Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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Muriel Barbery pega el ‘ERIZAZO’

Yo. Regina Exlibris, soy como Terminator… que siempre vuelve. Así que, reginaexlibrislandianos míos y ajenos, héteme aquí de nuevo tras una pausa forzosa en mis quehaceres blogueros.

Gracias por esperarme a pie de blog-roll y por no relegarme al olvido cibernético pese a la atrocidad de ésta mi descortesía hecha de ausencias y silencios encadenados.

Dicho lo cual centrémonos en lo esencial: nuestra bibliofilia congénita y, muy especialmente, en eso que ahora me reverbera en el pelucón y que he bautizado como ‘EL ERIZAZO‘ de Muriel Barbery.

Sí, queridos. Se trata de un curioso fenómeno que no sólo azota las apacibles costas de mis dominios libreros, sino que afecta a cinco de las cinco librerías que he consultado al azar: a día de hoy en algunas zonas es imposible conseguir un ejemplar de La elegancia del erizo.

¡Está agotado! A-GO-TA-DO. Y lleva así desde antes de Reyes, cuando se trata de una novela que Seix Barral editó en España en 2007.

A ver, como a finales de 2009 se estrenó El erizo, su afortunada adaptación al celuloide, era de esperar que su demanda se avivara un poco. Por eso en reginaexlibrislandia hicimos acopio de 20 ejemplares a mediados de diciembre que no llegaron más allá del día 24… un escándalo, y una buenísima noticia para bibliófilos del mundo y, como no, para mis cuentas de resultados.

Lo malo es que aún espero la reposición, y aunque probablemente entrará a principios de la semana que viene (desde Seix Barral me dicen que hay una reedición de 4.000 ejemplares en el horno), a mi llevan pidiéndomelo diez días.

La última y una de las más divertidas, poco antes de echar el cierre regino:

 

– Clienta: ¡Oiga!- Regina: Sí, dígame

– C.: ¿Tiene ‘la estratagema’ del erizo?

– R.: ¿Cómo? ¿Se refiere a La elegancia del erizo, quizás?

– C.: Uy, esa, sí, debe ser esa… La elegancia del erizo. ¿La tiene?

– R.: No, me temo que está agotada.

– C.: Vaya con el librito, ¡no hay en ningún lado! Igual no voy tan desencaminada con eso de la estratagema… ¿no será una treta de esas de las editoriales para vender más?

– R.: Mmm, creo que en este caso no. Simplemente no esperaban esta demanda.

– C.: ¡Pero si estrenaron hace nada la película!

– R.: Ya, pero… misterios del universo editorial. de todas formas la semana que viene ya los verá de nuevo en todas las librerías.

– C.: Brrrr, ¡pues vaya! Llevo una semana tras el librito…

 

Y se fue, y yo revisé sus cifras de ventas y casi se me salta el pelucón y entro en shock librero: La elegancia del erizo lleva más de 400.000 ejemplares vendidos y la que circula es su edición nº 30… No sé vosotros, pero si esto no es dar un erizazo que venga San Underwood y lo vea.

Y veremos en unos meses cuando salga en formato bolsillo…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿llegásteis a leer La elegancia del erizo? ¿Qué os parece? ¿Se lo habéis regalado a alguien? ¿Lo buscasteis sin éxito estas navidades?

Para quienes aún os resistís a la ironía de la Barbery os recuerdo cómo veo yo la novela:

 

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: El gran milagro de la Literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura, humor y píldoras sobre el amor, la sociedad, la amistad, el Arte y la felicidad. Sus dos protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino que desencadenará la catarsis espiritual de estas dos almas gemelas. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y tremendamente divertida, cargada de esas verdades veladas que todos miramos pero que sólo algunos ven a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora y deliciosamente inesperada.

 

 

 

De viaje a ‘Hertamüllerandia’

Cuando me enteré de que el Nobel de Literatura le cayó este año a Herta Müller solté el plumero y me abalancé sobre En tierras bajas y El hombre es un faisán en el mundo, los dos ejemplares que tenía en reginaexlibrislandia de la recién nobelizada. Llevaba dos o tres años posponiendo su lectura, pero por fin la Academia Sueca me dio el empujoncito bibliófilo que necesitaba.

Pues bien, estaba yo sopesando por cuál de esos dos títulos editados por Siruela me adentraba yo en el universo hertamulleriano cuando, fiel a sus costumbres, la Providencia Librera tuvo a bien mostrarme un atajo materializando ante mi a un reginaexlibrislandiano oportunamente docto en la buena mujer:

 

– Cliente: ¡Hola, Regina!- Regina: ¡Hombre, don XXX! ¿Qué tal?

– C.: Bien, ya de vuelta. Pero por poco tiempo. Escucha, ¿tienes Juego de Tronos?

– R.: ¿de George R. Martin? Sí, ¿la edición de tapa dura?

– C.: Sí, se lo voy a regalar a mi ahijado. Vaya, veo que estás con la Müller

– R.: ¿Cómo? ¡Ah, sí! Con esto del Nobel sí o sí me pongo con ella en cuanto eche el cierre

– C.: ¿El NOBEEEL?

– R.: Sí, le acaban de dar el Nobel de Literatura

– C.: No tenía ni idea… Mmmm, pues apostaba por Roth, la verdad.

– R.: Sí, pero con estas cosas ya sabes. ¿A ella la leíste?

– C.: Sí, justo vivía yo en Alemania cuando publicó Niederungen y se formó un buen revuelo allá por los ochenta.

– R.: ¿Cuál?

– C.: Pues ése, el rojo: En tierras bajas. Son relatos ambientados en la Rumanía rural sobre alemanes exiliados. Bastante duros, y por las ampollas que levantaron en Rumanía más cerca de la realidad que de la ficción. Recuerdo uno de ellos, El canto fúnebre o La oración fúnebre, o algo así, que me dejó KO. Iba sobre una niña que contaba cómo era el funeral de su padre, y en lugar de presentar sus respetos al difunto los vecinos iban contándole a la pequeña las barbaridades que cometió su padre en vida: violaciones, poligamia, malos tratos, traición… ¡de todo! No sé, son abruptos pero condensan tanta verdad que te dejan perplejo.

– R.: ¿Y éste otro, el de El hombre es un gran faisán en el mundo?

– C.: En la misma línea, pero empezaría por el otro. Al ser relatos breves son más digeribles para empezar. Aunque lo inquietante de esta mujer es su dualidad, porque es capaz de describirte una escena con una carga poética tremenda mientras te clava en la retina una estampa perturbadora y casi animal.

– R.: Ya veo, bucólica en las formas y abrupta en el fondo, ¿no?

– C.: Ja, ja, ja, más o menos…

 

Y él se fue con su ejemplar de Juego de Tronos, primer volumen de la saga Canción de Hielo y Fuego, y yo me quedé entre pasmada y dubitativa, deslizando la mirada de En tierras bajas a El hombre es un faisán en el mundo, y vuelta a empezar hasta que finalmente dejé el segundo en su balda y enfilé mi portón con el ejemplar de En tierras bajas bajo el brazo.

Horas más tarde vengo a vosotros habiéndome leído ocho de los quince relatos del libro para deciros que, de momento, la disección de mi reginaexlibrislandiano asiduo fue tan lúcida como certera. Hertamullerandia es un universo literario que se asemeja horrores a una de esas bolas de cristal de nieve que encierran un hermoso paisaje: desde fuera regalan a los sentidos una imagen bucólica, pero si uno se adentra y asimila los detalles de da de bruces con una crudeza no apta para según qué sensibilidades o estados anímicos desfavorables.

A mi, por ahora, me desborda, repele y atrae a partes iguales. Es intensamente demoledora pero yo no puedo soltar el libro.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis algo de Herta Müller? ¿Qué os pareció? Si no la conocíais, ¿os animaréis tras el Nobel de Literatura a leerla? ¿Por qué libro empezaréis?

“Me rendí al tambor de Günter Grass”

Por muy escurridizo que resulte un lector, cuando un libro se propone ser leído por alguien lo logra. ¡Vaya si lo logra, queridos! Quizás tarde semanas, meses o incluso años, pero irremediablemente se materializa en sus manos, cautivándole.

Y no puede ser de otra manera, porque resulta que son los libros los que buscan a sus lectores, y no a la inversa. En dos años enterrada entre anaqueles lo he visto a diario. Observo cómo se aparean lector y ejemplar, y no deja de maravillarme ese delicioso don de los libros para emitir su señal silenciosa en el momento y lugar adecuados.

Pero la Providencia Librera también me ha demostrado que la cacería no siempre tiene lugar en una librería, en una biblioteca o en una casa. Un libro, si te busca, te encuentra. Y cuanto más te resistes más surrealista será el momento en el que haga de ti su presa.

Por ejemplo, un reginaexlibrislandiano asiduo me contaba hace unas horas cómo, tras años de empecinados desaires, finalmente no tuvo más remedio que leerse El tambor de Hojalata, de Günter Grass, una de las novelas más grandes y alegóricas de la literatura europea del SXX de cuya primera edición se cumplen ahora cincuenta años.

Y justo de eso, del aniversario y de una inminente reedición conmemorativa, hablábamos otro librero y yo cuando nos entró al quite mi buen amigo, mejor cliente y fantástico bibliófilo:

 

– Cliente: ¿Cómo? ¿Van a reeditar El tambor de hojalata?- Regina: Sí, por el cincuenta aniversario de su primera edición.

– Librero: ¿Ya? ¿Tanto? Uy, yo pensé que mucho era más reciente. ¿No es una especie de autobiografía novelada muy polémica?

– Regina: Querido, te confundes con Pelando la cebolla, que se publicó hace un par de años y en la que reconocía su oscuro pasado en las juventudes nazis.

– Cliente: Si, hombre, el otro marcó un hito. Mi historia con ese libro es curiosa.

– Librero: ¿Y eso?

– Cliente: Pues veréis, me echaba para atrás. Casa donde iba, casa en la que había un ejemplar y, para colmo, una novia que tuve estaba emperrada en que me lo leyera y me lo regaló. Luego mi hermana apareció con otro para mi unas navidades porque me pilló una época en que se puso de moda el dichoso librito y, para remate, un día me dieron otro ejemplar con un periódico, esta vez en inglés. Yo le fui dando largas, pero años después no me quedó más remedio que leérmelo, tal cual.

– Regina: ¿Por qué?

– Cliente: A finales de los noventa estaba tirado en un maldito aeropuerto estadounidense esperando un enlace que, para mi desesperación, se retrasó entre ocho y diez horas. No había restaurantes abiertos, ni periódicos ni nadie con quien charlar, y para colmo me estaba hinchando de café de máquina porque me aterraba quedarme dormido y perderme una llamada a mi vuelo. Agobiado, fui a un rincón y me senté, pero lo hice justo sobre un bulto. Cuando miré qué era casi me da algo: ¡un ejemplar en español de El tambor de hojalata perdido en el aeropuerto de Denver!

– Librero: ¿No jodas? ¿De quién era?

– Cliente: No sé, lo habían dejado allí tirado. Solté una carcajada histérica, lo hojeé y lo dejé en el asiento de al lado.

– Regina: ¿Lo abandonaste?

– Cliente: Sí… aunque tardé cero coma en recuperarlo. Fui a por otro café y me dije ‘bueno, mejor esto que mirar esa odiosa moqueta azul’. Y después me puse a leerlo y antes de darme cuenta habían pasado ocho horas y mi vuelo reapareció en el monitor de salidas. Me empapé más de la mitad del tirón, y la otra cayó antes de aterrizar en España.

– Librero: ¿Tan bueno es? A mi me impone un poco, la verdad. Es de esos ‘por leer’ sobre el que no termino de abalanzarme.

– Regina: Es impresionante, conmovedor, cínico, lúcido y cruel. A veces me pregunto cómo Günter Grass fue capaz de imaginar una alegoría tan demoledora de una realidad tan difícil de encajar. Una vez que Oskar Matzerath entra en tu vida ya no sale.

– Cliente: ¡Sí, ni él ni su tambor!

– Librero: Pero, ¿va de un tamborilero?

– Cliente: Más o menos. Verás, el día que un niño llamado Oskar cumple tres años marcará el resto de su existencia porque recibe su tambor de hojalata y porque decide que no va a crecer más.

– Librero: ¿Qué no cumplirá más años? ¡Anda, como mi madre! Solo que ella se detuvo a los 50…

– Regina: Ja, ja, ja. Sí, solo que Oskar lo hace para tratar de detener el tiempo como rechazo a un ambiente enrarecido política y socialmente. Date cuenta de que hablamos de Polonia y Alemania de Preguerra, justo cuando Hitler emprende su ascenso al poder. Una vez en la cumbre, vendrían la derrota polaca, la peste nazi en Europa, los exterminios, la Segunda Guerra Mundial, la derrota germana y, finalmente, la fragmentación de Alemania…

– Cliente: Total que, entre otras cosas, Oskar se pasó parte de la guerra en una banda de enanos que entretenía a los soldados tocando su tambor. Lo impactante del libro es descubrir esa parte de la historia desde la óptica de uno de esos seres que, según los nazis, no merecían vivir su propia vida: homosexuales, disminuídos, judíos, etc, mientras el resto de personas aún no ‘nazinizadas’ lo toleraban todo. Vamos, una crítica a la Alemania y a los alemanes de la época escrita por quien, de joven, fue reclutado por las juventudes hitlerianas.

– Librero: mmm, suena cuando menos interesante por el punto de vista, ¿no?

– Regina: Es tan imprevisible, demuestra una imaginación tan desmesurada que te desarma, la verdad.

– Librero: Pues nada, en cuanto llegue la reedición me adjudico un ejemplar.

– Cliente: Sí, no te arrepentirás. Yo, desde luego, jamás lo hice. Pero, ¿sabéis lo más curioso de todo?

– Regina: ¿Qué?

– Cliente: Que en el ejemplar de aquel aeropuerto, que estaba muy manoseado y lleno de lamparones pegajosos descubrí una dedicatoria que decía: “Donde vayas iré yo. Cuando llegues, te estaré esperando. Por siempre, Yo.”

– Librero: Ja, ja, ja, lo que no te pase a ti…

 

Horas después, mientras echaba el cierre regino me imaginaba a mi reginaexlibrilandiano asiduo una década más joven y a la deriva en un desangelado aeropuerto yankilandiano en plena noche. Visualicé cómo se topó con el ejemplar y hubiera dado mi pelucón por poderle ver la cara y, mejor aún, por haberle podido contemplar metido de lleno en El tambor de Hojalata

La historia de mi encuentro con el libro no es tan alucinante, pero os puedo asegurar que recuerdo su lectura como uno de los momentos bibliófilos más intensos de mi existencia lectora, palabra de Regina. Y sí, por suerte los ecos de Oskar aporreando su tambor aún resuenan en lo más recóndito de mi pelucón…

Para hacer boca a quienes aún no os lo leísteis os dejo imágenes de la maravillosa adaptación cinematográfica homónima realizada por Volker Schlöndorf en 1979, queobtuvo el Oscar de Hollywood a la mejor película extranjera:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El Tambor de hojalata? ¿Qué os pareció? ¿Y algo de Günter Grass? ¿Creéis vosotros que son los lectores los que buscan libros o pensáis que es a la inversa? ¿Os pasó algo similar a lo de mi cliente?

¡Alunizo con Julio Verne!

Han pasado casi cincuenta años de la teórica llegada del hombre a la Luna y yo lo festejo como mejor sé: a librazo limpio. Por eso no titubeé el sábado al reconducir en reginaexlibeislandia a mi trinchera de anaqueles un acalorado debate sobre si las míticas imágenes de Neil Armstrong paseándose por la superficie lunar fueron una retransmisión televisiva o una burda ficción catódica made in Universal Studios.

Sí, queridos, porque cuando un reginaexlibrislandiano asiduo y uno de mis libreros insistían en que metiera baza en su discusión sobre montajes, carreras espaciales, Apollos 11 y astronautas me atusé el pelucón a lo Barbarella y adoptando la pose entre sinuosa y firme de la diva intergaláctica setentera esputé a quemarropa:

 

– Regina: Ay, que yo sólo alunizo con Julio Verne. – Cliente: ¿Perdona?

– R.: Lo que oyes, que en reginaexlibrislandia lo que cuentan son los libros, y poco más. Así que, ya sabéis…¡a la luna a lomos de cualquier libro, queridos!

– Librero1: Vaya telita, cómo estamos hoy…

– R.: A ver, ya que el mundo se acuerda de Armstrong y compañía dejarme que yo desenpolve a Julio Verne, ¿no? Después de todo, un siglo antes de la NASA el francés ya escribió De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, su continuación.

– C.: ¡Anda! Pero, ¿eran dos? Yo solo conocía De la Tierra a la Luna y, si te digo la verdad, no me la leí. De Verne sólo La vuelta al mundo en 80 días y 20.000 leguas de viaje submarino…

– L1: Me vas a matar, Regina, yo tampoco sabía nada de Alrededor de la Luna. Y la otra, de oídas, pero tampoco me la leí.

– Regina: ¿Veis? Pues eso. Primero publicó De la Tierra a la Luna, en la que se centra en narrar los preparativos para lanzar un proyectil a la Luna. Los implicados eran los dueños de una empresa especializada en construcción de cañones y de otra de escudos que, acabada la Guerra de Secesión, se plantean realizar esa hazaña porque ya no tienen que fabricar ni cañones ni balas ni nada de eso. Vamos, que se aburren, y se lanzan a la ‘carrera espacial’. Luego se les une un intrépido francés para ofrecerse como piloto…

– C.: Ya veo, ¿Pero llegan?

– R.: Eso mejor lo lees en el libro, ¿no? Lo que si te digo es que su continuación, Alrededor de la Luna, ficciona el viaje en sí abordo de la bala de cañón-cohete y lo que sus tripulantes descubren sobre el reverso de la Luna. Y lo más alucinante es pensar que se inventó ambas historias en 1865 y 1870 respectivamente… Cuando los leáis veréis cómo a veces la ficción supera a la realidad o, al menos, ¡se le adelanta!

– L.: Pues nada, otros dos libros para la lista. Aunque os diré que los cuelo, porque me picó la curiosidad y me los llevaré hoy. ¿Los tenemos, no, Regina?

– R.: Sí, en Edaf. Por suerte pedí tres de cada la semana pasada, cuando empezó el bombardeo mediático recordándonos que se acercada este 20 de julio.

– C.: ¡Eres grande, Regina! Yo también me los llevo. Me marcho una semanita a Canarias, uno de los mejores observatorios celestes del mundo, y no imagino mejor entorno para leerme los alunizajes de Verne, la verdad.

 

Y poco después, mientras echaba el cierre regino aún con la Barbarella que llevo dentro puesta, decidí que yo también me llevaría De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna del maestro visionario Jules Verne para festejar el 20 de julio a librazos con un alunizaje verniano en toda regla.

Pero lo haré no sin antes regalaros dos grandes hitos televisivos:

 

La llegada de Neil Armstrong a la Luna (¿o no?) en 1969:

Y el trailer original de la mítica Barbarella que en 1968 protaginizara Jane Fonda en su adaptación cinematográfica:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis De la Tierra a la Luna? ¿Y Alrededor de la Luna? ¿Qué otra lectura de alunizajes sugeriríais?

“No será gay la de Los números primos, ¿no?”

Una de las cosas que he aprendido desde que trabajo en la librería es que, sin duda, estar ‘de cara al público’ en muchas ocasiones llega a ser sinónimo de estar ‘atada de pies y manos’. O, lo que es lo mismo, no puedo dar rienda suelta a mi bibliofilia extrema ni, por su puesto, a mi forma de ver las cosas, ni a la literal ni a la literaria. Sonreír, oír, ver y callar. Y ya. Así que como mi libertad de reacción acaba donde empieza ‘el cliente’, la capa de cafeína y de barniz bajo la que sepulto mis emociones es tan densa que por las noches en lugar de desmaquillante utilizo disolvente químico. Y menos mal, queridos, menos mal, porque hay veces en que me pondría a gritar y no pararía hasta pulverizar todos los cristales de reginaexlibrislandia.

Como por ejemplo, esta misma mañana. Estaba yo correteando de un lado a otro plumero en mano cuando se materializó en mis confines una mujer de mediana edad. Apenas habló y yo supe que era una madre agradecida en busca de ‘un libro’ con el que compensar al maestro sus desvelos y sinsabores tras un año escolar educando a su retoño.

No me equivocaba:

 

– Clienta: Estooo, oiga, mire.- Regina: ¿Si?

– C.: No será gay ésta de los Números primos, ¿no?

– R.: ¿Cómo dice?

– C.: Verá, es que quiero regalarle un libro al maestro de mi hijo, y como oí tanto hablar de esta novela vine a por ella. Pero al leer la parte de atrás, pues eso, ¿no será de mariquitas, nooo?

– R.: Pues no, la verdad. La soledad de los números primos una historia de amor entre dos seres que…

– C.: Bueno, bueno, pero es amor entre una mujer y un hombre, ¿verdad?

– R.: Estooo… sí, son chico y chica. Pero…

– C.: No hay gays ni cosas raras, ¿verdad? Él es joven, pero no quiero líos. Y como pone eso de ‘números primos’, pensé que…

– R.: ¿Cosas raras? Pues no se a qué se refiere, pero yo le diría que no. Es muy recomendable.

– C.: Ah, pues ya me quedo tranquila. ¡Me la llevo!

 

Y se fue. Y me dejó envuelta en un silencio enrarecido, de esos que preceden a una tormenta. De pronto, ¡ZAS! Se me agrietó el barniz emocional y descargué la retahíla contenida sobre uno de mis libreros, que aguantó estoicamente mi chaparrón dialéctico:

 

Pero, pero, es que hay que ver. ¿Pues no me ha dicho que si no será ‘gay’ la de La importancia de los números primos? ¿Y qué demonios importará eso? ¡Como si la literatura entendiera de géneros! Porque, vamos a ver, estás leyendo una historia, una ficción, y cada lector extrae su propia lectura y mensaje, y más si para es un profesor, que se supone que debería ser un poco abierto de mente, ¿o no? ¡Que es EDUCADOR, diantre!.. BRRRRR. No sé qué me indigna más, si esto o aquella vez que me soltaron eso de “Ah, pero… ¿las novelas gay no son porno?” Pero mira que llega a ser atrevida la ignorancia… ¡ISSSSHHHH! Por esa regla de tres no podrías leer una novela sobre, qué se yo, apicultores, porque como no te dedicas a la cría de abejas… Ni sobre otros ambientes, culturas ni civilizaciones… Ay, señor, es que cuando nos da por estrecharnos la mente no hay quien nos pare…

Y así seguí hasta que, tras un carraspeo, mi librero me cortó con un simple:

Oye, por cierto, ¿Qué tal está la de Paolo Giordano? Aún no me decidí a leérmela

.

Y entonces yo reconduje mis energías a una nueva causa: convencer para que se leyera una de las novelas más impactantes y conmovedoras con las que nos hemos topado últimamente mi pelucón y yo.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿qué os parece la actitud de mi clienta? ¿Cómo hubiérais reaccionado vosotros de haber estado en mi regino pelucón? ¿Le dais importancia a la orientación sexual de los protagonistas de los libros que leéis? ¿Por qué sería tan esencial para ella ese detalle? ¿Leísteis La soledad de los números primos? ¿Os gustó?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: Mattia y Alice son dos seres que sufren. En algún momento de sus respectivas infancias el destino les quebró el alma y el cuerpo, y desde entonces un dolor que es tan denso que es prácticamente palpable, les aísla del resto. A los quince años se encuentran y, pese a que cada uno es dueño de un espinoso secreto que les atormenta y condiciona al tiempo que marca distancias entre ambos, ya no se separarán jamás. Porque la suya es La soledad de los números primos (Salamandra), donde Paolo Giordano construye una brillante metáfora literaria de base matemática, en la que Mattia y Alice son números primos gemelos, aquellos entre los que siempre se interpone un número par. Así Mattia y Alice cohabitan en su propio universo de la misma forma que el 11 y el 13 permanecen en las hileras numéricas, próximos pero sin llegar nunca a rozarse. Una novela de una dolorosa y conmovedora belleza contenida en el haz de luz de la mirada cuarteada de sus dos protagonistas. Maravillosa.

¿Qué regalas más, libros o colonias?

Con un pie en esta Nochebuena ‘sin blanca’ en reginaexlibrislandia la caja registradora humea y los libreros no damos a basto. Sí, queridos, parece que la Providencia Librera atiende nuestras plegarias y la gente ha optado por regalar libros en estas fiestas de cinturones prietos, hologramas de vacas flacas y números rojos.

Con tanto trajín, tanta sugerencia de libro-regalo por segundo y tanto indagar en inquietudes bibliófilas de terceros a velocidad de crucero echamos el cierre tan exhaustos como pletóricos, pero siempre con tiempo para entregarnos a nuestro particular aquelarre librero.

El ritual es sencillo: tirados en el suelo y al abrigo de frondosos árboles de hoja impresa ponemos en común anécdotas del día, comentamos tareas pendientes y nos retamos unos a otros con los mismos ardides con los que la Providencia Librera tuvo a bien desafiarnos horas antes.

Pues bien, hoy uno de mis libreros lanzó un misil tierra aire en forma de pregunta que abrió el debate. Según él, ha observado que la gente este año, además de libros, opta por regalar perfumes, y así nos lo dejó caer en plena sesión:

– Librero2: ¿Qué regalo prefiere la gente, un libro o una colonia?- Regina: Mmmm, buena pregunta. Pero creo que la respuesta depende del destinatario.

– Librero3.: ¿Qué dices?

Regina.: Sí, depende del apego que le tenga a su esencia y de si ha leído o no El Perfume.

– Librero2.: ¿El de Süskind?

– Regina: Sí, ese. Veréis, yo siempre pensé que hay una o dos fragancias para cada persona, no más, hasta el extremo que llevo veinte años con la misma colonia. Pero desde que leí ese libro supe que estaba en lo cierto, y el respeto que de forma innata tenía al universo aromático se multiplicó por mil.

– Librero3: Sigo sin ver a dónde quieres ir, Regina.

– Regina: Que hay gente que opta por regalar colonias porque es más sencillo elegirlas y porque creen ir sobre seguro, mientras que sienten que meterse a elegir libros es terreno pantanoso, algo más complicado y con menos posibilidades de éxito.

– Librero 2: Visto así, la verdad es que tengo más colonias sin abrir que libros sin tocar.

– Regina: ¡Claro! Un perfume o una colonia es de los regalos más personales que se pueden hacer… Acertar con la fragancia X para la persona Y es una lotería, salvo que vayas sobre seguro y te limites a regalar a tu destinatario ‘su’ colonia.

– Librero 3: Sí, y además a la larga tienes más probabilidades de leer un libro que en su momento no te atrajo que de echarte una colonia que te repele, o que simplemente no huele bien en tí.

– Regina: ¿Lo ves? En el libro de Süskind aprendes que una misma colonia no huele igual en todas las pieles, el secreto está en que armonice con tu fragancia personal.

– Librero 2: Pues aún así, creo que la mayoría prefieren regalar una colonia…

Y en esa espiral olfativo-bibliófilo-especulativa seguimos dando vueltas un par de horitas más antes de abandonar reginaexlibrislandia…

Y vosotros, queridos, ¿qué regaláis con mas frecuencia, libros o colonias? Y cuando os toca recibir, ¿qué os hace más ilusión? En vuestra experiencia, ¿con cuál de las dos opciones hay más probabilidades de éxito? ¿Creéis que el perfume es un regalo más personal que un libro?

Nota de Regina. Para quienes tengáis la suerte de no haberos leído aún El Perfume, de Patrick Süskind, haceos con un ejemplar cuanto antes. En el libro Jean-Baptiste Grenouille no despide ningún olor, pero posee un olfato prodigioso que hará de él un afamado perfumista, cuyas creaciones enloquecen a media Francia.

Sin embargo, la esencia definitiva que le obsesiona exige el sacrificio de jóvenes vírgenes para licuar sus fluidos corporales. Exquisita, inquietante e inesperadamente reveladora logra que uno no afronte con tanta ligereza el ritual cotidiano de elegir colonia…..

Y para despedirme por hoy os dejo el trailer de la adaptación cinematográfica homónima del novelón de Patrick Süskind que filmó en 2006 Tom Tykwer :

Ah y para todos vosotros, reginaexlibrislandianos asiduos y efímeros… ¡¡¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!!

“El soldado Svejk es como Gila, pero en libro”

Hoy he aprendido que para hacer de la guerra algo hilarante y absurdo o eras Gila o Jaroslav Hasek.

Así que, desaparecidos los dos, del español nos quedan los archivos televisivos y del escritor checo parte de su gran e inacabada obra: Las aventuras del buen/valiente soldado Svejk, cuyo título baila al son del editor de turno.

Aunque admiradora tanto de uno como del otro, hasta hace unas horas jamás se me pasó por el pelucón el conectarlos. Pero la Providencia Librera tuvo a bien materializar a dos ancianos en mis confines para que uno de ellos me iluminara con su ingenio.

Veréis, hará un mes escaso llegó a mis confines regios la nueva edición que Galaxia Gütenberg ha tenido el buen ojo de regalarnos a los bibliófilos de pro: traducida directamente del checo y con ilustraciones originales de Josef Lada, que en su día acompañaron al texto recién impreso.

Entre emocionada y ansiosa, devoré las casi 800 páginas de uno de los textos más hilarantes, inesperados, tiernos y reveladores de la literatura de todos los tiempos, que es además uno de los argumentarios antibelicistas más lucidos que jamás se hayan escrito. Regina dixit.

El caso es que tenía yo un par de esos volúmenes por reginaexlibrislandia cuando esta mañana me dio por sacar uno a una de mis mesas de novedades. Me dije:

Regina, cielo, deja que se airee el bueno de Svejk, que falta le hace.

Al rato, mientras me afanaba yo en mis quehaceres libreros, entraron dos sexagenarios. Según supe luego, buscaban un regalo para Juanito, compañero de tardes de dominó en el centro de mayores al que acuden, y al que, por lo que cotilleé, le encanta leer:

Ciente 1: Yo, chico, no sé qué le gustaráCliente 2: NO te apures, hombre, si Juanito lo lee todo

C1: ¡Por eso, a saber qué no tiene!

C2: ¿Y qué tal el Planeta, el de Savater?

C1: Quita, quita, Tomás… ¿No le has oído despotricar contra él?

C2: La verdad es que no.

C1: ¡Si se puso como una fiera el día que se enteró!

C2: Ah. ¿Y el del Pijama de Rayas del que todos hablan?

C1: No, hombre, no, ése sí que se lo leyó ya. No le pareció gran cosa.

C2: Madre mía, cuánto libro… no sé por dónde mirar

C1: ¡Anda, mira este de aquí!

C2: ¿Cuál?

C1: Las aventuras del buen soldado Svejk… ¡ilustrado!

C2: No lo conozco.

C1: Está ambientado en la Primera Guerra Mundial, y lo protagoniza un soldado tonto que desquicia a sus superiores.

C2: ¿Pero es bueno, te ríes?

C1: Mira, para que te hagas una idea: es como lo que hacía Gila con el casco y el teléfono, pero en libro y ambientado en Centroeuropa.

C2: ¿Cómo Gila? ¿No me digas? Pues a Juanito le encantaba verlo por la tele…

C1: Mira, yo creo que le llevamos este. Aunque se lo haya leído, es una bonita edición. ¿Te parece?

C2: ¡Si! Y luego se lo pediré prestado.

Y se lo llevaron, y a mi me encantó la comparación entre Gila y la obra magna e inacabada de Hasek. Razón no le faltaba al caballero, la verdad.

Para quienes no conozcáis la novela, una de las grandes y más internacionales de toda la literatura checa, cuenta las andanzas de Josef Svejk, un bobalicón que logra alistarse para servir al Imperio Austrohúngaro en la Gran Guerra a pesar de que es un idiota consumado.

Pero no uno cualquiera, no, hablamos de un ‘imbécil’ con certificado oficial y todo que, una vez embutido en su uniforme, desquicia al oficial más hierático con su estupidez simplona cargada, por otra parte, de lucidez frente al sinsentido bélico y la rigidez castrense. O, lo que es lo mismo, cientos de páginas de sátira inteligente para pulverizar la irracionalidad hecha hombre, intereses cruzados y guerra.

Y vosotros, queridos, ¿conocíais Las aventuras del buen soldado Svejk? ¿Y a Hasek? Para los que sí, ¿qué os parece?

Para quienes aún no os lo hayáis leído aquí va un pequeño Guiño a don Miguel Gila en uno de sus monólogos bélicos más memorables. Si se os escapa alguna carcajada, no lo dudéis e id a por Las aventuras del bueno de Svejk:

¿Y por qué La elegancia del erizo?

Mi pelucón y yo llevamos horas en ‘modo peonza’, dándole vueltas y más vueltas a un reginaexlibrislandazo que hemos dado esta mañana.

El miedo a haber patinado en la elección de una sugerencia bibliófila nos tiene total y absolutamente paralizadas, con la mirada fija en la nada y disparándole al vacío la misma frase, como si en lugar de boca tuviéramos una escopeta de repetición y necesitáramos vaciar el cargador a toda costa:

¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo?…

Ha sido otro de mis libreros el que se ha decidido a arrancarme de mi estado de flagelación mántico-librera:

– Librero: ¿Regina? ¡OYE, RE-GI-NAA!- Regina: ¿Qué, qué, QUEEEEEEEE?

– L.: ¿Te pasa algo? Llevas ahí un rato, farfullando algo de un erizo. Cualquiera que te vea te toma por chiflada.

– R.: Es que no se me va de la cabeza, no se me va, ¿te lo puedes creer?

– L.: ¿El qué?

– R.: Pues esta mañana, que ha venido una chica con ojos llorosos a pedirme un libro.

– L.: ¿Y?

– R.: Me dijo que no era para ella, sino para un primo suyo que tiene leucemia y que esta tarde se internaba para someterse a un tratamiento. No sabía qué libro llevarle, a ella no le gustaba mucho leer, pero por lo visto a él si.

– L.: Vaya. ¿Y te dijo algo más?

– R.: Que le dijera uno yo, que no podía pensar. Me contó que como su primo sí lee no quería algo ‘muy bestseller’, y tampoco algo que le hundiera. Literalmente me dijo: ‘algo divertido, oh, bueno, irónico. Juan es muy irónico. Y profundo.’

– L.: Bueno, ¿y qué le diste?

– R.: Pues La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. No sé por qué, sólo podía pensar en él. Otras veces se me ocurren varios y dejo que la otra persona opine, pero ésta vez no sé por qué lo único que veía cuando volvía la mirada hacia adentro era La elegancia del erizo.

– L.: ¿Y se lo llevó?

– R.: Si. Pero antes me preguntó: ¿crees de veras que a él le gustará, que le irá bien ahora?

– L.: ¿Y qué respondiste?

– R.: Que sí, que creía de veras que, por lo que ella me había dicho, era el libro adecuado para su primo.

– L.: Entonces, ¿cuál es el problema?

– R.: No sé, estaba muy segura. Pero fue irse ella y a mi se me agrietó el firme suelo librero sobre el que suelo corretear. Me aterra que no le guste o que no sea el libro adecuado para su estado anímico, que si está en un precario equilibrio emocional una lectura inadecuada le remate…

– L.: Regina, eso no está en tu mano. Tú has hecho lo que has podido y con la mejor intención, ¿no?

– R.: Si

– L.: ¡Pues ya está!

Decidí sacudirme la inquietud espiritual moviendo unas cuantas cajas.

Mientras lo hacía reflexioné sobre el fenómeno de La elegancia del erizo, una de las lecturas que más me ha impresionado en los últimos dos años y que, por suerte, sigue circulando sin cesar y por obra y gracia del ‘boca a boca’ y del ‘ojo al ojo’, que es como llamo yo al fenómeno de recomendación silenciosa y anónima vía ver un desconocido enfrascado en la novelita en cuestión.

Y vosotros, queridos, ¿leísteis La elegancia del erizo? ¿Cómo llegasteis a ella? ¿Qué lectura le hubierais sugerido a la chica? ¿Acerté? ¿Patiné?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: El gran milagro de la Literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura, humor y píldoras sobre el amor, la sociedad, la amistad, el Arte y la felicidad. Sus dos protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino que desencadenará la catarsis espiritual de estas dos almas gemelas. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y tremendamente divertida, cargada de esas verdades veladas que todos miramos pero que sólo algunos ven a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora y deliciosamente inesperada.

“Si Nabokov quiso que su Laura ardiera, ¿por qué la publican?”

En reginaexlibrislandia hay tardes para las que la Providencia Librera designa tertulias literarias que tienen el encanto de lo inesperado.

Sin ir mas lejos ayer bastó con que un cliente asiduo se adentrara en mis confines en busca de un novelón como Lolita para que se abriera la veda de un debate sobre el legado inédito de Nabokov.

En concreto la cosa iba sobre su inacabada Laura, una novelita cuya incineración el escritor ruso encomendó a su esposa antes de morir, tarea que ella finalmente no consumó, y que ahora su hijo ha subastado para la inminente publicación, prevista para septiembre de 2009:

– Cliente: Ya no lo dejo pasar más: hoy me pongo con Lolita.- Regina: Bueno, nunca es tarde, ¿no? Es tan turbadora como impecable y, para colmo, tiene uno de los arranques más demoledores de la historia de la literatura.

– C.: ¿A ver? Mmm: ” Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía.”

– R.: ¡Ish! No me canso de ese comienzo, y cada vez que lo releo Nabokov me deja cao. Esas dos frases son un gancho de derecha demoledor que nunca acierto a encajar sin que me tumbe.

– C.: La verdad es que es impactante… como toda la novelita sea así…

– R.: No esperes menos. ¿Has leído algo más de Nabokov?

– C.: La verdad es que no, ¿y tú?

– R.: Yo Ada o el Ardor, y sus Curso de literatura europea y Curso de literatura rusa, que son compendios de las clases que impartió en su época docente. Te las recomiendo como guías de lectura.

– C.: Oye, ¿y esa otra de la que hablan en La Vanguardia, la que dijo que quemaran?

– R.: Si, Laura. Su novela inacabada, ésa que le pidió a Vera, su mujer, que quemara, pero que ella no echó al fuego. Lo que hizo fue confinar las fichas manuscritas en una caja de seguridad en Ginebra, y ahora su hijo ha decidido subastarlas para su inminente publicación.

– C.: ¡No me jodas, qué buitre! Pero si Nabokov quiso que su Laura ardiera, ¿por qué la publican?

Y justo ahí fue cuando otro librero y un par de espontáneos emergieron por entre mis baldas, al parecer incapaces de desoír la llamada de una buena charla sobre letras.

¿Deben respetar la voluntad de Nabokov de destruir el manuscrito inacabado de Laura? ¿O por el contrario hacen bien en editarlo para brindar a legiones de lectores la oportunidad de leer otra novela de uno de los genios de las letras?

De los cinco que parloteábamos en mis confines dos estaban a favor de la publicación de Laura en el nombre de la Literatura, mientras que otros dos afirmaban que debía respetarse la voluntad del creador de Lolita, máxime tratándose de una obra inacabada.

En cuanto a la quinta voz en discordia, la mía, mucho me temo que no hubo consenso entre mis dos mitades.

Así que mientras mi pelucón librero insistía en que Laura debe circular entre los lectores, el resto de mi mismidad se decantaba por respetar la voluntad del padre literario de la criatura.

Y vosotros, queridos, ¿qué opináis? ¿Hacen bien en publicar Laura o deberían quemar las fichas manuscritas que la integran, tal y como el escritor ruso quiso?

¿Pero, El principito no está ya muy pasado?

Ni estos meses al timón de reginaexlibrislandia ni las advertencias de experimentados profesionales del libro me preparaban, ni a mi ni a otro de los míos, para la clase de prueba que la divina providencia librera nos tenía reservada para una tórrida tarde de agosto.

Tanto fue así que la experiencia nos metamorfoseó en estatuas de hielo cuando la temperatura ambiente allá entre nuestras cajas y pilas de libros rondaba los cuarenta grados, y subiendo. Pero es que hay situaciones ante las que la sensiblidad y el sistema nervioso central de un amante de la literatura nunca sabes cómo van a reaccionar.

Y esta vez a nosotros se nos cayó la temperatura corporal cuando una señora de unos sesenta años acudió a nosotros en busca de ‘un libro especial’ para su ahijada, que hacía su primera comunión:

– Clienta: Ya le he comprado algo de ropa, pero quiero regalarle también un libro bonito. No la veo muy a menudo porque vive fuera, y quiero que sea algo… pues eso, especial. Algo que conserve.- Regina: Bueno, en ese caso yo sin duda le diría que le lleve El Principito en cualquiera de sus ediciones. Ahora mismo aquí tenemos tres en castellano y una bilingüe, francés-español.

– Librero 2: ¡Sin duda! Yo le iba a sugerir tambien a Saint Exupéry

– Clienta: ¿Eseeeee? ¿Pero El Principito no está ya muy pasado?

Antes de cerrar el signo de interrogación un viendo gélido nos dejó de hielo. Fue horas más tarde, cuando nos afanábamos en absorber con dos fregonas nuestro asombro ya derretido a nuestro lado del mostrador, cuando recobramos la serenidad suficiente como para hablar del tema sin que nuestros dientes rechinaran de rabia.

La conclusión fue, obviamente, que cómo es posible que a alguien se le pase por la cabeza la idea de que El Principito esté pasado de moda.

Al final la buena mujer se llevó La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego:

“Es más reciente, creo que gustará más”.

Y vosotros, queridos, ¿creéis que El Principito puede resultar anticuado? ¿Qué le hubierais dicho a la señora? ¿Cuántes veces os habéis leído El principito? ¿Recordáis vuestro primer ejemplar? ¿Lo conserváis?