‘Ya tenemos tal cosa…’ o ‘Nuestra prima Maricarmen nos ha regalado esta otra y nos ha dicho que es imprescindible ahora que ya somos papás’. Sin, embargo, la mayoría de estos objetos no tendrán un impacto que mejore la salud de sus hijos, por lo que al final se traducen en perdida de dinero y en la falsa sensación de que hay que tener algo para que todo vaya bien.

En este sentido, los pediatras huimos de ciertos productos que no son necesarios y no los tenemos en nuestro catálogo de cosas que usamos durante la infancia de nuestros hijos. En este post me propongo explicaros cuáles son esos cacharros para que lo tengáis en cuenta cuando veáis algún anuncio de no sé qué producto o para cuando os recomienden en el parque el no va más para los más pequeños de la casa.

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Citomegalovirus: una infección muy frecuente en la infancia

Virus

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La infección por citomegalovirus es de esas infecciones que mucha gente desconoce, pero que los pediatras siempre la tenemos en mente, de hecho, es una de las causas de la conocida enfermedad del beso, tan frecuente durante la adolescencia.

Muchas veces nos habéis preguntado en redes sociales qué es este virus y qué se puede hacer para prevenirlo, ya que a muchos os suena que puede tener graves consecuencias en el caso de que sea una mamá embarazada la que se contagie de él. Así que hemos decidido escribir este post con el que esperamos que se vean resueltas todas estas dudas, y de forma sencilla y práctica recojáis toda la información que necesitáis en relación a este tema, que a nuestro parecer, es tan interesante.

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¿Qué es la dislexia?

Niño leyendo

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La dislexia es un trastorno que a mucha gente le suena, pero que la mayoría desconoce en qué consiste realmente. Que si los disléxicos alteran el orden de las letras, que si no saben diferenciar derecha de izquierda, que si eres disléxico es porque eres muy inteligente… Sin embargo, la dislexia es un trastorno de la lectoescritura muy complejo en el que el cerebro no es capaz de pasar del lenguaje escrito al oral y viceversa con normalidad. Las estadísticas apuntan a que una de cada diez personas la sufre, con todas las implicaciones que puede generar, como, por ejemplo, bajo rendimiento escolar, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayoría de ellas no son diagnosticadas.

En el post de hoy te explicamos de forma sencilla en qué consiste la dislexia, cuales son sus síntomas principales y a quién debes pedir ayuda si crees que tú o tu hijo puede que sufráis dislexia.

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Doce cosas que (quizá) no sabías de la tos y los mocos

Moco

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Es inevitable que con la vuelta al cole nuestros hijos, antes o después, se empiecen a contagiar de los virus que circulan por los colegios y las escuelas infantiles. Algunos darán lugar a dolor de garganta, otros a una diarrea y algunos a manchitas en la piel. Pero entre todo ellos, un cuadro clínico es el rey: el catarro.

Este tipo de infección está caracterizado por un cuadro respiratorio de vías altas, en el cual los mocos y la tos son los síntomas más habituales. A lo largo de post descubrirás un montón de cosas que te harán afrontar con mayor tranquilidad (y conocimiento) esos catarros que a buen seguro se acabarán cogiendo tus hijos durante la infancia.

1. Los mocos nos defienden de las infecciones

Las vías respiratorias son unos conductos que llevan el aire del ambiente a los pulmones para que podamos absorber el oxígeno que nuestro cuerpo necesita. Para que todo funcione adecuadamente, esos conductos tienen que estar lubricados, y para ello las células que tapizan las vías respiratorias producen moco, aunque ese moco no sea perceptible a simple vista. Además, los mocos son la primera línea de defensa contra las infecciones, ya que en ellos flotan un montón de moléculas y células que nos ayudan a acabar con los microbios que quieren acceder a nuestro cuerpo. Por todo ello, cuando un niño se contagia de un catarro se pone a producir moco hasta el punto de que son visibles a simple vista.

2. La tos es un reflejo

Para que las vías respiratorias no se acaben encharcando de moco, el cuerpo humano está dotado de un mecanismo que nos sirve para movilizar esas secreciones que aparecen cuando estamos acatarrados: la tos. Esta aparece por un acto reflejo cuando en esos conductos de aire están más obstruidos de lo normal, por lo que la tos no es un síntoma de que la cosa vaya mal, al contrario, nos ayuda a superar el catarro.

3. A veces hay tos y mocos con fiebre (y otras no)

Además de la tos y los mocos, en ocasiones puede aparecer fiebre acompañando a un catarro , pero que esta aparezca no quiere decir que el catarro se esté complicando, simplemente es un síntoma más que aparece en el contexto de una infección. Como comprenderéis, si aparece la fiebre, es normal que el niño se encuentre más molesto que si solo tuviera tos y mocos, pero no es nada que no se pueda solucionar con un antitérmico.

4. La tos y los mocos pueden durar muchos días

El periodo más agudo de un catarro suelen ser los primeros tres o cuatro días, momento en el que la fiebre puede estar presente. Tras esa primera etapa, es normal que los síntomas respiratorios persistan durante varios días, incluso semanas, lo que a muchos padres les hará pensar que el catarro de sus hijos no se está curando. De media, la duración de la tos y los mocos debido a una infección respiratoria es de unos quince días, y lo que ocurre muchas veces es que antes de que desaparezcan totalmente, el niño se contagie del siguiente virus que ronde a su alrededor, encadenando un proceso con otro y dando la sensación de que todo el rato están malos.

5. Los mocos son incómodos

Lo que está claro es que no es agradable respirar con la nariz taponada por los mocos, seamos un niño o un adulto. Los que ya somos mayorcitos tenemos la fortuna de saber utilizar un pañuelo para sonarnos, cosa que hasta que un niño no tiene cierta edad es incapaz de hacer. Hasta que llegue ese momento, los lavados nasales con suero fisiológico serán vuestro mejor aliado para despejar la nariz de los más pequeños de la casa.

6. El color del moco evoluciona a medida que se cura el catarro

Una creencia popular muy extendida es que si los mocos se ponen verdes es que el catarro se está complicando. Nada más lejos de la realidad. Al inicio de un catarro, los mocos suelen ser fluidos y transparentes, pero a medida que pasa el tiempo es normal que se vuelvan espesos y cambien de color amarillos o verdes. Esto se debe a que las defensas que flotan en los mocos están destruyendo a los microbios que provocan el catarro y en ese proceso las secreciones respiratorias dejan de ser transparentes. Por tanto, el cambio de color de los mocos de los catarros no es un signo de complicación, sino un signo de que nuestras defensas están actuando.

7. Los mocos no bajan al pecho

No existe un ascensor de mocos que los lleve de la nariz al pecho en un viaje de moco pa’rriba, moco pa’bajo. Sin embargo, ciertos virus tienen la capacidad de infectar no solo la zona de la nariz y la garganta, sino también los bronquios (las bifurcaciones de las vías respiratorias en los pulmones). Cuando esto ocurre, nuestro cuerpo se pone a producir moco allí donde lo necesita, y dado que los microbios entran por la nariz y en unos días es cuando llegan a los pulmones, esto puede dar la sensación de que los mocos han bajado al pecho. A pesar de ello, no hay nada que se pueda hacer para que esos microbios no bajen al pecho, ya que si lo hacen es porque tienen la capacidad para hacerlo, no que hayamos dejado de hacer algo que lo podría haber evitado.

8. El sonido de la tos nos importa poco a los pediatras

Es curiosos ver como los padres describen la tos cuando vienen a consulta: que si tos de viejo que fuma, que si tos irritativa, que si tos de perro… Incluso muchos piden al niño que tosa en ese momento para que escuchemos esa música celestial. La verdad es que el sonido de la tos nos da poca información a los pediatras, al menos para decidir si hacer una cosa u otra con el niño en cuestión. Al final, lo que nos importa es cómo está la auscultación pulmonar y si el niño tiene dificultad respiratoria, ya que la clasificación clásica de la tos (productiva, no productiva, irritativa…) no la tenemos mucho en cuenta. Quizá el único caso que sí que nos ayuda a conocer cómo es la tos es cuando esta suena a perro que ladra, a foca o a pato, ya que en estos casos sí que podemos afirmar que lo que le pasa al niño es que tiene una laringitis.

9. La tos y los mocos no se curan con antibiótico

Si has estado atento mientras leías este texto, te habrás dado cuenta que tanto la tos como los mocos son síntomas de una infección respiratoria, que en el caso de los niños, en la gran mayoría de las ocasiones, será consecuencia de un catarro provocado por un virus. Por tanto, por mucho que demos antibiótico a un niño con un catarro, no vamos a conseguir que su tos y sus mocos mejoren, incluso aunque los mocos sean verdes, ya que estos dependen de una infección provocada por un virus que se cura sola sin que el antibiótico sea necesario. En otras ocasiones, como es el caso de las neumonías u otro tipo de infecciones respiratorias causadas por bacterias, la tos y los mocos si que mejoran al dar antibiótico, pero porque el problema subyacente (la neumonía) sí que es un proceso que necesita de este tratamiento.

10. Los jarabes para la tos y los mocos no sirven para nada

Siento si con esto estoy rompiendo la burbuja de jabón en la que vuestra mente cree que este tipo de remedios son eficaces para paliar los síntomas de los catarros, pero tanto los antitusivos como los mucolíticos como los expectorantes no han demostrado una verdadera eficacia frente a los síntomas que pretenden mejorar. Por ello, ninguno de ellos figura como parte del tratamiento de los catarros de ninguna sociedad científica pediátrica contrastada. De hecho, la mayoría de estos jarabes no están autorizados en ficha técnica por debajo de los dos años, motivo añadido para no recomendarlos en caso de que un niño tenga tos y mocos. Con lo único que habría que hacer una excepción es con la miel, ya que ésta sí que ha demostrado cierta eficacia para mejorar las horas de descanso cuando un niño tienen tos. Recordad que la miel se puede dar a un niño a partir del año de vida, pero al contener muchos azúcares debéis lavarle luego los dientes.

11. Los niños con tos y mocos pueden tener otitis (pero no siempre)

La otitis es una infección del oído que da lugar a dolor o irritabilidad y, sobre todo en niños pequeños, fiebre. La mayoría de las otitis están causadas por una bacteria que se llama neumococo, y que en ocasiones requiere antibiótico para su curación (cuando los niños tienen menos de dos años o presentan algún signo de gravedad como la fiebre alta o la superación). Lo que si que suele ocurrir antes de que se produzca el cuadro de fiebre y dolor de oído es que casi todas la otitis van precedidas de un cuadro catarral, el cual sirve de caldo de cultivo perfecto, con sus mocos por todos lados, para que el dichoso neumococo haga de las suyas. De todas maneras, esto no quiere decir que siempre que un niño tenga un catarro vaya a acabar en otitis, pero sería una cosa a vigilar y tener en cuenta.

12. No os fijéis tanto en la tos y la mocos y observad si a vuestro hijo le cuesta respirar

Para finalizar, lo más importante que debéis hacer cuando vuestros hijos tengan tos y mocos es aprender a diferenciar si estos síntomas se acompañan de dificultad respiratoria (si respiran deprisa, si hacen ruido al respirar, si marcan las costillas o utilizan los músculos del cuello en cada respiración…) ya que esto es lo que realmente nos importa a los pediatras. Si vuestros hijos tienen tos y mocos, pero se encuentran bien y no les cuesta respirar, incluso aunque tengan fiebre, podéis esperar a que vuestro pediatra os atienda cuando tenga cita. Pero en el caso de que detectéis dificultad respiratoria debéis acudir a Urgencias sin demora.


Y hasta aquí este repaso a la tos y los mocos, síntomas que a buen seguro vuestros hijos tendrán más de una vez (y más de dos) a lo largo de la infancia.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Si te ha gustado lo que has leído, hemos publicado un libro con explicaciones sencillas y amenas sobre las cuestiones de salud más importantes de la infancia. Podéis adquirirlo en puntos de venta habituales o a través de los siguientes enlaces:

Además, en septiembre de 2021 echó a rodar “Sin Cita Previa”, un podcast del que somos presentadores y que seguro que también te pude gustar. Puedes escucharlo en:

¿Por qué le pinchan vitamina K a los niños al nacer?

Recién nacido

Fuente: Pixabay

No sé si os habéis fijado que cuando nace un niño, al rato de que todo sean llantos de emoción y gritos de alegría, la matrona se acerca al retoño y le planta una inyección en medio del muslo. La mayoría lo recordaréis perfectamente, ya que lo habitual es explicar por qué se administra esta inyección, ya sea en ese momento o incluso antes del parto, pero puede que otros os estéis planteando si a vuestros hijos se la llegaron a poner después de nacer.

Si os encontráis en este último grupo, os invito a repasar los informes de alta del hospital y buscar si entre tanto dato técnico hay una frase parecida a esta: profilaxis con vitamina K. Me juego una mano a que la encontráis.

Los más estudiados sabréis perfectamente para que sirve esa inyección con vitamina K, pero si sois de los que no sabéis el porqué, permitidme haceros el spoiler de que esa simple inyección ha salvado la vida de muchos recién nacidos.

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