Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¿Y cómo es tan caro este libro, con la poca letra que tiene?”

Al peso,queridos, al peso. Hay quien cree que el precio de un libro debería fijarse en función del número de páginas y de la cantidad de palabras por página de cada ejemplar.

Menudencias como la calidad del papel, el tipo de letra, las costuras, la tinta, la encuadernación, la talla de la pluma que lo firma o incluso si es ilustrado o no son menudencias. Tantas palabras en tantas páginas a tantos euros. Y a correr.

Más o menos ése era el razonamiento de una buena señora que esta mañana me increpó con una pequeña gran joya en la mano. Se trataba de la maravillosa edición de bolsillo de El Festín de Babette de Isak Dinesen, editado por Nórdica Libros, con soberbias ilustraciones de Noemí Villamuza.

– Clienta: ¡Oiga, oiga! ¿Y cómo es tan caro este libro, con la poca letra que tiene?

– Regina: Hombre, porque es ilustrado y, por ejemplo, por el tipo de papel. ¡Tóquelo!

– C.: Ya, pero son unas 100 paginitas con letras gigantes ¡ y vale 16 euros!

– R.: Pero…

– C.: Y en cambio este otro (señala la edición de bolsillo de La Catedral del mar, de I. Falcones) que me trajo mi hijo el otro día tiene casi 700 páginas y vale 12 euros. ¡Usted me dirá…!

– R.: Pero, señora, es que el precio de los libros no se marca al peso. Depende de muchos factores. Por ejemplo ese que me trae es algo muy especial, por eso es ligeramente más caro que otros del mismo ‘tamaño’ que…

– C.: ¡Bobadas! Es un robo, eso es lo que es.

Y mientras mi sensibilidad librera se recobraba del mazazo la buena señora me dejó entrever su carrito de la compra, por el que asomaba mi inspiración regia materializada en naranjas, picotas y una lechuga.

Entonces yo ataqué sin piedad, pero con diplomacia:

– R.: Mírelo así, ¿por qué paga más por las picotas que por las naranjas, si éstas son más grandes?

– C: ¿Qué tendrá que ver la fruta con los libros? Una picota es una picota, y una naranja es una naranja.

Y se fue, pero eso mismo me hubiera gustado responderla: que cada libro es único.

Y vosotros, queridos, ¿escuchasteis algo semejante alguna vez?

NOTA DE REGINA: La siempre exquisita baronesa Karen Blixen, alias Isak Dinesen, dejó en El festín de Babette una de las piezas más hermosas y cautivadoras de la Literatura no sólo nórdica, sino universal.

En ella narra cómo a finales del S.XIX una emigrante francesa de oscuro pasado va a parar a una comunidad luterana afincada en una aldea de pescadores de la remota costa danesa para entrar a servir a las dos hermanas favoritas de la congregación. Tras catorce años de convivencia Babette sigue sin encajar, pero todo cambia cuando, para agradecerles su hospitalidad, decide invitarlos a todos a cenar porque más allá de un extraordinario banquete lo que les da es una lección de magistral de vida entre plato y plato. Un clásico.

Hasta el pelucón de ‘ediciones de regalo’

Como reciba la ‘edición para regalo’ de alguna novedad más creo que me voy a poner a gritar.

Pero, ojo, maticemos, no tengo nada en contra de las ediciones conmemorativas o de aquellas de clásicos en las que se introduce algún elemento enriquecedor, como pueden ser ilustraciones. Esas sí son ediciones especiales de un título.

Por ejemplo, acaban de salir tres auténticas joyas, dos en Nórdica Libros y la tercera en galaxia Gütenberg: El festín de Babette de Isak Dinesen ilustrado por Noemí Villamuza, Bartleby el escribiente de H. Melville ilustrado por Javier Zabala y El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad ilustrado por Ángel Mateo Charris.

Pero no hablo de este tipo de maravillas, que va, yo hablo de los productos de temporada navideña, de versiones para regalo de las últimas novelas de Antonio Gala, Almudena Grandes, Javier Marías, Ildefonso Falcones, etc.

Hablo de cosas como que El Corazón helado, El Pedestal de las estatuas o La Catedral del Mar vayan en una caja de cartón e incluyan cualquier otro elemento multimedia, lo que sube entre 8 y 20 euros el precio de venta, cosa que en principio me beneficiaría. Pero no.

Y no solo es que no me beneficie, es que además me repatea porque cada una de esas ediciones especiales me ocupa en la tienda tres veces el espacio físico de su ejemplar original, con lo que puedo tener menos títulos en stock y menos expuestos.

Y para colmo resulta que hasta pasados Reyes para editoriales y distribuidores deja de existir el ejemplar original, y por más que insisto en mis pedidos ellos me endiñan la versión ‘atusada’. Y luego soy yo la que me tengo que tragar tres veces en una misma tarde cosas como:

– Hola, ¿tienes el último de Almudena Grandes?- ¿El corazón helado?

– Si, lo tengo en edición de regalo…

– Ah, no, pero yo lo quiero sin caja ni dvd. Vaya, solo el libro..

– Lo siento, no me quedan…

Más o menos la media viene siendo que de diez clientes que me han preguntado por un título uno se decide por esa otra edición de regalo. Los otros nueve se van con las manos vacías, y contrariados.

Y lo que ya me abre las carnes es que la idea de fabricar este tipo de ediciones venga de algún iluminado marketiniano de una gran editorial, alguien para quien el libro es algo como muy pobre, como muy soso, que desluce bajo el árbol navideño, pero que él convertirá en algo mejor.

No lo puedo evitar, esos especímenes me recuerdan a esas madres de la América profunda que adiestran, emperifollan y maquillan a sus retoñas hasta convertirlas en esperpentos de metro y poco a los que pasean por concursos de belleza a lo Pequeña Miss Sunshine.

Tras los mares de encaje, las toneladas casi palpables de laca, los flequillos en cascada y las capas de maquillaje está la niña, que es lo de menos porque nadie la ve. Lo mismo ocurre con estos libros. ¿Qué hay de malo en regalar el libro sin más?

Reconozco que soy excesiva y extrema y que mi respeto por la letra impresa no tiene, como el Libro de arena de Borges ni principio ni fin. Pero en estos casos se me llevan los demonios, y la prueba está en que ahora me voy.

Pero antes… vosotros, a quienes deseo un 2008 absolutamente fabuloso, regio y cargado de letras, ¿qué opináis de ese tipo de ediciones de novelas del 2007 para regalo? ¿Habéis comprado alguna? ¿Lo haríais?