Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘prohibido movil’

Móviles en mi librería no, gracias

Llamadme loca, intransigente o suicida empresarial, pero me estoy planteando sugerir a quien se aventure en mis confines libreros que tenga la bondad de silenciar su teléfono móvil o, in extremis y por imperiosa necesidad, que haga un uso sigiloso del infernal aparatejo. No lo puedo soportar, queridos, no puedo.

A ver, obviamente hay casos y casos. Los que despiertan a la psichokiller que llevo dentro tienen un patrón determinado: entran a reginaexlibrislandia sin mostrar el más mínimo interés por los libros, buscando un rincón aislado de la meteorología y del ruido del tráfico donde parlotear a voces y sin interrupciones.

Os juro, queridos, que a veces creo que hasta me van a pedir fuego para el cigarrito y que, de paso, les traiga un café. Para colmo, toquetean con aire cansino los ejemplares, con especial devoción por los de las mesas, revolviéndolo todo sin mirar nada.

Además el hecho de que yo les clave una mirada inyectada en sangre les resbala con una facilidad pasmosa: es como si el móvil activara una burbuja que les aísla del medio pero que, para mi desgracia, no les insonoriza.

Cuando su conversación termina estos especímenes de sinohabloporelmovilreviento abandonan mis confines sin más pero, eso sí, en un silencio absoluto. AB-SO-LU-TO. Si, como si al colgar se les quebraran las cuerdas vocales. Y eso ya me carga de veneno. Me carga, me carga, me carga.

El otro día casi me abalanzo sobre uno de ellos para atizarle en el cogote con un ejemplar de La hoguera de las vanidades que estaba etiquetando.

Por suerte para el insensato me contuve, y en lugar de eso musité para mi pelucón una cita del novelón de Tom Wolfe:

“Sin embargo… sin embargo… ciertas formas de fatalidad son tan obvias que no hay modo de sortearlas”

En mi caso podría sortearla poniéndome absolutista y prohibir el uso del aparatejo en mis confines a decretazo limpio…

Y bien, queridos, ¿qué demonios hago yo con esa fatalidad llamada sinohabloporelmovilreviento que se pasea a sus anchas por mis confines?

¿Os parecería extremo que invitara a no utilizar el móvil en reginaexlibrislandia, como si fuera una biblioteca? Como regianexlibrislandianos de pro, ¿os ofendería mi medida?

(NOTA DE REGINA: La hoguera de las vanidades es una impecable y gloriosa disección del yuppieismo elevado a su máximo exponente, en el que la avaricia se pasea engominada y con trajes de Armani por el corazón financiero del mundo: Manhattan. Pero como todo lo que sube baja, cuando uno cae desde lo más alto aterriza en la sordidez absoluta. Maravilloso).