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Reflexiones de una librera
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Si estás a dieta NO leas estas novelas

El leer y el salivar, todo es empezar… si das con la novelita adecuada, o si el autor destila entre líneas y a traición su pasión por la gastronomía. Os lo digo yo, que durante una convalecencia tuve la regia ocurrencia de pegarme un atracón de Pepe Carvalho.

(La Bride sur le cou 1961)

(La Bride sur le cou 1961)

Lo que empezó como un periodo de reposo aligerado con el gran Vázquez Montalbán acabó en un festival de capoeira extrema con mis sufridos custodios en plena madrugada. A ver, mi bibliofilia es débil, y si Carvalho se apañaba un Salmís de Pato a la 1am en La soledad del manager, ¡yo también! Y de postre unos callos ¡como no! Que con el tándem biblio-gastronómico Vázquez Montalbán – Carvalho rara es la página que no pasas sin salivar. Los que lo habéis leído sabéis de qué hablo, queridos. Aquellos que aún no estás carvalhizados ya estáis sobre aviso: mejor leer sus andanzas con la panza llena. Os lo digo yo, que aún hoy tengo a Carvalho alojado en mis cartucheras. Palabra de Regina ExLibris.

Pero ni Vázquez Montalbán es el único en aderezar sus tramas con despliegues gastronómicos ni fue esa la única vez que subestimé la capacidad de un libro para despertarme un apetito feroz en el mejor de los casos, y en el peor inocularme unos antojos de lo más extravagantes a golpe de línea. En concreto recuerdo tres: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, La casa de Lúculo de Julio Camba y Charlie y la Fábrica de Chocolate, de Roald Dahl.

Si en Como agua para Chocolate (Debolsillo) la protagonista destila su pasión amorosa insatisfecha en exquisiteces culinarias, en La casa del Lúculo (Reino de Cordelia) una de las plumas más brillantes e irreverentes del periodismo español articula uno de los mejores y más serios ensayos sobre gastronomía aderezado con humor a mansalva sin perder un ápice de rigor. Y para el postre un clásico para todos los paladares, Charlie y la fábrica de chocolate, donde Willy Wonka logra que llegues al punto y final con una diabetes libresca de escándalo.

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Y todo esto viene porque un reginaexlibrislandiano asiduo me llamó esta mañana para encomendarme una tarea que me dejó con la boca abierta:

Regina, necesito que me busques novelas relacionadas con la comida y con la cocina. Ya sabes, tipo Como agua para chocolate, pero no tan conocidas. Voy a montar un club de lectura temático para el verano. ¿Qué se te ocurre? Cinco o seis serán suficientes.

Así que aquí estoy, con la boca aún abierta y las tripas rugiéndome en dolby surround tras un rato de introspección regina bajo mi pelucón, pero con las seis afortunadas sobre mi escritorio. Abstenerse de hojearlas reginaexlibrislandianos a dieta:

1. Entre pólvora y canela. Eli Brown. Salamandra. Recién amarrada a reginaexlibrislandia estade maravilla biblioculinaria me ha tenido pegada al ejemplar de principio a fin. En ella los destinos de dos personajes antagónicos -una brava pirata y un cocinero viudo- se unen cuando la tripulación de la intrépida Hannah Mabbot secuestra a Owen Wedgwood, que acaba encerrado en la bodega del Flying Rose. Allí, o cocina un plato exquisito cada domingo a gusto de la corsaria, o muere. Sin apenas medios ni condimentos y en pie de guerra con las ratas, Owen se las ingenia para satisfacer el paladar de su captora mientras en cubierta suceden trepidantes aventuras de salitre y tinta. Una pequeña maravilla cargada de aventuras, de ron y de manjares que hacen salivar hasta a las calaveras.

Entre pólvora y canela, Salamandra

Entre pólvora y canela, Salamandra

2. El último banquete. Jonathan Grimwood. Alevosía. Jean-Marie, marqués d’Aumout, huérfano, soldado, diplomático, espía, amante y, sobre todo, chef. Con la Ilustración, Versalles en su ocaso y la Revolución francesa como telón de fondo, acompañaremos al marqués d’Aumout en su odisea gastronómica en pos de un objetivo: conocer el mundo a través de sus sabores. Para ello buscará de forma casi compulsiva nuevas sensaciones en el paladar, y cada una de sus recetas será una auténtica bomba sensorial y conceptual para sus comensales. Una trepidante y sorprendente aventura culinaria.

El último banquete

El último banquete

3. El último chef chino. Nicole Mones. Nabla Ediciones. Maggie enviudó y se deshizo de cuanto le recordara a su marido. Pero su esfuerzo por mantenerse ajena al dolor se desbarata cuando se entera de que él tiene una hija en China. Decidida a descubrir la verdad sobre su marido y con el encargo de escribir un artículo sobre un legendario Chef que vive su ocaso viaja al país asiático en plenas Olimpiadas de 2008. Así arranca una excepcional novela de intriga con un antiguo recetario, muchos secretos, algunos fogones y dos personas a quien les une más que lo que les distancia, pero sobre todo una monumental oda a la auténtica cocina china. Una pequeña novela sobre la más alta cocina china: la esencial.

El último chef chino

El último chef chino

4. Liquor. Poppy Z. Brite. El Tercer Nombre. Bienvenidos a Nueva Orleans, una ciudad tan decadente como magnética donde dos amigos chefs están tan hartos de encadenar trabajos cutres como decididos a abanderar el American Dream abriendo su propio negocio y petándolo. Y el día que les llega la inspiración saben que su momento ha llegado: abrirán un restaurante, El Liquor, donde solo servirán recetas cargaditas de destilados. Así, entre sus fogones, la panda de personajes que pueblan los garitos de la reina del delta del Misisipi, escenas entre truculentas y divertidas, y un buen puñado de recetas “alegres” Poppy Z. Brite hilvana esta farsa vertiginosa y de todo menos deshidratada que bien vale una leída.

Liquor

Liquor

5. El perfeccionista en la cocina. Julian Barnes. Anagrama. Seas o no devoto de Julian Barnes y seas o no “cocinillas” deberías echarte unas risas leyéndolo. Es la perfecta simbiosis entre el talento, la ironía y la capacidad de observación de un peso pesado de las letras anglosajonas con un eterno aficionado a la cocina que está orgulloso de sus aires de chef de andar por casa. La misión – casi siempre imposible- de calcular medidas, de controlar tiempos, de tomarle el pulso a los utensilios, de comparar con desánimo y frustración el resultado con la foto original del recetario y hasta de ese arte traicionero del emplatado son el via crucis del aficionado a los fogones domésticos. Una divertidísima confesión que a ratos te hará reír y a ratos salivar.

El perfeccionista en la cocina

El perfeccionista en la cocina

6. Recetas para amar y matar. Sally Andrew. Grijalbo. Tannie Maria vive sola en su granja sudafricana desde que enviudó. Es bajita, algo cotilla, regordeta y le apasiona comer, cocinar y escribir sus recetas en el periódico local. Pero para su desgracia un buen día sus jefes deciden que los lectores están más necesitados de consejos que de recetas. Ahí es donde ella, sagaz y tozuda, descubre que es capaz de hacer las dos cosas: mitigar las penas y sugerir platos para tal o cual estado vital. Y no solo eso, pronto deberá enfrentarse a un crimen real. Original reinterpretación del sabueso clásico en un original personaje hecho a retazos de Miss Marpple, Sherlock Homes, el Padre Brown, Brunetti y, como no, el más arriba citado Carvalho. Entretenida, divertida y no apta para quienes pretendan guardar la línea.

Recetas para amar y matar

Recetas para amar y matar

Y eso es todo por ahora, queridos. Bon Appétit!

  • Y vosotros, queridos, ¿con qué novelas habéis salivado? ¿habéis dado el salto a los fogones para cocinar una receta de novela?
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