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En la Comunidad Valenciana estudian aves a cañonazos

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Este país nuestro se empeña a seguir aferrado a la pandereta como mejor sistema de gobierno. Sólo así se entiende la ridícula actuación de los políticos de la Comunidad Valenciana, empeñados en mantener la matanza de aves migratorias protegidas como una actividad tradicional.

El parany es un método de caza de aves con pegamento que ya ha sido prohibido por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas. Pero siguen sin aceptarlo. Por su culpa mueren millones de aves al año. El Gobierno valenciano intentó primero justificar el parany como un sistema para evitar daños a los cultivos y los tribunales lo rechazaron. Luego trató de autorizarlos invocando la tradición, y también fue desestimado. Ahora van más lejos en el disparate al acogerse al presunto interés científico del parany para el estudio de la migración, incluso en aves que nos son migratorias. Todo con tal de saltarse a la torera las directivas europeas y las leyes nacionales.

¿Investigar embadurnando pajarillos en pegamento? ¿Sin señalar siquiera el tipo de marcaje? Tan sólo se exige la liberación de las aves una vez se les haya quitado el pegamento. ¿Con plumas o sin ellas? Eso se llama querer estudiar aves a cañonazos. Docentes e investigadores de los centros universitarios de la Comunidad Valenciana con reconocido prestigio nacional e internacional en el estudio de las aves silvestres ya se han manifestado decididamente en contra de tamaña barbaridad.

Desde hace un siglo existen métodos inocuos para la obtención de estos datos internacionalmente reconocidos y científicamente validados. Los supuestos científicos coordinadores de este desaguisado, que avalan 33 de estas instalaciones de la muerte, son dos profesores del Departamento de Ingeniería Rural y Agroalimentaria de la Universidad Politécnica de Valencia. Ocultan que este departamento no tiene ninguna relación con el estudio de la biología y migración de las aves, y que esos profesores carecen de artículos científicos relacionados con estos temas. Parece ser que el único currículo es su apoyo ciego a las más crueles tradiciones.

Tradición significa: Si siempre lo hemos hecho ¿por qué ahora no vamos a poder matar pajaritos con liga, alancear toros, tirar las cabras desde la torre de la iglesia, arrancar el cuello a los gallos, apedrear perros, hacer fumar a los murciélagos, bailar a los osos, apalear a los caballos?

Quien así se lo pregunte debería mirar un momento el calendario: Año 2013. Siglo XXI. Europa occidental.

¿Te parece una exageración? Pues echa un vistazo a estos terribles vídeos, si es que puedes. Yo no los he podido terminar. Te descubren, con toda la crudeza de la realidad, cómo funciona este salvaje método de captura de pajaritos. Crueldad máxima para nutrir unos tristes guisos de arroz, eso sí, muy tradicionales.

Sin más razón que la testicular, 28 paranys, todos ellos en la provincia de Castellón, están este otoño matando aves protegidas. Han sido detectados y denunciados ante la Guardia Civil por voluntarios de diversas asociaciones valencianas (GECEN, GEPEC, GER-Ecologistas en Acció y Acció Ecologista-Agró), quienes los han localizado y georreferenciado en el sitio Paranymaps.

En Change.org puedes firmar en contra de esta atrocidad.

ACTUALIZACIÓN (11/11/2013): La Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente ha suspendido hoy cautelarmente la resolución que emitió el pasado 1 de octubre autorizando la actividad de 33 paranys con el argumento de que iban a utilizarse para estudiar la migración de las aves. Finalmente se ha impuesto la cordura y el sentido común al paralizar una errónea resolución que no tenía argumentos que la sostuvieran.

En la foto superior, cadáver de un pobre petirrojo, especie extrictamente protegida en toda Europa, muerto en esas trampas mortales de pegamento conocidas como parany (© SEO/BirdLife).

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Resulta tan inadmisible como vergonzoso. La Generalitat Valenciana, gracias a los votos del PP, PSOE y BLOC, y con los votos en contra de Esquerra Unida (EU) e Iniciativa del País Valencià, ha sacado adelante la reforma de la ley de caza valenciana que ampara el parany (la captura de aves con liga, un tipo de pegamento) como método cinegético tradicional.

La nueva normativa fue publicada ayer lunes 26 de octubre en el Diario Oficial de la Comunidad a sabiendas de su ilegalidad (tres instancias judiciales así lo han declarado, entre ellas el Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea), en un acto de clara rebeldía institucional.

Con esta decisión puramente política se abre la puerta a la matanza de millones de aves migratorias por parte de unos salvajes y crueles paranyeros, amparados en la supuesta tradición de este sangriento divertimento que también llaman deporte.

El retraso en la aprobación de la ley no ha impedido que la mayoría de los parayeros se hayan lanzado masivamente a cazar hace semanas. El Grupo para el Estudio y Conservación de los Espacios Naturales (GECEN) ha contabilizado la existencia en estos momentos de unos 2.500 paranys activos sólo en la provincia de Castellón, con lo que la matanza de aves protegidas este año puede ser bestial.

Una ilegalidad más, absolutamente abominable, que para colmo de males cuenta con el beneplacito de la administración regional que debería ser quien velara por la protección del medio ambiente. Además, para facilitar esta tradicional barbaridad, ha ordenado a los agentes medioambientales que no denuncien más de una vez al mismo parany. Eso en román paladino se llama prevaricación:

“Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario”.

¿Por qué es ilegal el parany? Pues por que no es, ni nunca lo podrá ser, un método de caza selectivo. Es masivo. Y cruel.

Se quiere autorizar para cazar zorzales, pero resulta imposible impedir que en esas ramas repletas de la famosa liga marca “El Tordo” (calidad especial) no queden atrapadas multitud de aves insectívoras y pequeñas rapaces. En concreto, se calcula que por este método, además de cientos de miles de zorzales de todas las especies, morirán (y acabarán en la sartén o la cazuela) entre 1.5 y 2.5 millones de pajaritos estrictamente protegidos en apenas un mes.

Los políticos valencianos se muestran a favor de este tipo de caza por tratarse de una actividad que forma parte, aseguran, de la cultura regional. Discrepo. Eso no es cultura, el parany es salvajismo. Por la misma razón, mañana legalizarán el lanzamiento de cabra desde los campanarios. Si eso da votos, no lo duden.

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P.D. Muchas gracias al GECEN, junto con Acció Ecologista Agró y Ecologistas en Acción, por estar plantando cara a políticos y cazadores en su lucha por erradicar para siempre el parany de la Comunidad Valenciana. La pelea es desigual, pero tienen a la razón de su parte.