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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Bambi protege a una mamá ganso

La historia parece salida de una película de Disney: un ganso madre ha perdido a su compañero de toda la vida y se ha queda sola para incubar y sacar adelante a su prole en un inusual nido: el macetero escultórico de un cementerio de Nueva York.

Sin compañero que la defienda, esta barnacla canadiense (Branta canadensis) es ahora más vulnerable que nunca a los posibles depredadores. Sin embargo, en un giro imposible del destino, un ciervo adulto se ha hecho amigo del pájaro asumiendo el papel de protector. Son la extraña pareja americana.

La historia no puede ser más inusual, no sólo por las lógicas diferencias interespecíficas, sino porque no sabemos cómo es posible que un ciervo y un ganso se puedan comunicar entre ellos. Pero de alguna manera el venado ha llegado a comprender la necesidad que tenía esta madre de protección y se la ha prestado desinteresadamente, vigilando en todo momento el nido en calidad de tutor. Y no es el suyo un trabajo fácil. En varias ocasiones ha tenido incluso que hacer frente a algún perro que amenazaba la seguridad de su insólita familia.

¿Cómo terminará esta relación? Lo tienen difícil, pues desde que la noticia ha salido en todas las televisiones americanas están recibiendo la visita de cientos de curiosos. Mucha gente para la necesaria tranquilidad que requiere la pareja. Aunque también podemos imaginarnos que todo saldrá perfecto y que esta amistad tan especial continuará más allá del nido.

La noticia la difundió el meteorólogo Andy Parker y me enteré de ella en Ecología blog.

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Vivimos en la era de la estupidez

Estamos en el año 2055, en un campo de refugiados instalado en un círculo polar ártico donde ya no hay hielo. El cambio climático ha dejado de ser una amenaza para convertirse en un hecho de devastadoras consecuencias ambientales, pero sobre todo sociales y económicas.

Con sólo mirar 40 años atrás, exactamente ahora, quedaba claro hacia dónde íbamos, hacia el desastre. “¿Por qué no hicimos nada para evitarlo?“, se pregunta el solitario protagonista de The Age of Stupid (La era de la estupidez), la última película de la comprometida cineasta británica Franny Armstrong.

Todos sabíamos y sabemos lo que se nos viene encima, pero nadie está dispuesto a cambiar un ápice su actual vida de derroche, basada en el despilfarro de combustibles fósiles. Los banqueros y los grandes empresarios los que menos. Corremos en círculos por la playa mientras vemos despreocupados cómo un gigantesco tsunami avanza implacable hacia nosotros.

La película, demasiado catastrofista pero cargada de realidad, se ha estrenado esta semana en 40 países, incluyendo el nuestro. El estreno coincidió con la celebración de la cumbre mundial sobre el clima celebrada esta semana en Nueva York, con miras a que en diciembre se firme en Copenhague un protocolo que dé continuidad al actual de Kioto, que expira en 2012, sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Aunque tampoco se hagan muchas ilusiones. El tiempo y la ambición juegan en nuestra contra, así que no se hagan muchas ilusiones.

Cuando en 1990 España suscribió Kioto, se comprometió a aumentar sus emisiones un máximo del 15%, pero lo ha hecho un 52,3%. Ajenos al estrepitoso fracaso, ahora los países más desarrollados del planeta quieren reducirlas un 40% para el año 2020. Pero lo cierto es que sólo la crisis está logrado que contaminemos menos.

Evidentemente, somos estúpidos. Nadie en su sano juicio mantiene una loca carrera hacia el precipicio sólo por no tener claro si será él, o sus hijos, los que al final se despeñen. Eso lo sabe hasta el primo de Rajoy.

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Os dejo el trailer de la película The Age of Stupid. La verdad es que pone los pelos de punta.

Nueva York matará 2.000 gansos para garantizar la seguridad aérea

El ayuntamiento de Nueva York ha anunciado la próxima matanza de 2.000 barnaclas canadienses (Branta canadensis) que viven en la ciudad. ¿Por qué? Para garantizar la seguridad de su espacio aéreo. Más en concreto, para tratar de impedir que este bello ganso pueda chocar contra las turbinas de los aviones provocando averías y accidentes.

Según explica The New York Times y resume Ecologiablog, el sangriento plan municipal costará 100.000 dolares y tiene previsto desarrollarse en 40 parques cercanos a los aeropuertos de la Gran Manzana.

Como recordaréis, en enero pasado, una de estas aves fue responsable de que un Airbus 320 de la compañía US Airways, con 155 pasajeros a bordo, se viera obligado a realizar un espectacular amerizaje/aterrizaje en el río Hudson. Se trata pues de acabar ahora con los culpables. O al menos de que lo parezca.

Los tres aeropuertos de Nueva York mueven al año más de 100 millones de pasajeros que llegan o se van en no menos de 600.000 aviones. Frente a este espectacular tráfico aéreo, el mayor de Estados Unidos, el número de barnaclas canadienses que viven en parques, lagos y ríos neoyorkinos supera las 20.000 aves. Sin embargo, matar menos del diez por ciento de estos gansos no servirá para nada. Entre otras razones, porque los pájaros peligrosos no son los sedentarios y casi domesticados de la ciudad, sino los salvajes que todos los inviernos llegan en grandes bandos desde el norte de Canadá, amigos de volar libres por donde les plazca. Y a esos no hay quien los atrape.

Ya sé que no es fácil encontrar una solución. Que los halcones y águilas que con tan buenos resultados se utilizan en los aeropuertos españoles pueden ser insuficientes para controlar a tanto ganso, que la seguridad de los aviones es lo primero [ayer se retrasó la llegada del primer avión a la terminal T-1 de El Prat por la presencia de aves en la pista], que todavía no se han ideado turbinas antipájaros. Pero matándolos tampoco solucionaremos el problema, tan sólo estaremos haciendo el ganso.