Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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De ‘¿Acaso no matan a los caballos?’ a ‘Mira quien baila’

Vivir encerrada en una gloriosa jaula de baldas y libros y arrastrar un pasado de devoradora compulsiva de letra impresa es lo que tiene: que a todo lo que veo, ¡ZAS! le busco mentalmente un referente novelesco previo.

Lo que antes de embutirme en la piel de una librera era mi afición secreta ahora forma parte de mis quehaceres libreros diarios, así que en reginaexlibrislandia soy una especie de mujer araña a tiempo parcial y, como tal, a ratos voy tejiendo redes que enlazan libros con realidades. Es algo tremendamente útil, porque con lo creativa que se pone a veces la Providencia Librera nunca sabes qué extraña petición te va a formular ese día cualquier cliente que se adentre en tus confines.

Por ejemplo ayer le tocó un turno a un matrimonio. Rondarían los sesenta y muchos y venían a por el nuevo libro de Antonio Gala, Los papeles del agua, para un regalo. Mientras se lo preparaba, charlaban sobre un programa televisivo:

– Ella: Pues me dijo la niña que leyó en la prensa que ya preparan otro de ¡Mira quien baila!- Él: ¿Oooooootroooooo? Pero, mujer, ¿es que no te cansa? El primero vale, pero tanto aburre ya.

– Ella: ¡Anda éste! ¿Y el fútbol? ¡Eso si que aburre!

– Él: Pero, ¿qué dices? ¡Que tendrá que ver una cosa con la otra!

– Ella: Bueno, sí, pero en el nuevo, ¿sabes quienes bailarán?

– Él: No, pero estoy a punto de saberlo…

– Ella: ¡Ortega Cano, Terelu Campos y Ana Obregón!

-Él: Pues ya ves tu, no tendrán otra cosa mejor que hacer. Y tu hija, ¿es eso lo que le interesa de las noticias cuando se está cayendo la banca internacional?

– Ella: Mira tú con qué me sale éste ahora…

– Él: Mercedes, por Dios, hay una crísis tremenda, la niña está hipotecada y lo único que le preocupa es el programita de los cojones.

Y aquí es donde reaparecí yo ante sus ojos con el libro de Gala en la mano y, sin quererlo, me unieron a la charla:

– Él: Y a usted, ¿también le interesa el programita con la que está cayendo en las bolsas del mundo?- Regina: Bueno, no exactamente. A mi me interesan los libros.

– Él: ¿Qué quiere decir?

– R.: Pues que, como usted sabrá, ni los concursos de baile ni las crisis galopantes son una novedad, y hay quien escribió novelas sobre ambos fenómenos,

– Él: ¿No me diga? ¿Si? ¿Como cual?

– R.: Horace McCoy, sin ir más lejos. En 1935 publicó su ¿Acaso no matan a los caballos? (en inglés original They Shoot horses Don’t they? ).

– Ella: ¿Y de qué va ese libro?

– R.: En un maratón de baile personajes desesperados danzan hasta la extenuación y por comida durante la Gran Depresión de los años 30, hasta que la joven Gloria, exhausta y desesperada, pide que la liberen de su sufrimiento, tal y como se hacía con un caballo malherido. Es algo brutal y descarnada, pero reflejo de una realidad en la América Miserable del Crack del 29 que Sydney Pollack filmó en 1969 con un título homónimo que aquí llegó como Danzad, Danzad Malditos.

– Él: Sí, si, la película me suena. ¿No salía la rubia esa, cómo se llamaba?

– R.: Jane Fonda, sí.

– Él: ¿Y dices que es buena la novela?

– R.: Es uno de los clásicos del género negro y, para mi, una maravilla. Da mucho que pensar, la verdad, y más ahora según nos sopla el viento…

– Él: ¿Lo tienes?

– R.: Si, sí, aquí está: ¿Acaso no matan a los caballos?

– Él: Pues me lo llevo también. Me lo voy a leer y luego se lo paso a la niña…

Y se fueron de mis confines con los dos libros. Y yo traté de recordar sin éxito en qué momento mi pelucón yo nos metamorfoseamos en araña-librera y unimos esas dos realidades con el novelón de MacCoy.

Y vosotros, queridos, ¿leísteis la novela? ¿Qué os pareció? A quienes tengáis la suerte de no haberla leído aún y os gusten las emociones fuertes haceros con un ejemplar en cuanto podáis, que no os arrepentiréis. Palabra de Regina.

Como siempre que la ocasión lo merece, os dejo el trailer original de la adaptación de Pollack, They Shoot horses Don’t they? y/o Danzad, danzad malditos, que se estrenó en 1969:

¡30 de Los Girasoles Ciegos en 3 días!

La girasolesciegosmanía ha llegado a reginaexlibrislandia. He vendido los 30 ejemplares que tenía en apenas 3 días, así que me rindo a los pies del padre del cine y brindo por José Luis Cuerda, que es quien ha llevado la novela al celuloide. Aún así, necesito racionalizar el fenómeno.

Veamos, como bibliófila nata soy de quienes piensan y sienten que la adquisición de un libro no requiere justificación alguna. El ejemplar lo vale per se. Pero si hay que buscarle alguna razón a la compra me aferro al socorrido ‘cualquier excusa es buena’.

Como librera a pie de baldas tengo la suerte de ser el blanco sobre el que la clientela descarga su arsenal de argumentos:

‘todo el mundo se lo ha leído’, ‘no paran de recomendármelo’, ‘hablaban de él en la radio’, ‘en la prensa lo ponen de maravilla’, ‘es de mi autor favorito’, ‘investigo la época en la que se ambienta la trama’, ‘queda bien en mi mesilla de noche’, ‘se viene conmigo a la playa’, ‘llevaba años para leérmelo y de hoy no pasa’, ‘me lo leí hace años pero lo dejé y no me lo devolvieron’… ‘yo todo lo que sea de amor’, ‘aparecía en la última novela que me leí’, ‘lo vi por Internet’…

… y así hasta el infinito pasando, como no, por el desfiladero de una posible adaptación cinematográfica. El estreno de una película basada en una novela da lugar a lo que una amiga librera denomina ‘efecto llamada’.

Como por arte de magia ese libro que, como el de Los Girasoles Ciegos, hasta ahora languidecía agazapado y polvoriento en baldas se convierte en el oscuro objeto de deseo de legiones de clientes. Ahí es cuando la editorial reacciona y ¡PAM! nueva edición al horno con una portada-réplica del cartel de la película y, con suerte, hasta su versión en formato bolsillo.

Y se vende. ¡Vaya si se vende! Tanto que un librero avispado ya no sólo está al tanto de los inminentes lanzamientos editoriales, sino que también se empapa bien de las carteleras y festivales cinematográficos del mundo.

¿La última? Lo que os decía: Los girasoles ciegos. Como la película de José Luis Cuerda se estrenó el 29 de agosto, pedí a Anagrama 30 ejemplares de la gran novela de Alberto Méndez (Premio Nacional de Literatura 2005; Premio de la Crítica 2005; Premio Setenil 2004). Pues bien, queridos, me llegaron un lunes a primera hora y el jueves a media mañana habían volado de mis confines. Vo-la-do. ¡Estoy a cero, y me he encomendado ya a la Providencia Librera para que me envíe más!

Mis cuentas de resultados lo agradecen, pero mi pelucón no termina de comprender el fenómeno. Veréis, de los clientes que se han llevado uno de esos ejemplares de Los Girasoles Ciegos la gran mayoría me dijeron que ya habían visto la película y que ahora no podían pasar sin leerse la novela.

Y ahí es donde a mi pelucón y a mi nos envuelve una densa cortina de desconcierto.

Como una es devota del orden inverso -primero el libro y luego, quizás, la película- lo cierto es que estoy perdida… decidme, queridos, ¿vosotros también corréis a comprar un libro cuya adaptación cinematográfica acabáis de ver? ¿Por qué? ¿Habéis adquirido Los Girasoles Ciegos últimamente? Si es que sí, ¿qué os llevó hasta él, cuando lleva en baldas desde 2005?

Va el trailer de Los Girasoles Ciegos, por si con visualizarlo alguno se pica y corre a por uno de los ejemplares de Alberto Méndez, que bien vale una lectura, o dos:

‘Blade Runner’ vs ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’

Ser la gobernanta de reginaexlibrislandia da para mucho, queridos, para mucho. El submundo del libro tiene tantos recovecos oscuros que a veces hasta me olvido de ellos, pero de pronto llega un cliente y, plaf, me ilumina alguno con el haz de luz de su inocencia.

Porque aunque entre mis reginaexlibrislandianos de pro y la que suscribe lo único que media es el libro como tal, lo cierto es que tiene detrás a un monstruoso demiurgo bicéfalo – llámalo grupos editoriales y proveedores- que unas veces manipula e impone a golpe de talonario, y otras nos confunde a todos.

Por ejemplo, cuando por obra y gracia del marketing la editorial le cambia el título a un libro, normalmente tras el estreno de su adaptación cinematográfica y para ‘aprovechar el tirón’ mediático del celuloide.

Recuerdo que se me llevaron los demonios cuando Anagrama, que en su día ya había editado en castellano El talento de Mister Ripley de Patricia Highsmith bajo el título A pleno sol para aprovechar el eco de su exitosa primera adaptación cinematográfica a finales de los sesenta, volvía a cambiárselo algo más de tres décadas después.

Así, tras el estreno de su segunda conversión a celuloide a cargo de Anthony Minghella en una gran -y para mí bochornosa- producción, el libro con que la Highsmith arranca su saga sobre Ripley, uno de los psicópatas más carismáticos y mejor perfilados de la literatura, vuelve a cambiar su denominación, aunque esta vez para adoptar el original

Bueno pues, obviamente, hay muchos casos más de ‘rebautismos’ de novelas, y hoy un reginaexlibrislandiano ocasional me recordó otro.

En concreto fue un caballero de unos sesenta y muchos que venía a por un libro para su nieto, y lo que parecía una tarea simple le salió rana al pobre hombre:

– Cliente: Buenas tardes, señorita.- Regina: Hola, ¿cómo está?

– C.: Bien, verá, mi nieto me ha encargado que le lleve un libro que se llama… espere, que lo apunté. Si, se llama “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. ¿Lo tiene usted?

– R.: Claro, mire, es éste.

– C.: ¿Este? Pero aquí pone BLADE RUNNER bien grande, y mi nieto me dictó por teléfono “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

– R.: Si, pero es el mismo. Mire, pone en grande Blade Runner, y aquí abajo dice “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick.

– C.: Ya, pues no lo entiendo.

– R.: Es simple, caballero: es una novela de 1968, pero se llevó al cine en los 80 y se le cambió el título porque el de la novela original era demasiado largo. Como la película se hizo muy famosa, la editorial que tenía los derechos en España la reeditó nombrándola como el filme. Y ahora, que se cumplen 25 años de la película, se ha vuelto a reeditar esta vez poniendo los dos títulos, porque hasta ahora en algunas ediciones sólo aparecía en portada Blade Runner.

– C.: Pero entonces, ¿es el mismo libro?

– R.: Si, caballero, pero le han bailado el título.

– C.: Bueno, si usted lo dice la creo. Todo sea que nos equivoquemos y me toque volver a por el que sea.

– R.: Vaya tranquilo, seguro que éste es el que quiere su nieto.

Pobre hombre, se fue de mis confines realmente confundido. Y no me extraña, la verdad, con tanta danza de títulos y portadas.

Y vosotros, queridos, ¿recordáis algún rebautismo literario más por obra y gracia del márketing o similares?

Noqueada por la deshojadora de libros

Tengo que dejar de ser tan escandalosamente permeable a estímulos literarios y/o cinematográficos, queridos. O eso o enloquezco del todo.

Es como si mi regia existencia estuviera vertebrada en tres que se despliegan en paralelo: la de las ficciones de libros y películas que me llenan las horas ajenas a la librería, la vida propia de reginaexlibrislandia y la carga vital de quienes se adentran en mis confines. Mientras cada una de ellas permanezca en su espacio no hay problema. Pero cuando hay escapes y encuentros fortuitos entre elementos de las tres a mi se me cortocircuita el pelucón y me pierdo en una dimensión desconocida: la cuarta.

Mi última visita a esa cuarta dimensión fue hace unas horas. Resulta que la noche anterior volví a ver la Rebeca de Hitchcock, porque tengo un debate pendiente con reginaexlibrislandiano asiduo sobre la adaptación del maestro británico de la novelita de Daphne Du Maurier, cuya relectura terminé hace un par de días.

Así que ahí me teníais a mi, de nuevo plumero en mano, tejiendo mentalmente mi red argumental sobre la comparativa entre novela y su versión en celuloide y mascando una de las gloriosas frases de la película:

“¿Verdad que no se puede estar cuerdo viviendo con el diablo?”

Ya que estamos os diré que ambas, novela original y adaptación, logran inquietarme hasta el delirio, así que mentiría si no os dijera que tenía el ánimo ligeramente desbocado.

Y ahí fue cuando entró ella en mis confines, una mujer de mediana edad, pelo encanecido y unas facciones tan duras que parecían horadadas en granito y que enmarcaban una mirada entre vacua y ausente. Cuando me habló lo hizo con una carga de autoridad tal que os juro por la pluma de Shakespeare que hubiera podido detener en seco una espantada de búfalos en el medio oeste norteamericano:

Clienta: Buenas tardes, señortita.

Regina: Buenas tardes, ¿puedo ayudarla?

C.: Eso espero. Quiero dos ejemplares de Nada, de Carmen Laforet; dos de El hereje, de Delibes; dos de Calígula, de Camus. Ah, si, y dos del nuevo de Ruiz Zafón.

R.: Disculpe, ¿dos de cada, o solo del de Zafón?

C.: No, dos de cada uno de ellos.

R.: Bien, a ver qué puedo hacer, un segundo.

Mientras recopilaba lo que me pidió trataba de separar mentalmente las dos figuras que mi enfermiza mente cuatridimensional acababa de solapar. Eran, claro, las de la mujer y la de la Señora Danvers, la perversa y oscura ama de llaves de la mansión Manderley obsesionada con la primera señora de la casa.

Claro, queridos, que la buena mujer aún no hubiera hecho nada definitivamente sospechoso no era obstáculo para que yo la arrastrara a mi cuarta dimensión ni para que yo me hubiera metamorfoseado en la joven e inocente segunda esposa de Maximilian de Winter…

R.: Bueno, parece que hubo suerte: aquí los tiene.

C.: Perfecto, muchas gracias. Lo normal es que me toque ir de una librería a otra porque no es fácil que siempre tengan más de un ejemplar salvo que se trata de una novedad.

R.: Disculpe pero, ¿siempre compra dos ejemplares de cada?

C.: Si, siempre.

R.: ¿Y puedo preguntarle por qué?

C.: Verá, mi biblioteca es como un santuario, así que uno de los ejemplares va directo a sus baldas. El otro es el que me leo y el que llevo encima porque me muevo mucho, tanto dentro de la ciudad como a otras ciudades. Por eso lo que hago es ir arrancando páginas según me las voy leyendo.

R.: ¿Arrancándolas dice?

C.: Si, las voy arrancando. Y cuando termino la última la tiro, junto con las pastas, al cubo de basura más próximo. Si ya me leí el libro y si el otro ejemplar ya está en mi biblioteca, ¿para qué iba yo a quererlas? Dígame usted, ¿Para qué IBA YO A QUERERLAS, SE-ÑO-RI-TA?

Ay de mi, queridos, sólo le faltó rematarme con la también mítica frasecita de Rebeca:

“Y otra cosa: no se ponga nunca un vestido negro, ni un collar de perlas, ni tenga nunca 36 años.”

Me dejó aterrada y muda, con las facciones congeladas en una mueca de estupor total.

Me hubiera gustado preguntarle que cómo podía deshojar libros impunemente, descuartizar historias y reconocérmelo con esa frialdad. Quise saber por qué no cedía esos ejemplares sobrantes a bibliotecas o cómo era que no los llevaba a librerías de ejemplares usados…

Pero no pude, la deshojadora-Danvers me noqueó, queridos. Me temo que hoy soñaré con ella…

Y vosotros, ¿qué opináis de su afición por descuartizar novelas? ¿Habíais oído algo semejante? ¿Qué diríais a la buena señora? Es más, ¿qué le digo si vuelve?

 

De librera a ‘flapper’ para irme de fiesta con F. Scott Fitzgerald y Budd Schulberg

He llegado a la conclusión de que si me he hecho librera ha sido no sólo por vocación, sino también por higiene mental.

Los años de ingesta indiscriminada de historias han hecho -y hacen, y harán- de mí un ser desdoblado en cientos de personajes que coexisten apretujados bajo mi piel.

El estar cada día sacándolos a la luz a petición de clientes a mi me airea el alma y a ellos los revitaliza, pues por unos instantes los rescato de un entorno tan oscuro y claustrofóbico como sólo puede llegar a serlo ésta, mi regia mismidad.

Y como hoy en parte las afortunadas fueron las flappers, os escribo ataviada con un collar de perlas de tres vueltas, jazz de fondo, mares de champagne y mi plumero reconvertido en tocado porque por unas horas quiero ser deliciosamente ligera de cascos, ancha de miras, fumar en boquilla y saciar esta sed enfermiza de espumoso semiseco mientras espero que mi inminente marido, el escritor de éxito y siempre divino Scottie venga a recogerme para quemar de una vez esta maldita noche. Si, queridos, hoy soy Zelda Fitzgerald.

¿Y quién tiene la culpa de mi mutación? Una clienta encantadora, naturalmente. Llegó a reginaexlibrislandia pidiendo ayuda:

Clienta: Buenas tardes… Verás, me da un poco de apuro porque resulta que quiero un libro pero no sé mucho de él. Salgo del cine y escuché a dos amigos hablar de él, pero sólo me quedé con algunas cosasRegina: A ver qué podemos hacer…

C.: Pues hablaban de una novela de un americano con un apellido europeo que estaba muy metido en el mundo de Hollywood. Por lo visto un guionista tenía que colaborar con un escritor muy famoso pero alcoholizado…

R.: Uy, ¡no me digas más! Creo que hablas de El Desencantado, de Budd Schulberg.

C.: Si, oye, sí, dijeron algo de “Desencantado”

R.: Es un libro absolutamente fascinante en el que un F. Scott Fitzgerald alcohólico y arruinado se ve obligado a trabajar a sueldo para Hollywood. Es un relato impecable del mundo del cine, los locos años veinte y la gran Depresión, en el que el genio y un joven coescriben un guión y enfrentan, sin saberlo, dos épocas irreconciliables.

C.: Si, algo dijeron de Fitzgerald, pero no pensaba que estuviera relacionado…

R.: Digamos que Schulberg habla de él sin citarlo, pero es que Fitzgerald encarna divinamente a toda una generación de plumas gloriosas que se sienten perdidos en la nueva década, y como necesitan dinero venden su talento a la industria del cine. Además era una época y un entorno que Schulberg conoció de primera mano, porque su padre era uno de los fundadores y magnates del cine. De hecho también se ha publicado en España De Cine, Memorias de un príncipe de Hollywood, donde ahonda en el tema…

C.: Pero, ¿Cuál me recomiendas de los dos?

R.: Yo empezaría por la novela, desde luego. Y si no has leído a Fitzgerald para que la experiencia de El Desencantado fuera incluso mejor te diría que te leyeras algo de él.

C.: ¿Es el de El Gran Gastby, ¿no? Vi la película con Robert Redford, pero no leí el libro.

R.: Pues ya que conoces la trama empieza por Hermosos y Malditos, una gloriosa novelita en la que dos recién casados (podrían ser perfectamente ellos, Scott y Zelda Fitzgerald) de la alta sociedad estadounidense viajan, bailan y se beben los dorados años veinte en juergas interminables hasta que llega el fin de la fiesta, el de su relación y el de una sociedad hedonista donde la belleza y la fortuna son siempre demasiado fugaces.

C.: Suena bien…

R.: Si te lees Hermosos y Malditos y después El Desencantado creo que no te arrepentirás… Aunque por supuesto cualquiera de las tres son soberbias por separado.

C.: No, no, me llevo las dos. ¡Estoy deseando ponerme con ellas!

Y se fue con sus dos libros y la promesa de volver para contarme qué le parecieron, dejándome con un pie fuera a la flapper que llevo dentro. Y aquí sigo, de fiesta y jugueteando con mi collar de perlas de tres vueltas. Y este Scottie sin aparecer…

Decidme, queridos, ¿alguno leyó El Desencantado? ¿A Fitzgerald, quizás? ¿Qué opináis?

Primero fue el Libro, luego su película

Está escrito, queridos, primero fue El Verbo y, por extensión, el Libro. Y después el resto, incluído el Cine.

Por eso y aunque disfrute horrores dejándome arrastrar por bobinas de fotogramas a mundos de celuloide lo cierto es que en muchos y gloriosos casos primero fue la novela y detrás llegó el peliculón.

Y de postre se sirvieron, entre otros premios, los Oscar de la Academia de Hollywood que, por cierto, están al caer.

De ahí que hoy en reginaexlibrislandia me diera por montar unas baldas en homenaje a algunos de los libros-consorte de filmes que han pasado a la historia mientras que ellos, los originales, languidecen en rincones polvorientos como los de mis confines.

Esta Regina se rinde a los pies de todos y cada uno de ellos y nunca me cansaré de recomendarlos desde mi púlpito librero, independientemente de si su adatpación cinematográfica me agradara o no en su día.

Allá van:

MATAR A UN RUISEÑOR, de Harper Lee llevaba una bomba de relojería dentro, y estalló en una maravillosa novela ambientada en una aldea sureña en los años 30 y narrada en la voz de una ñiña, cuenta cómo su padre defiende a un hombre negro acusado en falso de violación.

MARY POPPINS, de Pamela L. Travers. Aunque famosa por obra, gracia y peliculón de Walt Disney pocos leyeron la historia de Pamela L. Travers, un relato cargado de ambigüedad, fantasía y un toque gótico absolutamente encantador.

LAS HORAS, de Michael Cunningham. Impecable tríptico de un día en la vida de tres mujeres engarzado sobre la silueta de Virginia Woolf.

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS, de Thomas Harris. Para dejarse seducir por el oscuro encanto de un Hannibal Lecter exquisito y voraz.

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS, de Joseph Conrad. Novelón de los que dejan huella, y en pantalla Apocalypse now.

HISTORIAS DE BERLÍN, de C. Isherwood. Soberbia galería de personajes que burlan sus estrecheces con excesos en Berlín mientras la peste nazi lo envuelve todo como una masa gelatinosa. Uno de ellos, Sally Bowles, fue el germen de Cabaret.

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, de Margaret Mitchell. Altas y bajas pasiones de Scarlett O’Hara, Rhett Butler, Ashley Wilkes y Melanie Hamilton en plena Guerra de Secesión.

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO, de Ken Kesey. Cargada de ironía y crítica feroz.

EL EXORCISTA, de Peter Blatty. Probad a leerla en la cama, queridos… ¡y no dormiréis solos!

EL PADRINO, de Mario Puzo. Disección impecable del clan Corleone.

QUO VADIS?, de H.Sienkiewicz. El contraste entre la aristocracia romana, con sus excesos y frivolidades, y los primeros cristianos, perseguidos y martirizados por un Nerón desatado.

BROKEBACK MOUNTAIN, de Annie Proulx. Hay que ser una narradora nata para armar el relato Brokeback Mountain, que va, como un lingotazo de bourbon, directo al estómago y al alma del lector. Ang Lee, se lo bebió y supo que tenía su película homónima.

LAS AMISTADES PELIGROSAS, de Ch. de Laclos. Pocos han oído hablar del libro pese al éxito del filme. El maquiavélico dúo protagonista consagra su vida a la seducción y al sometimiento de los demás. Regia.

LA NARANJA MECÁNICA, de A. Burgess. Es una lástima que un novelón así sólo circule entre los devotos de Kubrick.

EL COLOR PÚRPURA, de Alice Walker. Ganadora de un Pulitzer. Es la historia de dos hermanas a quienes les rompen la vida en pedazos. Pero ellas los recogen. Cargada de emotividad, pasión e incesto.

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE, de E. M Remarque. Retrato fiel de la vida cotidiana de un soldado desgarrado por las atrocidades que presencia durante la I Guerra Mundial.

¿ACASO NO MATAN A LOS CABALLOS? de Horace McCoy. Inspiró Danzad, danzad malditos. En un maratón de baile en la Gran Depresión compiten desesperados que danzan hasta la extenuación y por comida. La joven Gloria ruega que la liberen de su agonía, como se hace con un caballo malherido. Brutal.

REBECA, de Daphne du Maurier. Inquietantes recuerdos de la segunda señora De Winter sobre sus vivencias de recién casada en una mansión aislada donde será gradualmente aplastada por la fantasmal presencia de la primera señora De Winter, Rebeca, muerta pero nunca olvidada.

MEMORIAS DE ÁFRICA, Isak Dinesen. Entre la escritora y aristócrata danesa y África se forjó una de las historias de amor más intensa y apasionante de literatura, sobre la que además se engarza su pasión por el aventurero inglés Denys Finch-Hatton.

Obviamente no están todos los que son, porque con mis lagunas inundaríamos todo el desierto de Nevada… ¿Sugerencias sobre olvidos imperdonables de quien suscribe?

Sed sinceros, ¿visteis alguna adaptación al celuloide que os conmoviera más que la novela en que se inspiró?

Tras la pista de ‘La otra Bolena’

Menos mal que hay Quien se entretiene en equilibrar la balanza de la justicia divina, queridos, menos mal.

De no ser así la desequilibrada sería yo, porque hoy me arranqué una buena mata de pelos de mi dorado pelucón para averiguar el misterioso título de un libro que, sin apenas datos, me pedía un cliente.

Cuando di con él, resultó que era una novedad que me tenía que haber llegado, pero que hasta mañana no recibo. Ahí va la escena:

– Cliente: Hola, busco el libro en que se basa la película que anuncian ahora de dos hermanas enamoradas del mismo rey.- Regina: Ah, ¿está en cartel?

– C.: No, vi el anuncio, y dice que es la adaptación de una novela.

– R.: ¿Recuerda algo más?

– C.: Bueno, si, que era un rey inglés creo que de finales del XVII.

– R.: Mmmm, no se me ocurre ninguna, la verdad. ¿Tiene prisa?

– C.: Bueno, he de hacer un recado por aquí cerca.

– R.: Si quiere vaya, y mientras yo rastreo el libro, ¿le parece?

– C.: Vale, es que lo quiero regalar. Que dos mujeres se peleen por un hombre me encanta, pero si encima son hermanas ya no hay quien se resista a la historia, la verdad….

Así que el caballero se fue a sus quehaceres, y yo me quedé tras la pista del libro misterioso.

Primero descarté las películas en cartel en España, y como seguía perdida, opté por buscar el novelón que adaptaron al celuloide.

A ver, Regina, cielo, concéntrate: un libro sobre las bajas pasiones de la realeza de la grandísima bretaña con dos hermanas disputándose el trozo de carne sobre el que se sostiene toda una corona… ¡Nena, nena, nena, esto me huele a Enrique VIII!

Así que seguí el pálpito y me di de morros virtuales con toda una experta en el tema en versión novelada: Philippa Gregory, de la que se han traducido al español La princesa fiel y, oh casualidades del destino, esta misma semana Planeta lanza La otra Bolena, que ha sido un bombazo en el marcado anglosajón.

Os reproduzco la contraportada:

María Bolena tiene catorce años cuando inicia un romance adúltero con el rey Enrique VIII. Esta relación durará varios años y fruto de ella nacerán dos hijos. Sin embargo, las cosas cambian cuando su astuta y perversa hermana Ana pasa a ser confidente y consejera del rey.También logrará convertirse en su amante y tramará un plan para deshacerse de la reina Catalina de Aragón. En esta novela ganadora del premio Parker, Philippa Gregory reconstruye un episodio poco conocido de la vida de Ana Bolena: la feroz rivalidad que hubo entre ella y su hermana por conquistar el corazón del rey Enrique VIII.

Y de ahí a la película, queridos, apenas un golpe de ratón: The other Boleyn Girl, que se estrena ahora en EEUU (y en España en tres o cuatro meses) con Scarlett Johansson y Natalie Portman haciendo de hermanísimas Bolena enfrentadas por el amor adúltero de Enrique VIII.

La traicionera casualidad quiso que justo esa novedad no hubiera aterrizado aún en reginaexlibrislandia, pero estaba literalmente de camino.

Así que cuando regresó mi Cliente tuve que sincerarme con él, aun a riesgo de perder la venta del libro:

– Regina: Lo averigué, la película es La Otra Bolena, con Scarlett Johansson y natalie Portman, y la novela es homónima…- Cliente: ¡Si, si esa es! Entonces, ¿tiene el libro?

– R.: Aún no, hasta mañana no me llega.

– C.: Ah, vaya. Bueno ¡guárdeme uno y por la tarde me paso!

La verdad es que podía haber ido a buscarlo a otro sitio, pero vendrá a por él a reginaexlibrislandia. Es todo un detalle por su parte, y yo disfruté como una loca con ese reto-librero.

¡Así da gusto, queridos!

Aunque no tenga un título en tienda y pueda conseguirlo siempre ofrezco los datos completos del ejemplar para que quien lo busca lo encuentre fácilmente en otra librería.

Hay quienes me dicen que con esa actitud hago el idiota de forma soberana. Y vosotros, ¿qué opináis?

Me despido con el trailer de la película:

Ménage à trois con Woody Allen y Groucho Marx

Siempre tuve una ajetreadísima vida interior. Cuando la realidad me cercaba y no tenía un libro por el que escaparme solo tenía que activar la regina ex-libris automática, programada para parpadear cada dos segundos y emitir algún que otro ‘A-ha’, ‘M-hm’ de forma aleatoria y, ¡ta-chán! podía seguir a lo mío, como una reinona.

Pero ahora, queridos, eso se acabó. En la librería nada de desdoblarme. Allí soy yo en todo mi esplendor y con todas mis sombras. Y esta Regina hoy decidió que reginaexlibrislandia era no una sucesión de baldas a reventar de libros, sino un hotel con aspecto de corrala donde escritores y personajes pasaban largas temporadas.

 

Y ahí estaba yo, la gobernanta, observándoles y reflexionando, como no, sobre el mejor modo de asignar las habitaciones, cuando llegaron dos huéspedes de excepción: Groucho Marx y Woody Allen.

Primero se presentaron ellos y, después, registraron a sus acompañantes.

Con el señor Groucho llegaron Camas, Groucho y yo, Memorias de un amante sarnoso, Groucho&Chico, abogados y Las cartas de Groucho.

Apenas a dos pasitos por detrás de Allen aparecieron Pura Anarquía, No te bebas el agua, Cuentos sin plumas, Adulterios, La bombilla que flota, Delitos y Faltas, Manhattan, Hannah y sus hermanas, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Balas sobre Broadway, Annie Hall, Interiores, Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan, No te bebas el agua, Perfiles, Recuerdos, Sueños de un seductor, Todo lo que usted quiso siempre saber acerca del sexo y Zelig.

Una vez despachado el papeleo llegó la hora de asignarles estancias. Allí estaban ellos, dos hombrecillos minúsculos de talentos titánicos acodados en mi mesa y observándolo todo con ansia voraz y nerviosa.

Regina, tesoro, me dije, ¿dónde les pongo, en cine o en narrativa?

Debieron leerme la mente, porque se abrió la veda y me entregué sin reparos a un ménage à trois cinéfilo-literario con Woody Allen y Groucho Marx. ¿Son del celuloide o de literatura? ¿Guiones a cine? ¿Relatos a narrativa? ¿Reflexiones a filosofía?

He de reconocer que yo era la más moderada en las opciones que planteaba.

– “¿Y en Cocina, señorita? Hacemos tragable lo intragable, como una buena salsa”, sentenció Groucho bajo su bigote de pega.

– “A mi no me importaría ir a Manualidades-Papiroflexia… Siempre tuve tendencias origámicas”, dijo Allen a media voz.

La súbita irrupción de Kafka en batín y ligeramente alterado aceleró la decisión.

De momento, Groucho y Allen se han quedado en narrativa. Pero, ¿dónde los buscaríais vosotros?

En cuanto a Kafka, necesitaba un ungüento para su compañero de cuarto, Gregorio Samsa, que según parece no se hace con la distribución de los muebles y se está escorando la espalda a golpes con la esquina de la mesa, el pobre.

Si me perdonais, voy a Narrativa-europeos a darles su cataplasma.

Cómo superar mi ‘momento-Gollum’

Y yo que creía que Reagan, la inolvidable niña de El Exorcista (de la película, pero más de la novela previa W. Peter Blatty, que es fabulosa e inquietante), era la única capaz de bordar aquel antológico giro de cuello de 360º…

Pues no, queridos, hoy descubrí que yo también puedo ejecutarlo bajo relativa presión. De hecho creo que es algo consustancial al librero/dependiente nato en plena campaña navideña o de rebajas.

Eso sí, nada de soltar improperios ni espumarajos por la boca, sólo sugerencias, recomendaciones, alguna que otra indicación y sin escatimar en sonrisas.

El caso es que a dos días de la noche de Reyes no doy abasto en la librería, y me he convertido en toda una reinona de lo que los teóricos llaman ‘atención simultánea’. Escucho las peticiones de cinco o seis personas a la vez logrando que ninguna se sienta desatendida, y así durante horas. Sin parar. Es agotador pero en algún momento de la jornada toda yo soy un amasijo de vísceras, pelucón y adrenalina con patas.

Y es que se vende, y mucho, y a velocidad de crucero. Es algo escandaloso, queridos. Aún es pronto para el análisis, pero cada persona se lleva una media de cinco o seis libros, un poco de todo. Y a mi me ocurre algo curioso que me tiene desconcertada.

Cuando van esfumándose ejemplares de Un mundo sin fin, de Ken Follet; La Bodega, de Noah Gordon; La catedral del mar, de Ildefonso Falcones o Un día de Cólera, de Pérez Reverte, de los que tengo reservas y pilones enteros de lo único que me preocupo es de reponer.

Pero si veo que cogen ejemplares ‘de fondo’ de las estanterías me entran unas ganas locas de arrebatárselos y volverlos a colocar en su sitio.

Es lo que ya he bautizado como el momento-Golum, cuando cada célula me implora acercarme a ellos, agarrar el ejemplar y soltar aquello de:

‘Mi tesssssssssssoro, essss miiiiiioooooooooooo

Creo que no soporto ver mis baldas melladas, esos huecos entre tomos son superiores a mi. Espero ser fuerte y mantener a raya al Golum que llevo dentro o el numerito que puedo montar en la librería puede ser verdaderamente regio… y de loquero.

Apenas diez minutos antes del cierre me pasó de nuevo, cuando un señor cogió/me quitó/cogió/mequitó/cogió/mequitó… perdón, quiero decir cuando un cliente se llevó ‘nuestro’ último ejemplar de uno de mis últimos grandes tesoros: Sputnik, mi amor del nipón Haruki Murakami(Nota de Regina: si no os lo habéis leído, os lo recomiendo… me robó a traición una noche de sueño, pero me dejó en paz con el Universo)

Menos mal que en ese momento estaba enterrada bajo una caja repleta de colosales ejemlares de Un Mundo sin fin, por lo que me pilló inmovilizada, si no igual hasta le salto al cuello…

Os recuerdo la dualidad de Golum/Smeagol:

Ahora es cuando debiera decir eso de ‘¿Qué me pasa, doctor?’

Por cierto, ¿qué libro creéis vosotros que será el más vendido hasta Reyes? Y en un mundo ideal, ¿qué libro os gustaría que fuera el más vendido?

El síndrome de Tippi Hedren

No han pasado las primeras 24 horas de este prometedor 2008 y a mi ya me humea el pelucón. Y es que con los nervios no atino a encajarme esta bendita corona de Regina Ex-Libris que tan alegremente acepté.

Si, queridos, me tiembla el cetro regio y me pesa la responsabilidad. A cuatro días-vista de la noche de Reyes me acuesto como Regina y en mis pesadillas me veo como aquella Tippi Hedren en Los Pájaros de Hitchcock, cercada por bandadas de clientes apremiados en su búsqueda contra reloj del libro-regalo perfecto para hijos, sobrinos, nueras, novios, padres, nietas… Estoy paralizada por el pánico, pero lo que me aterra no es la gente que venga a consultarme, nooooo, es mi miedo a fracasar.

Así que he decidido entrenarme, de modo que mi resaca post-2007 y yo llevamos horas entregadas a la introspección librera o, lo que es lo mismo, atribuyendo a las sombras chinescas de la pared posibles retos a los que habré de hacer frente en unas horas. Entrenándome, vaya.

Y en plena sesión me ha venido la imagen de un matrimonio que acudió en mi auxilio la semana pasada:

– Buenas tardes, ¿puedes ayudarnos?- Si, claro, díganme

– Verás, nuestro hijo tiene 15 años y buscamos un libro para él, pero andamos perdidos

– Pues aquí está lo que tenemos de literatura juvenil. ¿Saben qué es lo último que ha leído, o alguna película que le haya gustado?

– Uy, pues no.

Y empiezan a hablar entre ellos:

– Paco, ¿a ti te suena algo que haya leído Tomás?- Pues no, la verdad. Y de películas… no sé, ve muchas pero tampoco cuenta nada.

Vuelven a dirigirse a mi:

– No lo tenemos muy claro, pero es que está muy raro últimamente, muy callado..

.

Aquí es donde me siento clavada en una encrucijada. ¿Les recomiendo uno de los tres libros que más me piden los adolescentes, o me lanzo y les sugiero títulos de pesos pesados de las letras que nos han acompañado a muchos mientras tratábamos de modelar los alambres de nuestra personalidad?

Si me inclino por la primera opción les hablaría de libros recientes y del género fantástico: La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego; la segunda parte de la trilogía de El reino de la oscuridad, de Santiago García-Clairac; y Eclipse, la tercera entrega de la saga vampírica de Stephenie Meyer, a la que preceden Crepúsculo y Luna Nueva.

Insisto: se trata de tres títulos por los que vienen preguntando chicos y chicas día tras día, y a los que las cifras de ventas también respaldan. Pero matizo que las voces que oía en mi cabeza eran las suyas, los lectores, no los ecos de la caja registradora. Bueno, eso y que me leí los tres y son absolutamente recomendables.

Si cambio el tercio y desoigo ese coro de voces para quedarme solo con la frase de la madre:

‘pero es que está muy raro últimamente, muy callado…’

entonces esa cadena de palabras se materializa en un billete de ida a un pasado emocional en el que me sentía como una escaladora novata que, atrapada en una pared vertical, va descubriendo en la roca cinco salientes, cinco puntos de apoyo que la guiarán en la ascensión:

Demian, de Herman Hesse; Retrato del artista adolescente, de James Joyce; Cartas a un joven Poeta, de Rainer María Rilke; El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger; y La metamorfosis, de Kafka.

Al final les recomendé uno de cada, así que se llevaron Demian y el primero de la trilogía de S. Meyer, Crepúsculo.

Pero, ¿por qué opción os hubierais decantado vosotros?

Aquí os dejo el trailer de The Birds, para que me acompañéis en mis pesadillas…: