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Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
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en iRegina, su réplica digital

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“Quiero un libro para construirme un submarino”

Tengo que evitar a toda costa las corrientes de aire, porque en una de estas se me van a congelar las facciones en una mueca de perpetuo asombro.

Si, queridos, algo parecido a esas muñecas hinchables o love dolls con la boca y los ojos muy, muy abiertos. A primera hora del sábado pasado entró en reginaexlibrislandia un caballero. Quería ver todo lo que tuviera relacionado con el Tibet y, de paso, con el Yeti. Mientras le acompañaba a la zona de viajes inició un monólogo que me dejó total y absolutamente petrificada. Héte aqui un fragmento:

“Soy católico, apostólico, romano y creo en los extraterrestres, señorita. Existen. Somos híbridos, los seres humanos somos híbridos. Dios todopoderoso creó a una primera generación de hombres que se unieron a distintos tipos de extraterrestres y de ahí las diferentes razas. ¿Ve? Chinos, negros o nosotros, nadie es mejor ni peor, simplemente diferentes Y esa diferencia viene por el tipo de extraterrestre y sus particularidades. Pero, eso si, todos vamos mal. Tenemos que rezar, rezar y rezar para dar gracias a Dios y ser más humildes, para poder ser tolerantes. Y en el fondo somos energía, si, bolas cargadas de energía. Por ejemplo, a mi todos los días a las 4 de la madrugada me despiertan cinco ánimas del purgatorio: veo sus bolas de luz en el techo de mi dormitorio. Están allí, pero vienen a despertarme, porque saben que rezo, rezo mucho señorita, todo el mundo debería rezar. Rezar y estudiar, seleccionar un área de conocimiento y no parar de investigar. Si no lo haces te vuelves loco. Por eso me he especializado en ovnis, en el Yeti y en las religiones tibetanas. Llevo veinte años leyendo sin parar. Y orando. Así que se mucho, pero no dejo que nadie lo sepa. Hay gente poderosa a la que no le interesa que sepamos, por eso tengo que ser discreto. ¡Mire! Me llevo este libro de montaña. Adiós, y rece”.

Recuerdo que tardé unos minutos en reaccionar. Me daba vueltas la cabeza, y sus palabras me zumbaron en el cerebro durante todo el día como si fueran un enjambre de abejas. Me lo imaginaba leyendo y absorbiendo información sin parar para consolidar los pilares de su universo espiritual.

El caso es que este sábado regresó, a la misma hora:

Él: Verá, quiero construirme un submarino y necesito un libro que explique cómo hacerlo.

R.E.: Me temo que no tengo nada.

Él: Vaya, es que no me lo puedo quitar de la cabeza.

R.E.: Podría leerse 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne. No es lo que busca, pero para ambientarse nada mejor que el capitán Nemo y su Nautilus.

Le di un ejemplar ilustrado y empezó a ojearlo. Parecía entusiasmado.

Si, si, sin duda esto es lo que buscaba, si. Me lo llevo. Por cierto, la semana que viene doy una conferencia sobre el Yeti aquí cerca. Venga si puede. Y rece. Adiós.

No fui capaz de verbalizar mi ‘adiós’. Me pregunto qué será lo próximo que quiera leer y si volverá.

Por cierto, ¿alguien conoce libros sobre cómo construir submarinos en casa?