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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Asturias exportará osos al Pirineo

Un proyecto del Ministerio de Medio Ambiente propone que Asturias envíe tres de sus osos cantábricos al Pirineo para reforzar allí la menguada población de plantígrados. En principio, la primera reintroducción sería de dos hembras, en la subpoblación del Pirineo occidental, y de un macho, en el Pirineo central. Se trata del Life “Acciones para la conservación de la población ibérica del oso pardo y su convivencia con los humanos“, presupuestado en 14 millones de euros y que la Unión Europea podría financiar en un 75 % (10,5 millones). La propuesta, liderada por la Fundación Biodiversidad, está respaldada por las comunidades autónomas de Asturias, Aragón, Cantabria, Castilla y León, Cataluña, Galicia y Navarra, además de por la Fundación Oso Pardo.

El proyecto para la recuperación del oso en los Pirineos comenzó en 1996. Se calcula que en la actualidad habitan entre 20 y 30 ejemplares en las montañas pirenaicas. Hasta ahora, la reintroducción de osos en el Pirineo se ha hecho desde Francia y con animales traídos de Eslovenia, donde sus poblaciones no están amenazadas e incluso se pueden cazar. Sin embargo, la falta de entendimiento con ganaderos y cazadores ha puesto en pie de guerra a las poblaciones locales, que de forma mayoritaria rechazan su presencia. Ahora el proyecto se quiere relanzar desde España, por donde campan la mayoría de estos úrsidos.

Lo llamativo es que para este reforzamiento no se piensa en seguir trayéndolos de Eslovenia sino de Asturias. ¿Tan boyante está el oso pardo cantábrico como para poder exportarlos? Es verdad que en los últimos años han aumentado un 30% hasta llegar a los más de 150 ejemplares actuales. Pero segregados en dos subpoblaciones aisladas, el reparto no es equitativo. En la parte occidental (León-Asturias) viven algo más 120 y en la zona oriental (León, Palencia, Asturias y Cantabria) apenas 30.

Pero vamos a ver. Puestos a mover animales de un sitio para otro como si fueran maletas ¿no sería más lógico llevar algún oso de la población occidental a la oriental para romper su actual aislamiento genético? No sé a vosotros, pero a mí esta imparable moda de las reintroducciones, traslocaciones y refuerzos poblacionales de especies en peligro de extinción me empieza a preocupar. Porque se hacen con escaso control científico y obviando lo principal. Primero: que hasta no haber solucionado los problemas que provocaron su extinción no tiene sentido seguir intentándolo. Y segundo: que en contra de la gente todo proyecto está abocado al fracaso.

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Salvados del volcán

En un mundo deshumanizado lleno de malas noticias también hay sitio para las buenas iniciativas. La última nos llega desde Japón. Allí hay una isla amenazada por los volcanes llamada Torishima, y en la zona de mayor peligro de erupciones subsiste la única colonia conocida del muy amenazado albatros colicorto (Phoebastria albatrus), apenas 80 parejas en el mundo. Tratando de evitar una extinción inminente, varias asociaciones conservacionistas japonesas y norteamericanas se han unido para emprender una arriesgada solución: crear una nueva colonia en otro lugar más seguro.

La nueva zona elegida es el islote Mukojima, perteneciente a las islas Bonin. Un territorio no volcánico situado a 350 kilómetros de distancia, gestionado por la metrópolis de Tokio, donde la especie crió hasta 1920.

¿Y cómo se hace para mover una colonia de sitio? Pues trasladando sus pollos a nuevos lugares, que para ellos serán el lugar de nacimiento y a donde se espera volverán a criar dentro de cinco años, una vez alcancen la madurez sexual. Es lo que se conoce por hatching, un engaño científicamente probado en numerosas especies de aves a partir de su fidelidad al lugar de sus primeros vuelos.

De esta manera, una decena de crías de estas formidables aves marinas han sido sacadas esta semana de sus nidos por expertos escaladores y transportadas en helicóptero a su nuevo hogar. Todavía les faltan tres meses de desarrollo para emanciparse, pero desgraciadamente sus padres no les podrán seguir alimentando en tan remoto sitio. En su lugar, un grupo de voluntarios harán de padres adoptivos, encargándose de la difícil tarea de darles de comer diariamente.

¿Tendrán éxito? Todos confiamos en ello, aunque como ha indicado Ben Sullivan, coordinador del programa mundial de aves marinas de BirdLife International, uno de los padrinos de la iniciativa, “aunque su número aumente, incluso una pequeña mortalidad debida al palangre podría obstaculizar su regreso”.

Tiene razón. Igual en el Pacífico que en el Mediterráneo los peligros para la vida natural son demasiados. Por nuestra culpa, auténticos volcanes de dos patas.

Capturado el primer lince para soltar en Doñana

Técnicos de la Junta de Andalucía ultiman estos días la construcción de dos cercados en el Parque Nacional de Doñana (Huelva), en donde próximamente liberarán un macho y una hembra de lince ibérico capturados en Sierra Morena (Jaén). Su traslado forzoso supone la apuesta más arriesgada hasta ahora nunca antes tomada en España para evitar la extinción local de una especie protegida. También la acción estrella del proyecto conservacionista más caro de Europa, 26 millones de euros.

Tras los buenos resultados logrados con las poblaciones salvajes jienenses, en lenta pero esperanzadora recuperación, además del programa de cría en cautividad, toca ahora evitar la desaparición del felino en el espacio más protegido de España.

Años de esfuerzos económicos y científicos por mantener esta isla lincera en mitad de la nada han acabado en el más absoluto de los fracasos. Ahora se confía, in extremis, en la llegada de sangre nueva para reducir la endogamia de la población, para hacerlos más fuertes ante la última amenaza contra su futuro, un virulento brote de leucemia felina, causante de la muerte directa en poco tiempo de 11 ejemplares, casi todos machos.

La enfermedad ha provocado una hecatombe, al acabar con uno de cada cinco linces marismeños. Para suplir este inmenso vacío se confía ahora en la llegada de un nuevo macho de tres años, ya capturado y que pasa la cuarentena en una jaula antes de su liberación en un cercado del Coto del Rey. Allí, tres hembras viudas le esperan como agua de mayo.

El segundo ejemplar, una hembra, todavía no ha sido capturado, pero ya está previsto el lugar de su suelta, un cercado de siete hectáreas junto a la laguna de Santa Olalla, en el corazón del parque.

Cuando los técnicos consideren que los nuevos linces se han aclimatado a su nuevo territorio, abrirán los cercados para liberarlos, en pleno periodo de celo.

Algunos sectores ecologistas han criticado esta acción por cuanto los peligros son todavía muchos en el Parque Nacional, y por tanto muchas las posibilidades de que los nuevos inquilinos, pero con seguridad sus crías, mueran en cuanto saquen la pata fuera del espacio protegido, si no pillan antes una leucemia. Para acabar con estas reticencias, Melody Roelke, experta norteamericana en felinos y asesora de la Junta andaluza, ha sido contundente: “Con el lince tenemos que ir más rápido que con la pantera de Florida; si esperamos a resolver los problemas de atropellos en Doñana, el lince se extinguirá y no habrá más atropellos, pero porque no quedarán ejemplares para ser atropellados”.

En realidad, el proyecto marismeño se ve más como un ensayo general para la futura reintroducción de este felino en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal, prevista a partir de 2010. Allí había linces hasta hace menos de 15 años y se mantienen buenos hábitats para la especie. Es su auténtico futuro. Porque para el de la población de Doñana, cercada por carreteras, urbanizaciones, venenos y cazadores, pintan bastos.