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Diez novelas para leer y redescubrir Venecia sin aglomeraciones

Venecia se puede descubrir entre canales y aglomeraciones, pero también entre líneas y silencios. Allí está, ficcionada o no, pero siempre eterna, frágil, laberíntica, decadente, hipnótica, excesiva, serena y brumosa. Porque como dejara escrito ese biobliotitán llamado Herman Hesse «Todos los poetas y escritores han descrito, en innumerables libros, este extraordinario mundo acuático». Biblioamén a eso, maestro.

Como veneciana espiritual siempre he cedido a la bibliopulsión de leer títulos que alberguen referencias a Venecia. Por eso en la librería tengo un altar libresco consagrado a la Serenísima, donde conviven títulos de distintos autores, épocas y géneros literarios que ambientaron sus historias en Venecia.

Una forma muy libresca de darme un bibliogarbeo en una góndola con forma de libro por la inmortal ciudad de los canales cada vez que siento la llamada de la marca del agua.

Así que cuando un reginaexlibrislandiano se adentra en mis confines y me suelta una petición libresca como la de hace un momento me hierve la bibliofilia y en la librería se monta un auténtico carnaval libresco:

Cliente: Oye, Regina. Este año nos vamos a Venecia, ¿qué novelas ambientadas allí me recomiendas? Que ya sabes que yo no soy muy de guías al uso

Regina: ¿VENECIA? ¿Has dicho VENECIA?

Cliente: ¡Jajajaja! Sí, Regina, sí. Deja ese café y baja las pulsaciones. Necesito que me recomiendes títulos ambientados en Venecia.

Regina: Bueno, dejando de lado algunos de mis biblioclasicazos venecianos porque ya están descatalogados como La ciudad de los ángeles caídos, de John Berent, Venecia de Jan Morris, El libro flotante, de Michelle Lovric o la guía veneciana de El Corto Maltés de Hugo Prat…

Cliente: ¿En serio?

Regina: Sí, hijo, sí… y mejor no metas el dedazo en esta bibliollaga, ¡que está supurando!

Cliente: ¡Ah! Vale, vale, sigue

Regina: Pues dejando de lado esos… te voy a sugerir diez títulos para leer y redescubrir Venecia que te van a alucinar… ¿listo? hay un poco de todo

Y aquí desparramé sobre el escritorio mi biblioteca reginaexlibrislandiana veneciana con diez novelas para leer y redescubrir Venecia sin aglomeraciones:

  1. Historia de Venecia. John Julius Norwich. Ático de los Libros. Hay que ser John Julius Norwich para proponerse levantar a palabras con rigor, belleza, elegancia, amenidad e ingenio la historia de una ciudad tan fascinante y mágica como Venecia y no solo no errar el tiro, sino firmar un auténtico clásico moderno. Porque Norwich -gran erudito, historiador, narrador brillante y divulgador colosal- recrea en un vívido tapiz la quintaesencia de la Serenísima en todo su decadente y turbio esplendor, desde sus inicios en el siglo v como un poblado de casas de comerciantes, pasando por su ascenso a potencia naval y comercial, hasta la disolución de la Serenísima República por Napoleón en 1797. Una narración hipnótica poblada por personajes fascinantes y llena de riquezas, aventuras, intrigas, canales y heroicidades que irradia el mismo magnetismo que la propia Venecia. Una auténtica maravilla.

 

  1. Muerte en la Fenice, de Donna Leon. Booket. Cualquiera de las 27 aventuras del comisario Brunetti es una inmersión en una Venecia que poco tiene de onírica y mucho de sórdida, de gastronómica y de real: la Venecia del crimen, los secuestros, la corrupción… Y, puestos a elegir, mejor empezar por la primera, en la que durante una representación de La Traviata en el célebre teatro veneciano de La Fenice el director de la ópera es hallado muerto en su camerino. ¿La causa? Ingesta de cianuro potásico. El caso cae en manos del comisario Guido Brunetti, que no tardará en descubrir el reverso más cruel, sórdido y despiadado del rutilante mundo de la ópera, donde la envidia acecha entre bambalinas. El sagaz, paciente, lúcido y foodie comisario Brunetti terminará por resolver el crimen mientras le muestra al lector rincones ocultos de la Serenísima.

Muerte en La Fenice

 

  1. Una temporada en Venecia. Wlodzimierz Odojewski. Minúscula. Sin duda una de las fábulas más cautivadoras sobre el poder de la imaginación y sobre la fascinación que Venecia ejerce sobre según qué sensibilidades hayan o no estado varados en sus canales. Es el caso de Marek, un niño polaco de nueve años que lo sabe todo sobre Venecia: ha leído sobre ella, ha escuchado los relatos de quienes la visitaron, la ha recorrido en planos y mapas y, además, la ha soñado. En el verano de 1939 estalla la guerra turca y en lugar de poner rumbo a la Serenísima la familia viaja al campo, para refugiarse en la villa modernista de su tía Weronika. Será allí, en el sótano de esa gran casa, donde descubrirá una Venecia inesperada, más real y magnética que la pintada por Turner. Y mientras caen las primeras bombas y la infancia de Marek está a punto de acabarse, esa Venecia de ensueño se convierte en un refugio hecho a medida de la fantasía de una familia singular.

Una temporada en Venecia

  1. Los gondoleros Silenciosos. William Goldman. Ático de los libros. Quien haya leído La Princesa Prometida seguro que adora las bibliohechuras de Willan Goldman, un consumado narrador capaz de hilar tramas con trazas de ficción y de realidad, cargadas de vibrantes diálogos donde la acción da paso a la magia y al romanticismo, y donde la carcajada y la emoción aguardan a cada salto de línea. Y no iba a ser menos en Los gondoleros silenciosos, apta para cualquier paladar libresco y editada por primera vez en castellano con las ilustraciones de Paul Giovanopoulos, donde Goldman fabula sobre una ciudad fabulosa a partir de uno de sus pobladores más legendarios: los gondoleros. Esos que antaño eran los mejores cantantes del mundo hasta que, de pronto y sin motivo, empezaron a desafinar tanto que optaron por remar en silencio. El por qué perdieron el tono es un enigma que Goldman desvela a través de Luigi, un joven aspirante a gondolero que nos acompañará a la taberna secreta de los gondoleros, a la Iglesia de las almas de los que murieron por el Mar y a otros muchos lugares mágicos, dibujando una Venecia entre la realidad y la fantasía en la que Luigi, pese a todas las frustraciones, sinsabores y derrotas, jamás renunciará a su sueño.

Los gondoleros silenciosos

  1. El juego del escondite. Patricia Higsmith. Anagrama. Solo un endemoniado talento para emponzoñarlo como el de la Highsmith podría transformar la belleza doliente, apacible y pasiva de Venecia en un ecosistema cargado donde la sospecha te envuelve como una masa viscosa de la que no logras desprenderte. Y vaya si lo hace en El juego del escondite, en la que un célebre pintor norteamericano llamado Coleman culpa a su yerno, Ray Garret, del suicidio de su hija. Empujado por un odio obsesivo decide vengarse y, tras quedar con Ray en Roma cree haberlo matado de un disparo. Sin embargo falla y Ray, que quiere convencer a Coleman de que no mató a su hija, le sigue hasta Venecia para tratar de aclararlo todo. Pero lejos de cambiar de actitud, Coleman intenta asesinarlo de nuevo, y es ahí donde Ray, acorralado y quizás empujado por otros maquiavélicos motivos, decide esconderse en Venecia con un nombre falso…. Y aquí detona un extraño, atroz y demoledor juego del escondite en una Venecia que es una trampa mortal.

El juego del escondite

  1. Marca de Agua. Joseph Brodsky. Siruela. En Marca de agua, un mosaico de 51 breves secuencias, Joseph Brodsky se sirve de sus visitas anuales a Venecia para meditar sobre la relación entre el agua y la tierra, la luz y la oscuridad, el tiempo presente y el pasado, el deseo y su satisfacción, la vida y la muerte. Estampas poéticas, estampas venecianas, estas reflexiones acerca de la ciudad abren brechas en la memoria del escritor, que entrelaza recuerdos personales con hechos acaecidos en esta ciudad de agua, agua que, como él mismo dice «la golpea y la rompe en pedazos, aunque al final la recoja y la lleve consigo hasta depositarla, intacta, en el Adriático». Para el lector esa percepción y ese contrapunto entre imágenes y pensamientos se asociarán para siempre con el nombre de Venecia.

Marca de Agua

  1. El impresor de Venecia. Javier Azpeitia. Tusquets. En 1530, un joven que ha escrito la biografía de Aldo Manuzio, el impresor veneciano, viaja a Módena para mostrarle el texto a la viuda. Lo que no imagina es que la historia del editor es muy diferente a lo que él ha escrito, y que está a punto de conocer. Desde que llegó a Venecia en 1489 para editar los tesoros de la literatura griega, Aldo Manuzio capeó el robo de manuscritos, a las imposiciones comerciales de su suegro y dueño de la imprenta, o la censura contra la difusión del epicureísmo. Con la dosis justa de ironía y erudición, El impresor de Venecia recrea el nacimiento del negocio de los libros en el entorno de una ciudad fascinante y enloquecida, más apta para los amantes furtivos que para los pioneros de la edición, y en un tiempo de crisis tras el que, curiosamente, son reconocibles los retos editoriales de hoy. Un apasionante recorrido por la Venecia del Renacimiento de la mano de un editor e impresor legendario.

El impresor de Venecia

  1. El caballo de Lord Byron. Vanessa Pérez-Sauquillo. Siruela. El verano azota Venecia y al pequeño Marco le fascina el poeta que va a pasar una temporada en el palacio donde trabajan sus padres. Se llama Lord Byron e irrumpe en la ciudad de los canales en una barcaza cargada de animales de todo tipo; un mono, zorros, pájaros y cientos de baúles que ocultan inimaginables tesoros de todos los rincones del planeta. Pero lo mejor está por llegar: la pequeña Allegra, hija de Byron, también se quedará con ellos, y juntos los dos niños recorrerán entusiasmados todos y cada uno de los recovecos y pasadizos secretos del palacio veneciano. Un verano inolvidable en un escenario enclavado en algún punto entre la fábula y la realidad donde los pequeños también descubrirán que la magia es peligrosa y que, a veces, los tesoros más grandes están justo delante de nuestras narices. Un relato delicioso apto sin duda para cualquier paladar libresco que recrea, junto a la aventura de los niños, mucho del paso de Byron por Venecia.

  1. La muerte en Venecia. Thomas Mann. Edhasa. Sobre la Venecia crepuscular y decadente del siglo XIX proyectó Thomas Mann su Muerte en Venecia, un exquisito artefacto narrativo con el que disecciona un alma agónica, la de Gustav Von Aschenbac, que tras perder su genio creativo se retira a un balneario veneciano para rumiar su ocaso artístico. Pero más que consigo mismo se topa en la Serenissima con el joven Tadzio, una irresistible e insultante materialización de la belleza en estado puro que, libre de artificios y titubeos, se pasea ante sus narices en todo su esplendor y con una inocencia cargada de malicia. Fabulosa.

 

  1. Los turbantes de Venecia. Nedim Gürsel. Alianza. Kâmil Uzman es un pintor y estudioso del arte busca en la ciudad de los canales huellas de la presencia otomana en la cultura occidental, principalmente en las obras de los Bellini, gran estirpe de pintores del Renacimiento italiano. Kâmil es complejo y apasionado, y mientras escruta y analiza la obra de los Bellini, se enamora de una enigmática bibliotecaria. En Los turbantes de Venecia se entrecruzan el pasado y el presente de Venecia y Estambul, ambas rodeadas por el agua, con un pasado esplendoroso y que intercalaron rivalidad militar, política y religiosa con un intenso intercambio comercial y cultural. Además de ser un paseo maravilloso por la Venecia de la época, por el sugerente mundo de la pintura renacentista y por los entresijos del proceso de creación artística, la novela no solo disecciona el pulso Oriente y Occidente sino que plantea el arte como canal de entendimiento entre ambos. Y sobre ese tapiz se proyecta una historia de amor, de pasión y de muerte con un final de órdago.

 

Al final mi reginaexlibrislandiano se llevó Historia de Venecia, de Norwich, El juego del escondite de Highsmith, Los turbantes de Venecia y, para sus hijas, Los Gondoleros silenciosos de W. Goldman y El Caballo de Lord Byron.

Y para haceros bibliosalivar con mi Venecia de Letras os dejo con el trailer de la colosal adaptación de La muerte en Venecia, que filmó Visconti en 1971:

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Goyo

    La isla inaudita de Eduardo Mendoza

    05 junio 2018 | 13:16

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