Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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‘¿Tienes el de la comunera que cose?’

Quienes trabajamos a diario en las trincheras libreras pronto desarrollamos lo que yo denomino el Síndrome de Cole Sear, que consiste en la capacidad de interpretar las señales que un libro nos envía cuando un lector lo busca pero no es capaz de nombrarlo o, lo que es lo mismo, no atina con el título exacto.

Este raro don bibliófilo nos convierte en pseudohíbridos de Cole Sear, el niño protagonista de El sexto Sentido que, como recordareis, veía a los muertos y parloteaba con ellos. Pues bien, a los libreros nos pasa algo bastante similar, solo que con nuestros libros, y aunque al principio este curioso y desconcertante talento nos hincha la bibliofilia, a veces llega a mosquearte y echas el cierre farfullando de forma compulsiva un extraño mantra (¿Cómo supe de qué libro hablaba? ¿Cómo supe de qué libro hablaba?) y preguntándote si no has pedido el juicio como Alonso QuijanoY todo porque los libros nos hablan. Sí, queridos, nos dan oportunos ‘soplos bibliófilos’.

Por ejemplo, esta tarde estaba yo en pleno zafarrancho de devoluciones para hacer hueco -a veces a mi pesar- a los títulos por venir, cuando una madre y su hija de mediana edad se internaron en mis confines reginos. De pronto, la madre desapareció de mi campo visual diciendo algo que no entendí y la hija se plantó ante mi escritorio refunfuñando.

Cuando cerré la caja que tenía entre manos ella me habló:

 

– Clienta: Mira, ¿tienes ese de la comunera o costurera?- Regina: ¿Perdón?

– C.: Que si tienes el de la comunera que cose

– R.: Mmmm, ¿se refiere a El tiempo entre costuras, de María Dueñas?

– C.: No, no. Es algo como La Comunera que cose, y habla de la Guerra Civil. Además ha salido este año.

– R.: Déjeme pensar, pero con esos datos yo creo que…

 

Aquí fue cuando entró en escena de nuevo la madre:

 

 

– C.: Sí, lo que le digo Comunera o algo así, ¿no, mama?- Madre: Sí, de una chiquita que cose en Tetuán

– R.: ¿Seguro que no es El tiempo entre costuras, que es este de aquí?

– Madre: ¡Justo ese es!

– C.: Pero, ¿no me habías dicho la Comunera?

– Madre: ¡Te dije que cosía, y que era roja y que iba por Tetuán en la Guerra Civil!

– C.: Perdona, pero es que no hay quien la entienda

– Madre: ¿Y está bien, verdad? Una amiga me habló de él…

– R.: A mi me gustó bastante, la verdad. Es la historia de una joven modista que a finales de la Guerra Civil y comienzos de la Mundial sale de España a Tetuán y sobrevive confeccionando trajes de alta costura a damas de todo el mundo refugiadas entre Marruecos y Lisboa. Es muy, muy curiosa y está muy bien escrita, sí.

– Madre: Sí, si, es esa seguro. Es que yo fui modista y viví un tiempo en Tetuán así que ya ves

– R.: ¡Uy, entonces seguro que le gusta!

 

Y abandonaron mis confines una sin quitarle ojo a la contra del libro y la otra regañándola por no haberle dicho bien el título que quería desde un principio…

Y luego ahí estaba yo, a puntito de amputarme una mano con el cúter y desconcertada tras este nuevo episodio del tal Síndrome de Cole del que os hablaba, y gracias al que escuché a tiempo la llamada directa de mi ejemplar de El tiempo entre costuras

Por cierto que aquí os dejo el trailer de El sexto Sentido:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, experimentásteis alguna vez algo similar a mi Síndrome de Cole? ¿Cómo fue? ¿Leísteis El tiempo entre costuras? ¿Os gustó?

NOTA DE REGINA: Cuando una apura de un sorbo un glorioso cocktail literario a base de aventuras, espionaje, glamour, moda y pasiones –altas, pero también bajas- perfectamente mezclado y agitado sobre una base histórica que nos clava en el antiguo protectorado español de Marruecos, entre el final de la Guerra Civil y a comienzos de la II Guerra Mundial, no queda más que recomendarlo. Porque estamos ante una deliciosa mezcla de alta costura, afán de supervivencia, desamor, damas de aristocrático pasado y dudoso presente, traidores, agentes dobles e intrigas políticas que revelan al lector la historia de Sira Quiroga, una joven modista que entre Tánger, Tetuán, la España pro-alemana y una Lisboa atestada de apátridas de turbia reputación le echa un órdago a su propia suerte.

¿Pero, El principito no está ya muy pasado?

Ni estos meses al timón de reginaexlibrislandia ni las advertencias de experimentados profesionales del libro me preparaban, ni a mi ni a otro de los míos, para la clase de prueba que la divina providencia librera nos tenía reservada para una tórrida tarde de agosto.

Tanto fue así que la experiencia nos metamorfoseó en estatuas de hielo cuando la temperatura ambiente allá entre nuestras cajas y pilas de libros rondaba los cuarenta grados, y subiendo. Pero es que hay situaciones ante las que la sensiblidad y el sistema nervioso central de un amante de la literatura nunca sabes cómo van a reaccionar.

Y esta vez a nosotros se nos cayó la temperatura corporal cuando una señora de unos sesenta años acudió a nosotros en busca de ‘un libro especial’ para su ahijada, que hacía su primera comunión:

– Clienta: Ya le he comprado algo de ropa, pero quiero regalarle también un libro bonito. No la veo muy a menudo porque vive fuera, y quiero que sea algo… pues eso, especial. Algo que conserve.- Regina: Bueno, en ese caso yo sin duda le diría que le lleve El Principito en cualquiera de sus ediciones. Ahora mismo aquí tenemos tres en castellano y una bilingüe, francés-español.

– Librero 2: ¡Sin duda! Yo le iba a sugerir tambien a Saint Exupéry

– Clienta: ¿Eseeeee? ¿Pero El Principito no está ya muy pasado?

Antes de cerrar el signo de interrogación un viendo gélido nos dejó de hielo. Fue horas más tarde, cuando nos afanábamos en absorber con dos fregonas nuestro asombro ya derretido a nuestro lado del mostrador, cuando recobramos la serenidad suficiente como para hablar del tema sin que nuestros dientes rechinaran de rabia.

La conclusión fue, obviamente, que cómo es posible que a alguien se le pase por la cabeza la idea de que El Principito esté pasado de moda.

Al final la buena mujer se llevó La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego:

“Es más reciente, creo que gustará más”.

Y vosotros, queridos, ¿creéis que El Principito puede resultar anticuado? ¿Qué le hubierais dicho a la señora? ¿Cuántes veces os habéis leído El principito? ¿Recordáis vuestro primer ejemplar? ¿Lo conserváis?