Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¿Y cómo es que no vende audiodiscos en su librería?”

He llegado a la descorazonadora conclusión de que muy pocos calibran el alcance de la onda expansiva de sus palabras antes de pronunciarlas. O eso o están convencidos de parlotear frases de fogueo, totalmente inofensivas para el oyente de turno.

Pero resulta que esta Regina Exlibris que teclea febrilmente para vosotros es total y absolutamente permeable a cualquier comentario relativo a reginaexlibrislandia, venga de donde venga (si queridos, vuestros posts también). Y una vaga sugerencia lanzada al enrarecido aire de mi librería por un cliente se queda ahí, flotando y parpadeando como si fuera un rótulo de neón a cuyo interruptor sólo accedo una vez que he tomado una decisión al respecto, y ya con las retinas abrasadas.

Ay, si, os puedo asegurar que mi espacio aéreo tiene tantos recursos lumínicos como el mismísimo strip de Las Vegas.

La última de éstas meditaciones forzosas fue obra y gracia de un encantador octogenario que irrumpió de buena mañana en mis confines:

– Cliente: Buenos días, señorita.- Regina: Hola, buenos días.

– C.: ¿Qué audiodiscos tiene?

– R.: ¿AUDIODISCOS?

– C.: Si, libros de esos que se escuchan.

– R.: ¡Ah! Creo que se refiere a los AUDIOLIBROS.

– C.: Si, señorita, eso mismo: audiodiscos.

– R.: Pues me temo que solo tengo algún AUDIOLIBRO de poesía y una colección de cuentos infantiles.

– C.: Pero, mujer, no me diga eso… ¿cómo es que no vende audiodiscos en su librería?

Ahí lo tenéis. La onda expansiva de esa última frase ha estado dándome guerra tres o cuatro días sin tregua, y aquí sigue, brillando en rojo fuego y castigándome las pupilas.

¿Qué hago, dedico o no un rinconcito de reginaexlibrislandia para los audiolibros, cuando el espacio es, detrás de los libros, el bien más preciado de una librería, y cuando su accesibilidad on line (tanto pirata como por descarga legal) castiga tanto a ese sector como al de la música y el cine?

No sé vosotros, queridos, pero esta reinona de biblioteca solo ‘leyó escuchando’ cuentos clásicos en el radiocasette del coche familiar en aquellos atascos veraniegos rumbo a la costa, en una convalecencia por lesión ocular y, como no, para domesticar alguna que otra lengua remota. Y para de contar.

¿Y vosotros, os habéis comprado algún audiolibro en vuestra vida?

Así que no sé qué hacer. Sed unos ángeles e iluminadme para que encuentre el interruptor y logre apagar estos malditos neones enfurecidos… ¿Os gustaría encontrar audiolibros en vuestra librería?