La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los herbicidas nos enferman

Más vago que la chaqueta de un caminero”, decía el refrán. A los antiguos encargados del mantenimiento de los caminos ese duro trabajo les hacía sudar de lo lindo cuando trataban de eliminar la maleza de las cunetas. Con tanto esfuerzo, desde primera hora de la mañana sus chaquetas iban al suelo y ahí se pasaban las prendas todo el día, viendo currar a sus propietarios.

Pero eso era antes. Ahora tenemos el glifosato. Un potente herbicida capaz de acabar en esta resplandeciente primavera con árboles y arbustos a golpe de pulverizador, sin necesidad de contratar abultadas cuadrillas. La bicoca del gestor. Terriblemente eficaz, se ha convertido en el plaguicida más usado del mundo. Su empleo junto a transgénicos promete cultivos a la carta, pues los fabricantes lo presentan como eficaz, barato, biodegradable e inocuo. ¿Inocuo?

Cada vez más estudios demuestran los peligros para la salud de este popular ‘matatodo’. Su uso indiscriminado y abusivo está provocando preocupantes contaminaciones en cultivos, suelos y ríos. Como resultado ocasiona una lenta pérdida de la biodiversidad, haciendo más vulnerables a los sistemas naturales y alterando el medio ambiente. Peces e insectos, especialmente las abejas, sufren todo tipo de alteraciones metabólicas. También hay sospechas fundadas de afecciones directas a la salud de los humanos. Pero lo seguimos utilizando con alegría, igual en carreteras que atraviesan espacios protegidos que en espacios públicos como los jardines de colegios y hospitales.

Si hay que eliminar malas hierbas, hagámoslo como siempre se hizo, sin venenos y sólo donde sea estrictamente necesario. Mejor será pagar jornales a camineros que arrepentirnos después de la utilización masiva de estas duchas tóxicas que nos enferman a nosotros y a nuestro entorno.

Canarias ha sido la primera comunidad autónoma de España movilizada contra el uso indiscriminado del glifosato. Entre sus acciones incluyen una interesante ciberacción que trata de convencer a las autoridades locales, insulares y regionales para que rechacen su uso. Toda la información la tienes en su página No más venenos en Canarias.

La fotografía de arriba pertenece a la página No Incineración de Tenerife.

A continuación os dejo el vídeo clip de la banda barcelonesa “Mañana me chanto” dedicada a los peligros del uso indiscriminado del glifosato. Una música tan buena como certera.

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Aumenta la producción de alimentos ecológicos a pesar de la crisis

Muchos pensaban que con la crisis económica los primeros en caer iban a ser los productores de alimentos ecológicos. Que puestos a apretarnos el cinturón, a muchos se nos iban a bajar los humos del ecologismo e íbamos a acabar comprando la comida más barata, ajenos a químicas y transgénicos. Pero se han equivocado.

La producción de alimentos ecológicos ha experimentado durante el pasado año un importante crecimiento, tanto en superficie como en número de operadores. A falta de datos nacionales más recientes, la superficie dedicada en España a la agricultura ecológica registró en 2009 un incremento de 21,64% hasta superar las 1,6 millones de hectáreas. Y en ganadería ecológica ya hay más de 5.000 explotaciones ganaderas registradas.

El año pasado ha sido todavía mejor, especialmente en Andalucía, la comunidad que más está apostando en nuestro país por los productos agroganaderos exentos de fertilizantes artificiales y pesticidas. Allí, y según datos del Servicio de Certificación CAAE, en 2010 se han alcanzado las 829.840 hectáreas de producción ecológica, un 4,91% más que el año anterior.

Y es que en esto de comer son pocos los que ponen en juego su salud. Consumidores responsables y sensibilizados, cada vez somos más lo que preferimos ahorrar en ropa o en los últimos gadgets tecnológicos antes que hacerlo con la comida. Ecológica, de cercanía, respetuosa, solidaria y sana, muy sana. Que por suerte ya no es tan cara como antes, teniendo en cuenta su calidad y sabor ¿no te parece?

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2010 ha sido un mal año para la biodiversidad

Puestos a hacer balance, este año que ahora acaba ha sido malo para el medio ambiente. Baste recordar que la promesa de reducir la pérdida de biodiversidad en todo el mundo para el año 2010 no se ha cumplido ni de lejos, al tiempo que todo el mundo celebraba pomposamente el Año Internacional de la Biodiversidad.

La degradación planetaria sigue imparable, incluso más rápida y destructiva que nunca. También en nuestro país, donde la defensa de la biodiversidad nos sigue pareciendo algo decorativo y superfluo, cuando en realidad es la salvaguarda de nuestro futuro. Y nuestra manera de gestionarla habla mucho de qué tipo de sociedad hemos creado, cada día más abocada hacia un desarrollismo desestructurado sin futuro.

La nueva ministra Rosa Aguilar ha prometido pintar de verde el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM), pero con un presupuesto cercenado no tendrá dinero para comprar la pintura. Tampoco voluntad política para impedir el avance de los cultivos transgénicos, proteger el atún rojo, paralizar el proceso de elección de ubicación del cementerio nuclear, rechazar en los tribunales la rebaja de 300 especies en el nuevo catálogo de especies protegidas de Canarias, evitar la muerte de más linces o el estancamiento de la Red Natura 2000.

Se han hecho pocas cosas, pero muchas de ellas han sido para supuestamente revalorizar los espacios naturales, cuando en realidad sólo se han levantado infraestructuras con escaso contenido y carentes de personal preparado que las puedan gestionar con eficacia. Otra parte se ha ido en marketing y merchandising, nueva versión improductiva de la olvidadfa educación ambiental.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado 2011 Año Internacional de los Bosques. Visto lo visto, todo quedará en una celebración más carente de compromisos, y mientras seguiremos destruyendo nuestras forestas a velocidad endiabladamente irracional. Pobres árboles. No pueden echar a correr para evitar la que les viene encima.

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Mapa secreto de los 63 pueblos donde se experimentan nuevos cultivos transgénicos

Amigos de la Tierra ha hecho pública la localización exacta de los campos donde se ha solicitado experimentar con cultivos transgénicos en España en 2010, unos datos hasta ahora secretos.

Son en total más de cien parcelas repartidas en 63 municipios donde multinacionales como Monsanto, Syngenta, Bayer o Pioneer tienen planeado realizar experimentos con maíz, remolacha y algodón transgénico para ver qué tal funcionan. Amigos de la Tierra considera que los agricultores, vecinos y ayuntamientos tienen derecho a conocer su localización exacta, aunque resulte imposible poder protegerse de una contaminación genética e invisible cada vez más generalizada.

Decían que iban a respetar los espacios protegidos, pero era mentira. Varios experimentos de Monsanto con maíces transgénicos se encuentran en la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda, en Daimiel, mientras que Syngenta pretende probar fortuna con remolacha transgénica en una ZEPA (Zona Especial de Protección de Aves) de Castilla y León.

Según la asociación ecologista, España acoge el 42% de todos los experimentos con transgénicos al aire libre realizados en la Unión Europea en los últimos años. Dicho de otra manera, nuestro país se ha convertido en el campo de pruebas favorito de las multinacionales.

Hasta ahora la localización de los campos experimentales con transgénicos era confidencial. Pero una reciente sentencia del Tribunal Europeo de Justicia ha amparado el derecho a que esta información esté a disposición pública.

A continuación puedes ver un listado y un mapa de los municipios en los que se ha solicitado experimentar, el transgénico que se quiere cultivar y los datos para localizarlo (provincia, municipio, polígono y parcela). Si quieres situar la parcela exacta en un mapa, sólo tienes que introducir estos datos en el programa de identificación de parcelas agrícolas del Ministerio (SIGPAC)

Importante: El Ministerio facilita las parcelas propuestas inicialmente por las empresas, pero advierte de que luego suelen elegirse sólo algunas de ellas. Por lo tanto, lo que se recoge en este mapa son las previstas, no las finalmente utilizadas.

¿Aparece tu pueblo en la lista?

Además de estos ensayos experimentales, España sigue cultivando 76.000 hectáreas del maíz transgénico MON 810 de forma comercial, sin que tengamos posibilidad de saber dónde se cultivan ni dónde acaban. Otra razón más para que no me gusten los transgénicos. ¿Cuántas más hacen falta para poner fin a esta irresponsabilidad?

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No quiero comer alimentos transgénicos

No quiero alimentos transgénicos, pero los tengo hasta en la sopa, hasta en el pan, hasta en la leche de soja. En mi pequeña huerta ecológica de casa ya no sé si cultivo tomates o a los hijos vegetales de Frankenstein. Nada comparable con las más de 80.000 hectáreas de maíz modificado genéticamente que producimos cada año en España. Hermosos granos con genes de bacteria que les permiten generar de forma natural una sustancia insecticida, pero cuyas semillas sólo las vende en el mundo una empresa, al igual que sus exclusivos herbicidas y pesticidas. Convertidos en perplejos conejillos de Indias, aportamos dinero y salud a mayor gloria de las multinacionales.

Dicen sus defensores que somos unos ignorantes y unos alarmistas, que el futuro es transgénico. Lo dicen desde esos modernos laboratorios donde por dinero juegan a ser Dios, experimentando con genes de vaca en plantas de soja, con genes de polilla en manzanas e incluso con genes de rata en lechugas.

Nos aseguran que por ser clones no hay peligro de contaminación genética, pues prácticamente son estériles. Prácticamente. Tampoco parece que puedan afectar a nuestra salud. Resulta poco probable, dicen. Pero nos niegan el derecho al miedo, a temer por los daños colaterales de tan lucrativo negocio, a la lógica de la precaución.

El mayor peligro de los transgénicos es su invisibilidad, su irreversibilidad y su imprevisibilidad. Imposible de acotar el polen en un lugar, acabarán para siempre con la pureza genética de nuestros alimentos naturales, con la biodiversidad. Quien sea alérgico a los transgénicos no encontrará un rincón en el mundo donde poder evitarlos. Tampoco se pondrá fin al hambre, pues el problema no es la producción, es la distribución equitativa de los alimentos. Pero lo que es seguro es que acabarán con la soberanía alimentaria, el derecho de todo Estado a garantizar su independencia alimenticia.

Por todo ello y mucho más estoy en contra de los alimentos transgénicos. Y apoyo la manifestación que mañana sábado, 17 de abril, saldrá a las 11,30 horas de la Puerta de Alcalá para mostrar el rechazo de la sociedad civil a su forzada introducción en nuestra agricultura y nuestra alimentación.

Si quieres evitar consumir productos con transgénicos, la lista roja y verde elaborada por Greenpeace en beneficio de los consumidores es fundamental. Descárgatela aquí.

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La contaminación invisible

Pinturas, disolventes, colorantes, plásticos. Medicinas, pesticidas, herbicidas, insecticidas, conservantes. Ningún lugar del planeta, ningún ser vivo, está hoy libre de la contaminación por sustancias químicas. Y los que menos nosotros, sus promotores.

Algunos de estos productos los conocemos y los utilizamos con precaución, pero en su mayor parte no sabemos que existen a pesar de pasar nuestra vida rodeados de ellos. Es la contaminación invisible, la de todos esos aditivos empleados para mejorar productos habituales, la de todos esos humos, líquidos, partículas a los que estamos en permanente exposición desde nuestro nacimiento y hasta nuestra muerte.

Cada año mueren en España 4.000 trabajadores y al menos 33.000 enferman y más de 18.000 sufren accidentes a causa de la exposición a sustancias químicas peligrosas.

Un problema añadido son los efectos a largo plazo de tan complejo cóctel químico, por mínimas que en principio sean sus cantidades. La mayoría de nosotros logra inmunizarse, impermeables a esta permanente nube tóxica cotidiana. Pero otros no tienen tanta suerte, son más sensibles y sufren las consecuencias.

De esta forma, la presencia generalizada de tóxicos parece estar detrás del incremento de la incidencia de ciertas enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico y reproductor. Como el asma, que ya afecta a 300 millones de personas en todo el mundo y a un 6% de los españoles. O como las alergias, un serio problema para uno de cada cuatro españoles. Incluso nuestra producción de espermatozoides está en acelerado retroceso.

Son las enfermedades del nuevo milenio, cuyo exponente más preocupante sería la sensibilidad química múltiple, un desorden médico desencadenado por todos esos artificiales productos que nos rodean. Y tienen mal arreglo. Cada vez somos más urbanos, más frágiles, más vulnerables. Como ese entorno que nos empeñamos en contaminar sin darnos cuenta de que también es el nuestro y el de nuestros hijos.

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“Los transgénicos son una nueva forma de fascismo”

No lo digo yo, aunque lo piense. Lo dice Vandana Shiva, Premio Nobel Alternativo de la Paz, la gran valedora mundial del ecofeminismo además de doctora en Física, directora de la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica y miembro de Consejo Ambiental Nacional de la India.

Hizo estas declaraciones el otro día en la sede de Greenpeace España y las recoge esta asociación en su blog.

Muy crítica con estos cultivos, Vandana Shiva sitúa a sus defensores en el grupo de los “monocultivos de la mente”, personas que no entienden la importancia de la biodiversidad ni lamentan su destrucción. Porque en su opinión, los transgénicos son peligrosos asesinos de la biodiversidad.

Los cultivos genéticamente modificados llegaron a la India como la panacea de la lucha contra el hambre, pero además de fracasar en tan loable intento han traído grandes desgracias a las personas y al medio ambiente. Se está plantando masivamente algodón transgénico, que no se puede comer, pero ello ha provocado un grave endeudamiento de muchos agricultores, que llegan incluso a quitarse la vida.

200.000 suicidios en los 10 años de producción de este cultivo, según esta reputada científica. Las víctimas inocentes de los transgénicos.

Y mientras esto curre en India, España sigue liderando en Europa el cultivo a gran escala de maíz transgénico, más de 80.000 hectáreas de no sabemos muy bien qué ni a qué precio. ¿Es fascismo o es estupidez?

¿Por qué son peligrosos los alimentos transgénicos?

Los alimentos transgénicos no son un peligro futuro. Son una amenaza presente, muy cercana y en expansión, especialmente en nuestro país.

De hecho, España incrementará este año en casi un 40% la superficie dedicada a cultivos transgénicos, que ya era la mayor de Europa, hasta llegar a las 110.000 hectáreas.

Paralelamente, el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino tramita para 2009 nuevos ensayos al aire libre con estos Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) en 67 municipios de Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León, Madrid, Extremadura, Navarra, Galicia y Cataluña, variedades de maíz que según acaba de denunciar Amigos de la Tierra, “tienen efectos perjudiciales en la salud humana y en el entorno”.

Según un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos recogido por Efeagro, este incremento de superficie (España cultivó 79.269 hectáreas en 2008) se debe a las ventajas productivas y económicas derivadas de un cultivo que cada año resulta “más atractivo” para los agricultores, “a pesar de las restricciones normativas y presiones políticas” en la UE.

Pero ¿por qué son peligrosos los transgénicos?

Son peligrosos para el medio ambiente: Supone aumentar el uso de productos tóxicos en la agricultura, contaminan genéticamente a las variedades tradicionales, acabando con ellas y provocando una grave pérdida de la biodiversidad. Según Greenpeace, los efectos sobre los ecosistemas son irreversibles e imprevisibles.

Son peligrosos para la salud: Los riesgos sanitarios a largo plazo debidos al consumo de transgénicos no han podido ser evaluados correctamente. Se sospecha que pueden provocarnos nuevas alergias, tumores cancerígenos o hacernos resistentes a los antibióticos. Aunque no hay datos concluyentes que despejen las dudas, ya los estamos consumiendo en grandes cantidades.

Son peligrosos para la economía: El desarrollo de los transgénicos está en manos de unas pocas empresas multinacionales que acabarán controlando todo el mercado mundial de semillas y, con ello, la producción de alimentos en el planeta. Paralelamente, los herbicidas y otros productos de síntesis son específicos para estas variedades y están igualmente en manos de estas empresas.

Frente a la irresponsabilidad de nuestro país, en Austria, Francia, Grecia, Hungría o Italia los cultivos tránsgénicos están terminantemente prohibidos. Aunque no su consumo porque, lo queramos o no, los estamos consumiendo de forma masiva. Por ejemplo en forma de soja o de maíz. De hecho, al menos el 80 por ciento de la soja importada en Europa es ya genéticamente modificada.

¿Qué por qué yo estoy en contra de los transgénicos? Porque nadie con dos dedos de frente se hincha a comer algo sin saber antes si le puede hacer mal. Porque son indistinguibles de las variedades naturales y no podemos rechazarlos si así queremos. Y porque con ellos no acabaremos con el hambre en el mundo, como pregonan sus defensores, sino todo lo contrario. De hecho, cientos de pequeños agricultores se han suicidado en la India, endeudados tras pasarse a los caros cultivos transgénicos y no obtener las producciones prometidas.

Más transgénicos en Europa

Por si alguno tenía dudas, los transgénicos han venido para quedarse en Europa. Ya es imposible dar marcha atrás. Las variedades vegetales con miles de años de antigüedad tienen sus días contados. Sus futuras implicaciones para la salud y la biodiversidad genética no preocupan a nuestras autoridades, sólo interesa su rentabilidad a corto plazo. Quizá como cuando se autorizó el peligroso DDT como el mejor insecticida posible, y décadas después fue necesario prohibirlo pues resultó altamente cancerígeno y se acumulaba en la leche materna. No es lo mismo, por supuesto, pero también los científicos se equivocan. Especialmente cuando los intereses de las multinacionales productoras de las nuevas variedades apremian.

Un tema tan importante y que, como ya critiqué la pasada semana, se ha decidido por un intolerable “silencio administrativo” al no ponerse de acuerdo los países de la Unión Europea. Nadie lo tiene la claro, pero por si acaso se autoriza. ¿Cuántos millones de euros habrán repartido los laboratorios en comisiones? Espero que no hagan lo mismo con los medicamentos, un mundo donde también hay grandes intereses económicos.

Quizá soy un desconfiado. Puede ser debido a mi condición de castellano viejo. Quizá soy un inculto, pues no soy un científico. Pero al menos me podrán reconocer que frente a mis muchas dudas respecto a tan extraños alimentos, los métodos empleados para su comercialización no son los más convincentes.

A continuación les copio la noticia dada por la agencia EFE sobre esta nueva autorización. Huelgan los comentarios.

La CE aprueba la comercialización de una remolacha y tres tipos de maíz transgénicos.

EFE

25. Octubre ´07 – La Comisión Europea (CE) ha autorizado hoy la comercialización en la UE de una variedad de remolacha y tres tipos de maíz transgénicos, así como su utilización en alimentos y piensos.

El Ejecutivo comunitario ha aprobado concretamente la importación, venta y transformación de la remolacha “H7-1”, así como de las variedades de maíz “Herculex (59122); 1507xNK603 y NK603xMON810.

El permiso para vender estos transgénicos en el mercado comunitario tendrá una validez de diez años.

La autorización de Bruselas se produce después de que los países de la UE no hayan logrado ponerse de acuerdo sobre esos organismos genéticamente modificados (OGM), ni en el Comité de la Cadena Alimentaria -formado por expertos de los Veintisiete- ni en los Consejos de ministros.

Los productos que contengan estos OGM estarán sujetos a “reglas estrictas de etiquetado y seguimiento”, según explicó el portavoz comunitario de Sanidad, Philip Tod, en rueda de prensa.

Recordó que en la UE todo alimento que contenga más de 0,9% de transgénicos debe indicarlo en su etiqueta en caracteres del mismo tamaño que el resto de los ingredientes.

No se obliga a etiquetar de esa forma la carne procedente de animales que han comido productos con OGM.

Tras la decisión de ayer, son ya 15 los OGM que Bruselas ha autorizado unilateralmente desde 2004, momento en que la UE puso fin a la moratoria contra la aprobación de nuevos transgénicos, recordó el portavoz comunitario.

Esto se debe a que desde entonces cuando los países examinan un expediente de un transgénico no consiguen reunir votos suficientes ni para permitirlo ni para rechazarlo.

Antes de 2004, la UE había aprobado otros 35 OGM; 16 estaban permitidos para uso alimentario.

Tod indicó que antes de autorizar un OGM la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA), organismo científico comunitario, pide a los países opiniones sobre dichos productos.

Actualmente, hay varias solicitudes sobre una patata transgénica -una para su cultivo- en la que se siguen trámites similares y en concreto, la Comisión se va a dirigir en las próximas semanas a los ministros de la UE para que opinen sobre la venta de este producto, ya que los expertos no se han puesto de acuerdo.

España bate récords en el cultivo de maíz transgénico

La organización ecologista Greenpeace estima que este año se han sembrado entre 65.000 y 70.000 hectáreas de maíz transgénico en España. La cifra más alta desde que hace 10 años se plantaran los primeros campos, y que ya supone entre un 18% y un 20% de la superficie total del cultivo.

Los ecologistas advierten sobre los peligros para la salud y el medio ambiente de estas plantas modificadas con genes de bacterias. Especialmente del maíz transgénico Mon 810 de la multinacional Monsanto, debido a la alta variabilidad del contenido de una toxina insecticida denominda Bt. Querámoslo o no, los consumidores somos sus cobayas humanos. Paradójicamente, y alardeando un desconocimiento casi suicida, el mismo Ministerio de Agricultura afirma en su web que “no existe ningún estudio científico que demuestre que estos alimentos sean perjudiciales para la salud”.

Como consecuencia de ello, 40 productos alimentarios comercializados por 23 empresas en España contienen al menos un ingrediente o aditivo producido a partir de maíz o de soja modificados genéticamente. En unos pocos años serán casi todos.

En realidad, en esto de los tránsgénicos nadie tiene las ideas muy claras, a excepción, por supuesto, de las grandes multinacionales, interesadas en hacerse cuanto antes con el monopolio mundial de la producción de semillas.

La prueba más palpable la tenemos en la propia Comisión Europea (CE), donde está previsto autorizar este mismo mes la comercialización en Europa de una variedad de remolacha y tres tipos más de maíz genéticamente modificados por la irreflexiva vía del “silencio administrativo”.

Tras muchas dudas, la CE decidirá unilateralmente permitir el cultivo de estos cuatro organismos transgénicos, después de que sus expedientes hayan sido examinados tanto por expertos de los Veintisiete como por ministros de la UE sin que hubiera una mayoría a favor ni en contra.

Desde que en 2004 la Unión Europea puso fin a la moratoria contra la autorización de nuevos transgénicos, todos los nuevos tipos han sido aprobados por la Comisión, de forma unilateral, pues entre los países de la UE no hay votos suficientes para su autorización ni para impedir que se permitan.

En el otro extremo del planeta, en China, el desarrollo de los cultivos transgénicos es, junto la llegada a la Luna y la fabricación de grandes aviones, una de las grandes metas nacionales para los próximos 15 años, ante el esperado descenso de las cosechas por el cambio climático y el aumento de la población hasta los 1.500 millones de habitantes.

El gobierno chino invierte al año 9 millones de euros en investigar la técnica, cantidad sólo superada en el mundo por los Estados Unidos. A pesar de ello, tienen todavía muchas dudas respecto a su inocuidad para nuestra salud y la de nuestro medio ambiente, y por eso mantienen la prohibición de su utilización en cultivos de interés alimentario. Nosotros no tenemos dudas. Si nos lo vende Monsanto será bueno.

Activistas de Greenpeace marcan un campo de maíz transgénico experimental con una gigantesca señal de “PROHIBIDO”.