Chistes de toda la vida para el chavalerío de Internet, que aún no se los sabe

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La rebelión de las mascotas

Suele decirse que los teleoperadores son los proletarios de hoy en día. Bien cierto es, aunque más abajo en la escala social hay un lumpen-proletariado del que nadie se acuerda: ese ejército de peluche que integran los hombres-mascota.

Las mascotas son un fenómeno genuinamente norteamericano. De hecho, hubo un tiempo en el que parecía que esos seres –animales sonrientes por fuera, personas cariacontecidas por dentro- no serían capaces de cruzar el charco, con la de agua que coge el disfraz. Pero ya están aquí, entre nosotros.

A los que se quejan de su trabajo de repositores, de cajeras o de captadores de socios para Leprosos Sin Fronteras me gustaría verles a mí trabajando de mascotas: embutidos en un traje de un palmo de espesor, a 40º a la sombra y todo por un eurico a cambio de una foto (en el caso de los freelances) o por un sueldo de supervivencia y la promesa de ser coordinador de peleles (las mascotas por cuenta ajena). Eso si consigues sobrevivir a la hostilidad de los humanos.

Porque, vamos a ver, ¿acaso hay huelgas de mascotas?, ¿alguien ha presenciado alguna vez una manifestación de peluches?, ¿existen sindicatos que agrupen a estas desdichadas criaturas y les den la voz de la que, por fisiología y contrato, carecen?

No señor. Las mascotas se rebelan subvirtiendo su personaje, haciendo cosas que no se supone que deberían hacer. Cosas como estas:

O éstas:

O, llegados al caso, éstas:

O estas otras (no miréis, niños):

Nosotros no queremos ser agoreros, pero como el conflicto mascotil se nos vaya de las manos vamos a tener que ir descongelando al tío Walt. Entre tanto, hemos preparado una práctica guía de supervivencia por si las cosas se ponen feas.



Ciclo de cine monjil

Las monjas son al cine como las angulas al cocido: un imposible. A pesar de todo hemos conseguido rescatar cuatro ejemplos punteros amén de los clásicos: “Sor Citröen”, “Agnes de Dios” y todas las de Sor Cenaguer.

Más cine del bueno.