Soy sueca, pero vivo en España desde hace unos meses, y hay tantas cosas que me llaman la atención...

Mis patinazos con el español

Me estoy divirtiendo mucho aprendiendo este idioma. Los errores que cometo han pasado de ser graves a solo graciosos, y no pocas veces, embarazosos.

Os voy a dar algunos ejemplos para que podáis reíros de mí o conmigo.

Cuando estudiaba en Alicante hace ocho años, quise preguntar si la tortilla llevaba cebolla o no:

“¿Hay ‘rodillas’ en esa cosa que se come con patatas ¿eh?”.
“¿Rodillas? No, pero sí lleva cebolla…”

Por suerte yo no era la única extranjera en esa Universidad…

Otra vez pregunté en un restaurante por el cuarto de baño;

“¿Puedes usar el baño?”.
Este hombre tenía un gran sentido del humor y bromeó:
“¿Tú, yo o ambos juntos?”.

Me di cuenta de mi error y abandoné el lugar, roja como un tomate…

Pero debo decir que el día que me di cuenta de que yo podía hacer una broma en español me sentí muy emocionada. Esto es lo que pasó:

Fui a correr al Retiro, y cuando terminé vi que había cinco policías de pie en un círculo. Tenía curiosidad por hablar un buen rato con esos tipos. Quería preguntarles sobre los crímines en general. Esta fue nuestra conversación:

-Oye, lo siento por molestar, pero me interesa saber por qué siempre hay tantos policías en este parque?
-Es una rutina.
-¿Pero cuáles son los delitos más comunes aquí en el parque?
-Bueno, se roban monederos cuando la gente se queda dormida, tráfico de drogas…
-Sí, me he dado cuenta de que oigo la palabra ‘hachís’ cada vez que entro en el parque.
-¿Te sientes incómoda por ello?
-¡Sí, un poco, porque básicamente lo que yo busco es heroína!

Los chicos fueron agradecidos riéndose a carcajadas. Nos deseamos un buen día mutuamente y volví a casa. Y entonces me di cuenta de que ¡maldición!, acababa de hacer una broma en español! ¡Me sentía tan bien!

Un escritor que sólo busca ser amado no es un buen escritor

En primer lugar, estoy muy agradecida: desde que he empezado a escribir estas líneas, más de 100 personas se han tomado la molestia de escribir en mi primer post.

Todos estos comentarios me ayudan a hacerme una mejor idea de la cultura española. Y gracias a ellos, desagradables o no, se está creando un debate y estoy muy contenta por ello.

Algunas opiniones pueden resumirse en la idea de “tu país no es mejor”. Y sí, tienen razón. Pero si os fijáis detalladamente en el texto, veréis que no estoy haciendo una declaración de lo que es bueno o malo, mejor o peor. Con mi primer post quería escribir sobre la vida española desde un punto de vista objetivo y divertido. Y, por supuesto, he generalizado. Generalizar ayuda a crear una idea global. Es un hecho psicológico. ¿Qué pasa si en una biblioteca los libros no se catalogaran por géneros? ¿Son acaso todos las novelas policiacos lo mismo? Por supuesto que no. Y, creedme, soy muy consciente de ello.

Yo he elegido vivir aquí por un montón de razones, pero una de ellas es que creo que es encantador que los españoles (en general) sean más relajados que los suecos.

No tengo más que amor por este país… Su cultura, comida, costumbres, su gente, la diferencia que hay entre el sur y el norte, y de ello os daréis cuenta en mis textos.

Es universal (y muy humano) el hecho de que a todos nos gusta sentirnos apreciados. Pero como escritora no estoy luchando por ello, sólo me importa abrir temas a debate. Creo que cualquier escritor que trata de ser amado no es un buen escritor.

Al comparar con mi país he conseguido más comentarios que al escribir sobre cualquier otra cosa. La gente generalmente no se toma tanto tiempo o atención en un debate como lo ha hecho en éste. Y creo que es muy saludable y os aplaudo. Por eso, otra vez, gracias.

¿Cómo atracar un banco en España?

Como yo lo veo, una persona debe estar muy bien organizada y absolutamente loca para ser capaz de atracar un banco. Pero me pregunto cómo los criminales españoles consiguen hacerlo. Para poder realizar un proyecto de esta envergadura hay que planear cada detalle. Y hasta ahora, no he visto nadie tan bien organizado aquí en España. Vamos a hacer una breve comparación con Estocolmo:

Si mis amigos y yo queremos organizar una fiesta empezamos a programar todo unas semanas antes. Primero, porque queremos que todo el mundo tenga tiempo para venir. En segundo lugar, porque deseamos que la fiesta sea un éxito. Cada uno tiene su papel para asegurar que no se nos olvida nada.

En España nunca he recibido una invitación a una fiesta con más de siete días de antelación. La hora tampoco importa porque igual nadie llega a tiempo. Y el lugar es al azar, contactas con los amigos mientras estás en camino.

Como soy una sueca extremadamente organizada, esta tranquilidad española me estresa muchísimo. Nosotros estamos acostumbrados a conocer nuestro horario de antemano. Tenemos una máxima: no hacer perder el preciado tiempo a otras personas.

En Madrid  no está mal visto llegar con una hora de retraso a la cena, pero esta costumbre causó muchas veces problemas en mi universidad, en Suecia, donde ejercía de guía para los estudiantes de intercambio. Una amiga invitó a dos de mis amigos españoles a cenar a su casa y llegaron media hora tarde. Ella se irritó mucho y no les volvió a invitar.

¡Volvamos al atraco al banco!

¿Cómo anda la cosa cuando los criminales españoles planean un golpe? ¿Es posible que se junten semanas antes para planear los detalles y hacer dibujos de la mejor ruta de escape? Me lo puedo imaginar:

José, Alfredo y Rodrigo van en un coche que se está acercando a la sucursal financiera y José pregunta: “¿Tenemos los pasamontañas, tío?”.

Alfredo responde: “No, no los tenemos, pero si quieres paramos aquí y compro unos.”

José: “Y yo me he quedado sin tabaco, así que podemos ir a por todo lo que falta y nos vemos aquí en 30 minutos.”

Media hora más tarde, una hora más tarde… Alfredo, Rodrigo y José siguen de compras.

Cuando vuelven al coche tienen ganas de echarse una siesta y Rodrigo pregunta: “¿Qué hacemos al final, continuamos mañana con el atraco?”