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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Envenenar gatos (y cualquier animal) es un delito penal castigado con cárcel

gatos

La terrible noticia la dio mi querida compañera Melisa Tuya en su blog “En busca de una segunda oportunidad” y rápidamente, también de su mano, saltó a las redes. El pasado 6 de diciembre un psicópata mal nacido (hombre o mujer) envenenó mortalmente a 13 gatos callejeros en el Campus Sur de Madrid.

Eran unos animales que estaban siendo cuidados y controlados por voluntarios de Madrid Felina, y por lo tanto se les supone esterilizados y bien alimentados.

Pero lo peor no ha sido envenenar 13 animales. Lo peor ha sido hacerlo a las puertas de un colegio, entre calles y edificios donde viven miles de personas. La acción criminal de ese sádico y odioso ser ha puesto en peligro la vida de muchas personas, especialmente niños. Lee el resto de la entrada »

Comer en los basureros resulta muy peligroso

NP GREFA 150811 Antídoto buitre negro

Esta semana han aparecido muertos seis ejemplares de buitre negro en el vertedero del Centro de Tratamiento de Residuos de Ávila Norte. Se trata de la mortandad más grave para este especie de las conocidas en los últimos años en Castilla y León y en España.

A falta de una investigación en profundidad y de contar con los datos definitivos de los análisis toxicológicos de los cadáveres, todo parece apuntar a un envenenamiento masivo causado por la ingesta de algún producto tóxico o resto animal contaminado que fue depositado en el basurero de Ávila. Lee el resto de la entrada »

El Ministerio de Medio Ambiente ordena fumigaciones masivas

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Nido con orugas de la procesionaria del pino. © Wikimedia Commons

Estoy indignado. El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) está decidido a fumigarnos. A matar orugas a cañonazos envenenados, haciendo tratos con las multinacionales químicas pero oídos sordos a los científicos.

Ese Ministerio que debería velar por la biodiversidad ha autorizado el uso masivo de Diflubenzurón, un producto incluido en la lista de pesticidas altamente peligrosos, como disparatada lucha química contra la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Las avionetas ya han esparcido su ponzoña por pinares de la Comunidad de Madrid y próximamente se repetirán estos vuelos de la muerte en las comunidades autónomas de Andalucía, Islas Baleares, Extremadura y en las provincias de Álava y Bizkaia.

Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife, WWF, ARBA, GRAMA, El Soto, Sierra Oeste desarrollo S.O.S tenible e investigadores del CSIC  han difundido un comunicado de prensa con el que alzan su voz frente a estas fumigaciones generalistas y nada selectivas que solucionan poco y destrozan mucho.

Según expertos y ONG, los tratamientos autorizados no han sido sometidos a evaluación ambiental por parte de las comunidades autónomas donde se van a realizar las fumigaciones aéreas, por lo que no se han previsto sus impactos sobre el medio ambiente y la salud humana.

El Diflubenzurón está clasificado como “peligroso para el medio ambiente” por ser nocivo para los organismos acuáticos y porque puede provocar a largo plazo efectos negativos no sólo sobre en el medio acuático, sino también sobre los organismos terrestres.

Es un potente inhibidor de la síntesis de quitina que actúa de forma no selectiva sobre todos los organismos que sintetizan dicha molécula (especialmente invertebrados y hongos). Por tal motivo, resulta importante evaluar los efectos medioambientales de su aplicación masiva ya que tiene efectos severos directos sobre un amplio espectro de seres vivos acuáticos y terrestres, y efectos indirectos sobre las especies animales que consumen dichos organismos como anfibios, reptiles, aves o micromamíferos, así como sobre el ser humano.

La fumigación de este producto desde el aire en amplias áreas es un método nada selectivo e improcedente para la prevención de una plaga esperable tras un otoño húmedo y cálido. Por ello los científicos apuestan por otras medidas más específicas y eficaces, aplicadas en el momento adecuado y que minimicen los efectos secundarios.

Pero en el Ministerio de Medio Ambiente quedan todavía herederos del aborrecible ICONA que apuestan con irresponsable alegría por matar orugas a cañonazos, para desgracia de insectos, anfibios, reptiles, aves y hasta de nosotros mismos, pobres recogedores de setas o bañistas de bosque que, ¡oh desilusión!, estos cañoneros quieren convertir en actividades de riesgo químico.

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El blindaje de semillas envenena a la fauna salvaje

Las semillas de cereal están blindadas cual coche de ministro. Desde hace décadas, las simientes se tratan con diferentes plaguicidas previamente a su siembra en el campo para evitar infecciones por hongos, parásitos y el ataque de insectos. En la actualidad se utilizan 19 compuestos químicos de los cuales 16 son fungicidas y los tres restantes insecticidas.

Como cualquiera puede imaginarse, una vez sembradas esas semillas constituyen un porcentaje muy elevado en la dieta otoñal e invernal de la fauna salvaje. Se las comen confiadas sin sospechar que las estamos envenenando.

Un estudio promovido por la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza de la Caza (FEDENCA) y desarrollado por el grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del IREC, bajo la dirección de Rafael Mateo, así lo demuestra. Según este importante trabajo, plaguicidas como el imidacloprid podría constituir un “riesgo serio” para la supervivencia de las perdices. Y si afecta a las perdices, imaginaros cómo dejarán a las alondras, terreras, sisones, avutardas, grullas, gansos; a toda la fauna volatinera más querida de nuestros campos.

Las semillas blindadas incorporan unos repelentes que tratan de evitar su consumo por aves y mamíferos, pero resultan poco efectivos. En el caso de las perdices, el estudio concluye que el resto de fitosanitarios analizados “no parecen suponer un riesgo demasiado elevado”, debido el rechazo que muestran las aves en cautividad a consumir semillas tratadas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el imidacloprid.

La investigación subraya que la supervivencia de las perdices está “seriamente comprometida” por esta sustancia, ya que todos los individuos expuestos a la dosis habitual en semillas blindadas murieron en un periodo máximo de 21 días.  Consumiendo menos cantidad no mueren, pero sufren problemas de peso y se reduce su éxito reproductor.

Ante unos resultados tan preocupantes, los cazadores han solicitado que se mantengan y amplíen estos estudios incluyendo experimentos con animales salvajes. Pero eso se llama apoyar la investigación, algo que esta crisis está poniendo en nuestro país en serio peligro de extinción. Como esas aves a las que seguimos envenenando alegremente, y quizás también a nosotros mismos.

Puedes acceder al estudio completo en este enlace.

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¿Comeremos carne de pollo desinfectada con lejía?

La importación de pollos norteamericanos está prohibida en la Unión Europea desde 1997 porque allí son desinfectados con lejía. Sin embargo, una próxima cumbre en junio UE-EE.UU. puede abrir de nuevo las fronteras a estos higienizados animales, poniendo fin a la vieja Guerra del pollo. España, junto con otros países como Alemania y Dinamarca, está en principio de acuerdo con la reapertura del mercado.

Bruselas había pedido a la Autoridad Europea de Seguridad Alimenticia (EFSA) un dictamen para tomar una decisión sobre aprobar o no la importación de carne de pollo estadounidense. Finalmente, los expertos han respondido que no existe ninguna prueba de que la lejía y otras tres sustancias desinfectantes utilizadas en la carne de las aves representen un riesgo para la salud o para la seguridad alimentaria, dejando toda la libertad de decisión al debate de junio.

Por el contrario, los productores de aves de corral y sus cooperativas del COPA-COGECA han puesto el grito en el cielo. Y esto es así porque ellos cumplen costosas y estrictas normas para controlar la salmonela en sus explotaciones avícolas que hacen innecesario tratamientos desinfectantes posteriores de la carne, mientras que en Estados Unidos hacen lo contrario, suplen con baratos tratamientos químicos las deficiencias sanitarias de la cría de estos animales.

Para más inri, el comisario alemán de Empresa e Industria, Günter Verheugen, propone confiar en los americanos, aunque paradójicamente, se opone a que los productores europeos de pollos utilicen la lejía. Dicho de otra manera, no se fía mucho de las normas higiénicas norteamericanas y tan sólo las acepta por necesidades comerciales.

Pero si al final prevalecerán los intereses económicos sobre los sanitarios ¿qué nos encontraremos los consumidores europeos en las pollerías? Pollos sanos mezclados con pollos insanos, pues digan lo que digan, el cloro de la lejía es un potente veneno.

Ponen así en nuestro estómago una nueva ruleta rusa alimenticia. Colza, vacas locas, transgénicos,… ¿Cuántas balas llevan ya disparadas?