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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Archivo de Julio, 2017

“Busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros”

Teníais que haberme visto echando el cierre en la librería. La bibliofilia me rezumaba por los poros, mi pelucón irradiaba destellos dorados y caminaba entre vaporosa y ausente con esa sonrisilla pícara y radiante que me daba la vuelta a la cara y que delata que algo muy bueno me acababa de pasar.

(Lana Turner / MGM)

(Lana Turner / MGM)

Y es que si no es suficiente regalazo del destino esta forma de vida tan de libro que llevo hay momentos en que la Providencia Librera decide compensarme por vete tú a saber qué, y me da la oportunidad de desempolvar algún título de esos que adoro pero que nunca fueron un bestseller y a los que me aferro reservándoles un hueco en reginaexlibrislandia aún a costa de mi cuenta de resultados.

El caso es que estaba yo moviendo cajas y preparando devoluciones totalmente sobrecafeinada cuando un reginaexlibrislandiano no asiduo se materializó ante mí. Era un tipo enorme, que vestía todo de verde salvo por una gorra amarilla, y que iba tan cargado de bolsas que respiraba con dificultad.

Mientras yo miraba tranquilamente a este simpático árbol de navidad que acababa de germinar de forma espontánea en el parquet de reginaexlibrislandia en pleno julio, él recuperaba el resuello e iba soltando una a una y con delicadeza sus bolsas por mi mostrador. Cuando acabó me miró, carraspeó y dijo:

Cliente: Buenos días. Perdona que te haya invadido la mesa, pero necesitaba descargar un momento.

Regina ExLibris: Tranquilo, caballero, está usted en su casa.

Cliente: Llevo toda la santa mañana de compras y recaditos, y por suerte esta es la última etapa de mi tour.

Regina ExLIbris: ah, ¿y le puedo ayudar en algo?

Cliente: Sí, en dos cosas. La primera es… bueno, por favor tutéame.

Regina ExLIbris: ¡Ja, ja, ja! Lo intentaré. ¿Y la segunda es..?

Cliente: Me da un poco de apuro. Quiero una novela de la que le hablaron a mi mujer, que está enferma y no se puede mover. Lo está pasando mal y sé que… bueno, da igual. Que busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros.

Regina ExLibris:  ¿Cómo? ¿Perdona?

Cliente: Lo que oyes. Necesito encontrar un libro que va de un marrano, un club de libros y con nazis. NO te puedo decir más.

Regina ExLibris:  Mmmm

Cliente: Sé que es poca información, pero…

Aquí dejé de escuchar lo que el buen hombre me decía. Yo ya tenía la mirada vuelta hacia mi bibliofilia, el ceño fruncido y me repetía entre susurros y como conjurando un viejo hechizo “Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros”.  Mientras él seguía hablando…

Cliente: … es la cuarta librería a la que voy y nadie pudo ayudarme. Yo entiendo que son pocas pistas, y bastante rarito suena lo que digo, pero es todo lo que…

“Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros…. ¡LO TENGO! ¡ CLARO QUE SÍ, ES GUERNSEY!”

Cliente: ¿Qué dices?

Regina ExLibris: Ya sé qué libro buscas. Es La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. Es de Mary Ann Shaffer -aunque lo terminó su sobrina Annie Barrows caundo la tía enfermó-, y lo edita RBA.

Cliente: ¡No me jodas! PERDÓN. ¿En serio? ¿Es ese? ¿Segura? Menudo título, ¿no?

Regina ExLibris:  Sí, y no sé cómo no he podido caer antes porque es uno de mis libros favoritos. Y, efectivamente, aparece todo lo que decías. Imagínate el Londres tras la IIGM. Allí vivía una escritora que buscaba como loca material para una nueva novela porque estaba en

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

blanco. De pronto recibe una carta remitida desde la isla de Guernsey en la que un desconocido le dice que ha caído en sus manos un ejemplar de un libro que le perteneció a ella antes de la guerra. Como en su pueblo hay escasez de todo, le pide que le busque unos libros y se los envíe. Así arranca una correspondencia a la que se suman después otros vecinos y le cuentan cómo, entre otras cosas, un cerdo y un pastel de piel de patata les sirvieron de tapadera para dar esquinazo a los nazis en plena ocupación y poder saltarse el toque de queda para reunirse y leer y comentar novelas. Ella se decide a conocer a esa gente tan extravagante y bibliófila y lo que parecía un simple y anecdótico viaje a una Isla próxima a las costas de Normandía termina por cambiarle la vida. Es una auténtica delicia: es divertida, es entrañable, esta cargada de referencias a libros y de amor por la literatura, se lee muy rápido y es un canto a la vida y a la ficción. Acabas con una enorme sonrisa en la cara, de verdad. Pero, ojo, es de todo menos ñoño.

Cliente: Tal y como lo cuentas me dan ganas de leerlo hasta a mi. ¡Dime que lo tienes!

Regina ExLibris:  Sí, espera, ahora te lo traigo. No es muy fácil de encontrar y cíclicamente se acaban los ejemplares en circulación. Pero es de esos que me empeño en tener…

Cliente: ¡Gracias! Ojalá pudiera teletransportarme a casa para poder dárselo ya. ¡No lo va a creer! ¡Y ella se lo merece TODO!

Y se fue con sus bolsas y un paquetito más. Uno que contiene una pequeña gran novela epistolar absolutamente mágica. Uno de esos libros sobre libros que lo tiene todo: unos personajes entrañables, algo excéntricos, muy divertidos y apasionados por la lectura; una historia tan sencilla como cautivadora, de esas que sabes que tiene más de realidad que de ficción y que te sugieren otras lecturas para engrosar tu mapa de constelaciones literarias. Y una lección vital con mayúsculas. Si no os lo habéis leído dejar lo que estéis leyendo y corred a por un ejemplar.

Tanto para quienes hayáis leído La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey como para los que aún no, os comento que tiene muchas semejanzas con otra delicia bibliófila: la mítica 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff, y de la que os hablé hace muucho. Palabra de Regina ExLibris.

9 libros para rendirse al turbio encanto de las road novels

Mira que vivo de espaldas a lo real y atrincherada entre anaqueles fortificados con literatura, pero a veces la vida retoma el asedio a mi reginaexlibrislandia. Entonces mi

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

bibliofilia se repliega, dejo organizadas las defensas y definida la estrategia de reconquista, mientras huyo de un portazo, me atuso el pelucón, salto a mi Mustang y le meto gas para coger carretera y manta quemando el asfalto y con el maletero cargado de road novels hasta el motel más próximo.

Allí, a salvo de lo real y de la cruenta batalla, devoro de forma compulsiva ficciones de viajes sin rumbo ni posibilidad o voluntad de retorno, polvo y asfalto, excesos, gasolineras solitarias, máquinas de hielo oculta-cadáveres, piscinas en forma de riñón, café aguado, prófugos, paisajes desolados, lugares sórdidos y un maldito desconocido cuya mirada asoma vigilante cada dos por tres a tu retrovisor. También hay otra variante, la de un viaje sobre ruedas sin mapas, pero con un destino -el propio- por conquistar.

Sean del tipo que sean la verdad es que yo siempre empiezo por las tres que considero los pesos pesados del subgénero de las “road novels”, todas ellas made in USA y todas editadas en España por Anagrama: En el camino (Jack Kerouac), Miedo y Asco en las Vegas (Hunter S. Thompson) y Lolita (Nabokov).

Road Novels Anagrama

Road Novels Anagrama

En el camino, redactada entre 1948 y 1951, publicada en 1957, y escrita como monólogo interior narra los viajes en Cadillacs y Dodges desvencijados que Kerouac y los suyos hicieron por EEUU y México, y que contribuyó a la mitificación de la ruta 66. Alcohol, orgías, droga, vidas al límite y desolación, y el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida en una crónica de los protagonistas de la generación beat.

Miedo y Asco en las Vegas tiene un origen casi anecdótico: cuando a H.S. Thompson -padre del periodismo gonzo en el que el plumilla es parte activa de la trama que narra- le envían a cubrir un rally en Nevada él decide ir con su abogado samoano en pos del sueño americano a Las Vegas en un descapotable rojo y con el maletero cargado de droga. Así escribe cómo, puestos de todo hasta las trancas, la pareja será muy pronto la pesadilla de casinos, policías y turistas, en una orgía de más de 72 horas de acción delirante y frenética.

Y finalmente la controvertida y genial Lolita, en la que un profesor de mediana edad que vive obsesionado por Lolita, una niña más perversa que inocente y plenamente consciente de su poder sobre él. Pronto Humbert Humbert sucumbe a su malsana atracción, y cuando muere su mujer arrastra a Lolita al asiento de su coche prometiéndole mil maravillas e iniciando un periplo por carreteras de EEUU. Un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel.

Y una vez repasadas estas tres indispensables, incorporo nuevos títulos de novelas de carretera y manta de la cosecha reginaexlibrislandiana por si con alguna de ellas -o con todas- logro que os rindáis al turbio encanto de las road novels:

1. Goodbye Berlín. Wolfgang Herrndorf. Siruela. Independientemente de tus inclinaciones bibliófilas, no dejes de leer el revelador relato del loco verano de dos adolescentes marginados al volante de un destartalado coche azul con el que viajan desde Berlín a Valaquia para dejar atrás una realidad que los aplasta e ir tras sus sueños. Aventuras, risas, derroche de picaresca para ir tirando, carreteras secundarias, persecuciones, personajes magnéticos, parajes surrealistas y una historia narrada con sencillez en la que uno se deja atrapar de principio a fin.

Googbye Berlin, Alevosía

Googbye Berlin, Alevosía

2. Viajes con Charley. John Steinbeck. Nórdica. En 1960 John Steinbeck tuvo una revelación dolorosa: llevaba décadas narrando la entraña de su país y de las gentes que lo poblaban, pero ¿de verdad lo conocía? Como sabía la respuesta -desconocía la mayor parte de EEUU salvo por cuanto leía en libros y diarios- decidió emprender su particular odisea estadounidense. Así que cogió a Charley, su perro, y se puso al volante de Rocinante, su autocaravana y juntos recorrieron 16.000 kilómetros atravesando una treintena de estados. De esa experiencia surgió uno de los libros más exquisitos y reveladores del premio Nobel. Solo tiene una pega: apenas alcanzada la página 20 ya te dan ganas de hacer el petate, buscarte una Rocinante y tirar millas.

Viajes con Charley, Nórdica

Viajes con Charley, Nórdica

3. Carreteras secundarias. Ignacio Martínez de Pisón. Booket. Un adolescente y su padre viajan por la España de 1974. Su única posesión es el Citroën Tiburón en el que viajan por los pueblos costeros alquilando apartamentos en urbanizaciones veraniegas, desiertas e inhóspitas en temporada baja. Esa es su vida. Sin embargo algo empieza a cambiar para ellos cuando se adentran hacia paisajes de interior llegado el invierno. En su periplo de asfalto y sin rumbo fijo, padre e hijo descubren todo tipo de cosas, no solo relativas a las gentes, los ambientes y hasta los negocios y garitos turbios con los que se topan, sino sobre lo que les rodea y sobre sí mismos.

Carreteras secundarias, Booket

Carreteras secundarias, Booket

4. Volga Volga. Miljenko Jergovic. Siruela. Todos los viernes Delal Pljevljak se pone al volante de su Volga M24 para recorrer los 116 Km que separan su casa en la costa dálmata, de Livno, Bosnia, para llegar a la oración semanal en la mezquita. Un día una repentina nevada le obliga a detenerse en un pueblecito, y allí su vida cambiará para siempre. Años más tarde, cuando Bosnia sufre una de las fases más dramáticas de su guerra civil, un director de documentales intenta aclarar las incógnitas del fatídico día de Año Nuevo en el que Delal Pljevljak se convirtió, a su pesar y con su coche, en el protagonista de uno de los más controvertidos episodios en los albores del conflicto.

5. Carol. Patricia Highsmith. Anagrama. Imbuida del talento de Patricia Highsmith para urdir tramas cargadas de suspense con personajes magnéticos, Carol es una de las grandes cimas de la escritora norteamericana. En ella, la tediosa rutina de una joven escenógrafa con un empleo precario en unos grandes almacenes estalla por los aires con la visita de una elegante y misteriosa mujer a la que atiende tras el mostrador. La atracción es mutua y ese instante desencadena una historia de seducción, de aceptación y de una amor ardiente que se consuma en un viaje sin retorno por carretera que pone patas arriba la vida de ambas a un precio que, aunque elevado, las dos están dispuestas a pagar.

Carol, Anagrama

Carol, Anagrama

6. El oscuro camino hacia la misericordia. Wiley Cash. Siruela. Wade Quillby es un perdedor, un tipo sin blanca y sin futuro que abandonó a sus dos hijas unos años atrás. También es un forajido implicado en el robo de un furgón que transportaba catorce millones de dólares. Pero la noche en que irrumpe en la casa de acogida donde viven las niñas y huye con ellas a través de las infinitas carreteras de Carolina del Norte, solo es un hombre desesperado que quiere tener una nueva oportunidad como padre. Sin embargo, ni el tutor legal de las niñas ni un ser vengativo que quiere verlo muerto a toda costa esperan que Wade pueda ganar la carrera a su pasado. Una gran road novel a medio camino entre Matar a un ruiseñor y la Carretera, de Cormac McCarthy.

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de esas road novels? ¿Qué otros títulos de carretera y manta sugeriríais? 
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¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert?

Cuando un reginaexlibrislandiano se adentra en mi librería pueden plantearse tres escenarios distintos. Que sepa qué libro quiere leer y me lo pida. Que no tenga claro qué puede leer y se encomiende a mis prescripciones. O que la Providencia Librera esté acosándole para imponerle una lectura a la que él se resiste por un motivo u otro.

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

En este último caso acude a mi para que le libere, bien sugiriéndole que baje los brazos y lea el libro, bien reforzando su resistencia y contribuyendo a que le de el esquinazo definitivo a ese título acosador. Aquí la presión pasa directamente de su bibliofilia a mi pelucón, y en décimas de segundo debo pronunciarme sobre la idoneidad de ese libro para ese reginaexlibrislandiano.

Y, claro, eso es es justo lo que me ha pasado hace un rato, cuando un reginaexlibrislandiano entró y me disparó sin titubear:

Cliente: “Oye, Regina ExLibris, ¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert? Llevo resistiéndome desde que salió, ya lo sabes, pero es que entre que no paran de recomendármelo y que lo sigo viendo hasta en la sopa… ya no sé qué demonios hacer. ¡Me persigue!”

Regina ExLibris: No te resistas, querido. Léelo ya, sí o sí. No esperes literatura con mayúsculas, eso es cierto, pero te aseguro que estarás literalmente pegado a las 670 páginas. Es una de esas novelas de “absorción rápida”, porque una vez lo empiezas no puedes parar de leer. Y cuanto más avanzas, más quieres. Es entretenido y te mantiene en jaque hasta el final. Un final que, por cierto, no ves venir.

Cliente: Pues entonces ya está todo dicho, Regina. Me lo llevo. Estaré unos días fuera y se va a venir conmigo. Todo sea que lo lance al agua ¡ja, ja, ja!

Regina ExLibris: Ya me contarás después, pero dudo que acabe en remojo. Que conste que en su día yo también tuve mis recelos… pero al final caí en la trampa del amigo Joël Dicker. Me enganchó y el desenlace me pilló por sorpresa. Ese es su logro. Me lo ventilé en un fin de semana y fue una lectura antioxidante. Palabra de Regina ExLibris

Y se fue con su ejemplar bajo el brazo. El sonido de la puerta al cerrarse me solidificó en el pelucón la certeza de que él volvería como harryquebertiano. Por dos motivos: creo firmemente que, más allá de las trampitas de la Providencia Librera, son los libros los que buscan a sus lectores. Y porque, queridos, La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Alfaguara) es una muy buena novela.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Harry Querbert

Harry Querbert

Atrévete a intentar adivinar quién mató a Nola Kellergan, pero el taimado Joël Dicker no te lo va a poner fácil. A través de la relación entre dos escritores –Harry, una gloria literaria nacional con un único libro publicado que se dedica a la docencia; y Markus, su joven discípulo que tras un éxito aplastante con su debut está bloqueado y no logra ni escribir ni salvar el cerco de un editor rapaz que lo presiona y amenaza- nos adentramos en el misterio de la desaparición de una menor años atrás en Aurora, una localidad de New Hampshire.

La trama detona cuando encuentran los restos de Nola en el jardín de Harry Quebert. A partir de ahí el ídolo cae en desgracia y Markus decide llegar al fondo de todo para salvar a su maestro y para armar con la verdad su nuevo bestseller. Y así es como inicias como lector una trepidante caída en espiral donde nada es lo que parece y donde cada dos por tres te sientes como el conejo al que Dicker sorprende abrasándole las retinas con las luces largas. Ritmo frenético, escenas y diálogos de corte cinematográfico, un toque cómico con la impagable madre telefónica de Markus y un final de órdago al que llegas sin saber muy bien cómo.

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“Mejor me aireo con Los Ángeles del Infierno”

Si no encuentro referencias literarias para reinterpretar en clave de novela situaciones cotidianas me colapso. Así de extrema es mi bibliofilia y así de mal me sienta la vida más allá de mis anaqueles.

(Salvaje / Columbia Pictures)

(Salvaje / Columbia Pictures)

Lo bueno de eso es que almaceno bajo el pelucón más referencias librescas que pergaminos en la antigua Biblioteca de Alejandría. Lo malo es que cíclicamente me desborda tanta ficción pura contenida y necesito airearme con algo un poco más real y que a ser posible me desmonte algún que otro mito. Porque vivir en este estado de sobredramatización permanente me lleva a mitificarlo y novelizarlo prácticamente todo y a todos.

Pues bien, el otro día al echar el cierre de reginaexlibrislandia supe que era uno de esos momentos. Pero esta vez lo vi claro y me dije:

“Regina, tú lo que necesitas es vivir más. Paseos al aire libre, un poco de acción, algún tugurio, un puñado de tipos duros, mucho cuero, más tatuajes, alguna bacanal y una buena Harley para que se oxigene en el pelucón. Así que vuelve ahí dentro, coge el ejemplar de Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, y date un buen baño de realismo gonzo cortesía del señor Hunter S. Thompson”.

Y eso hice. Y, queridos, ¡mano de santo! Un par de días después vuelvo con una resaca descomunal, grasa de moto hasta en los higadillos, el pelucón chamuscado y unas cuantas magulladuras, pero con la bibliofilia total y absolutamente regenerada y un renovado y voraz apetito por la ficción pura.

Vamos, que he tenido dosis de realismo y de chulazos sobre ruedas para una buena temporadita. Yo creo que para cuando logre despegarme de la epidermis los jirones de los vaqueros y la chupa quizá me plantee las siguientes vacaciones de no ficción. Pero ha merecido la pena, queridos. El libro es una clase magistral de tantas cosas que hasta yo perdí la cuenta. Palabra de Regina (o de lo que queda de ella).

Si os tientan los moteros, os enganchasteis a la serie Hijos de la Anarquía o en su día disfrutasteis con las legendarias  Salvaje (1953) o Easy Rider seguid mi consejo y haceros con un ejemplar. La experiencia lectora es abrumadora de principio a fin.

NOTA DE REGINA:

Más allá de un mito de celuloide, Hells Angels fueron la gran pesadilla del sueño americano, una panda de forajidos motorizados que atravesaba el país hasta las trancas de alcohol, droga y ácido, dejando a su paso regueros de sangre, muchachas violadas y cajas fuertes reventadas. Y si alguien sabe de qué iban sus orgías de violencia y excesos, ése es Hunter S. Thompson, que, fiel al género periodístico que él mismo acuñó, el gonzo, fue literalmente uno de ellos durante un año para contar, desde dentro, cómo se ve el mundo a lomos de una Harley.

Visceral, sobrecogedora y frenética, así es Los Ángeles del Infierno: una extraña y terrible saga (Anagrama), un viaje de ida al reverso más sórdido y salvaje del alma humana. Una odisea que refleja sin tapujos la bicefalía de la sociedad estadounidense de los años sesenta: la mentalidad conservadora y tradicional enquistada en la Guerra Fría frente a la actitud vital de nihilismo extremo de una generación de veinteañeros que, al saberse desclasados y sin opciones en el nuevo capitalismo rapaz, toman una carretera secundaria decididos a cumplir su lema a rajatabla: “Cuando hacemos el bien nadie lo recuerda; cuando hacemos el mal nadie lo olvida”. Una disección tan brillante, cruda y lúcida de uno de los últimos grandes “mitos americanos”. Los mismos que, sin entender muy bien cómo, pasaron en pocos años de temibles renegados a VIPs de las fiestas de la alta sociedad californiana. Y es que todo es posible en (norte)América.

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

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¡Bibliófilos del mundo, a por Los Miserables!

Es 14 de julio, soplan vientos revolucionarios en mi librería y si no lo digo reviento: hacernos un favor a mi y a vuestra bibliofagia y correr a pegaros un atracón con Los Miserables, de Victor Hugo.

Beauty's Lot, W. Humphrey

Beauty’s Lot, W. Humphrey

Sí, queridos, hoy. ¿Qué mejor momento? ¿Imagináis mejor excusa? Si hace 228 años ardió París y el pueblo en masa se echó a la calle, tomó La Bastilla y descabezó la opulencia con pelucón, talco y encajes en cascada vosotros bien podéis bramar  ¡AHOOOORAAAAA! y haceros con más de mil trescientas páginas de Literatura con Mayúsculas. A ser posible en la edición de Edhasa, eso sí, que a día de hoy es una de las mejores traducciones que pululan por los anaqueles.

No, queridos, no permitáis que las buenas gentes del cine, el teatro, la animación o los musicales inoculen en vuestro imaginario sus versiones tridimensionales para arrebataros una de las experiencias lectoras más alucinantes que la Providencia Librera tuvo a bien ofrendarnos.

Porque con Los Miserables Víctor Hugo pulverizó sus límites creativos y levantó a palabras un fresco emocional y realista de las entrañas y el corazón del París de finales del S.XVIII y principios del XIX poblado por personajes aplastados por la pobreza, la injusticia y las situaciones límite en plena convulsión histórica: la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la Restauración.

Los Miserables, Edhasa

Los Miserables, Edhasa

Y es en esa Francia que era una olla a presión desde el punto de vista político, social y espiritual, en la que Victor Hugo cocina a fuego lento una maravillosa historia de pasiones, sacrificio, misericordia, dignidad, redención, sueños quebrados y desamores mientras los parisinos buscan su identidad por entre los escombros de sus ideales y al pie de la recién inventada guillotina.

Este novelón es una clase magistral de literatura y de historia, y una impecable disección del alma humana. Una pieza colosal y absorbente, de esas que, además de conmover y de agitar conciencias por igual, te reconcilian con el universo.

Así que, reginaexlibrislandianos del mundo, mejor dejar lo que estéis haciendo y preparaos para emprender un viaje literario alucinante que NADIE debería perderse. Y menos aún vosotros. Y ahora os dejo que me voy a poner un ratito a desgañitarme con La Marsellesa ;P

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Miserables? ¿Qué os pareció?
  • Nota de Regina: gracias a los amigos de El Desvelo por editar La vida me sienta mal, de Alberto Santamaría. Un ensayo exquisito sobre el Romanticismo con una portada gloriosa que me ha ilustrado visual e ideológicamente en este post.
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Si estás a dieta NO leas estas novelas

El leer y el salivar, todo es empezar… si das con la novelita adecuada, o si el autor destila entre líneas y a traición su pasión por la gastronomía. Os lo digo yo, que durante una convalecencia tuve la regia ocurrencia de pegarme un atracón de Pepe Carvalho.

(La Bride sur le cou 1961)

(La Bride sur le cou 1961)

Lo que empezó como un periodo de reposo aligerado con el gran Vázquez Montalbán acabó en un festival de capoeira extrema con mis sufridos custodios en plena madrugada. A ver, mi bibliofilia es débil, y si Carvalho se apañaba un Salmís de Pato a la 1am en La soledad del manager, ¡yo también! Y de postre unos callos ¡como no! Que con el tándem biblio-gastronómico Vázquez Montalbán – Carvalho rara es la página que no pasas sin salivar. Los que lo habéis leído sabéis de qué hablo, queridos. Aquellos que aún no estás carvalhizados ya estáis sobre aviso: mejor leer sus andanzas con la panza llena. Os lo digo yo, que aún hoy tengo a Carvalho alojado en mis cartucheras. Palabra de Regina ExLibris.

Pero ni Vázquez Montalbán es el único en aderezar sus tramas con despliegues gastronómicos ni fue esa la única vez que subestimé la capacidad de un libro para despertarme un apetito feroz en el mejor de los casos, y en el peor inocularme unos antojos de lo más extravagantes a golpe de línea. En concreto recuerdo tres: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, La casa de Lúculo de Julio Camba y Charlie y la Fábrica de Chocolate, de Roald Dahl.

Si en Como agua para Chocolate (Debolsillo) la protagonista destila su pasión amorosa insatisfecha en exquisiteces culinarias, en La casa del Lúculo (Reino de Cordelia) una de las plumas más brillantes e irreverentes del periodismo español articula uno de los mejores y más serios ensayos sobre gastronomía aderezado con humor a mansalva sin perder un ápice de rigor. Y para el postre un clásico para todos los paladares, Charlie y la fábrica de chocolate, donde Willy Wonka logra que llegues al punto y final con una diabetes libresca de escándalo.

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Y todo esto viene porque un reginaexlibrislandiano asiduo me llamó esta mañana para encomendarme una tarea que me dejó con la boca abierta:

Regina, necesito que me busques novelas relacionadas con la comida y con la cocina. Ya sabes, tipo Como agua para chocolate, pero no tan conocidas. Voy a montar un club de lectura temático para el verano. ¿Qué se te ocurre? Cinco o seis serán suficientes.

Así que aquí estoy, con la boca aún abierta y las tripas rugiéndome en dolby surround tras un rato de introspección regina bajo mi pelucón, pero con las seis afortunadas sobre mi escritorio. Abstenerse de hojearlas reginaexlibrislandianos a dieta:

1. Entre pólvora y canela. Eli Brown. Salamandra. Recién amarrada a reginaexlibrislandia estade maravilla biblioculinaria me ha tenido pegada al ejemplar de principio a fin. En ella los destinos de dos personajes antagónicos -una brava pirata y un cocinero viudo- se unen cuando la tripulación de la intrépida Hannah Mabbot secuestra a Owen Wedgwood, que acaba encerrado en la bodega del Flying Rose. Allí, o cocina un plato exquisito cada domingo a gusto de la corsaria, o muere. Sin apenas medios ni condimentos y en pie de guerra con las ratas, Owen se las ingenia para satisfacer el paladar de su captora mientras en cubierta suceden trepidantes aventuras de salitre y tinta. Una pequeña maravilla cargada de aventuras, de ron y de manjares que hacen salivar hasta a las calaveras.

Entre pólvora y canela, Salamandra

Entre pólvora y canela, Salamandra

2. El último banquete. Jonathan Grimwood. Alevosía. Jean-Marie, marqués d’Aumout, huérfano, soldado, diplomático, espía, amante y, sobre todo, chef. Con la Ilustración, Versalles en su ocaso y la Revolución francesa como telón de fondo, acompañaremos al marqués d’Aumout en su odisea gastronómica en pos de un objetivo: conocer el mundo a través de sus sabores. Para ello buscará de forma casi compulsiva nuevas sensaciones en el paladar, y cada una de sus recetas será una auténtica bomba sensorial y conceptual para sus comensales. Una trepidante y sorprendente aventura culinaria.

El último banquete

El último banquete

3. El último chef chino. Nicole Mones. Nabla Ediciones. Maggie enviudó y se deshizo de cuanto le recordara a su marido. Pero su esfuerzo por mantenerse ajena al dolor se desbarata cuando se entera de que él tiene una hija en China. Decidida a descubrir la verdad sobre su marido y con el encargo de escribir un artículo sobre un legendario Chef que vive su ocaso viaja al país asiático en plenas Olimpiadas de 2008. Así arranca una excepcional novela de intriga con un antiguo recetario, muchos secretos, algunos fogones y dos personas a quien les une más que lo que les distancia, pero sobre todo una monumental oda a la auténtica cocina china. Una pequeña novela sobre la más alta cocina china: la esencial.

El último chef chino

El último chef chino

4. Liquor. Poppy Z. Brite. El Tercer Nombre. Bienvenidos a Nueva Orleans, una ciudad tan decadente como magnética donde dos amigos chefs están tan hartos de encadenar trabajos cutres como decididos a abanderar el American Dream abriendo su propio negocio y petándolo. Y el día que les llega la inspiración saben que su momento ha llegado: abrirán un restaurante, El Liquor, donde solo servirán recetas cargaditas de destilados. Así, entre sus fogones, la panda de personajes que pueblan los garitos de la reina del delta del Misisipi, escenas entre truculentas y divertidas, y un buen puñado de recetas “alegres” Poppy Z. Brite hilvana esta farsa vertiginosa y de todo menos deshidratada que bien vale una leída.

Liquor

Liquor

5. El perfeccionista en la cocina. Julian Barnes. Anagrama. Seas o no devoto de Julian Barnes y seas o no “cocinillas” deberías echarte unas risas leyéndolo. Es la perfecta simbiosis entre el talento, la ironía y la capacidad de observación de un peso pesado de las letras anglosajonas con un eterno aficionado a la cocina que está orgulloso de sus aires de chef de andar por casa. La misión – casi siempre imposible- de calcular medidas, de controlar tiempos, de tomarle el pulso a los utensilios, de comparar con desánimo y frustración el resultado con la foto original del recetario y hasta de ese arte traicionero del emplatado son el via crucis del aficionado a los fogones domésticos. Una divertidísima confesión que a ratos te hará reír y a ratos salivar.

El perfeccionista en la cocina

El perfeccionista en la cocina

6. Recetas para amar y matar. Sally Andrew. Grijalbo. Tannie Maria vive sola en su granja sudafricana desde que enviudó. Es bajita, algo cotilla, regordeta y le apasiona comer, cocinar y escribir sus recetas en el periódico local. Pero para su desgracia un buen día sus jefes deciden que los lectores están más necesitados de consejos que de recetas. Ahí es donde ella, sagaz y tozuda, descubre que es capaz de hacer las dos cosas: mitigar las penas y sugerir platos para tal o cual estado vital. Y no solo eso, pronto deberá enfrentarse a un crimen real. Original reinterpretación del sabueso clásico en un original personaje hecho a retazos de Miss Marpple, Sherlock Homes, el Padre Brown, Brunetti y, como no, el más arriba citado Carvalho. Entretenida, divertida y no apta para quienes pretendan guardar la línea.

Recetas para amar y matar

Recetas para amar y matar

Y eso es todo por ahora, queridos. Bon Appétit!

  • Y vosotros, queridos, ¿con qué novelas habéis salivado? ¿habéis dado el salto a los fogones para cocinar una receta de novela?
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Unas páginas más de Murakami y me doy al running

En mi caso allí donde falla todo lo demás triunfa la literatura. O, al menos, le doy una oportunidad a lo que quiera que sea que se me tercie si media un libro. Por ejemplo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría sugerirme a bocajarro que me ponga a correr. Mi reacción, os lo digo desde ya, sería tan desproporcionada como cabría esperar de alguien que como yo tiene querencia al drama, bastante mala leche y un total y absoluto desinterés por el trote diario y civilizado. Ah, y una “Baby Jane” Hudson que saco a pasear cuando me plantean sandeces.

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

Pero si en lugar de soltarme semejante barrabasada tal cual apuntan a mi bibliofilia y utilizan algún ardid libresco me vuelvo tan dócil y permeable como una gatita mimosa. Y tengo pruebas.

Estaba yo mis quehaceres libreros en reginaexlibrislandia cuando uno de mis libreros se acercó con un Murakami en la mano:

Librero: Regina, ¿has visto este de tu amigo Haruki?

Regina: Mmm, sí, tiene ya sus añitos, pero no sé yo. Mira que es MURAKAMI, pero entre que no es ficción y que habla de correr me ha dado pereza, la verdad. A ver, de temática carreras y corredores leí algunos y muy buenos, la verdad: La soledad del corredor de fondo, de Allan Stiltone, La media distancia de Alejandro Gándara y, como no, El corredor de fondo de Patricia Nell Warre. Pero porque en esos pesa más la ficción y los personajes que el deporte como tal, que es un escenario en sí. En cambio hojeé el de Murakami y era como una bitácora personal de sus rutinas de runner, pues como que lo aparté. ¿Por?

Novelas de corredores

Novelas de corredores

Librero: Porque deberías leértelo. No te digo más.

Regina: ¿Sí?

Librero: Sí. Te lo dejo ahí por si te da y voy a sacar cartones.

Y se fué. Yo seguí a mis albaranes, pero cada dos por tres miraba de reojo el ejemplar de De qué hablo cuando hablo de correr. Y al final el nipón y mi librero me ganaron el pulso y en cuanto eché el cierre me puse con él. En apenas un par de horas me lo había ventilado y en lugar de volver a casa andando regresé al trote y meditando seriamente sobre la posibilidad de darme al running.  E incluso me planteaba establecerme rutinas diarias antes y después de reginaexlibrislandear. Ya podía verme a mi misma correteando ligera y disciplinada como la mejor versión de Jane Fonda, bebiendo menos café y sintiéndome más en armonía con el mundo más allá de mis anaqueles.

Lástima que apenas cincuenta metros más allá los calambres y el regustillo de mi pulmón en la garganta reventaron mi visión onírico-deportiva en mil pedazos. Pero, eso sí, durante aquel minuto glorioso Murakami logró inocularme el gusanillo del running a golpe de libro .

Y si eso, queridos, no demuestra el poder de la literatura que venga Bette Davis despojada de su Baby Jane Hudson y lo vea.

NOTA DE REGINA

De qué hablo... Murakami

De qué hablo… Murakami

Antes de leer De qué hablo cuando hablo de correr, me lo hubiera apostado todo a que cualquier libro sobre cualquier otra cosa me estimularía más que el diario de un corredor de maratones. Claro que con lo que no contaba era con que Haruki Murakami se pusiera manos a la obra. La técnica y la maestría son las de siempre, pero que los murakamiadictos no busquen en él el universo de sus novelas. Aquí el protagonista es un Haruki que en su treintena cierra el bar de jazz que regentaba, cambia totalmente el tercio vital y se centra en dos tareas tan complementarias como necesarias para su salud física y mental: escribir y hacerse corredor de fondo. Un librito tan memorable como cargado de sabiduría que te inocula las ganas de escribir y, para qué negarlo, hasta de calzarte y echar a correr.

 

  • Y vosotros, queridos, ¿os pasó algo parecido? ¿algún libro triunfó logrando que hicierais algo a lo que en condiciones normales hubierais puesto resistencia?
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6 novelas de brujas para un aquelarre de libro

Cada vez que un reginaexlibrislandiano abandona mis confines deja tras de sí una estela de personajes literarios sueltos por mi librería. Unas veces me hablan, otras cuchichean entre ellos y algunos simplemente corretean.

(El mago de Oz / MGM)

(El mago de Oz / MGM)

La última visita me dejó cara a cara con la Malvada Bruja del Oeste de El maravilloso Mago de Oz. Paraguas en mano me observaba fijamente con su enorme ojo multifunción, y para variar fui yo quien rompió el silencio:

¡Elphaba, querida, eres tú!

Debí pillarla con la guardia baja, porque soltó un alarido ininteligible y se esfumó. Una lástima, porque aunque en la novela de L.F. Baum es la mala malísima, desde que Gregory Maguire ficcionara sobre cómo había sido la vida de la bruja hasta llegar a su encuentro con Dorothy en la exquisita Wiked el mundo dejó de verla como un ser tan grotesco y retorcido.

Y entonces yo, como movida por un resorte –lo más probable es que la maldita Elphaba me lanzara un hechizo a traición antes de irse– me puse a corretear por entre mis anaqueles como alma que lleva el diablo y no paré hasta tener sobre el mostrador seis libros encarados y los pulmones en la boca.

Los miré tratando de recuperar el aliento y me dije, “Regina, cielo, ¿qué demonios piensas hacer ahora con éstos?” y antes de que pudiera responderme Elphaba se me adelantó vociferando desde su anaquel:

¿Es que TODO lo tengo que hacer yo, Regina? ¡Vas a montarte un aquelarre de libro conmigo y con unas cuantas brujas más! Que ya está bien de sacarnos solo en Halloween y, además, las noches de verano son también cosa de brujas.

(Witches drinking tea /Wikimedia Commons)

(Witches drinking tea /Wikimedia Commons)

Total, que eso hice, no vaya a ser que le de por maldecirme otra vez.

Así que aquí tenéis mi selección de seis novelas de brujas de todos los pelajes y para todos los apetitos librescos para pasar un aquelarre de libro:

1. Wiked, memorias de una bruja mala. Gregory Maguire. Booket. Hay veces en que ser la pérfida del cuento no es tan sencillo. En Wicked, memorias de una bruja mala Gregory Maguire narra las peripecias de Elphaba, la hija del predicador local de una aldea de pescadores que nace con la piel verde y dientes de tiburón. Con esta apariencia y semejante panorama familiar su vida no será un camino de rosas. Ingeniosa, irreverente, deslenguada e incomprendida, así se forja una bruja mala. Fantástico hasta aquí, pero eso no es todo. Memorias de una bruja mala es el primero de una tetralogía al que siguen Hijo de Bruja (Son of a Witch), Un León entre los Hombres (A Lion Among Men) y, finalmente, Fuera de Oz (Out of Oz). Ah, y es el germen del ya mítico musical homónimo Wicked. ¿Alguien da más?

Wicked, Booket

Wicked, Booket

2. Las Brujas. Roald Dahl. Alfaguara. Las brujas de todo el mundo están celebrando su Congreso Anual en la costa de Inglaterra. Capitaneadas por la idolatrada y temida Gran Bruja planean aniquilar a todos los niños sirviéndose de un ratonizador mágico. El problema añadido es que estas brujas no son las típicas que aparecen en los cuentos tradicionales, sino que son unas mujeres corrientes que se visten con ropa corriente y llevan una vida corriente, como la de cualquier mujer corriente. Si es así, ¿conseguirán vencerlas un niño de 7 años y su abuela? En 1990 filmaron una divertida adaptación cinematográfica, The Witches protagonizada por Anjelica Huston.

Las Brujas. Alfaguara

Las Brujas. Alfaguara

3. Las Brujas de Salem. Arthur Miller. Tusquets. Año 1692, en Salem, Massachusetts, vive una pequeña comunidad dedicada al servicio de Dios. Un grupo de jovencitas, cohibidas e irritadas a la vez por la sofocante atmósfera puritana a la que las someten sus mayores, se ponen a bailar desnudas en los bosques. Así es como arranca el rumor de un obsceno maleficio con ofrenda a Bercebú. Pronto una histeria colectiva cae sobre todos los miembros de la comunidad como una masa gelatinosa y arrancan las confesiones forzadas, los cruces de acusaciones infundadas, venganzas y traiciones y los juicios por brujería. Pese a estar basada en la caza de brujas real de Salem de finales del S.XVII, la grandeza de la obra constituye en su doble lectura, puesto que Arthur Miller la concibió para explicar el trasfondo de la «caza de brujas» política durante el macartismo de los años 50 y 60 en EEUU.

Las Brujas de Salem, Tusquets

Las Brujas de Salem, Tusquets

4. Las Brujas de Eastwick. John Updike. Tusquets. Cuando el enigmático Darryl Van Horne llega a un pueblecito de Rhode Island en los años sesenta y seduce a tres de sus divorciadas más irreverentes no se imagina –o quizá sí– que lo que está haciendo es declarar una guerra entre tres de Las brujas de Eastwick. Sí, porque Jane, Alexandra y Sukie, además de sobrellevar divinamente sus divorcios y de que una esculpe, otra toca el violonchelo y la tercera escribe, son hechiceras y llevan años desperdiciando sus poderes para liarse con hombres casados del pueblo. Pero ahora, heridas donde más les duele, aúnan fuerzas para pulverizar a Van Horne en una novela exquisita, irónica y corrosiva en la que John Updike demuestra por qué es uno de los cronistas más ácidos de la sociedad estadounidense de la segunda mitad del XIX.

Las Brujas de Eastwick, Tusquets

Las Brujas de Eastwick, Tusquets

5. Trilogia Las brujas de Mayfair, Anne Rice. Ediciones BSaga integrada por La hora de las brujas, La voz del diablo y Taitos, y protagonizadas por Rowan Mayfair. Es una guapa y neurocirujana de éxito que, además, es consciente desde la infancia de que tiene poderes especiales. Un día encuentra a un hombre que acaba de morir ahogado en la costa de California y, valiéndose de esos extraños dones, consigue devolverlo a la vida. Ambos establecen una apasionada alianza para desentrañar el misterio del pasado de ella y dominar un don maligno que le ha sido conferido a él tras su accidente. Rowan, aunque no lo sabe aún, desciende de una dinastía de brujas que se remonta al siglo XVII y cuya historia empezó con una escocesa quemada en la hoguera. Un más que entretenido relato que clava al lector en un universo mitológico hipnótico, oscuro y, al mismo tiempo, seductor.

Las brujas de Mayfair, Ediciones B

Las brujas de Mayfair, Edicines B

6. El libro de las Brujas. Katherine Howe. Siruela. Este magnífico libro repasa uno de los períodos más oscuros de la historia a través de una galería de hechos y personajes escalofriantes. Katherine Howe, profesora de la Universidad de Cornell y descendiente de tres brujas acusadas en los juicios de Salem de 1692, recoge un gran número de documentos relacionados con la brujería y los procesos por brujería desde finales del siglo XVI hasta principios del XIX. El pánico de Salem, que llevó a la horca a veinte personas (catorce de ellas mujeres), no fue una anomalía, sino la consecuencia de un largo proceso de tipificación de la figura de la bruja y de su castigo por poner en peligro la fe y la cohesión de la comunidad.

El libro de las Brujas, Siruela

El libro de las Brujas, Siruela

Y vosotros, queridos, ¿os animáis a este aquelarre libresco? ¿qué libros protagonizados por brujas y brujería sugeriríais?

“¿Pero entonces no eran Rojos los zapatos de la Dorothy de Oz?”

(El Mago de Oz, MGM)

(El Mago de Oz, MGM)

La Providencia Librera es gloriosamente imprevisible. Una pequeña bibliófaga detona un artefacto cinéfilo-libresco en la cabeza de su madrina, y a mi la onda expansiva me lleva directa a la Tierra de Oz. Igualita que a la pequeña Dorothy, pero sin su Totó y nada de Kansas: Reginaexlibrislandia. Os lo cuento.

Estaba yo dándole a la tecla para evitar que mis baldas estén melladas, cuando se materializó sobre el mostrador una reginaexlibrislandiana asidua con un apetito voraz por novelas negras que alterna con intriga histórica y algún que otro escritor contemporáneo.

Y abrió fuego sobre mi:

Clienta: Regina, oye, … Regina: ¡Ah, hola! ¡Dime!

C: Una cosa, a ver si tu me sabes decir: ¿pero no eran rojos los zapatos de Dorothy, la niña de El Mago de Oz?

R: ¿Perdona? ¿Qué?

C: Sí, verás. Le pregunté a mi ahijada qué quiere que le regale por su cumpleaños, y me dijo, literalmente :”Quiero unos zapatos plateados como los de Dorothy”. Y yo le respondí, “vale, cielo, pero son rojos y brillantes. ¿Seguro que los quieres así?” Y ella me respondió: “que no, madrina, que no te enteras: ¡que son plateados, PLA-TE-A-DOS!”. Me ha descolocado. Es su libro favorito, y lo ha leído varias veces, pero a mi eso de plateados no me suena nada.

R: Pues me temo que tu ahijada tiene toda la razón.

C: ¿Seguro? ¿No son rojos? Pues menudo papelón he hecho con la niña.

R: ¡JAJAJAJAJA! Sí, querida, me temo que te ha traicionado el celuloide. Es en la película con Judy Garland donde los zapatos mágicos son rojos y con rubíes. Pero en el libro original El maravilloso Mago de Oz son plateados. Fue la productora de El Mago de Oz la que metió el cambio para que destacaran, porque con los primeros tiempos del Technicolor los plateados no “cantaban” lo suficiente.

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

C: Calla, Regina, que eso no es lo peor. Es que ahora ya dudo hasta de si me llegué o no a leer el libro. A ver, la historia la conozco de sobra, pero si trato de recordar me vienen fogonazos de la película.

R: Mmmmm, eso es fácil. ¿Recuerdas cómo era la bruja mala?

C: Sí, eso sí. Era verde -pero verde, verde-, y vestía de negro con el típico traje de bruja y el enorme sombrero puntiagudo. Con su escoba y su bola de cristal. ¿no? Y aquellas risotadas histriónicas. Sí, la Bruja Mala.

R: Vale. Y otra cosa: ¿Dorothy fue realmente a Oz, o lo soñó? C: Creo recordar que con el tornado se dio un golpe en la cabeza… y, bueno, la dejó K.O. y resultó que todo lo soñó.

R: Y para terminar… si te pregunto por unas “gafas verdes”, ¿qué me dices?

C: Uy, a ver, recuerdo seres bajitos y monos que vuelan, pero nada particular sobre unas gafas. ¿Las llevaba el Mago quizás?

R: Bueno, querida… me temo que o andas muy mal de memoria o tus temores son ciertos y no llegaste a leer El maravilloso Mago de Oz. Por lo que me has respondido tu referencia es la película de 1939. En el libro de Baum la Malvada Bruja del Oeste solo tiene un ojo -superpotente, sí, pero uno- y por su fobia al agua utiliza un paraguas, no una escoba. Además, el viaje de Dorothy a la Tierra de Oz es real, mientras que en la película fue, efectivamente, un sueño. Y en cuanto a las gafas verdes, todos en Ciudad Esmeralda ya sean residentes o visitantes tienen que llevarlas sí o sí. Cosas del Mago…

C: Vaya tela, Regina. En fin, ¿tienes algún ejemplar? Me lo llevo y me lo leo esta misma tarde. Y ya estoy buscando unos zapatitos plateados para mi ahijada y un bozal rojo con rubíes para mi… jajajajajaja.

Y se fue corriendo y siguiendo por el camino de Baldosas Amarillas con su ejemplar del libro de L. Frank Baum.

Y, una vez más, yo me quedé con un sabor agridulce. Siempre me ocurre cuando se trata de alguna novela original que hiberna entre anaqueles eclipsada por sus múltiples adaptaciones teatrales, cinematográficas e incluso musicales. Su historia ha calado tanto en el imaginero popular que muchos desoyen su llamada por creer conocer la historia de sobra. Y se equivocan… ay, pero cuánto se equivocan, queridos. Y lo peor es que se pierden libros de órdago.

NOTA DE REGINA:

El Mago de Oz, Alfaguara

El Mago de Oz, Alfaguara

La novela de L. Frank Baum se publicó en 1900 y marcó un antes y un después en la literatura infantil estadounidense. Por primera vez un autor escribía un cuento de hadas moderno y ambientado en el medio oeste norteamericano, en un escenario copado por personajes y ambientes de la mitología del viejo continente. Creó un viaje literario alucinante a un mundo de color y fantasía que aislara a sus pequeños lectores del dolor, la pobreza y la miseria diarios, al tiempo que levantaba una fábula sobre los peligros del American Dream a cualquier precio, materializada en el más que turbio Mago de Oz. Y lo logró. Legiones de niños y adultos acompañaron a Dorothy, a su perrito Totó en su gloriosa odisea post-tornado desde su granja en Kansas a la Tierra de Oz, para recorrer el camino de Baldosas Amarillas rumbo a la Ciudad Esmeralda junto al León Cobarde, el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata, superando mil retos, cazando brujas, cantando con enanos cantarines y esquivando monos voladores, y añorando cada uno su particular anhelo, ese para el que el Gran Mago tendría una respuesta. Una gloriosa fábula que tiene más aristas de lo que quien aún no la haya leído puede imaginar y que está cargada de aventuras, diversión, crueldad, ternura y mucha, mucha imaginación. Una novela que bien merece una lectura y varias relecturas. Palabra de Regina.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El maravilloso Mago de Oz? ¿visteis la película de la Metro-Goldwyn-Mayer ?

“¡Muévete y te coso a novelas negras!”

Es un hecho: si alguien pudiera verle el aura a mi bibliofila estoy convencida de que sería negra. Pero negra, negra. O con algún reflejo turbio, si me pilláis en un buen día.

(Columbia Pictures /La Dama de Shanghai)

(Columbia Pictures /La Dama de Shanghai)

Adoro el género policiaco y criminal en toda su extensión, y aunque Reginaexlibrislandia es un reflejo de mi identidad libresca dosifico mis inclinaciones biblio-criminales para que todos los géneros tengan cabida y visibilidad tanto en mi fondo como en mesas y cabeceras.

Hasta ahí todo bien, muy profesional –¡Bravo, Regina ExLibris!-. Pero, claro, otra cosa es que yo siempre tengo títulos de novelas negras cargados en mi recámara, y en cuanto me provocan ¡¡¡PA-PA-PA-PA-PA-PA!!! Desenfundo, apunto y aprieto el gatillo seis veces en una cadencia mecánica para descargar el arma sin pestañear.

Y hoy estaba yo enterrada en papeleo cuando uno de mis libreros, justo el único en mis confines a quien se le resiste lo policiaco y detectivesco, se acerca y me dice con toda su inocencia:

Oye, Regina, esta mañana oí una cosa en la radio que.., bueno, ¿sabes que el viernes arranca la Semana Negra de Gijón?

No había terminado el pobre de cerrar su interrogación y yo ya le había cosido a librazos. Me miró entre dolorido y desconcertado, y antes de que pudiera hablar me adelanté:

Sí, querido, así que montamos una mesa con esos seis títulos, que son de lo mejorcito que he leído últimamente del género. ¡Si Regina Exlibris no puede ir este año a la Semana Negra, que el mítico biblio-evento asturiano venga a reginaexlibrislandia!

Y estos son los 6 novelones de género negro y policiaco que recomiendo en la recién inaugurada Semana Negra Reginaexlibrislandiana.

¿Listos, queridos? ¡Fuego!

1. La sustancia del mal, Luca D’Andrea. Alfaguara. Por suerte este novelón acaba de publicarse en España y ya es carne del boca-oreja, porque es de esos que te corta el aliento, la circulación y hasta las ganas de parpadear para no perder tiempo y leer más. Lo tiene todo: crímenes, secretos, suspense, verdades a medias, celos, giros de órdago, viejos enigmas, personajes poliédricos y un paisaje de una belleza y de un peso en la trama demoledores. Un viaje literario a una localidad alpina donde, décadas atrás, tres jóvenes fueron masacrados sin que se hallara al culpable. Allí se instalan un estadonidense y su familia, y lo que empieza siendo curiosidad por un hecho aislado deviene en obsesión cuando se da cuenta de que allí todos ocultan algo.

La sustancia del mal, Alfaguara

La sustancia del mal, Alfaguara

2. Cualquier otro día. Dennis Lehane. RBA. Hojeándolo el lector puede pensar que, por sus más de 700 páginas, nada se va a desarrollar con prisa ahí adentro. Craso error. El talento narrativo de Dennis Lehane es descomunal y se emplea a fondo en esta trilogía completada por Vivir de noche (RBA) y Este mundo desaparecido (Salamandra), un híbrido perfecto de novela negra e histórica. En ésta, que llegará pronto a las pantallas, el escenario es Boston martilleada por el terrorismo anarquista, la incipiente lucha por la igualdad racial, el boom del béisbol, la corrupción política y una huelga policial en 1919, que desató el caos y marcó las relaciones laborales en EEUU. Sobre ese tapiz se proyectan tres historias: la de un joven policía de origen irlandés llamado a ascender en el Cuerpo, la de un buscavidas negro asfixiado por la segregación, y la un paleto bateador catapultado a superestrella del béisbol. Cada uno de ellos entraña y sufre las contradicciones de una época y un sistema que terminarán por reventar. Hipnótica y fulminante.

Cualquier otro día, RBA

Cualquier otro día, RBA

3. Ángeles en llamas. Tawni O’Dell Siruela Policiaca. Si de lo que se trata es mantenerte en jaque como lector esta novela es rápida y letal. En ella Dove Carnahan, respetada comisaria en una anodina localidad de Pensilvania, se esfuerza cada día para que nada ni nadie perturbe la paz de su comunidad. Lo que nadie sabe es que tras el uniforme y la placa Dove lucha con furia para silenciar unos demonios internos que la atormentan desde la pubertad. Pero el día en que descubren en una zanja el cadáver calcinado de una joven que pertenece a uno de los clanes más poderosos de la zona, la comisaria Carnahan no imagina que no sólo tendrá que atrapar al culpable y apaciguar a la familia de la víctima, sino que las similitudes con su pasado la colocarán cara a cara con la verdad del caso y de su propio pasado.

Ángeles en llamas, Siruela

Ángeles en llamas, Siruela

4. Camille. Pierre Lemaitre. Alfaguara. Si no conoces al Comandante Camille Verhoeven te pierdes a uno de los gigantes del elenco de investigadores del género negro actual. Gigante a pesar de no levantar más allá de metro y medio del suelo. Sí, Verhoeven es enano, pero también es brillante, huraño, nostálgico, meticuloso, impulsivo, tierno, irritable e infatigable. Con Camille concluye la tetralogía protagonizada por este genial y colérico sabueso, y es el broche de oro a cuatro novelas redondas, adictivas y absorbentes de principio a fin. En ella Anne Foster, la pareja de Verhoeven, sobrevive de milagro a una paliza que recibe durante el atraco a una joyería parisina. Además de las secuelas físicas, está aterrada -con motivo- porque vio a su agresor, un hombre que parece tener una fijación feroz por ella. Así arranca un escalofriante juego del gato y el ratón que Verhoeven trata por todos los medios de finiquitar a contra reloj para salvar a su mujer. Y, por cierto: la literatura de Pierre Lemaitre es de tal calibre que cada giro de la trama te martillea las sienes hasta el final.

Camille, Alfaguara

Camille, Alfaguara

5. El Santo al cielo. Carlos Ortega Vilas. Dos Bigotes. Este alocado y frenético thriller psicológico es una de las propuestas más originales y sorprendentes del panorama policiaco actual. Con apenas una mano de tres personajes, un viejo alfiler y un cadáver, Carlos Ortega Vilas gana la partida a un lector que llega sin opciones al punto y final. Aldo Montero, inspector jefe de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos y fanático del santoral, está Julio Mataró, su enlace con la Guardia Civil, quien le comunica la identidad del cadáver que les observa con mirada aséptica en un piso también aséptico. Es Orion Dauber. Y poco más. No hay huellas ni más pistas pero, eso sí parece estar relacionado con un adolescente desaparecido que obsesiona desde hace tiempo a Montero. Así arranca un baile al que es también invitada Silvia, una mujer empeñada en anestesiar su propia memoria y apegada a un viejo alfiler de sombrero que resultará crucial en la trama. Pasen, lean y disfruten de una novelita que es una bomba de relojería.

El santo al cielo, Dos Bigotes

El santo al cielo, Dos Bigotes

6. El lagarto negro. Edogawa Rampo. Salamandra Black.  Imagina una novela que combine a la perfección lo mejor de Sherlock Holmes y Auguste Dupin, lo aderece con dosis de acción trepidante y lo espolvoree con humor, bastante irreverencia y algún otro guiño al pulp. Pues esa es la fórmula magistral de Edogawa Rampo, el tótem de la novela policiaca japonesa que ha tenido en vilo a legiones de lectores nipones desde que se publicó en los años treinta. Prepárate para asistir boquiabierto al fascinante duelo a muerte entre Kogorō Akechi, el sabueso de Rampo, y la sinuosa madame Midorikawa, apodada «Lagarto Negro» y con una querencia enfermiza por coleccionar joyas ajenas. El día en que ella pone el ojo en el pedrusco más preciado de todo el país sabe que la partida no ha hecho más que empezar. El pulso Midorikawa- Akechi no deja títere con cabeza. Ni siquiera la del lector.

El lagarto negro, Salamandra

El lagarto negro, Salamandra

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué novela negra que halláis descubierto últimamente añadiríais a la mesa temática de la Semana Negra de Reginaexlibrislandia?