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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El lobo llega a Cataluña

Poco a poco, el lobo (Canis lupus) está recuperando sus territorios perdidos. Su última conquista han sido las montañas catalanas del Pirineo y el Prepirineo, de donde el cánido salvaje había sido exterminado hace más de un siglo. Desde 1935 se le consideraba formalmente extinguido de Cataluña, pero al final ha regresado, pues resulta imposible poner puertas al campo.

Al principio (año 2004) fueron observaciones aisladas, ejemplares jóvenes vagabundeando por los valles en busca de alguna manada a la que sumarse. Sin embargo, al final les ha gustado el país y se han quedado.

Todavía no se puede hablar de la existencia de una población estable catalana, pues tampoco se ha podido comprobar su cría en la zona. Aún así, los responsables de Medio Ambiente de la Generalitat tienen ahora mismo constancia de la presencia de al menos cinco lobos diferentes, cuatro en el parque natural de la Sierra del Cadí-Moixeró, que se mueven hasta l’Alt Urgell, y un quinto en la Cerdanya.

Este último fue visto el pasado mes de abril por un vecino de Riu de Cerdanya a menos de 150 metros de su casa. Al principio pensó que podía tratarse de un perro grande, pero cuando le vio salir de entre unos arbustos tirando de un corzo que acababa de matar se le disiparon todas las dudas.

Aunque no está estrictamente protegido, el lobo no está considerado especie cinegética en Cataluña y por lo tanto no se puede perseguir, matar ni capturar.

Por supuesto, estos lobos atacan al ganado, principalmente vacas y ovejas, además de a la caza mayor, aunque de momento los daños no son muy elevados. Pero aunque así fueran no habría que verlos como la llegada del enemigo. En realidad, la presencia del lobo es una garantía de la buena salud de nuestros espacios naturales, el mejor regulador natural de especies problemáticas y en expansión como el jabalí, especializado en eliminar a los ejemplares más débiles y enfermos, mejorando de esta manera sus poblaciones.

¿De dónde vienen estos lobos?

Los análisis genéticos realizados a los excrementos localizados de estos ejemplares no dejan lugar a dudas. Vienen de la vecina Francia, a través del corredor que forman los Alpes marítimos franceses, pero son italianos. Allí llegaron desde Italia en 1992, cuando en el parque nacional de Mercantour se detectaron dos lobos procedentes de los Apeninos. Ahora ocupan 13 zonas diferentes y la población francesa supera el medio centenar de ejemplares.

¿Son iguales a nuestros lobos ibéricos?

En realidad son parecidos pero diferentes, y es eso precisamente lo que les hace más interesantes. Porque como han demostrado los análisis genéticos, estos lobos pertenecen a la subespecie italiana (italicus) y no a la ibérica (signatus), cuyas poblaciones, también en expansión, ya están avanzando por el pirineo aragonés.

De todas formas, son varios los expertos que rechazan la existencia de estas divisiones y consideran idénticos a todos los lobos europeos.

¿Llegarán a juntarse las dos subespecies?

Sin duda esto va a ocurrir más pronto que tarde. Las dos subespecies, algo así como razas pero con diferencias genéticas, producto de su aislamiento durante varios miles de años, acabarán juntándose e hibridándose en Cataluña.

¿Qué pasará entonces?

Los lobos ganarán en diversidad genética, pues recibirán sangre nueva, y eso les hará más sanos y mejor adaptados al medio, pero perderemos biodiversidad al desaparecer dos subespecies. Un proceso natural que no es ni bueno ni malo, tan sólo es ley de vida, la ley de la Naturaleza, siempre cambiante, siempre en permanente evolución.

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En la imagen en blanco y negro, realizada por David Serramitjana y publicada en el Diari de Girona, puede verse a la derecha el lobo observado el mes pasado en la Cerdanya, al que ladra un gran perro doméstico.

Favila y Carlomagno mataron al mismo oso

El oso que mató al rey Favila era de la misma especie que el que mató con sus propias manos Carlomagno.

Un reciente análisis de ADN mitocondrial con muestras de osos europeos de hace 20.000 años y actuales ha echado por tierra la teoría de que de los plantígrados de las penínsulas del sur de Europa (España, Italia y los Balcanes) eran subespecies diferentes que quedaron aisladas durante la última glaciación. En realidad todos eran una misma especie, luego fragmentada en múltiples poblaciones a medida que los bosques fueron retrocediendo y la caza los arrinconó en las montañas.

El trabajo ha sido realizado por la paleontóloga molecular Cristina Valdiosera, perteneciente al Centro Mixto de la Universidad Complutense e Instituto de Salud Carlos III, bajo la dirección de los paleontólogos Juan Luis Arsuaga y Anders Götherströmm, habiendo sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

En 1914, el naturalista Ángel Cabrera (1879-1960) describió al oso español como una subespecie diferente denominada pyrenaicus, caracterizada por tener las puntas del pelo amarillentas y las patas negras. Pero en realidad desde hace mucho tiempo se les consideraba iguales a todos los europeos.

¿Ayudará este estudio a la conservación del oso en España? Resulta difícil aventurarlo. El trabajo de Valdiosera viene a confirmar científicamente lo que ya se sospechaba. Hace así técnicamente más sencilla la vuelta del oso a los Pirineos, donde está prácticamente extinguido (apenas 20 individuos), a partir de ejemplares procedentes de Eslovenia, pues ambas poblaciones serían genéticamente iguales.

Si los ganaderos lo permiten, algo que de momento no parece sencillo. Y si no, como ya os conté aquí en una ocasión, que se lo pregunten a la pobre Palouma o a la difunta Canelle, víctimas del odio a este grandioso animal, terror de Favila y de Carlomagno.

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Gorrión alpino: de los Alpes al Pirineo

Cuando los pajareros nos juntamos no hablamos de fútbol ni de política. Sólo hablamos de pájaros. Puede parecer un tema obsesivo, pero qué le vamos a hacer, nos gusta.

Hace unos meses me visitó en Fuerteventura el ornitólogo José Luis Copete, quien está haciendo un trabajo sobre los mosquiteros que también incluye a los canarios. No nos dio tiempo para hablar todo lo que hubiésemos querido, así que le pedí que me mantuviera informado por correo electrónico de las novedades pajariles en su Cataluña. Buen cumplidor, me ha mandado un par de historias que, si a él no le importa, voy a colgar en el blog para que todos disfrutemos con ellas. Dejo pues el sitio a José Luis Copete, quien nos va a contar su experiencia con los gorriones alpinos (Montifrigilla nivalis), un ave que sólo cría en Picos de Europa y en el Pirineo, apenas 6.000 parejas y muy amenazadas por el cambio climático.

“Hace tres inviernos, los anilladores del grupo local Parus, catalanes, consiguieron por fin montar un comedero estable al que se acostumbraron a ir gorriones alpinos. Esta especie sólo se había anillado antes en el Pirineo catalán en una ocasión; 4-5 aves, capturadas con red japonesa, a principios de los 90, en el Cadí-Moixerò, en un comedero que montamos unos amigos en alta montaña. Con el tiempo al comedero acudían un centenar de aves largo. Después de esperar a que se acostumbraran, hicieron una sesión de trampeo, con red de suelo: cogieron 80 y pico aves, con la gran sorpresa de capturar una con anilla alemana. Todo un hito, pues se suponía, desde siempre, que el gorrión alpino, en el Pirineo catalán oriental, era un invernante que provenía del Pirineo central.

Se trataba, no obstante, del segundo caso de ave originaria de los Alpes que se recuperaba en el Pirineo, pues existía una anilla recuperada en los 80 en el Pirineo francés. Aún así, es una noticia muy interesante: las aves de los Alpes no solo bajan algo de altitud, en invierno, si no que llegan al Pirineo, donde se mezclan con las aves pirenaicas, en bandos grandes.

La pregunta, ahora es la siguiente: ¿Los bandos invernales del Pirineo oriental tienen más aves alpinas de lo que pensamos? ¿Son una mezcla de aves pirenaicas y alpinas, o casi todas son alpinas?

Para seguir profundizando en el tema, el siguiente invierno estos mismos anilladores volvieron a la carga, tratando que el comedero permaneciera disponible permanentemente a pesar de las nevadas. Esto se consiguió. Un bando de unos 500 estaba siempre en el comedero. Logramos capturar unos 300, que marcamos, medimos y fotografiamos.

Sin embargo el invierno pasado, cuando ya teníamos anillas metálicas coloreadas (para poder identificarlos a distancia) y un plan de trabajo financiado fue un desastre. Tuvimos un invierno muy suave y casi no nevó. No apareció ni un gorrión alpino. Ahora estamos a la espera de ver qué pasa. Igual capturamos unos cuantos marcados en los Alpes… Veremos”.

Distribución de las poblaciones nidificantes de gorrión alpino en la península Ibérica.