Archivo de abril, 2021

Los niños no cogen frío

Una de las grandes cosas que se ha conseguido en este año y pico que llevamos de pandemia COVID es que la gente entienda que para contagiarse hace falta otra persona que transmita el virus. De hecho, todos sabemos que si entras en contacto estrecho con una persona positiva debes guardar cuarentena durante unos cuantos días por si te has podido contagiar. La verdad es que el esfuerzo divulgativo que se ha hecho a este respecto desde perfiles sanitarios y medios de comunicación ha sido muy grande y, en mi opinión, el mensaje de que este puñetero virus se transmite de persona a persona ha calado muy bien en la sociedad. Es cierto que podríamos discutir y abrir un debate sobre si este virus se transmite más por aerosoles, por gotículas, por fómites o sobre si la mascarilla es realmente necesaria en espacios abiertos en los que podemos mantener la distancia social de seguridad, pero en ese supuesto debate hay una cosa tan clara como el agua de una fuente: si no hay de por medio una persona que tiene el virus y que se lo transmite a otra persona, el contagio no es posible. Es decir, es necesario que el virus pase de una persona a otra.

Perdonad que me haya extendido un poco en la introducción de este post, pero creo que era necesario poner las cosas en contexto, porque hay una cosa que no acabo de comprender: ¿por qué la gente entiende perfectamente que la COVID, que es una enfermedad provocada por un virus, se transmite entre personas, pero sigue pensado que sus hijos han debido coger frío cuando se acatarran, cuando los catarros son también enfermedades infecciosas provocadas por virus?

La verdad es que resulta curioso que todos hayamos entendido que la COVID se contagia de persona a persona, pero que este conocimiento no haya tenido un impacto en la compresión de los padres de que el resto de enfermedades provocadas por virus también se transmiten de persona a persona. De hecho, durante este tiempo no he atendido a ninguna familia que me haya dicho ‘la COVID de mi hijo ha debido ser consecuencia del frío que pasamos ayer al pasear por el campo, que no se quiso poner la chaqueta’ o ‘seguro que la COVID se la ha cogido por dormir con la ventana abierta’. Sin embargo, estas dos situaciones que ejemplifican lo que nos quieren transmitir los padres cuando dicen que sus hijos han cogido frío, las seguimos viendo de forma muy frecuente en consulta: ‘Manolito ha debido coger frío porque ayer iba en manga corta y hacía un frio de aúpa, y claro, hoy esta con 39ºC, tos y mocos…’ o ‘Lola no quiso ayer secarse el pelo después de ducharse, y estoy segura que ha debido coger frío esta noche porque se ha levantado con 40ºC de fiebre y dolor de garganta…’.

Vaya por delante que los síntomas que puede provocar en niños la COVID son indistinguibles de un simple catarro, o si preferís llamarlo de otra manera, de un resfriado. Y vaya también por delante que un catarro y un resfriado son la misma enfermedad, aunque en ocasiones nos refiramos a ella con uno u otro nombre. Creo que ya lo he dicho, pero lo vuelvo a repetir, los catarros/resfriados son enfermedades de causa infecciosa provocadas por un virus, y, por tanto, es necesario que alguien te haya contagiado el virus que lo provoca.

Es muy probable que la creencia popular de que si los niños (y los adultos) cogen frío se acatarran venga de ese otro nombre que le damos a este tipo de infección respiratoria de vías altas, porque, no lo voy a negar, pensar que un resfriado lo provoca el frío es una asociación mental sencilla y sin fisuras, porque si no ¿por qué lo llaman resfriado si no tiene nada que ver con el frío?

A nadie se le escapa que en invierno hace frío y que la mayoría de los catarros suceden durante esta época del año. La explicación a esta asociación temporal es muy sencilla. Por un lado, porque durante esos meses es cuando más virus que causan catarros circulan entre la población, entre los cuales el rinovirus es el rey. Pero, además, durante el invierno solemos realizar más actividades en interiores en donde el contacto entre personas es más estrecho y, por tanto, más fácil es contagiarse. Imaginaos una clase de una escuela infantil en invierno en la que hay 10 ó 15 niños pequeños compartiendo el mismo espacio; y ahora imaginaos a los mismos niños, pero en primavera o verano, tiempo en el que suelen realizar muchas actividades junto a sus compañeros al aire libre. En el caso de que alguno de esos niños estuviera contagiado de un virus, creo que todos afirmaríamos que es más sencillo que sus compañeros de clase se contagien en invierno que en verano.

Además, durante los meses fríos del año las personas somos más susceptibles a contagiarnos de los virus que circulan en ese momento, sobre todo porque con el frío y la humedad, las defensas de nuestro cuerpo responden peor ante las infecciones. Dicho de otra manera, cuando hace frío, los mecanismos inmunológicos que tiene nuestro cuerpo para defenderse de los virus actúan peor que cuando hace calor, como si estuvieran más perezosos. Si juntamos este hecho con que en invierno circulan más virus entre la población, la tormenta perfecta está asegurada. Si os preocupa eso de que las defensas puedan estar más perezosas durante esta época del año, lo mejor que podéis hacer es seguir una dieta variada y saludable y realizar ejercicio moderado (ambos hábitos de vida han demostrado que mejoran el estado inmunológico de las personas).

Pero insisto, que no quiero que mezcléis cosas, si no hay virus de por medio, por mucho frío que haga es imposible contraer un catarro. Como suelo decir para ponerle un poco de humor a esta explicación, si te vas a hacer una expedición en solitario al polo norte en bañador y chancletas es muy probable que pases mucho frío y mueras de una hipotermia, pero en ningún caso tendrías un catarro al no haberte cruzado con nadie que te pueda contagiar.

Por ir cerrando el tema, me gustaría ahondar un poco más en eso a lo que la gente llama coger frío. Si hace unos párrafos os decía que es un hecho que los catarros los provocan virus, también es un hecho que si alguien hace una actividad en donde hace frío o mucha humedad es muy probable que al rato se ponga a moquear y que se pase así unas horas hasta que todo vuelve a la normalidad, incluso que esos mocos le provoquen algo de tos o que se sienta con frío aunque no le suba la fiebre. Estos síntomas son muy similares a los de un catarro, y en el inicio de los mismos es prácticamente imposible diferenciar si alguien está así porque se ha enfriado o es que está comenzando con un catarro.

Sin embargo, esa tos y esos mocos provocados por el frío durarán a lo sumo unas pocas horas, mientras que un catarro es un cuadro clínico más florido en el que la tos y los mocos duran más tiempo e, incluso, suele aparecer fiebre durante varios días. Visto desde otro punto de vista, de lo que no debería haber duda es de que un niño que lleva un par de días con fiebre, tos y mocos lo que tiene es un catarro provocado por un virus y no es que que haya cogido frío unos días antes.

Para acabar, tengo que romper una lanza a favor de todos los padres y las madres que siguen pensando que el frío, dormir con el pelo mojado o haberse destapado en la cama, caminar descalzo o no ponerse una bufanda para salir a la calle es la causa de que cada dos por tres un chavalín de corta edad esté acatarrado y no piensen que lo que está ocurriendo es que se esté contagiando cada poco tiempo de los virus que causan los catarros. Es cierto que en muchas ocasiones sigo escuchando estas explicaciones de boca de mis compañeros y, por tanto, es normal que mucha gente que recibe así esta información siga creyendo que en esa explicación mágica está la causa de lo que les pasa a sus hijos. Desconozco el motivo por el que los médicos siguen dando estas explicaciones, quizá sea porque es más fácil decir ‘ha cogido frío’ que contar todo lo que aquí habéis podido leer, pero no debería ser así, porque, y ya no lo digo más, los catarros los provocan los virus que nos vamos pasando unos a otros.

Sé de sobra que esté post es un brindis al sol y que el mensaje que os quiero transmitir calará solo en unos pocos. Aún con todo, espero que artículos como este vayan sumando conocimiento poco a poco sobre lo que nos pasa cuando nos acatarramos. Solo de esta forma las generaciones futuras afrontarán desde el conocimiento las enfermedades de sus hijos.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Bibliografía

 

Desarrollo neurológico infantil: mitos y leyendas

Bebe presión palmar

Fuente: GTRES

Aunque nos ha llevado nuestro tiempo decidirnos a escribirlo, aquí os traemos uno de los post más demandados por nuestros lectores. Nos habíamos resistido a escribir una entrada sobre neurodesarrollo infantil porque no nos gustan las típicas listas de hitos del desarrollo que un niño de tal o cuál edad debe cumplir en un momento determinado, ya que no se adaptan a la realidad de cada niño y podrían llevar a errores en la interpretación que hicieran unos padres concretos, con la consecuente preocupación excesiva, y seguramente innecesaria, en la mayoría de los casos.

Así que para evitar hacer listas, se nos ha ocurrido escribir esta entrada desde un punto de vista diferente, pero sin perder nuestra seña de identidad: un mitos y leyendas sobre desarrollo psicomotor de los niños. Aquí encontraréis información muy útil sobre los aspectos más importantes del apasionante desarrollo neurológico infantil que, aunque ocurre a lo largo de toda la infancia,  fundamentalmente, y de forma crítica, lo hace durante los primeros dos años de vida.

Pero antes de meternos en faena, dos aclaraciones previas que creemos muy importantes:

  • En primer lugar, el neurodesarrollo que se produce en estos primeros años de vida se realiza de forma progresiva, global y longitudinal. Es decir, nada ocurre en un momento concreto, de un día para otro, sino que lo hace a lo largo del tiempo y hasta la edad adulta. Por ello, es muy importante vigilar el desarrollo neurológico hasta que se completa el crecimiento del niño. El fin será un adulto autónomo en el ámbito físico, pero también en el emocional.
  • Y en segundo lugar, y no menos importante, el desarrollo neurológico ocurre en áreas motoras, afectivas y cognitivas; es decir, un niño tiene que desarrollar por igual las capacidades motoras (gatear, correr, dibujar…), las cognitivas (hablar, comprender, aprender a leer, sumar…) y las emocionales (extrañar a sus seres queridos, reconocer sus figuras de apego, jugar con iguales, socializar…).

Y teniendo estas dos cosas en mente, veamos que hay de cierto y de falso en esas creencias populares tan arraigadas en la cultura popular.

1. Todos los bebés sonríen cumplido el mes de vida. FALSO

Aunque la realidad es que en torno a las 4 semanas de vida los bebés inician lo que los pediatras llamamos sonrisa social, es decir, sonríen como respuesta a la sonrisa de sus conocidos (por ejemplo, cuando su mamá se acerca y le sonríe), algunos lo harán antes y otros después, con un límite de normalidad para iniciar esta sonrisa de hasta los 2 meses de vida.

2. En las revisiones del pediatra con un simple vistazo se puede valorar cuál es el desarrollo neurológico del bebé. VERDADERO (y falso)

Muchas de las valoraciones que realizamos los pediatras en relación al desarrollo neurológico precisan solamente de una observación indirecta, tranquila y minuciosa de la actitud y comportamiento de los niños, sin que sea necesaria una exploración exhaustiva en cada visita. Además de esta mera observación, cuando algo nos llama la atención, será necesario tocar y explorar al bebé, por ejemplo, si necesitamos ver la fuerza o el tono de los músculos que tiene o valorar cómo son los reflejos primitivos.

3. Los niños nacidos prematuros tardan más en realizar los hitos del desarrollo. FALSO

Los bebés prematuros llegan a los hitos del desarrollo a la misma edad que los bebés que no son prematuros si tenemos en cuenta su edad gestacional corregida. Es decir, realizarán esos hitos cuando les toca, lo que implica más tiempo desde que nacieron, pero porque nacieron antes de tiempo. Esto quiere decir que, por ejemplo, un niño prematuro de 32 semanas (unos 7 meses de embarazo), a los 2 meses de vida desde el nacimiento, en realidad es como si acabara de nacer para un bebé a término, por lo que cabe esperar que con estos dos meses realice los hitos del desarrollo de un recién nacido no prematuro y no los de un bebé de 2 meses de edad.

4. Si mi bebé no sostiene bien la cabeza con 3 meses debo consultar con el pediatra. VERDADERO

Se considera que todos los niños a esta edad deben tener un buen sostén cefálico, es decir, que cuando están erguidos no precisan de ayuda para mantener la cabeza en línea con el eje del cuerpo. El hecho de que no esté presente a esta edad nos puede indicar la existencia de algún problema, como la hipotonía, y requieren valoración especializada e inicio de tratamiento precoz.

5. Es normal que el bebé mantenga las manos cerradas en los primeros 3 meses de vida y reaccione cerrando el puño cuando algo se le acerca a la mano. VERDADERO

Esto se conoce como reflejo de presión palmar y está presente en todos los niños al nacimiento, pero debe desaparecer durante los primeros meses de vida, en general en torno a los 3 meses.  Su persistencia se considera un signo de alarma que puede indicar hipertonía, muy característico de los niños con Parálisis Cerebral Infantil (PCI). Además, hacia los 5-6 meses deben ser capaces de coger cosas de forma voluntaria, es decir, agarrar objetos que tienen a su alcance, como por ejemplo un mordedor que se les ofrece.

6. Todos los bebés balbucean a los 6 meses. FALSO

El inicio del balbuceo no imitativo con sonidos de vocales suele producirse hacia los 3-4 meses de edad. Un poco más tarde, a partir de los 6-7 meses inician el balbuceo imitativo (repiten lo que dice su papá o su mamá, como por ejemplo pa-pa-pa o ma-ma-ma-ma). La ausencia de este parloteo imitativo a los 12 meses de edad se considera un signo de alarma en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje.

7. La mayor parte de los bebés consiguen mantenerse sentados de forma estable a la edad de 7 meses. VERDADERO

La sedestación pasiva, es decir, que un bebé se mantengan estable al colocarlo sentado suele estar presente hacia los 6-7 meses. Este hito del desarrollo resulta muy útil, por ejemplo, para que empiecen a alimentarse con trozos por ellos mismos. Algunos niños podrían tardar algo más en mantenerse sentados, considerando como signo de alerta que no lo hagan a la edad de 9 meses. La sedestación activa, cuando el bebé consigue ponerse sentado por sí mismo, ocurre más adelante, hacia los 9-10 meses, generalmente desde una postura de boca abajo a sentado.

8. Si mi pediatra dice que todo es normal sin valorar bien a mi bebé, pero yo veo que algo no va bien debo esperar. FALSO

Cuando un padre manifiesta que le preocupa algún aspecto del desarrollo neurológico de su bebé es importante que el pediatra realice una exploración minuciosa y que los padres confíen en las conclusiones de esa valoración. Sin embargo, ante la ausencia de esa valoración minuciosa y, sobre todo, si ésta no se ha realizado, nunca está de más buscar un profesional que pueda valorar a vuestro hijo (otro pediatra, un neuropediatra, un fisioterapeuta infantil o un logopeda infantil según sea el motivo de consulta que nos preocupe).

9. Puedo saber si mi hijo va a ser diestro o zurdo antes de los 2 años de edad. FALSO

Hasta los 2 años de edad el cerebro no empieza a tener una preferencia en el uso de una mano u otra. A partir de aquí se puede empezar a intuir qué mano utiliza un niño con más destreza, pero no será hasta los 5 años cuando realmente se defina sin son diestros o zurdos. Si desde los primeros meses de vida observáis que vuestro bebé usa preferentemente una de las manos debéis consultar sin demora con el pediatra.

10. Todos los bebés gatean antes de empezar a caminar. FALSO

Aunque la realidad es que la mayoría de los niños gatean -o realizan algún equivalente, como el arrastre- hasta el 18% de los niños son capaces de saltarse la etapa de gateo y pasar directamente a la bipedestación y marcha liberada, es decir, ponerse de pie y echar a andar. Esta bipedestación normalmente aparece hacia los 12 meses de edad.

11. Es normal que el bebé llore cuando se queda con personas que no conoce a partir de cierta edad. VERDADERO

Esto se conoce como ansiedad de separación y se produce porque el bebé reconoce cuál es su figura de apego y se muestra en desacuerdo con el hecho de separarse de ella. Si a partir de los 9-12 meses no aparece este tipo de respuesta cuando la figura de apego desaparece, por ejemplo, cuando un niño de esta edad muestra indiferencia cuando su madre o su padre le dejan a cargo con una persona ajena al entorno familiar o con un cuidador con el que el bebé todavía no está familiarizado, se considera un signo de alarma en el desarrollo de la esfera social y afectiva. En estos niños es importante valorar otros aspectos en esta esfera del desarrollo como son el interés en el entorno y en las personas que rodean al niño, la fijación de la mirada con el adulto cuando le habla, la respuesta a su nombre o la ausencia de juego simbólico a los 3 años de edad. Todos estos son signos que si aparecen podrían sugerir la existencia de un Trastorno del Espectro Autista (TEA).

12. Cuando existe alguna alteración en el desarrollo psicomotor infantil, lo más importante para mejorar el pronóstico es realizar atención temprana, sea cual sea la esfera del desarrollo afectada. VERDADERO

Y este es el mensaje con el que de verdad queremos que os quedéis tras leer este post. La mayoría de los niños con factores de riesgo de presentar un retraso psicomotor, es decir, aquellos niños en los que por sus condiciones es esperable que presenten cierto grado de retraso psicomotor, por ejemplo, los recién nacidos prematuros, los que presentan lesiones cerebrales, los niños con diagnóstico de enfermedades genéticas o metabólicas, suelen iniciar apoyo y seguimiento muy estrecho desde el diagnóstico de su enfermedad, incluso desde el mismo nacimiento. Se sabe que el pronóstico neurológico de estos niños mejora cuanto más precoz sea el tratamiento rehabilitador con estimulación, fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, y que lo realizan de forma exquisita en los Centros de Atención Temprana.

El problema aparece cuando, a pesar de no tener un diagnóstico previo, un niño cualquiera comienza a presentar signos de alerta, como los que os acabamos de contar en este post. Esos signos de alarma deben poner en alerta a los pediatras, pero también a los padres, ya que es muy importante detectarlos de forma precoz para empezar a estudiar el origen de esa alteración, pero también a intervenir con tratamiento en Atención Temprana, con el objetivo principal de minimizar las secuelas y conseguir el mejor pronóstico neurológico posible para la vida futura de estos niños, incluso aunque todavía no se haya puesto nombre a lo que le pasa al niño.


En definitiva, en estas líneas hemos intentado resumir cuáles son los puntos del desarrollo neurológico de los bebés que a nuestro parecer son útiles que los padres conozcan, aunque somos conscientes de que nos dejamos muchas cosas en el tintero. Sinceramente, creemos que es mejor que los padres conozcáis cuales son los signos de alerta que deben hacer saltar las alarmas, más que que tengáis pegada en la nevera una lista con cosas que vuestro hijo debe hacer a tal edad y que, muy probablemente, no cumplan con los tiempos establecidos.

Si os ha interesado el tema del neurodesarollo infantil, os recomendamos otras dos entradas que tenemos escritas y que abordan el desarrollo del lenguaje y de la marcha en los niños, que completan muy bien mucha de la información respecto a este apasionante mundo del neurodesarrollo.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Y ya por último, os animaos a ver este directo de Instagram en el que participó Elena junto a Belén, fisioterapeuta de Little by Little (seguro que ya la conocéis por su perfil @littlebylittlefisioterapia) en el que abordaron el tema del desarrollo psicomotor.

 

¿Pueden las recién nacidas tener la menstruación?

pañal con sangre

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Hace unos días vino a mi consulta una recién nacida de cinco días de vida para su primera revisión. La mayor preocupación que tenía la madre es que había notado desde hace un par de días unas manchas rojas en el pañal.

Confiado de mí, le dije que seguramente eran uratos amorfos, unos cristalitos de color rojo anaranjado que están presentes en la orina de muchos bebés y que tiñen el pañal de ese color. Sin embargo, al abrir el pañal para explorarla, me encontré con algo completamente diferente. Lo que allí había era sangre roja, sangre fresca como la que veis en la foto que abre este post. Por lo demás, la niña estaba estupendamente y no tenía ninguna lesión a ese nivel.

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¿Desde cuándo pueden los niños usar almohada?

Almohada

Fuente: Pixabay

Una de las recomendaciones que más se repite cuando se da alta a un recién nacido del hospital es que debe dormir boca arriba y alejado de objetos que estén sueltos cerca de él, como por ejemplo una almohada, un peluche o unos cojines. Esta recomendación no es un capricho de los pediatras, si no que responde a las recomendaciones internacionales para prevenir la muerte súbita del lactante. Cuando los padres y las madres reciben esta información, la aceptan -y comprenden- de buen grado, pero llega un momento en el que, a medida que sus hijos crecen, se plantean cuándo les podrán ofrecer una almohada para que sus pequeñas cabecitas duerman sobre ella, al igual que hacen ellos. No en vano, la gran mayoría de los adultos la usamos para el descanso nocturno. La gran pregunta sería entonces cuándo pasan los niños de dormir sin almohada a dormir con ella.

En este post encontraréis recomendaciones sobre cuándo pueden los niños empezar a usar almohada y cuáles son los materiales ideales para ello.

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