Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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¿Son ‘6 euros’ una razón para leer?

Cuando de lo que se trata es es de reclutar nuevos bibliófilos todo vale en reginaexlibrislandia, y más allá. El Maquiavelo que cohabita dentro de mi se abre camino por entre los pliegues de mi epidermis y apoyo cualquier iniciativa orientada a espolear el hábito lector en el intelecto ajeno. Anuncios televisivos, adaptaciones cinematográficas de novelas, personajes públicos con ejemplares bajo el brazo, mensajes en marquesinas… ¡lo que sea!

Llegados a este punto os diré que, aunque algunos ardides me entusiasman más que otros, ¡qué demonios! Como el fin justifica los medios si me apuráis hasta disfruto con según qué despliegues marquetinianos de determinados titanes del inframundo de los grandes sellos editoriales.

Me digo:

“Regina, cielo, ¡qué más da que a ellos sólo les animen las cuentas de resultados? Vale que sus campañas se orientan a la venta-venta-venta-y mas venta, pero si detrás se obra el milagro de la lectura en los más remolones… ¡loada sea, bo-ni-ta”

Por eso cuando hace un rato me topé de narices con un faldón publicitario de Punto de Lectura, sello de bolsillo del Grupo Santillana, en un periódico nacional, me dio por analizar el anuncio.

Y como si no lo comparto con mis reginaexlibrislandianos de pro reviento pues aquí me tenéis, café en mano y a punto de bombardearos a preguntas.

¿Listos, queridos? Allá vamos…

Esta es la versión on line de la campaña:

Y los ‘doce títulos’ que hay detrás de esas ‘doce razones’ son:

Travesuras de niña mala, de Vargas LLosa.

El maestro de esgrima, de Pérez Reverte.

El alma está en el cerebro, de Punset.

Mira si yo te querré, de Luis Leante.

La muerte viene de lejos, de J.M. Guelbenzu.

Sin hogar ni lugar, de Fred Vargas.

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset.

Sincrodestino, de D. Chopra.

Arrastrado por el mar, de Nora Roberts.

En lo bueno y en lo malo, de C. Matthews.

Una apuesta peligrosa, de J. Crusie.

El anillo de Carevalo, de Tracy Grant.

Y bien, reginaexlibrislandianos de mi pelucón, decidme… ¿qué os parece el anuncio? ¿Creéis que el slogan es acertado? ¿Qué pensáis de la selección de títulos? ¿Y del precio? ¿Habíais visto esa publicidad hasta ahora?

Yo, la verdad, es que no sé qué pensar… ¿De verdad son 6 euros una razón para leer? Una cosa es afinar el precio, pero quizá debería primar la selección de títulos y que éstos, quizá, fueran otros…

¿Tapa dura o edición de bolsillo?

La ingesta indiscriminada de letras me ha convertido en un ser literal con tendencias melodramáticas o, lo que es lo mismo, reacciono ante determinadas situaciones metamorfoseándose en mis referentes novelescos.

Es lo que yo llamo mi fondo de armario, queridos, y para cada conflicto tengo un personaje que me ampara, o incluso varios. Ya veis, unos se enfrentan al mundo de la mano de Dior, Carolina Herrera o Cavalli mientras que yo me visto de Cervantes, Djuna Barnes, Proust, Hesse, Pizarnik o cualquiera de las deidades que habitan mi olimpo literario.

Por ejemplo, cuando he de afrontar un dilema opto por ponerme shakespeariana. Desenfundo mi piel de Hamlet con calavera de Yorick y todo y, hala, a buscarle sentido al universo, o a lo que tenga en mente. Precisamente ayer reginaexlibrislandia entera se materializó en el Castillo de Elsinore, en Dinamarca, y ahí estaba yo, azotada por el viento y la bruma, desgarrada por la siguiente cuestión:

– TAPA DURA O EDICIÓN DE BOLSILLO, ESA ES LA CUESTIÓN…

Recabando datos tomados desde mi privilegiado púlpito librero concluyo que, salvo cuando se trata de regalos, de ediciones especiales o una novedad con la tinta aún húmeda la gran mayoría de mis clientes prefieren las ediciones de bolsillo.

Lo hacen por la que he bautizado como cuestión de P.E.C. (Precio, Espacio, Comodidad). Para un ávido lector y bibliotecario doméstico, los tres o cuatro libros mensuales de media son, según la edición (hasta 11 euros bolsillo, el resto tapa dura en distintos formatos), un gasto asumible o un lujo inalcanzable.

En cuanto al espacio, el que dispone cada cual para su biblioteca es cada vez más reducido, bien por restricción de metros cuadrados por persona, bien por baldas ya atestadas, bien por la suma de los anteriores. Y lo de la comodidad viene determinado por una rutina a contra reloj, que obliga a devorar párrafos a hurtadillas en cualquier momento y lugar, por lo que cuanto más pequeño y manejable sea el libro, mejor.

Como colofón diré que en el mercado de las letras los sellos de bolsillo han brotado como setas en los últimos cinco años.

Mientras los grandes titanes del negocio del libro reeditan con un margen temporal cada vez más estrecho sus títulos estrella en formatos más económicos, otros a cuyos pies me postro rescatan del olvido títulos descatalogados o inéditos.

Como clienta y compradora compulsiva de letras hace años que, salvo gloriosas excepciones, me decanto por las ediciones de bolsillo por cuestión de P.E.C.

Pero, ¿y vosotros, queridos? ¿tapa dura o bolsillo?