Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¿Me leo Guerra y Paz abreviada?”

Que Tolstói me perdone. A mi, a quien si Anna Karénina me cautivó, Guerra y Paz me consagró como madre superiora de la santísima orden bibliófila de los tostoianos de corazón. En su día, me la leí en una edición de Aguilar de aquellas encuadernadas en papel-biblia que me enseñó qué era eso de la pre-lectura: las hojas eran tan finas y la tinta tan basta que cuando leía una página alcanzaba a ver entre líneas el contenido de las siguientes. Toda una experiencia lectora, queridos.

Ahora en reginaexlibrislandia tengo dos ediciones en rústica de la obra inmortal de León Tolstói: la editada por Taller de Mario Muchnik, y la de Mondadori en su colección de Clásicos, amén de alguna que otra formato de bolsillo (Alianza, Debolsillo, Cátedra). La diferencia entre las dos citadas de tapa dura es que, además de distintos traductores y editores, una tiene 671 páginas más que la otra.

A nivel personal no le había dado más vueltas al asunto, hasta que hoy la Providencia librera decidió tocarme a Tolstói y sus dos ediciones materializándose ante mi en la forma de uno de mis más queridos reginaexlibrislandianos asiduos:

 

– Cliente: ¡REEEGINAAA!- Regina: ¡Hola! ¿Qué haces aquí, te pensaba en la costa?

– C.: Sí, me fui, pero he regresado sólo para marcharme de nuevo.

– R.: ¡Ja, ja, ja! NO esperaba menos de ti

– C.: A ver, que quiero por fin sentarme con Guerra y Paz y veo que tienes dos ediciones, de Mondadori y de Mario Muchnik.

– R.: Así es, ¿y bien?

– C.: ¿Cómo que ‘y bien’? ¿Que cuál me llevo? Me gustan ambas, pero ¿por qué una tiene 1855 páginas, y la otra 1184?

– R.: Escabrosa cuestión… Verás, teóricamente circulaba un manuscrito de Guerra y Paz en su primera versión, sin una edición cuidada y sin que Tolstói hubiera trabajado sobre ella lo suficiente. Más adelante, la publicó de nuevo con notas y revisiones suyas, y ya se montó el lío: los más puristas dicen que ‘el bueno’ es la versión más breve, mientras que otros afirman que si él escribió esos añadidos a posteriori y los publicó esa habría de ser ‘la definitiva’.

– C.: Ya veo, ya…

– R.: La de Mondadori sería esa primera versión, mientras que la de Mario Muchnik es la segunda. Además, en el original ruso Tolstói incluye frases y expresiones en francés con toda la intención, y eso lo ha respetado la de Muchnik. El problema es que tienes que ir cada dos por tres a un glosario francés-castellano para no perderte, y para muchos es muy incómodo.

– C.: ¿Francés?

– R.: Claro, date cuenta que en Guerra y Paz Tolstói retrata la Rusia en pleno choque apocalíptico con la Francia de Napoleón, y muchos de los aristócratas que echaban pestes de los galos y aireaban su nacionalismo ruso adoptaron a velocidad titánica modos, modas, poses y expresiones francesas… ¡Se afrancesaron! Con ese detalle Tolstói te dice mucho de cómo estaba el patio… Así que al dejar intactas esas formas de hablar la de Mario Muchnik gana veracidad con respecto del original, pero si no sabes francés resulta pelín pesado…

– C.: Ahh, pero, oye, ¿y tan gordo es ese glosario de expresiones, que ocupa casi 700 páginas?

– R.: ¡No, qué va! Es que esa versión incluye notas, comentarios y revisiones del propio Tolstói… Él la remató, vamos.

– C.: Pues no sé cuál llevarme, la verdad.

– R.: Pffff, a ver, aunque quizá sea menos manejable yo, de meterme a leer algo tan grande como Guerra y Paz, me decantaría por la íntegra, por la de Mario Muchnik. Pero es algo personal…

– C.: Sí, eso pensaba yo. ¡Todo sea que muera de sobreingesta de Tolstói!

 

Y sí, se llevó Guerra y Paz en la edición del Taller de Mario Muchnik… Ahora su versión Mondadori me observa desde su balda con ademán rencoroso…

A los que aún no os hayáis perdido por entre las líneas del maestro ruso sólo os diré una cosa: una vez os hayáis internado en la Rusia de letras dibujada a palabras por Tolstói no querréis abandonarla, de forma que hasta lo descomunal de sus novelas os parecerá una bendición. Regina Dixit.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Guerra y Paz, de Tolstói? ¿En qué edición? ¿Cómo os dio por leerla? Si os planteáis leerla, ¿escogeréis la de Mondadori o la del Taller de Mario Muchnik? ¿Por qué una y no otra?

 

Para terminar os dejo el trailer de la adaptación homónima a celuloide filmada en 1953 por King Vidor y protagonizada por Audrey Hepburn, Henry Fonda y Mel Ferrer:

 

“Dícteme todos los libros que tiene en inglés en su librería”

Hoy amanecí con el pelucón hecho un desastre, el alma hecha jirones y, lo que es peor, con el ánimo decididamente tolstoiniano. Quizá por eso lo primero que hice al materializarme en reginaexlibrislandia fue abalanzarme sobre la balda que cobija los ejemplares de los maestros rusos.

“Regina, cielo, me dije… ni Los húsares, ni Guerra y Paz, ni Crimen y Castigo, ni La Muerte de Iván Ilich ni Memorias del subsuelo. Yo sé que tu sabes que ambas sabemos que lo que tu necesitas para recomponerte el alma es Ana Karénina. Así que, divina, atúsate el pelucón y a ello”

Recuerdo que cuando leí el novelón la primera vez algunos fragmentos que me azotaron cuerpo y alma con la intensidad de latigazos. Y no importa cuantas veces la retome: ZAS, ZAS, escuece igual.

En ella, Ana Karénina -flamante dama de la alta sociedad rusa, casada y con un hijo – sucumbe a los encantos del conde Vronski e inician un apasionado romance que, aunque abocado al fracaso, parece ser la única salida de la pareja. El precio que Ana paga por su amor adúltero es su hijo y la condena social, y aunque siguen adelante a pesar de todo y de todos se trata de un amor tan abrasador que termina por consumirla. Su grandeza es ser fiel a sus sentimientos por encima del bien, del mal, de convenciones sociales y, ejem, de su marido:

–No se equivoca usted –dijo lentamente Ana, mirando con desesperación el semblante impasible de su marido–. No se equivoca… Estaba y estoy desesperada. Mientras le escucho a usted estoy pensando en él. Le amo; soy su amante. No puedo soportarle a usted; le aborrezco. Haga conmigo lo que quiera.

Así que es una de las lecturas que prescribo desde mi púlpito librero cuando el equilibrio emocional -el mío hoy, quizá el vuestro en otro momento, queridos- alcanza un grado de precariedad insostenible.

Y por esa espiral kareniniana nos deslizábamos mi maltrecho pelucón y yo cuando, RIIIIINGGGGGGG, sonó el teléfono:

– Regina: ¿Quién es?- Voz: ¿Es la librería?

– R: Si, ¿quién es?

– V.: Mire, a ver si me puede ayudar. ¿Qué libros tiene en inglés?

– R.: ¿Perdone?

– V.: Que me diga qué libros tiene que estén escritos en inglés.

– R.: Pero, ¿todos? Oiga, que tengo cerca de cuatrocientos, entre clásicos, contemporáneos, adaptados y graduados. ¿No podría concretarme más?

– V.: No, es que es un libro para mi hija, que tiene 13 años y sabe nglés. Tiene que leerse uno, el que ella quiera, y me ha dicho que se lo compre.

– R.: Bueno, no sé, puedo sugerirle unos títulos…

– V.: Que no, usted me dice los que tiene, y cuando venga la niña que los mire y ya voy yo mañana y se lo compro. Es que es muy especialita.

– R.: Ya, pero ¿no sería más práctico que ella le apuntara unos títulos o, mejor aún, que viniera ella misma a elegirlo?

– V.: Ah, no, eso no, que mi niña está muy liada.

Aquí me salió la Ana que llevo dentro y, sin perder las formas pero escupiendo un alud de palabras de hielo congelé la respiración de la mujer al otro lado de la línea:

– R.: Lo siento, señora, pero no voy a dictarle mis 400 referencias en inglés. Mi tiempo es oro y hay vida más allá de los intereses de su pequeña, por muy especialita que sea la niña. Buenos días.

Y colgué. No tenía yo el alma para verbenas. Pero, claro, empezó la irremediable cuenta atrás…

… tres, dos, uno: ¡CHOF! La culpa cayó sobre mi pelucón como una masa gelatinosa.

Pero justo cuando iba a entregarme a una sesión de autoflagelación librera Anna Karenina me poseyó y me escuché a mi misma vociferarme bajo el pelucón:

“No, ahora no puedo pensar en esto. Lo dejaré para más adelante, cuando me encuentre más tranquila”.

Aunque, queridos, algo me dice que en mi pelucón no hay más sitio para esa llamadita que la que ocupó la transcripción del episodio. ¡Hombre ya!

Y a vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿os parece normal la petición telefónica? ¿Qué opináis de Ana Karénina?

 

Os dejo a la gloriosa Greta Garbo en la adaptación que en 1935 hicieron del novelón de Tolstói: