Archivo de julio, 2020

Balanitis: “A mi hijo le pica el pene”

Hace unos días publicamos una entrada sobre la vulvovaginitis, una enfermedad muy frecuente en las niñas antes de la pubertad y que en muchos casos se manifiesta con picor en el área genital o al hacer pis. Esta enfermedad tiene su equivalente en niños, con alguna que otra característica especial, y lleva por nombre balanitis. Como sucede en las niñas, se manifiesta como escozor al orinar junto con eritema/inflamación de la parte más distal del pene -el glande-, por lo que no es raro que los niños se quejen al grito de “¡¡Papááá, me escuece al hacer pis!!”.

En este post te contamos en qué consiste la balanitis y como podéis prevenirla y tratarla.

La anatomía del pene

Antes de meternos en faena merece la pena recordar cuál es la anatomía del pene ya que si la entendemos nos resultará muy sencillo deducir por qué se produce esta enfermedad y cómo podemos prevenirla.

Básicamente el pene se compone de tres partes: 1) el cuerpo, que es la parte que está pegada al pubis; 2) el glande, que es la punta del pene; y 3) el prepucio, la piel retráctil que forma un repliegue y cubre el glande. Me he tomado la libertad de no poner un dibujo explicativo, pero si sentís curiosidad podéis buscarlo en Google.

El caso es que al nacer, en la gran mayoría de niños, el prepucio es estrecho y no permite que al retraerlo el glande quede expuesto. O lo que es lo mismo, casi todos los recién nacidos nacen con cierto grado de fimosis, la cual es fisiológica y desaparece con el tiempo sin hacer nada. Además, también es frecuente que el prepucio se encuentre adherido al glande, aunque no exista fimosis, lo que tampoco permite que este sea retraído en su totalidad sin forzarlo.

Tanto la fimosis fisiológica de los niños pequeños como las adherencias prepuciales son clave a la hora de que un niño desarrolle una balanitis, pero también lo es el hecho frecuente de que a muchos padres y madres les da “cosa” tocar dicho apéndice corporal de su hijo pequeño, cuya finalidad es mantenerlo limpio y aseado. En aquellos niños que han sido circuncidados la balanitis casi no existe, precisamente porque limpiar la zona es más sencillo y el glande ya está expuesto al aire.

NOTA: antes de seguir, aclarar que no es necesario dar ningún “tirón” al prepucio de ningún niño para solucionar una fimosis. Esto ya se explicó en un post sobre la fimosis que os hemos dejado enlazado más arriba.

¿Qué es una balanitis?

Pero vamos a lo que vamos. Una balanitis es la inflamación del glande y la piel que lo cubre (el prepucio). De hecho, “bálano” proviene del griego “bellota”, forma que aparenta a simple vista la cabeza del pene. Si a eso le añades “-itis” que significa inflamación, pues ya está todo explicado. Así de simples somos los médicos.

Es una enfermedad muy frecuente en niños pequeños no circuncidados y representa el problema urológico más frecuente de la infancia. Sobre todo ocurre entre los dos y los cinco años y, como veremos posteriormente, suele deberse a una falta de higiene de la zona.

Inflamación vs. Infección

La inmensa mayoría de las balanitis tienen un origen infeccioso por sobrecrecimiento de las bacterias que habitualmente tenemos en la piel. El glande de un niño casi nunca está expuesto “al aire”, sobre todo cuando todavía tiene adherencias o fimosis, lo que hace que ese repliegue de piel sea difícil de limpiar y acumule células muertas y demás detritus (basura en lenguaje médico), los cuales ya de por sí pueden generar inflamación. Además, esto supone un caldo de cultivo perfecto para las bacterias a las que hacíamos referencia.

Pero no solo los niños con fimosis o adherencias padecen balanitis. Si el prepucio de un niño se retrae con facilidad, pero no limpiamos la zona de manera habitual, volvemos a encontrarnos con la situación ideal para que se produzca una balanitis.

¿Qué síntomas produce una balanitis?

Los síntomas de una balanitis son muy fáciles de deducir si nos imaginamos la punta del pene de un niño inflamada.

Por un lado se pondrá roja y a la exploración los médicos observaremos que presenta eritema y, en muchos casos, apreciaremos la salida de un exudado (como si fuera pus) desde el prepucio. Esto último no es lo más frecuente, pero se acaba observando en los estadíos más avanzados de la enfermedad.

Y por el otro, como sucedía con las niñas en las vulvovaginitis, no es plato de buen gusto hacer pis si el glande está inflamado. Por este motivo es frecuente que se quejen al orinar (disuria). Sin embargo, este síntoma no debe hacernos pensar que sí o sí el niño tiene una infección de orina, ya que en estos casos la exploración del pene no muestra alteraciones (no está inflamado).

¿Cómo se trata una balanitis?

Aunque en esta enfermedad intervienen bacterias, la gran mayoría de las casos se resuelven con una adecuada higiene local y lavados con suero fisiológico. Estos lavados lo que buscan es limpiar el espacio interior que se forma entre el glande y el prepucio para retirar los detritus que antes hemos mencionado.

En ocasiones, cuando la inflamación es muy importante, puede aplicarse una crema con corticoides bajo prescripción médica. Los corticoides son un potente antiinflamatorio que en estos casos pueden ser de gran ayuda. Su aplicación debe realizarse “por dentro”, es decir, se retrae de forma suave el prepucio sin forzarlo y se aplica la crema allí donde hay inflamación.

Con estas dos medidas suele ser suficiente para que se resuelva una balanitis. En el caso de que se observara mucho exudado o que no mejoraran con las medidas higiénicas habría que valorar asociar un antibiótico tópico.

¿Cómo limpiar el pene de un niño?

Llegados a este punto, muchos os habréis dado cuenta de que la higiene adecuada y regular del pene de vuestros hijos es fundamental para evitar que se produzca una balanitis, y así es.

Para ello, es muy conveniente que cada pocos días retraigáis SIN FORZAR el prepucio de vuestros hijos para lavarlo en el baño. En aquellos que no tengan fimosis el prepucio bajará hasta el final exponiendo la “bellota”; si el niño todavía es pequeño lo podéis limpiar vosotros y si ya tiene cierta autonomía lo puede hacer él bajo vuestra supervisión.

Lo que debéis evitar a toda costa es forzar la bajada del prepucio cuando un niño tiene adherencias o fimosis. Esa tracción excesiva puede ser la causante de la propia inflamación que se produce en una balanitis.

Por otro lado, que un niño tenga fimosis (y por tanto mayor propensión a tener balanitis) no justifica que haya que circuncidarle de manera preventiva. Esta técnica quirúrgica que elimina el prepucio se reserva para aquellos niños que mantienen la fimosis hacia los tres o cuatro años y en aquellos que presentan balanitis de forma muy frecuente a pesar de una higiene adecuada.

Balanitis en niños mayores

Debido a la poca autonomía que tienen los niños pequeños, la balanitis es frecuente en estas edades. Cuando aparece en niños mayores, hay que pensar que algo está ocurriendo.

Lo más habitual es que se deba a que al niño se le olvida limpiarse la zona cuando va al baño o cuando se ducha, así que no está de más que se lo recordéis de vez en cuando o preguntéis si lo han hecho.

Sin embargo, no debemos perder de vista que en niños mayores también es habitual que el pene se inflame por masturbación muy frecuente. La gran mayoría lo negará por pudor, como es lógico, pero el mero hecho de preguntárselo y explicarles que eso puede ser debido a que se estén tocando todo el rato, es más que suficiente para poner fin al problema.

Por último, mencionar que la balanitis puede ser la manifestación de un caso de abuso sexual/malos tratos, sobre todo en aquellos casos en los que la historia que cuenta el niño no acaba de encajar.


En resumen, la balanitis es la inflamación del glande y del prepucio. Es habitual en niños pequeños no circuncidados y, en general, se debe a la falta de higiene de la zona. La inflamación local y las molestias al orinar son los síntomas más frecuentes. Cuando aparece, suele ser suficiente realizar el lavado de la zona con suero fisiológico y vigilar la evolución.

NOTA: os habréis fijado que hemos elegido para el título del post la palabra “pene”, pero podríamos haber usado otros muchos sinónimos. Como sucede con los genitales externos de las niñas, la imaginación de los padres y la madres no tiene límites para dar nombre a esta zona corporal. Os dejamos algunos ejemplos que hemos oído en consulta en más de una ocasión y que el gran Leonardo Dantes recogió en uno de sus éxitos “El miembro viril”: colita, bellota, chorra, falo, verga, banano, minga, pececillo, picha… ¡Pero qué rico es el castellano!

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Bibliografía:

Vulvovaginitis: “A mi hija le pica la vulva”

“¡¡Mamáááá!! Me escuece al hacer pis….” ¿Cuántas de vosotras habéis oído esta frase de boca de vuestras hijas? Seguro que muchas. No en vano, este es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría en niñas en edad preescolar y escolar. Pero a diferencia de lo que muchas madres piensan, no siempre es debido a una infección de orina, sino que se trata de una vulvovaginitis: una irritación local de la zona genital.

En este post te contamos en qué consiste una vulvovaginitis, como prevenirla y como tratarla.

¿En qué consiste una vulvovaginitis?

Una vulvovaginitis se caracteriza por la inflamación local de los genitales externos femeninos, tanto de la vulva como de la zona más externa de la vagina.

Como sabréis, la vagina es una zona del cuerpo que está colonizada por bacterias que se mantienen en equilibrio con nuestro cuerpo. Sin embargo, ese equilibrio puede romperse al contaminarse con bacterias procedentes de la zona anal (bacterias provenientes del tubo digestivo) o de las vías respiratoria. En estos casos se produce la vulvovagintis con los síntomas que veremos más adelante.

Esta enfermedad es el problema ginecológico más frecuentes en niñas antes de la pubertad, sobre todo entre los 2 y los 7 años, y no es raro que casi todas las niñas hayan padecido algún proceso de este tipo antes de llegar a la adolescencia.

¿Cuáles son los síntomas típicos?

Los síntomas de una vulvovaginitis son fáciles de deducir si os hacéis la imagen mental de unos genitales femeninos inflamados.

Por un lado, a la inspección observaremos la zona más externa de la vagina (conocida como introito vulvar) eritematosa. Esa zona enrojecida puede extenderse hacia los labios menores y mayores, dependiendo del grado de afectación.

Además, si la vagina está muy afectada, puede aumentar la cantidad de flujo y, en muchos casos, volverse maloliente.

Como os podéis imaginar, hacer pis con esa zona inflamada no es plato de buen gusto, por lo que es muy frecuente que se asocie a escozor o sensación de quemazón al ir al baño, porque al fin y al cabo es como orinar sobre una herida o sobre la piel “en carne viva”.

Sin embargo, este último síntoma al que los pediatras llamamos “disuria” (dolor al orinar) no debe confundirnos y hacernos pensar que la niña sí o sí tiene una infección de orina, en la cual no aparece irritación de la zona genital y, además del escozor al hacer pis, las niñas suelen presentar otros síntomas como “nicturia” (ganas de orinar por la noche) y “poliaquiuria” (ganas de orinar con mucha frecuencia). Además de estos síntomas a los que llamamos en conjunto “síndrome miccional”, es frecuente la aparición de fiebre en el caso de una infección de orina y que NUNCA esta presente en el caso de una vulvovaginitis.

¿Qué provoca una vulvovaginitis?

Como decíamos, la gran mayoría de las vulvovaginitis se producen por la contaminación de la zona por bacterias que no deberían estar ahí, sin que haya una en concreto que sea la responsable, sino que suelen ser varias a la vez. De hecho, en la mayoría de los casos no hace falta recoger ninguna muestra para llegar a un diagnóstico.

Si os estáis preguntando cómo acaban las bacterias del tubo digestivo y de las vías respiratorias en los genitales de vuestras hijas basta con echarle un poco de imaginación. Porque, por muy limpia y pulcra que sea la niña, no olvidemos que esta enfermedad se produce frecuentemente por debajo de los 7 años, y con esa edad todavía no son autónomas al 100%. Es frecuente que sigan tocándolo todo (incluida su nariz), no se laven las manos antes de ir al baño (y después) y se limpien rápido y mal (de atrás a delante) cuando hacen caca o pis. ¿Entendéis ahora cómo llegan esas bacterias ahí, no?

De todas formas, hay una serie de factores que propician que sean las niñas pequeñas las más afectadas por esta enfermedad y no las mujeres mayores:

  • La mucosa que envuelve la vagina antes de la pubertad está atrófica debido a la falta de hormonas femeninas. Esto produce que se defienda peor ante agresiones externas como las que se producen en una vulvovaginitis.
  • Además, el pH de dicha cavidad es alcalino, lo que también contribuye a una pobre defensa contra las infecciones locales.
  • Los genitales externos no están desarrollados antes de la pubertad (labios menores y mayores pequeños, ausencia de vello púbico…), lo que priva a la vagina de una protección anatómica que se desarrolla posteriormente.
  • En las niñas, el ano está muy cerca de la entrada de la vagina, otro factor que contribuye al paso de bacterias del tubo digestivo a esta zona y que se “modifica” con el crecimiento.
  • El empleo de jabones con perfume o irritantes puede ser el desencadenante inicial de una vulvovaginitis.
  • El empleo de ropa interior ajustada o que no transpira aumenta la humedad en la zona. Esto también puede ocurrir cuando no se cambia el bañador después de un baño y se deja mojado en contacto con los genitales de la niña durante mucho tiempo.

En los casos en los que el cuadro clínico no encaja del todo con una vulvovaginitis o no se soluciona al aplicar unas medidas estándar, habrá que sospechar otras causas menos frecuentes de vulvovaginitis, como por ejemplo que la niña se masturbe de forma reiterada(sí, las niñas de esta edad pueden hacerlo y muchas lo hacen…), la introducción de un cuerpo extraño en la vagina, las lombrices o los malos tratos/abusos sexuales.

¿Cómo se trata una vulvovaginitis?

A pesar de lo que muchas podéis pensar, aunque una vulvovaginitis es una enfermedad en la que “intervienen bacterias”, rarísima vez hace falta recurrir a un tratamiento antibiótico (ya sea tópico u oral). En la mayoría de los casos basta con aplicar una serie de medidas de higiene para solucionar el problema.

  • Los lavados con suero fisiológico o con soluciones antisépticas dos o tres veces al día son el tratamiento estandar. También podéis emplear un jabón de “higiene intima” ya que están formulados para ofrecer una protección extra a la zona genital (ya sea de una niña o una adulta).
  • Evitar irritantes locales, como la limpieza de la zona con jabones con perfume o la ropa ajustada. Suele ser muy efectivo que las niñas usen braguitas de algodón, ya que es el tejido que más transpira. Si además estamos en verano, habrá que cambiar el bañador de la niñas después de un chapuzón en la piscina para no empeorar la situación.
  • También debemos recordar a las niñas que deben lavarse las manos antes y después de acudir al baño y que deben limpiarse de delante hacia atrás. En muchos casos y hasta que nos hayamos asegurado de que lo hacen correctamente, debemos supervisarlas de forma directa.
  • Para aquellas niñas que todavía usan pañal y que tienen la zona genital muy irritada es conveniente usar una crema estilo “pasta al agua” (las que son blancas y muy espesas) para aislar la zona. Si además contienen zinc o cobre, esto ayudará a que las lesiones de la piel se sequen antes.

En el caso de que con estas medidas no mejoren, debéis consultar con vuestro pediatra para que valore la posibilidad de que se trate de una vulvovaginitis por un germen concreto y no el crecimiento de una flora mixta. En estos casos sí que está justificado el tratamiento antibiótico dirigido.


Como habéis podido leer, la vulvovaginitis es una enfermedad frecuente durante la infancia de las niñas y antes de la pubertad. Se presenta con síntomas locales como el escozor al hacer pis o irritación de la zona. En la mayoría de los casos se resuelve extremando las medidas de higiene y utilizando algún antiséptico o jabón de higiene intima. En el caso de que no mejoren al cabo de unos días o se acompañen de otros síntomas como la fiebre debéis consultar con el pediatra.

NOTA: En todos los años que llevo de pediatra he realizado cientos de consultas de este tipo y todavía no dejo de sorprenderme con los nombres que los padres y madres ponéis a los los genitales de las niñas. Os dejo por aquí unos ejemplos por si no se os ocurren y preferís utilizar otro nombre diferente a vulva: chichi, toto, pepote, culo de delante, la rajita, chumino, almejita, parrús, … ¡Qué rico es el lenguaje castellano! Desde aquí agradecemos la colaboración de nuestra amiga Verónica Bernabeu en la elección del título de este post y al reserch sobre los diferentes nombres que se le adjudican a los genitales externos de una niña.

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Bibliografía:

A mi hija le ha empezado a crecer el pecho

Muchas madres consultan aterradas al pediatra cuando a sus hijas les comienza a crecer el pecho, sobre todo cuando esto ocurre antes de lo que ellas esperaban y piensan que es “demasiado pronto”. No en vano, el desarrollo de las mamas es el primer signo del inicio de la pubertad en las niñas y tras este primer cambio sucederán otros que desembocarán de forma inevitable en la primera menstruación.

El inicio del desarrollo de las mamas es un tema al que prestamos mucha atención los pediatras ya que cuando se produce a una edad “adecuada” se considera algo normal, es decir, podemos prever que el desarrollo puberal de la niña ocurrirá dentro de unos límites temporales que consideramos normales. Sin embargo, cuando se adelanta respecto a lo que consideramos “normal”, debemos investigar qué está pasando para descartar una serie de enfermedades que pueden dar lugar a esta situación.

En este post os explicamos en qué momento consideramos normal que comience el desarrollo de las mamas como primer signo de pubertad en las niñas, además de repasar conceptos sobre la pubertad precoz y sus implicaciones.

¿Por qué se desarrollan las mamas?

La glándula mamaria está presente tanto en niñas como en niños desde el nacimiento; sin embargo, durante toda la etapa infantil y hasta el inicio de la pubertad esta glándula no está desarrollada, lo que da lugar a la imagen que todos tenemos en mente de una niña pequeña sin pecho.

Para que las mamas se desarrollen hacen falta estrógenos, es decir, hormonas femeninas. Cuando estas aparecen, las niña empieza a desarrollar el pecho, fenómeno al que nos referimos de forma técnica como “telarquia”. Como os podéis imaginar no es lo mismo que esto ocurra en una niña de cuatro años, que en una niña de once o, incluso, en un niño. Lo que hay que tener claro es que si hay desarrollo mamario se están secretando hormonas femeninas y por tanto habrá que discernir si esto se debe a un proceso madurativo normal (la pubertad) o no.

El desarrollo “normal” de las mamas

La pubertad es un proceso complejo durante el cual se producen una serie de cambios físicos con los que una niña pequeña desarrolla su potencial reproductivo, desarrolla los caracteres sexuales secundarios (mamas, vello púbico, genitales externos…) y crece hasta alcanzar la talla adulta; un proceso “normal” por el que antes o después todas las mujeres deben pasar. Este periodo suele acompañarse de cambios psicológicos y emocionales a los que los padres soléis tener incluso más miedo que a los cambios físicos.

El primer signo de pubertad en las niñas se corresponde con el inicio del desarrollo mamario, lo que normalmente ocurre entre los ocho y los trece años de edad, aunque lo más habitual es que ocurra entre los diez años y medio y los once. Al observar que una niña empieza a desarrollar el pecho podríamos afirmar que se ha puesto en marcha la “máquina” hormonal que dará lugar a los cambios a los que antes hacía referencia.

El inicio del desarrollo mamario se nota como un “botón” o bulto por debajo del pezón, en ocasiones doloroso, o mejor dicho, con un aumento de sensibilidad. Este hecho habría que diferenciarlo del falso aumento de pecho que se ve con frecuencia en niñas con sobrepeso y obesidad, ya que en este caso lo que da apariencia de mama es tejido graso y no un aumento real de esta glándula.

Tras el inicio del desarrollo del pecho aparecen de forma progresiva el resto de caracteres sexuales secundarios (como el vello en el pubis) y se incrementa la velocidad de crecimiento. De forma técnica, cuando aparece la “telarquia” puberal, los pediatras decimos que la niña ha pasado de estadío Tanner I a Tanner II, una clasificación que utilizamos para referirnos a en qué momento del desarrollo puberal están los niños. Os dejo una foto aquí abajo para que la conozcáis.

Estadíos de Tanner: el inicio de la pubertad en las niñas lo marca el inicio del desarrollo del pecho mientras que en los niños lo hace el aumento de tamaño testicular.

Del inicio del desarrollo del pecho a la primera menstruación

La ciencia, la observación y la estadística nos ha permitido saber que al cabo de unos dos años desde el inicio del desarrollo mamario acontece la primera menstruación (“menarquia” por su nombre técnico) que en general ocurre cuando las niñas están en estadío IV de Tanner.

Por tanto, si dijimos que es normal que el pecho se empiece a desarrollar entre los ocho y los trece años, también consideraremos normal que la primera menstruación ocurra entre los diez y los quince años, aunque lo habitual es que se produzca entre los doce y trece años.

Seguramente a muchas os parecerá que tener la primera menstruación a los diez años es muy pronto (al fin y al cabo, una niña de diez años está en 5º de primaria), pero desde el punto de vista médico es normal y no constituye ningún tipo de enfermedad, ya que estas niñas alcanzarán su talla diana al acabar la pubertad (la talla que les toca por la carga genética de sus padres) si no hay otros factores externos que lo impidan.

Otro dato importante que es interesante conocer es que el inicio de la pubertad está influido hasta en un 70% por la genética de los padres. Es decir, es habitual que las madres y padres que “desarrollaron pronto” tengan hijos que lo hagan más o menos a la misma edad, para que estéis prevenidos…

Sin embargo, consideramos que una niña tiene una pubertad precoz cuando inicia el desarrollo de las mamas antes de los ocho años. En estos casos debéis consultar con el pediatra para que valore qué puede estar ocurriendo.

¿Qué es la pubertad precoz?

Habíamos dicho que lo normal es que el inicio de la pubertad en las niñas ocurra entre los ocho y los trece años. Este límite es meramente estadístico, ya que hace referencia a que el 95% de las mujeres inicia la pubertad dentro de esos límites etarios. Por el contrario, cuando una niña inicia el desarrollo del pecho (y por tanto la pubertad) por debajo de los ocho años nos referimos a esta situación como pubertad precoz.

Limites de la pubertad “normal”; como se puede ver es un concepto estadístico. Extraído de Marshall, WA, Tanner, JM. Arch Dis Child. 1969; 44: 291

Iniciar el desarrollo del pecho antes de los ocho años, y por tanto la pubertad, puede dar lugar a una talla baja en la edad adulta (al haber tenido menos tiempo para crecer siendo niña), además de tener consecuencias a nivel psicológico como rechazo de la propia imagen al no aceptar los cambios que suceden en los meses siguientes, tendencia al aislamiento social y la depresión. Por ello, toda niña que inicia el desarrollo antes de los ocho años debe ser derivada de forma preferente al endocrino pediátrico para que evalúe la necesidad de frenar la pubertad hasta que la niña entre en una edad que se considera normal.

Las causas que pueden dar lugar a una pubertad precoz son muchas (aunque raras) y no vamos a entrar a describir todas ellas; solo mencionaremos lo que se conoce como “pubertad precoz idiopática”, aquella que se produce por una activación del eje hormonal que inicia la pubertad antes de lo debido sin una causa clara y que a menudo se observa en niñas adoptadas y en aquellas que sufren obesidad. El resto de pubertades precoces pueden ser debidas a síndromes raros, tumores y una larga lista que no merece la pena enumerar… Dependiendo de la enfermedad por la que se ha producido el inicio de la pubertad, el tratamiento será uno u otro.

Desarrollo de las mamas a destiempo que no se considera patológico

Antes de acabar me gustaría mencionar dos situaciones habituales que no se consideran patológicas y que tienen que ver con el desarrollo del pecho.

La primera de ellas es los recién nacidos. Es habitual que tanto niñas como niños nazcan con los pechos un poco desarrollados. Esta situación es normal y se produce por las hormonas femeninas de la madre que atravesaron la placenta durante el embarazo. A veces es tan exagerado que que hasta el bebé puede producir leche. Lo habitual es que desparezcan al cabo de unas semanas.

Y la segunda son los varones. El inicio de la pubertad en los niños lo marca el aumento del volumen testicular por encima de los 4 ml y se debe a las hormonas masculinas, los andrógenos, en general entre los nueve y los catorce años. Durante la pubertad de los niños es frecuente que también se desarrolle algo de pecho, ya que durante este periodo se produce una pequeña cantidad de hormonas femeninas (obviamente no tanto como en las niñas) pero es habitual que produzcan un botón mamario doloroso. Como decía, es una situación normal y que desaparece al acabar la pubertad.


En conclusión, el desarrollo de las mamas constituye el primer signo del inicio de la pubertad en las niñas. Este se considera normal cuando aparece después de los ocho años y precede en unos dos años a la primera menstruación. En el caso de que aparezca por debajo de esa edad debéis consultar con el pediatra para que evalúe a qué se puede deber ese adelantado.

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Bibliografía:

Los dientes no dan fiebre

No sabemos por qué, pero la gran mayoría de madres y padres piensan que la salida de los dientes de leche provoca fiebre. Quizá sea por la sabiduría popular o por todos esos consejos que heredamos de las abuelas, pero el “mi hijo tiene fiebre porque le están saliendo los dietes” lo escuchamos todos los días en la consultan. Sin embargo, esta asociación no la estudiamos en la carrera de medicina y, menos aún, nuestros maestros nos enseñaron que al avaluar a un niño pequeño con fiebre en Urgencias los dientes podían ser la causa de tal proceso.

Entonces, ¿quién tiene razón: los padres o los pediatras? ¿Realmente los dientes provocan fiebre o no es más que un mito arraigado en la cultura popular desde hace décadas? ¿Quizá es que los dientes son la excusa perfecta para que los padres no se preocupen en exceso por las fiebres de sus hijos cuando llegan los primeros catarros e infecciones? En este post destripamos la polémica….

¿Cuándo salen los dientes?

Los dientes de leche empiezan a salir en torno a los seis meses de edad, aunque en ocasiones esto se puede retrasar durante unos cuantos meses. De hecho, no es raro que muchos niños soplen las velas de su primer cumpleaños sin que sus sonrosadas encías muestren signo alguno de que vaya a salir un diente. Tenemos un post entero sobre cuándo salen los dientes y en qué orden que quizá quieras consultar.

Lo habitual es que hacia los tres años la dentición de leche haya salido por completo: un total de 20 dientes entre incisivos, caninos y molares. Por tanto, cada niño tendría 20 oportunidades para que con la salida de cada diente tuviera fiebre. Sin embargo, cuando consultas estudios científicos sobre este tema, esa supuesta asociación entre fiebre y dientes es habitual entre los 6 y 18 meses de edad, mientras que en los niños de mayor edad no se produce.

Por tanto, ¿por qué a los niños mayores no les produce fiebre? O mejor, ¿por qué nadie habla de la fiebre cuando salen los dientes definitivos? La verdad es que a mi me gusta ser crítico con este tipo de cosas y estas preguntas solo me llevan a pensar que lo de la fiebre y los más pequeños de la casa no tiene mucha razón de ser.

¿Qué pasa cuando sale un diente?

En más de una ocasión nos han preguntado por redes sociales que si los dientes al salir producen dolor. Y si somos justos tendríamos que decir que no lo sabemos. Para conocer si realmente producen dolor habría que preguntar a quien lo esta “sufiriendo” y como os podéis imaginar un niño que no alcanza ni los doce meses de edad poco o nada nos va contestar.

Sin embargo, muchos padres y madres cuentan que cuando a un niño le va a salir un diente le encuentran más irritable de lo habitual, babea mucho e incluso quiere morder cosas duras buscando consuelo de alguna forma. Es cierto que durante esos días las encías se ponen rojas, como inflamadas, y esa es la excusa que se ha utilizado para justificar lo de la fiebre y la salida de los dientes.

Todos sabemos que cuando un niño padece un proceso inflamatorio, como unas anginas, este suele ir asociado a fiebre. Y es que la fiebre es una manifestación habitual que se produce en diversos procesos inflamatorios, sobre todo los de origen infeccioso. De hecho, el sufijo -itis, tan frecuente en medicina, hace referencia a “inflamación”. De este modo otitis significa inflamación del oido, conjuntivitis inflamación de la conjuntiva o meningitis inflamación de las meninges… Como bien sabréis, todos estos procesos suelen ir acompañados de fiebre.

Sin embargo, hay otros procesos inflamatorios que no producen fiebre, como la reacción local que se produce después de que un niño se dé un golpe en la cabeza y le sale un chichón o que se rompa un brazo al caerse de la bici, tras una picadura de mosquito o, incluso, cuando se infecta una herida.

¿Y qué pasa entonces con los dientes? Es cierto que la salida de los dientes de leche produce cierta inflamación en las encías, pero hasta el momento no se ha logrado demostrar que esta sea lo suficientemente importante para justificar que pueda dar fiebre al crío.

“Pero es que a mi hijo cada vez que le sale un diente le da fiebre…”

Los pediatras definimos fiebre como la elevación de la temperatura corporal por encima de 38ºC. Entre los 37 y 37,9ºC nos referimos a ella como febrícula. Cuando buceas en los estudios que han intentado analizar la asociación entre la salida de los dientes y la fiebre, la mayoría concluye que “un pequeño porcentaje de padres” (menos del 30% en la mayoría de ellos) encuentra que a sus hijos les aparecen unas décimas, es decir, nunca por encima de 38ºC. Sin embargo, estos estudios se realizan a partir de encuestas en las que se pregunta a los padres lo que ellos notan mientras a sus hijos les salen los dientes sin que realmente se busque causalidad, es decir, que sin que esa elevación de la temperatura corporal está realmente provocada por la salida de los dientes y por tanto, podría tratarse de una asociación casual, es decir arbitraria.

A lo que si que estamos muy acostumbrados los pediatras es a niños que en su primer año escolar, cuando empiezan a juntarse con otros niños en la escuela infantil o en le colegio, se pillan una media de 10-12 procesos febriles banales como virus varios, gastroenteritis o catarros. Esta época del inicio de la etapa escolar de un niño coincide con la salida de los primeros dientes de leche por lo que, desde el punto de vista científico (de la causalidad), tendría mucho más sentido achacar la fiebre a los virus que a los dientes.

Lo que nos preocupa a los pediatras

Como pediatra tengo claro una cosa. Puede ser, porque no lo tengo seguro del todo, que los dientes den unas decimillas. Lo que es altamente improbable es que por la salida de los dientes un niño tenga más de 38ºC durante varios días. Por eso los pediatras solemos decir que “los dientes no provocan fiebre”, fiebre como la entendemos habitualmente, es decir un proceso de varios días de duración en el que el niño está más o menos afectado y la fiebre sube y baja sin parar.

Lo que nos preocupa a los pediatras cuando un niño tiene fiebre es que pueda estar padeciendo una infección grave (una neumonía, una infección de orina, una meningitis…). Infecciones en las que si no se pone un tratamiento a tiempo pueden tener graves consecuencias. En general, con una simple exploración física somos capaces de discernir si ese niño con fiebre tiene una infección leve o, por el contrario, requiere de alguna prueba que la confirme o lo descarte.

Como veis, nuestra labor al evaluar a un niño con fiebre se centra en establecer si al niño le pasa algo por lo que puede esperar o quizá es algo más grave. Y en esa lista imaginaria de posibles causas de la fiebre no suele figurar la salida de los dientes o, como mucho, está al final de la lista y siempre tras haber descartado el resto de posibles causas.

Como suelo decir a los padres y madres que atiendo cuando uno de sus hijos pequeños tiene fiebre, “vamos a descartar primero lo que es importante y si luego son los dientes, pues fenomenal”. Así que ya sabéis, si vuestro hijo tiene fiebre y esta dura más de 24-48 horas, presenta mal estado general o parecen signos de alarma (manchas en la piel, dificultad para respirar, vómitos….) debéis acudir al pediatra antes de quedaros en casa pensando a que todo ello se debe a los dientes.

Y si alguna vez algún pediatra os ha dicho que la fiebre de vuestro hijo es por los dientes, estoy seguro de que ha sido para tranquilizaros. Es más fácil esta explicación -aunque no sea verdad- para muchas familias que deciros que realmente no sabe a qué se debe la fiebre, pero que seguro que en unos días se le pasará sin mayores consecuencias que un par de días reguleros.


En conclusión, los dientes no producen fiebre y mucho menos procesos febriles con temperaturas por encima de los 38ºC y días de duración. En cualquier caso, si preferís pensar que a vuestros hijos sí que les da fiebre cuando les salen los dientes me parece estupendo, pero no dejéis de consultar con vuestro pediatra si veis que el niño no mejora rápido o, por el contrario, la cosa empeora con el paso de los días.

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Bilbliografia:

Martes EnFamilia con Dos Pediatras en Casa

Durante el mes de junio realizamos una serie de directos en Instagram junto a En Familia, la web de la Asociación Española de Pediatría escrita por pediatras y pensada para padres. Estos directos se encuadraron dentro de los eventos digitales que realizó esta asociación durante este mes y que podéis visitar en este link.

Por si os interesa os dejamos aquí estos directos que hemos subido a Youtube para que podáis verlos cuando queráis.

¿Influye la alimentación en la inmunidad de nuestros hijos?

¿Qué hacemos si nos hemos saltado alguna vacuna durante el confinamiento?

¿Cómo retomamos el seguimiento de la salud en la consulta pediátrica?

Como podéis ver en la descripción los videos de Youtube, estos directos han estado patrocinados por la Asociación Española de Pediatría, mientras que Nestlé, GSK y Pfizer respectivamente solo han colaborado en el soporte técnico de retransmisión de los videos.