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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Archivo de Julio, 2009

Amazon borra libros de Orwell de los Kindle sin preaviso

Cómo encajaríais que yo, vuestra librera, cada noche me embutiera en neopreno negro a lo Gata Negra y me colara a hurtadillas en vuestra casa para llevarme de vuelta a reginaexlibrislandia los títulos que previamente me comprasteis.

En su lugar encontraríais el importe exacto del libro, sí, pero ni rastro del ejemplar ni, por tanto, de las posibles notas al margen, separadores y demás elementos con los que personalizáis vuestros volúmenes. Eso sí, un par de días más tarde recibiríais un telegrama mío en el que leeríais atónitos alguna explicación que probablemente elevara el surrealismo de mi proceder a cotas inexploradas por la ficción literaria.

Pensadlo un minuto queridos, porque por mucho que se me haya ido el pelucón con el ejemplo eso es precisamente lo que les ha pasado a unos cuantos propietarios del Kindle de Amazon o, lo que es lo mismo, del dispositivo para leer libros electrónicos de la megalibrería on line norteamericana. Resulta que, sin preaviso, Amazon eliminó de la memoria de los Kindle dos ediciones de dos títulos de George Orwell: 1984 y Animal Farm (Rebelión en la granja). Los propietarios, que en su día adquirieron legalmente sus libros en Amazon, se encontraron con el reintegro de su compra, pero ni rastro de sus libros.

 

 

Al parecer, Amazon no tenía en regla los derechos sobre esas ediciones en concreto de 1984 y Animal Farm, y cuando detectó el fallo cortó por lo sano eliminando los archivos de los e-books, y reembolsando el importe a sus propietarios. El e-mail con explicaciones y disculpas llegó a posteriori, pero abrió el debate tanto en Internet, como en la prensa como en reginaexlibrislandia, donde comentábamos la noticia uno de mis libreros, un cliente y yo:

 

– Librero1: ¡Me parece muy fuerte, Regina, muy fuerte que hagan eso!- Regina: Ya, en el New York Times contaban que un chico de Detroit que preparaba un trabajo sobre 1984 se quejaba no sólo porque le habían borrado el archivo sin permiso, sino porque con él se cargaron todas las notas que había ido tomando en su Kindle…

– Cliente: Yo lo que no entiendo es cómo esos de Amazon tienen acceso libre a un aparato que, en teoría, es mío. ¿Eso quiere decir que pueden borrar lo que quieran cuando quieran?

– R.: Sí, va a ser que te pueden husmear la biblioteca de tu ebook a sus anchas

– Librero1: ¡Joder, pues ya no se si quiero un e-book!

– C.: Claro, no se trata de que te devuelvan el dinero… ¡sino de que invaden tu privacidad y se apropian de algo TUYO!

– R.: Ya, queridos, pero imagino que los gigantes de los e-book irán limando esas cosas. ¡Deberían haber aprendido algo de los errores de las Discográficas y de las distribuidoras de cine!

– C.: Pues, Regina, visto lo visto parece que hasta lo están haciendo peor…

– Librero1: ¡Y seguro que ahora salen muchos más casos!

– R: Lo grandioso es que precisamente sean dos títulos de Orwell

– C.: ¿Por qué dices eso?

– R.: Hombre, nadie como él, demiurgo creador del concepto de Gran Hermano, para ficcionar y denunciar sobre el control estatal, la alienación y demás verdades del sometimiento silencioso del hombre moderno…

– Librero1: ¡Coño, es verdad! Ja, ja, ja… A eso le llamo ironía ciberbiblófila…

 

Y así seguimos nuestro diálogo a tres bandas, y mientras echaba el cierre allí seguíamos dale que dale. Ah, eso sí, gracias al palique mi cliente se llevó un ejemplar de Rebelión en la granja y mi librero otro de 1984, lo que me hizo pensar que igual la noticia ha animado a algún que otro lector más a adentrarse en el universo literario orwelliano.

Lo que por cierto me llevó a mi a preguntarme cómo se hubiera tomado George Orwell la noticia…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué opináis de la noticia? ¿Y si tuvierais un Kindle y Amazon eliminara sin más uno de los libros que os habíais comprado? ¿Os fiais de los sistemas actuales de e-book? ¿Leísteis a Orwell? ¿Os gustó?

Tim Burton dispara la aliciamanía

Cada vez que traducen a fotogramas una novela me tiembla hasta el pelucón, lo reconozco. Y si encima es una de las Grandes me tintinea la campanilla, me metamorfoseo en La Reina de Corazones y berreo mi veredicto: ¡QUE LES COOOORTEN LA CABEZA! ¡QUE LES COOOORTEN LA CABEEZAA!

Pero hay ocasiones en que la Providencia Librera cruza una de mis obras favoritas con uno de los creadores del celuloide que más respeto, y entonces ¡BOOM! Se obra el milagro. Por ejemplo, la Alicia de Lewis Carroll según Tim Burton.

Así que mucho me temo que tras ver algunas imágenes y el primer trailer he de deciros que la Reinona de Corazones que llevo dentro sigue jugando al criquet de epidermis para adentro como si nada, la mujer.

Así que en reginaexlibrislandia ya hemos diseccionado un reparto que nos entusiasma: Anne Hathaway como la Reina Blanca, Helena Bonham Carter como la Reina Roja, J. Deep como El Sombrerero Loco, Michael Sheen como el Conejo Blanco; Alan Rickman como La Oruga Azul; Christopher Lee como The jabberwock; Stephen Fry como El Gato de Cheshire; Crispin Glover como la La Jota de corazones; Timothy Spall como El Sabueso; Martin Csokas como Charles Kingsley y Noah Taylor como La Liebre de Marzo

 

 

Y hace unas horas se nos hizo agua la boca bibliófila con el primer trailer:

 

 

 

 

Pero, ojo, queridos, que esta versión timburtoniana de Alicia es una mezcla de Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del Espejo, como bien habréis supuesto los aliciamaníacos de pro al ver un reparto por el que desfilan personajes del segundo de los libros de Carroll…

Algo parecido a lo que ya hizo la banda de rock Aerosmith con su tema Sunshine y un videoclip que en su día comentamos.

De momento, tres o cuatro de mis clientes más cinéfilos vinieron a mis confines en busca de la edición que siempre recomiendo: una de Valdemar con los dos relatos – Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo-, después de que el goteo de información sobre la producción de Disney les abriera el apetito bibliófilo por los cuentos de Carroll y su pequeña Alicia.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿os gusta Alicia? ¿Leísteis En El País de las Maravillas y A través del espejo? ¿Cuál os gustó más? ¿Qué os parece, de momento, el proyecto de Tim Burton?

¡Alunizo con Julio Verne!

Se cumplen cuarenta años de la llegada del hombre a la luna y yo lo festejo como mejor sé: a librazo limpio. Por eso no titubeé el sábado al reconducir en reginaexlibeislandia a mi trinchera de anaqueles un acalorado debate sobre si las míticas imágenes de Neil Armstrong paseándose por la superficie lunar fueron una retransmisión televisiva o una burda ficción catódica made in Universal Studios.

Sí, queridos, porque cuando un reginaexlibrislandiano asiduo y uno de mis libreros insistían en que metiera baza en su discusión sobre montajes, carreras espaciales, Apollos 11 y astronautas me atusé el pelucón a lo Barbarella y adoptando la pose entre sinuosa y firme de la diva intergaláctica setentera esputé a quemarropa:

 

– Regina: Ay, que yo sólo alunizo con Julio Verne. – Cliente: ¿Perdona?

– R.: Lo que oyes, que en reginaexlibrislandia lo que cuentan son los libros, y poco más. Así que, ya sabéis…¡a la luna a lomos de cualquier libro, queridos!

– Librero1: Vaya telita, cómo estamos hoy…

– R.: A ver, ya que el mundo se acuerda de Armstrong y compañía dejarme que yo desenpolve a Julio Verne, ¿no? Después de todo, un siglo antes de la NASA el francés ya escribió De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, su continuación.

– C.: ¡Anda! Pero, ¿eran dos? Yo solo conocía De la Tierra a la Luna y, si te digo la verdad, no me la leí. De Verne sólo La vuelta al mundo en 80 días y 20.000 leguas de viaje submarino…

– L1: Me vas a matar, Regina, yo tampoco sabía nada de Alrededor de la Luna. Y la otra, de oídas, pero tampoco me la leí.

– Regina: ¿Veis? Pues eso. Primero publicó De la Tierra a la Luna, en la que se centra en narrar los preparativos para lanzar un proyectil a la Luna. Los implicados eran los dueños de una empresa especializada en construcción de cañones y de otra de escudos que, acabada la Guerra de Secesión, se plantean realizar esa hazaña porque ya no tienen que fabricar ni cañones ni balas ni nada de eso. Vamos, que se aburren, y se lanzan a la ‘carrera espacial’. Luego se les une un intrépido francés para ofrecerse como piloto…

– C.: Ya veo, ¿Pero llegan?

– R.: Eso mejor lo lees en el libro, ¿no? Lo que si te digo es que su continuación, Alrededor de la Luna, ficciona el viaje en sí abordo de la bala de cañón-cohete y lo que sus tripulantes descubren sobre el reverso de la Luna. Y lo más alucinante es pensar que se inventó ambas historias en 1865 y 1870 respectivamente… Cuando los leáis veréis cómo a veces la ficción supera a la realidad o, al menos, ¡se le adelanta!

– L.: Pues nada, otros dos libros para la lista. Aunque os diré que los cuelo, porque me picó la curiosidad y me los llevaré hoy. ¿Los tenemos, no, Regina?

– R.: Sí, en Edaf. Por suerte pedí tres de cada la semana pasada, cuando empezó el bombardeo mediático recordándonos que se acercada este 20 de julio.

– C.: ¡Eres grande, Regina! Yo también me los llevo. Me marcho una semanita a Canarias, uno de los mejores observatorios celestes del mundo, y no imagino mejor entorno para leerme los alunizajes de Verne, la verdad.

 

Y poco después, mientras echaba el cierre regino aún con la Barbarella que llevo dentro puesta, decidí que yo también me llevaría De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna del maestro visionario Jules Verne para festejar el 20 de julio a librazos con un alunizaje verniano en toda regla.

Pero lo haré no sin antes regalaros dos grandes hitos televisivos:

 

La llegada de Neil Armstrong a la Luna (¿o no?) en 1969:

Y el trailer original de la mítica Barbarella que en 1968 protaginizara Jane Fonda en su adaptación cinematográfica:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis De la Tierra a la Luna? ¿Y Alrededor de la Luna? ¿Qué otra lectura de alunizajes sugeriríais?

“¿No editaron acá ‘Rosario Tijeras’?”

Como la Providencia Librera aprieta pero no ahoga hoy tuvo a bien darme de bruces con una de esas novelas que, sin estar aún descatalogadas, se consiguen a cuentagotas el el submundo editorial. Vamos, que no quedan muchos ejemplares en circulación, y por eso en reginaexlibrislandia nos encomendamos a todo el santoral bibliófilo rogando por una pronta reedición en bolsillo del la referencia en cuestión.

En bolsillo o como sea. Pero una reedición. ¿Por qué? Porque del primero al último caímos años atrás rendidos a los pies del escritor colombiano Jorge Franco Ramos y su bendita y letal Rosario Tijeras. Ni su homónima traducción a celuloide logró darle a la tirada de turno un empujoncito digno de la calidad del texto original. Así que así estamos, esperando un milagro bibliófilo, y más aún cuando irrumpen en mis confines lectores en busca de un ejemplar más.

Como hace unas horas, cuando dos veinteañeros se materializaron frente a mi escritorio. Uno era español, el otro, según capté, era colombiano y estaba de vacaciones en España. Buscaba un libro que su amigo tenía , según él, que leer:

 

– Cliente: Oiga, disculpe, ¿no editaron acá Rosario Tijeras?- Regina: ¿La de Jorge Franco Ramos?

– C.: ¡Esa, si!

– R.: Pues sí, hace cinco o seis años, creo. De hecho tengo por aquí un ejemplar con la portada original, porque con su reedición le cambiaron la cubierta.

– C.: ¿QUE LA TIENE?

– R.: Sí, aquí está.

– C.: Uff, mirá que casi la di por imposible. Llevo buscándola en las tres ciudades españolas en las que he estado para regalársela a mi amigo porque seguro que con eso le redescubre el gusto a leer, y nada… Por eso le preguntaba si acá la editaron o no…

– R.: Pues si, pero ya es difícil de encontrar. Como no la saquen en bolsillo…

– C.: Vaya, macho, hemos tenido suerte.

– Cliente 2: Pero, ¿seguro que no es un rollo?

– C.: Que no, tío, que vas a ver. Mira, sólo tienes que leerte el arranque:

 

“Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte”

¿Qué? ¿No me vas a decir que no se te agarraron las ganas de leer, verdad?

Total, que se la llevaron. Disfruté como una loca viendo cómo se las ingeniaba el colombiano para convencer a su amigo de que leyera Rosario Tijeras. Y que sepáis que aunque me costó, juro por las teclas de mi Underwood que no abrí la bocaza. Ni falta que hizo, claro. El chico fue tan letal como la mismísma Rosario Tijeras con su truco de utilizar el reclamo una de las primeras frases más impactantes que leí jamás.

¡Bien por él! Solo por eso y desde ya le nombro ‘Caballero’ reginaexlibrislandiano. Porque él lo vale…

Así que mientras yo me las ingenio para hacerme con otro ejemplar de Rosario Tijeras para llenar su vacío en mis anaqueles mataré la espera con vosotros, mis reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Rosario Tijeras? ¿Qué os pareció? ¿Tenéis aún vuestro ejemplar? ¿Visteis su adaptación cinematográfica?

NOTA DE REGINA: Poderío y bravura cinceladas en piel canela, brutal y tierna, así es la sicaria más letal del Medellín engullido por el narcotrafico. Así es la Rosario Tijeras que Jorge F. Ramos te siluetea a balazos en la imaginación, disparando diálogos a quemarropa para contar una historia de amor y muerte de esas que se te quedan dentro. Soberbia.

Y para hacer boca, el traíler de su película de 2005:

¡Lee a Hemingway por San Fermín!

Que Ernest Hemingway fue heraldo universal de los Sanfermines no hay quien lo discuta. El buen hombre vino, corrió encierros, apuró tintorros y volvió hasta nueve veces en meses de julio entre 1923 y 1959.

Lo que quizá no imaginara el escritor norteamericano que arrastró a la piel de toro a la mismísma Ava Gardner y a Orson Wells entre otros, es que 50 años después de su último paso por Pamplona y 48 de su muerte hay quien se decide a leerle precisamente ahora porque estamos en plena fiesta grande de Pamplona.

Y ese alguien es ni más ni menos que un reginaexlibrislandiano asiduo que se materializó ayer en mis confines con su inesperada petición:

– Cliente: Hola, Regina, ¿cómo estás?- Regina: ¡Hombre, X! ¿Qué tal?

– C.: Pues bien, aunque acalorado. Mira, una cosa…

– R.: Sí, dime

– C.: ¿Tienes algún ejemplar de Fiesta, de Hemingway?

– R.: Si, uno editado en Debolsillo.

– C.: ¡Perfecto! Dámelo, que me lo voy a empezar ahora.

– R.: ¡Anda! ¿Y eso? ¿No estabas metido de lleno en Proust?

– C.: Sí, pero con esto de los sanfermines me acaba de entrar un apretón de los míos y quiero leérmelo ya, antes de que canten el ‘Pobre de mi”, que está al caer… ¿Sabes? Tras Por quien doblan las campanas y sus Cuentos lo fui dejando y, mira, que me dio hoy por él.

– R.: Mmm, la verdad es que es el momento idóneo. Me pregunto cómo se lo hubiera tomado el bueno de Ernest

– C.: ¡Pues empujándolo con un buen vino! ¡Ja, ja, ja! Además, así me da la alternativa para acercarme a la tal Generación Perdida, ¿no?

– R.: Sí, entrarás a ella por la puerta grande, ni más ni menos que de la mano literaria de la la seductora Brett Ashley y del desventurado Jake Barnes, los protagonistas de Fiesta.

– C.: ¿Qué sabes?

– R.: Pues mira, fueron un grupo de escritores norteamericanos y británicos que de una forma u otra participaron en la I Guerra Mundial. A su término, se expatriaron y terminaron en París, y entre borracheras, resacas y desencanto escribieron sobre su época y circunstancias, ya sabes, entre los años 20 y el Crack bursátil del 29.

– C.: Eran Hemingway, Faulkner y, ¿quién más?

– R.: Mmm, Hemingway, Faulkner, Steinbeck, F.S. Fitzgerald, Doss Passos y Ezra Pound, si no me patina el pelucón.

– C.: Pero Fiesta, ¿es representativo o qué?

– R.: Bueno, digamos que lo que hizo Hemingway fue retratar ese modo de vida de jóvenes anglosajones bohemios en el París de entreguerras, con el añadido de que deciden irse de excursión a Pamplona en plenos Sanfermines… Así que leerás sobre las sombras de esa Generación Perdida al tiempo que te sumerges en los encierros de los años 20, y todo con un estilo innovador, casi periodístico. Es, cómo te diría, una sucesión de escenas desconcertantemente nítidas. A mi me parece fabuloso. Aunque, eso sí, más sobre el mundo del toro y Pamplona aparecen sin duda en Muerte en la tarde.

– C.: ¡Ish, Regina, dame Fiesta que ahora sí que tengo que leérmelo YA! Luego igual sigo con Muerte en la tarde, ya veremos…

 

Y se fue con su ejemplar de Fiesta, de Ernest Hemingway dejándome con una mano en el cierre regino y el pelucón cargado de imágenes de un libro que nunca dejará de impactarme.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Fiesta,de Ernest Hemingway? ¿Os gustó? ¿Cómo llegásteis a él? ¿Conocéis a algún extranjero que antes de venirse a los Sanfermines se leyera Fiesta?

¿Un best seller en papel higiénico?

Mi bibliofilia y yo siempre hemos defendido la idoneidad de cualquier momento y lugar para leer, incluido el cuarto de baño. Pero con lo que ni ella ni yo contábamos era con la insaciable capacidad de la Providencia Librera para cuartearnos los principios reginos con un desconcertante ardid en forma de noticia llegada del remoto Japón.

Porque hoy apenas habíamos metido mi pelucón y yo el morro en el tercer café mañanero cuando uno de mis libreros me plantó, visiblemente exaltado, un extraño texto impreso en las retinas:

 

 

 

Sí, yo también tuve que leerlo otra vez, porque no daba crédito. El escritor japonés Koji Suzuki, autor de la novela The Ring, aceptó el reto de escribir un relato de terror a la medida de un rollo de papel higiénico para que se publicara precisamente en dicho soporte.

Pues bien, así nació The Drop (La gota), un relato de terror ambientado en un excusado que se extiende en 80cm de papel y cuesta unos 1,6 euros.

Y no sólo eso, sino que, según parece, se está hinchando a venderlo: en apenas dos meses se lo han comprado 80.000 lectores a través de Internet, supermercados y librerías.

Y aquí es donde, como para arrancarme de mi estado de shock, mi librero me soltó una de sus bofetadas dialécticas:

 

Mmm, estooooo, Regina, ¿tú estarías dispuesta a vender libros en rollos de papel higiénico?

Y yo, reginaexlirbrislandianos de pro, aún he sido incapaz de contestar…

 

Así que decidme, queridos, ¿cómo encajaría vuestra bibliofilia y pasión por las librerías el toparos con libros en rollos de papel higiénico en la vuestra? ¿Los compraríais?¿Qué pensáis de la iniciativa?

Eso sí, de entrada os aseguro que al menos de aquí a unos días en reginaexlibrislandia miraremos los rollos de papel higiénico con otros ojos más… bibliófilos.

“Pero, ¿quieres tenerme horas al volante oyendo pedorretas?”

En mi librería, como en la vida, jamás echo el cierre sin aprender una cosa nueva. Y ya no solo en el aspecto bibliófilo, sino que las revelaciones me sacuden en el plano existencial porque, como siempre digo parafraseando a la Garbo, el ser humano es gloriosamente imprevisible y, a su manera, sabio.

Por ejemplo, ayer irrumpió en mis confines una réplica ibérica y postmoderna de La tribu de los Brady: una pareja con cuatro retoños de entre ocho y tres años. Según capté, ella iba a poner rumbo a la costa al día siguiente con toda la prole, los nervios de punta y unas ojeras como bolsones de Gucci, mientras que él, víctima de un contratiempo laboral, se les uniría a final de mes.

Total, que mientras ella elegía cuadernos de vacaciones visiblemente exasperada, él revolvía con dos de sus hijos parte de mis anaqueles dedicados a niños de más de 7 años tras decidir que una buena lectura en el coche sería suficiente para que los críos molestaran lo menos posible a su madre al volante.

Los dos retoños mayores tenían claro su objetivo: la serie Pablo Diablo, que publica SM en su colección Barco de Vapor Azul, y que narra las divertidas fechorías del personaje homónimo. Pero, más aún, lo que ellos querían era un ejemplar de Pablo Diablo anda suelto, una nueva colección de formato más grande que es una antología de Pablo Diablo y que tiene, como novedad, pictogramas, juegos entre líneas y reclamos sonoros, en concreto, pedorretas, que es la ‘marca de la casa’ del diablillo de carne y tinta.

Al ver el entusiasmo de sus niños, el padre corrió a enseñarle a su mujer con ademán triunfal el libro que mantendría a sus hijos literal y literariamente pegados al asiento de atrás en carretera:

– Él: Mira, cari, éste parece que les gusta a los dos.- Ella: Mmm, ¿a ver?

– Él: ES de un tal Pablo Diablo, y es lectura, pero tiene juegos y, fíjate, ¿preparada?

Aquí él, presa de una retrotracción fugaz a la infancia, abrió el libro con una sonrisa entre pícara y malévola, no sin dejar escapar antes un par de: ¡VERÁS, VERÁS!

Entonces del libro emergió un:

“PZRRRRRR, PZRRRRRRR, PZRRRRRR”

Y ella clavó en él una mirada cargada de asombro y de ira a partes iguales:

– Ella: Pero, JUAN, ¿se puede saber QUÉ ES ESSSSSO?- Él; ¡Pedorretas, cari! ¿Ves? Cada vez que lo abres o pasas algunas páginas suenan pedorretas… “PZRRRRRR, PZRRRRRRR, PZRRRRRR” Ja, ja, ja, ¡qué divertido! ¿no? A ellos les entusiasma y, mira, si les entretiene y te dejan en paz…

– Ella: Vamos a ver, ¿ese ruido se apaga? O pretendes que me pase SIETE MALDITAS HORAS AL VOLANTE ESCUCHANDO PEDORRETAS… pero, ¿tu piensas alguna vez? ¿Quieres que me vuelva loca?

– Él: Hombre… visto a sí. Pero seguro que hay una manera de apagarlo, voy a ver…

Y mientras ella le taladraba literalmente con unos ojos inyectados en sangre él se acercó a mi con Pablo Diablo anda suelto en las manos:

– Él: Oiga, pero, ¿este ruido se apaga, nooo?- Regina: Mmm, pues yo creo que no.

– Él: ¿Y cada vez que lo abran suenan las pedorretas?

– Regina: Pues mucho me temo que si, caballero.

Al final, para disgusto de los rapaces y beneficio del sistema nervioso central de la mujer, no se llevaron el ejemplar de las pedorretas, sino varias aventuras de Pablo Diablo sin ruidos ni demás añadidos.

 

 

Y aunque nunca pensé que un librito así pudiera resultar peligroso, he de deciros que me doblego ante la locuacidad de una mujer capaz de calibrar daños colaterales a velocidad titánica. Por que a mi, que sufro el martilleo de las pedorretas las tardes que vienen niños a reginaexlibrislandia, y que era testigo de la escena no se me ocurrió desechar ese libro para ese fin a semejante velocidad.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué pensáis de la reacción de la mujer? ¿Os cruzásteis con algún libro que os taladrara los nervios con sus recursos extra -sonidos, olores…-? ¿Conocíais a Pablo Diablo?

“No será gay la de Los números primos, ¿no?”

Una de las cosas que he aprendido desde que trabajo en la librería es que, sin duda, estar ‘de cara al público’ en muchas ocasiones llega a ser sinónimo de estar ‘atada de pies y manos’. O, lo que es lo mismo, no puedo dar rienda suelta a mi bibliofilia extrema ni, por su puesto, a mi forma de ver las cosas, ni a la literal ni a la literaria. Sonreír, oír, ver y callar. Y ya. Así que como mi libertad de reacción acaba donde empieza ‘el cliente’, la capa de cafeína y de barniz bajo la que sepulto mis emociones es tan densa que por las noches en lugar de desmaquillante utilizo disolvente químico. Y menos mal, queridos, menos mal, porque hay veces en que me pondría a gritar y no pararía hasta pulverizar todos los cristales de reginaexlibrislandia.

Como por ejemplo, esta misma mañana. Estaba yo correteando de un lado a otro plumero en mano cuando se materializó en mis confines una mujer de mediana edad. Apenas habló y yo supe que era una madre agradecida en busca de ‘un libro’ con el que compensar al maestro sus desvelos y sinsabores tras un año escolar educando a su retoño.

No me equivocaba:

 

– Clienta: Estooo, oiga, mire.- Regina: ¿Si?

– C.: No será gay ésta de los Números primos, ¿no?

– R.: ¿Cómo dice?

– C.: Verá, es que quiero regalarle un libro al maestro de mi hijo, y como oí tanto hablar de esta novela vine a por ella. Pero al leer la parte de atrás, pues eso, ¿no será de mariquitas, nooo?

– R.: Pues no, la verdad. La soledad de los números primos una historia de amor entre dos seres que…

– C.: Bueno, bueno, pero es amor entre una mujer y un hombre, ¿verdad?

– R.: Estooo… sí, son chico y chica. Pero…

– C.: No hay gays ni cosas raras, ¿verdad? Él es joven, pero no quiero líos. Y como pone eso de ‘números primos’, pensé que…

– R.: ¿Cosas raras? Pues no se a qué se refiere, pero yo le diría que no. Es muy recomendable.

– C.: Ah, pues ya me quedo tranquila. ¡Me la llevo!

 

Y se fue. Y me dejó envuelta en un silencio enrarecido, de esos que preceden a una tormenta. De pronto, ¡ZAS! Se me agrietó el barniz emocional y descargué la retahíla contenida sobre uno de mis libreros, que aguantó estoicamente mi chaparrón dialéctico:

 

Pero, pero, es que hay que ver. ¿Pues no me ha dicho que si no será ‘gay’ la de La importancia de los números primos? ¿Y qué demonios importará eso? ¡Como si la literatura entendiera de géneros! Porque, vamos a ver, estás leyendo una historia, una ficción, y cada lector extrae su propia lectura y mensaje, y más si para es un profesor, que se supone que debería ser un poco abierto de mente, ¿o no? ¡Que es EDUCADOR, diantre!.. BRRRRR. No sé qué me indigna más, si esto o aquella vez que me soltaron eso de “Ah, pero… ¿las novelas gay no son porno?” Pero mira que llega a ser atrevida la ignorancia… ¡ISSSSHHHH! Por esa regla de tres no podrías leer una novela sobre, qué se yo, apicultores, porque como no te dedicas a la cría de abejas… Ni sobre otros ambientes, culturas ni civilizaciones… Ay, señor, es que cuando nos da por estrecharnos la mente no hay quien nos pare…

Y así seguí hasta que, tras un carraspeo, mi librero me cortó con un simple:

Oye, por cierto, ¿Qué tal está la de Paolo Giordano? Aún no me decidí a leérmela

.

Y entonces yo reconduje mis energías a una nueva causa: convencer para que se leyera una de las novelas más impactantes y conmovedoras con las que nos hemos topado últimamente mi pelucón y yo.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿qué os parece la actitud de mi clienta? ¿Cómo hubiérais reaccionado vosotros de haber estado en mi regino pelucón? ¿Le dais importancia a la orientación sexual de los protagonistas de los libros que leéis? ¿Por qué sería tan esencial para ella ese detalle? ¿Leísteis La soledad de los números primos? ¿Os gustó?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: Mattia y Alice son dos seres que sufren. En algún momento de sus respectivas infancias el destino les quebró el alma y el cuerpo, y desde entonces un dolor que es tan denso que es prácticamente palpable, les aísla del resto. A los quince años se encuentran y, pese a que cada uno es dueño de un espinoso secreto que les atormenta y condiciona al tiempo que marca distancias entre ambos, ya no se separarán jamás. Porque la suya es La soledad de los números primos (Salamandra), donde Paolo Giordano construye una brillante metáfora literaria de base matemática, en la que Mattia y Alice son números primos gemelos, aquellos entre los que siempre se interpone un número par. Así Mattia y Alice cohabitan en su propio universo de la misma forma que el 11 y el 13 permanecen en las hileras numéricas, próximos pero sin llegar nunca a rozarse. Una novela de una dolorosa y conmovedora belleza contenida en el haz de luz de la mirada cuarteada de sus dos protagonistas. Maravillosa.