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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Convocada para hoy una huelga de carritos caídos

Este fin de semana ha vuelto a repetirse la locura (consumista) en los centros comerciales de toda España, abarrotados y, como la película y bares de mala reputación, “abiertos hasta el amanecer. Si era domingo o sábado por la tarde daba igual. Sólo los pobres trabajadores de esos centros aguantaron con estoicismo la avalancha humana a cambio de irrisorios sueldos, a sabiendas de que aún les queda un largo mes de aluvión navideño. En el fondo, y con tanto paro, muchos se sentirán privilegiados.

Visto lo visto, la convocatoria prevista para hoy, una Huelga de Consumo, huele a rotundo fracaso. Tan sólo 20Minutos ha difundido la noticia. Y es que con crisis o sin ella, los carritos seguirán transportando miles de toneladas de productos innecesarios de los almacenes a nuestras casas, ajenos al desequilibrio social, ético y medioambiental que muchas de estas compras provocan en todo el planeta y, por qué no decirlo, en nuestros maltrechos bolsillos.

Los organizadores justifican así esta huelga de carritos caídos:

Es una invitación para tomar conciencia del peso del consumo en nuestra vida, plantear unas nuevas pautas de consumo como una crítica hacia un modelo de sociedad capitalista que ha fracasado social y ecológicamente, y orientar esta reivindicación no contra el pequeño comercio local sino contra los grandes conglomerados comerciales, industriales y financieros.

¿Qué es una Huelga de Consumo?

Se trata de no adquirir ningún tipo de bien, producto o servicio a lo largo de todo el 21 de diciembre, con el objetivo de paralizar gran parte del sistema productivo y presionar a nuestros gobernantes para que corrijan su actual política económica insostenible.

El poder del consumidor está en entredicho

Siempre decimos que los consumidores tenemos el poder. Hasta ahora ese poder es básicamente destructivo, pues consumimos mucho más de lo que el planeta puede producir. ¿Somos en realidad víctimas del mercado o tenemos en nuestras manos el poder de cambiar un patrón insostenible de consumo que está agotando las posibilidades de supervivencia de la Tierra?

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La Naturaleza te felicita el nuevo año

¿Os gusta la foto? Maravillosa. Me la ha mandado Odile Rodríguez de la Fuente, la hija pequeña de nuestro admirado naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, y no se me ocurre nada más hermoso para felicitaros el Nuevo Año desde La Crónica Verde.

Es verdad, no ha sido un año demasiado bueno. Este observatorio medioambiental ha dado demasiadas malas noticias y pocas buenas. El mundo, nuestro mundo, parece empeñado en seguir una imparable carrera hacia el precipicio, pero soy optimista. Gaia, la Madre Tierra, ese todo en el que todos formamos parte de un engranaje perfecto, nos sonríe. Tres grandes aves dirigiéndose raudas a su dormidero en un atardecer invernal son su mejor mensaje. Feliz Año Nuevo Gaia. Feliz Año Nuevo, queridos amigos.

Navidad sin langostinos

Una Navidad ecológica es aquella donde en la mesa no hay langostinos. Por si no lo sabías, el impacto medioambiental y social de criar estos mariscos es terrible. La mayoría de los que compramos proviene de grandes granjas acuícolas instaladas en países pobres. En ellos esta industria está dejando una profunda huella de destrucción y violencia, provocando el desplazamiento de miles de pescadores artesanales y la extinción de numerosas especies en países como Ecuador, Honduras, Colombia, India, Tailandia o Brasil. España es el país europeo que más langostinos importa y el tercero en el mundo. Nuestros langostinos baratos son por ello responsables directos de la destrucción de miles de hectáreas de manglares tropicales, esos bosques flotantes rebosantes de biodiversidad, más productivos y valiosos que los arrecifes de coral.

Además resultan una inmejorable barrera natural contra huracanes, tsunamis y otros desastres naturales; o lo que es lo mismo, su desaparición deja sin protección a los pueblos costeros de medio mundo.

Talados masivamente, esos encharcados ecosistemas son convertidos en grandes piscinas de cría de camarones a mayor gloria de nuestras fiestas gastronómicas, de nuestros lujos. Donde se arrojan toneladas de antibióticos, fertilizantes, fungicidas y pesticidas culpables de la aparición de numerosas enfermedades.

Un consumidor responsable rechaza los langostinos de cultivo por ser ecológicamente insostenibles. Piénsalo bien antes de incorporarlos a tu menú navideño. Y ya de paso, estas fechas rehuye las compras compulsivas, usa bolsas de tela, elige regalos producidos en tu entorno más cercano o provenientes de Comercio Justo, rechaza las comidas preparadas, compra juguetes sin pilas. Tus pequeños gestos pueden cambiar el mundo, también en Navidad.

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Os dejo un vídeo donde una canción resume la importancia de la lucha de las comunidades ancestrales del manglar ecuatoriano en defensa de su bosque y su cultura.

Y termino con la imagen del manglar más hermoso del mundo, el Corazón de Voh, en Nueva Caledonia.

Foto: Yann Arthus-Bertrand/Impact

Al borde de la depresión postvacacional… y el frigorífico apestando

Hoy me solidarizo con mis queridos árboles y, aunque por razones muy diferentes, también moriré de estrés. Acabo de regresar de las vacaciones navideñas y la luz se había ido de casa hace dos semanas. Cuando hemos entrado el frigorífico ha salido corriendo por el pasillo, dejando tras de sí un pestilente rastro de olor a muerto.

Hacia mediados de noviembre, una semana antes del famoso Día de Acción de Gracias, los norteamericanos celebran el National Clean Out Your Refrigerator Day, o sea, el Día Anual de la Limpieza del Frigorífico. Dicen que es la única manera de guardar dentro el gran pavo al que les obliga la vieja tradición gastronómica. Y de acordarse de limpiar el electrodoméstico al menos una vez al año.

Los españoles somos menos disciplinados pero creo que más propensos a descongelar la nevera varias veces al año para tan higiénica costumbre, que al mismo tiempo reduce considerablemente el consumo eléctrico al retirar el hielo acumulado en su interior.

En mi caso, he pasado cuatro horas entre arcadas y estropajos, intentando inútilmente arrancar de la nevera la nauseabunda pestilencia. Lo he probado todo (jabón, bicarbonato, vinagre, limón) pero sin éxito. Si algún lector me puede dar un consejo para acabar con el hedor sin necesidad de tirar el frigorífico le quedaré eternamente agradecido.

Limpieza, maletas, montaje imposible de juguetes de los Reyes, preparación de las mochilas escolares de los niños tras incansable búsqueda de sus tareas navideñas, inútil quema generalizada de incienso, jardín invadido por las malas hierbas, los 15 gatos del vecino celebrando ruidosamente la llegada de su celo en una azotea que ya es definitivamente la de ellos… ¿Era ésta la rutina que tanto eché de menos entre pantagruélicas comidas familiares, reuniones de ex alumnos y dura presión consumista?

La depresión postvacacional me persigue ahora igual que yo persigo a mi frigorífico.

El silencio de los corderos

Son éstas malas fechas para los corderos, inocentes animales a los que les ha caído encima el sambenito de ser considerados el alimento místico por excelencia de las tres religiones mayoritarias en el mundo.

1.200 millones de musulmanes celebran precisamente hoy la fiesta del cordero, lo más parecido a la Navidad cristiana, que este año casi coincide con nuestra Pascua. En el día décimo del mes lunar del Dualhuya los creyentes de Alá conmemoran el cordero que Abraham degolló como sacrificio a Dios en lugar de a su propio hijo Isaac. Es una fiesta familiar por antonomasia, de reencuentro y de visitas. También de hacer regalos a los niños. Estos días, viajando por Marruecos, en todos los pueblos me he encontrado con mercados de corderos. En Tarfaya mi amigo Mohamed, y en Tan Tan el siempre sonriente Sahui, me enseñaron los que ya tienen elegidos para hoy.

Me dieron pena los inocentes animales, sabedor de su final próximo. También esa pobre gente que debe pagar altísimos precios para llevar a su mesa tan simbólico manjar. Al menos nosotros no somos tan estrictos, y además de cordero podemos comer pavos, besugos y mariscos variados. O incluso conejo para satisfacción de nuestros políticos. De ahí el dicho de “estar más ocupado que horno por Navidad”.

Qué le vamos a hacer. Celebraciones familiares y comidas copiosas van siempre unidas a nuestros momentos más felices. Y será de ley volver a renovar la tradición un año más.

Pero como no nos comeremos todos los corderos, para comienzos del año les recuerdo a los supersticiosos una vieja creencia de fuerte arraigo en el mundo rural. Salgan al campo y busquen un rebaño de ovejas. Si un cordero nos mira y camina hacia nosotros será garantía de buena suerte. Ya lo dice el refrán: “Cordero en vista, suerte y fortuna lista”.

Mercado de corderos la semana pasada en Goulimin, en el sur de Marruecos.


Huelga de carritos caídos

Toda la semana trabajando, el sábado dedicado a ir de compras y el domingo al bricolaje de lo comprado el día anterior. Algunos empezamos ya a estar hartos de esta rutina tan productiva para las multinacionales pero tan alejada de esa vida tranquila y relajada por todos anhelada. Cambiarlo parece imposible. Tan sólo podemos aspirar a pequeños gestos simbólicos, a lanzar avisos a la sociedad a la espera de un milagro.

Por eso seamos realistas, pidamos lo imposible: un día sin compras. Hoy mismo sin ir más lejos. Mejor todo el fin de semana. Sustituyamos el centro comercial por el paseo en bicicleta, la búsqueda de la oferta por la conversación con un amigo.

Es la propuesta de Ecologistas en Acción. Reflexionar sobre la necesidad de otro modelo de consumo, más sostenible y respetuoso con nuestro medioambiente. Una huelga de consumidores.

¿Otra ecoacción global? ¿Cómo la tan poco secundada del apagón de la semana pasada? Pues sí, otra más. Vivimos en un mundo de símbolos donde una imagen puede más que mil argumentos. Y la fecha tiene su simbolismo. El comienzo de la campaña navideña, nuestra época incoscientemente más derrochadora del año.

Las principales ciudades españolas despilfarrarán este año decenas de millones de euros en instalar y mantener el alumbrado de Navidad. Como recuerdan los ecologistas, tan sólo Madrid gastó el año pasado en esta partida 3,5 millones de euros, emitiendo unas 3.000 toneladas de CO2 a la atmósfera en una gratuita aportación al cambio climático.

Las estadísticas son escalofriantes. Cada ciudadano español hará un gasto navideño cercano a los 1.000 euros por persona. De esta manera nuestra huella ecológica cada vez se parece más a la del caballo de Atila, pues los españoles consumimos y contaminamos casi tres veces por encima de la capacidad biológica del territorio. Si cada uno de nosotros genera un kilo y medio de basuras al día, en estas fechas producimos dos kilos, la mitad inútiles envoltorios. Y mientras cada año aumenta en cuatro millones el número de personas desnutridas en el mundo, sólo por necesidades comerciales se tiran en estas fechas hasta un 40% de los alimentos obtenidos.

Ya lo dijo Freud. “Si deseas algo nuevo haz algo diferente”. Así que hoy no iré al híper. Por intentarlo que no quede.

Talarán un abeto gigante para adornar el Vaticano

En las pasadas Navidades critiqué al Vaticano y a su jefe de Estado, Benedicto XVI, por la decisión de instalar en la plaza de San Pedro un gigantesco abeto de 33 metros procedente del Parque Nacional de Sila, en Calabria. Y lo hice por lo que supone de destrucción de un ejemplar centenario para un uso tan frívolo como el de servir de pobre adorno navideño, por el gasto económico y energético de la operación, por la nula sensibilidad medioambiental demostrada por los jerarcas católicos, unida a la inaceptable vanidad de los responsables de un parque nacional.

La noticia fue la más leída de ese día en 20Minutos.es y recibió 147 comentarios, la mayoría de ellos furibundos contra la Iglesia.

Ahora debo daros una mala noticia. Vuestras protestas no sirvieron para nada. Esta Navidad los italianos van a batir su propio y ridículo récord. Un abeto de 35 metros de alto, dos más que el calabrés, procedente de la región alpina italiana de Trentino, será colocado en el Vaticano junto al tradicional Portal de Belén. El árbol es un regalo al papa de cinco localidades de Val Badia, obsequio con el que pretenden subrayar su “generosidad y religiosidad”.

El ya condenado a muerte abeto se trasladará a Roma a primeros de diciembre, donde se iluminará con 2.000 bombillas y las tradiciones guirnaldas navideñas. Como remate de la ofrenda, al envío se le añadirá un lote de medio centenar de abetos de varias alturas para adorno de las lujosas estancias vaticanas.

No serán los únicos. Otros muchos gigantes caerán en diciembre no para aprovechar su madera, no para evitar la propagación de una plaga. Tan sólo por capricho consumista. Por ver quién lo tiene más grande, quién es más bruto.

Y es que la estupidez acaba siendo contagiosa.

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Hoy 15 de octubre es el Blog Action Day, el Día de Acción del Blog, dedicado en esta ocasión a los temas medioambientales. Somos más de 14.000 blogueros de todo el mundo (con 12 millones de lectores) los que, a través de nuestros posts, intentaremos mejorar esta pobre y maltrecha casa común en la que vivimos. No se trata de cambiar el mundo con nuestras reflexiones, tan sólo de hacerlo más habitable. Les juro que mi intención inicial era la de ser muy positivo. Hoy quise ser optimista respecto a nuestro futuro, escribir sólo de lo bueno que también hay. Pero como el Vaticano me acaba de recordar, la realidad es tozuda. Si no logramos evitar la tala estúpida de un centenario abeto ¿cómo vamos a evitar el cambio climático?

Creo sinceramente que aún nos falta mucho camino de sensibilización real por recorrer. Sólo espero que cuando lo logremos, si finalmente lo logramos, no sea demasiado tarde.