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Unas páginas más de Murakami y me doy al running

En mi caso allí donde falla todo lo demás triunfa la literatura. O, al menos, le doy una oportunidad a lo que quiera que sea que se me tercie si media un libro. Por ejemplo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría sugerirme a bocajarro que me ponga a correr. Mi reacción, os lo digo desde ya, sería tan desproporcionada como cabría esperar de alguien que como yo tiene querencia al drama, bastante mala leche y un total y absoluto desinterés por el trote diario y civilizado. Ah, y una “Baby Jane” Hudson que saco a pasear cuando me plantean sandeces.

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

Pero si en lugar de soltarme semejante barrabasada tal cual apuntan a mi bibliofilia y utilizan algún ardid libresco me vuelvo tan dócil y permeable como una gatita mimosa. Y tengo pruebas.

Estaba yo mis quehaceres libreros en reginaexlibrislandia cuando uno de mis libreros se acercó con un Murakami en la mano:

Librero: Regina, ¿has visto este de tu amigo Haruki?

Regina: Mmm, sí, tiene ya sus añitos, pero no sé yo. Mira que es MURAKAMI, pero entre que no es ficción y que habla de correr me ha dado pereza, la verdad. A ver, de temática carreras y corredores leí algunos y muy buenos, la verdad: La soledad del corredor de fondo, de Allan Stiltone, La media distancia de Alejandro Gándara y, como no, El corredor de fondo de Patricia Nell Warre. Pero porque en esos pesa más la ficción y los personajes que el deporte como tal, que es un escenario en sí. En cambio hojeé el de Murakami y era como una bitácora personal de sus rutinas de runner, pues como que lo aparté. ¿Por?

Novelas de corredores

Novelas de corredores

Librero: Porque deberías leértelo. No te digo más.

Regina: ¿Sí?

Librero: Sí. Te lo dejo ahí por si te da y voy a sacar cartones.

Y se fué. Yo seguí a mis albaranes, pero cada dos por tres miraba de reojo el ejemplar de De qué hablo cuando hablo de correr. Y al final el nipón y mi librero me ganaron el pulso y en cuanto eché el cierre me puse con él. En apenas un par de horas me lo había ventilado y en lugar de volver a casa andando regresé al trote y meditando seriamente sobre la posibilidad de darme al running.  E incluso me planteaba establecerme rutinas diarias antes y después de reginaexlibrislandear. Ya podía verme a mi misma correteando ligera y disciplinada como la mejor versión de Jane Fonda, bebiendo menos café y sintiéndome más en armonía con el mundo más allá de mis anaqueles.

Lástima que apenas cincuenta metros más allá los calambres y el regustillo de mi pulmón en la garganta reventaron mi visión onírico-deportiva en mil pedazos. Pero, eso sí, durante aquel minuto glorioso Murakami logró inocularme el gusanillo del running a golpe de libro .

Y si eso, queridos, no demuestra el poder de la literatura que venga Bette Davis despojada de su Baby Jane Hudson y lo vea.

NOTA DE REGINA

De qué hablo... Murakami

De qué hablo… Murakami

Antes de leer De qué hablo cuando hablo de correr, me lo hubiera apostado todo a que cualquier libro sobre cualquier otra cosa me estimularía más que el diario de un corredor de maratones. Claro que con lo que no contaba era con que Haruki Murakami se pusiera manos a la obra. La técnica y la maestría son las de siempre, pero que los murakamiadictos no busquen en él el universo de sus novelas. Aquí el protagonista es un Haruki que en su treintena cierra el bar de jazz que regentaba, cambia totalmente el tercio vital y se centra en dos tareas tan complementarias como necesarias para su salud física y mental: escribir y hacerse corredor de fondo. Un librito tan memorable como cargado de sabiduría que te inocula las ganas de escribir y, para qué negarlo, hasta de calzarte y echar a correr.

 

  • Y vosotros, queridos, ¿os pasó algo parecido? ¿algún libro triunfó logrando que hicierais algo a lo que en condiciones normales hubierais puesto resistencia?
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“¿Tiene novelas sobre corredores?”

Qué cosas tiene esta Providencia Librera que me ampara, me fustiga y me guía por estos mares de letras, lomos y baldas.

Resulta que andaba yo correteando por reginaexlibrislandia para hacerle hueco a La media distancia, la novela de Alejandro Gándara, que Alfaguara reedita dieciocho años después de su publicación, cuando una señora de mediana edad me frenó en seco:

– Clienta: Buenos días

– Regina: Buenos días, ¿puedo ayudarla?

– C.: Igual sí, ¿tienes novelas sobre corredores?

– R.: ¡Uy, pues justo ésta que tengo en la mano!

– C.: ¿Cuál es?

– R.: La media distancia, de Alejandro Gándara. Me ha llegado esta mañana, porque aunque es de 1990 la acaban de reeditar…

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues la verdad es que yo solo llevo unas páginas, pero podemos echar un vistazo a la contraportada. A ver, escuche:

“Un corredor de 1.500 metros conocido como el Charro llega a Madrid procedente de Salamanca, fichado por un equipo de la capital, aunque sus días de triunfo parecen haber iniciado un lento declive. Su propia vida da la impresión de estar también bajando peldaños. Ante la mirada del narrador discurre el mundo de la España de los años 70, un tiempo a medio camino de todo, el del pasado del protagonista intentando explicarse o buscar algo de luz.”

– C.: Sí, algo así es lo que busco. Es para mi ahijado, que es un loco del correr, pero quiero que lea. Sé que tiene libros técnicos, pero quiero que lea novelas. ¿Y sabe de alguna más? – R.: Que yo conozca está La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe.

– C.: ¿Y está bien?

– R.: Es fabulosa, pero no es novela, son relatos cargados de denuncia y de realismo social, ambientados en la Inglaterra marginal de la segunda mitad del SXX. El primero, que es el que da título al libro, es una maravilla. Va de un adolescente rebelde que meten en un reformatorio por robar en una panadería. Una vez allí, le ofrecen la opción de redimirse a través del atletismo, de una carrera de fondo, pero es una forma de venderse al mismo sistema que lo excluye y lo margina. Es fabuloso.

– C.: ¿Y lo tiene aquí?

– R.: Sí, es éste.

– C.: Pues me llevo los dos.

Y se los llevó.

Si hubiera venido un día antes lo más seguro es que no hubiera podido ayudarla: aún no habría tenido ejemplares de la novela de Gándara en reginaexlibrislandia y fue justo al sacarlos de la caja cuando, de sopetón, recordé el librito de Sillitoe, que por cierto sí cuenta con una versión cinematográfica a su altura, filmada por Tony Richardson, en 1962.

Va el trailer de The Loneliness of the Long Distance Runner:

Y vosotros, queridos, ¿recordáis alguna novela protagonizada por corredores?

Como broche una cita de La media distancia, de Gándara, que, por cierto, me está encantando:

«Había vivido como había corrido, por la fuerza de la costumbre.»