Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘perfiles’

Si vas en bus llévate a Capote

(Detalle portada de Retratos / Anagrama)

(Detalle portada de Retratos / Anagrama)

No puedo mentir, esta vida de librera me estimula tanto como me frustra.

Es obvio que una no puede saber de todo, habérselo leído todo ni tener el título perfecto para cada persona en el momento exacto y a la velocidad de la luz. Por mucha Regina Ex Libris que una sea mi bagaje, cuando no mi memoria, hacen aguas, y hay momentos en que todo lo que leí y creí asimilar se disuelve en mi cerebro.

Si, queridos, bajo el pelucón y la corona mi cabeza humeante se convierte en un bol a rebosar de sopa de letras.

La frustración de no saber tiene remedio: leer más, estudiar un poco cada día, y de ahí lo estimulante de mi nueva vida. Pero el no ser lo suficientemente rápida, el no saber interpretar las señales me debilita, me martiriza, me jode.

Y me visualizo como una Regina ExLibris chapoteando entre mares de volúmenes embravecidos. Entonces y como leí alguna vez:

En mi trágica desesperación me arranco, brutalmente, los pelos de la peluca.

Menos mal que hoy el capote me lo lanzó mi amigo Truman. En plena sesión de auto-reproches apareció una clienta:

Buenas, mira… es que buscaba algo para leer en el metro y en el bus. Me refiero a algo ligero y de capítulos cortos, que si no pierdo el hilo. Pero con algo de contenido. Y no te voy a mentir, es que tampoco soy muy de cuentos.

Yo, abatida, miré al frente y justo antes de sincerarme con ella y decirle que no podía ayudarla la luz se hizo en forma de un rostro de pelo pajizo, mirada insaciable, voz aflautada y labios tras los que se atrincheraba una lengua feroz: Truman Capote.

Y su cara dio paso a la imagen mental de la portada de uno de mis grandes tesoros, sus Retratos. Más allá de que siempre esté dispuesta a recomendar cualquier título de Truman Capote, siento especial devoción por esa colección impagable de semblanzas de personajes que pueblan el Olimpo de las deidades del siglo XX.

Claro, por si fuera poco el carisma per se de criaturas como Marilyn Monroe, Chaplin, Coco Chanel, W. Somerset Maugham, Marlon Brando, Liz Taylor, Picasso o Tenessee Williams, el colmo del éxtasis intelectual se alcanza si es el genio afilado y tierno de Capote quien te disecciona al ser humano que hay bajo la máscara del icono.

En cuestión de segundos tenía un ejemplar en la mano y parloteaba sobre su contenido con mi entusiasmo revitalizado. Y esa pasión es contagiosa, porque algo que hace sentir tanto a alguien no puede ser una mediocridad.

Total, que la mujer se llevó sus Retratos de Capote y yo hice las paces con mis fantasmas. Y con el resto del mundo también, porque ya en la calle unos diez minutos después la vi literalmente metida en el libro mientras esperaba el autobús.

A sus pies, don Capote. Regina Ex Libris dixit.