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Es el coche, no la boina de la contaminación

El Ayuntamiento de Madrid mantendrá para este viernes, 27 de octubre, la prohibición a los no residentes de aparcar en el centro de la ciudad, tras superarse el nivel de aviso por dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire. Además, la velocidad de circulación en el interior de la M-30 y en las vías de acceso a la ciudad, en ambos sentidos, continúa limitada a 70 kilómetros por hora.

La culpa es de la boina“, me asegura un compañero. ¿La de la contaminación?, le pregunto quisquilloso, pues habla de boina como si fuera un gorro que alguien pone sobre la ciudad por capricho (seguramente la alcaldesa) y no de una grave contaminación de la atmósfera que respiramos responsable de la muerte de más de 30.000 personas en España al año frente a, por ejemplo, los 1.160 fallecidos en accidente de tráfico. Una de cada seis muertes en el Planeta es por contaminación, más que todas las guerras en el mundo.

Millones de personas cogiendo todos los días el coche para ir a trabajar y pensamos que la contaminación del aire es por culpa del cambio climático, responsable de que no llueva, ajenos precisamente a que esa cambio climático está provocado por nuestro consumo demencial de combustibles fósiles. Y de ellos, los peores, los que tienen motor diésel.

El diésel contamina más que la gasolina

El 42% de los españoles ignora que los motores propulsados por diésel contaminan más que los impulsados por gasolina, debido a que estos generan altas cantidades de dióxido de nitrógeno y partículas en suspensión, elevando los niveles de contaminación del aire, según datos del comparador de seguros Acierto.com.

“Si bien ambos motores emiten dióxido de carbono, los diésel generan también dióxido de nitrógeno y partículas en suspensión en el proceso de combustión, que hacen que los niveles de contaminación del aire se eleven”, ha explicado en un comunicado el cofundador de esa empresa, Carlos Brüggemann.

No obstante, Brüggemann ha señalado que los motores han evolucionado “notablemente” durante los últimos años, así como que muchos fabricantes han optimizado sus diseños e incluido filtros cada vez “más sofisticados” para minimizar las emisiones y adaptarse a las nuevas normativas europeas.

Más del 40% no compraría un vehículo eléctrico

Asimismo, el estudio revela que dos de cada cinco españoles no estarían dispuestos a pagar más por un vehículo responsable con el medio ambiente; y que más del 40% de los conductores tampoco se han planteado nunca adquirir un coche eléctrico.

La cifra no sorprende si tenemos en cuenta que un escaso 21% de los españoles valora la sostenibilidad de los bienes y servicios que compra.

En este caso, no obstante, casi el 60% de los que sí compraría un automóvil de este tipo lo haría por razones ecológicas. El 22% lo adquiriría porque considera que son más económicos, el 7% porque le gusta un modelo, y el 11% por otras razones.

El coche diésel es menos rentable

Más allá del aspecto ecológico, los coches diésel son también menos rentables; una conclusión que contrasta con la creencia general de los automovilistas españoles.

De hecho y según los datos de Acierto.com, alrededor de 150.000 estarían eligiendo mal cada año al decantarse por ellos. El motivo es que en más del 50% de los casos no se recupera la inversión inicial. Aquí intervienen factores como el coste del vehículo, el precio y consumo del combustible, la prima del seguro del coche, los gastos de mantenimiento y la diferencia en el valor residual del coche.

Pero luego, claro, la culpa es de la boina.

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Los jóvenes ya no sueñan con tener un coche

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Lo recuerdo como si fuera ayer. Sonó un claxon en la calle y mi madre, con sonrisa sospechosa, nos pidió a los tres hermanos que miráramos por la ventana. Y allí estaba mi padre, emocionado junto a su flamante Seiscientos recién comprado. Blanco para más señas. Todos saltamos de júbilo como si nos hubiese tocado la lotería. El sueño se había hecho realidad.

Hoy los jóvenes ya no sueñan con tener un coche. Así lo confirma un estudio publicado por la consultora KPMG, basado en una encuesta internacional realizada entre 200 altos cargos del sector del automóvil, donde el 54% de los directivos confiesa su preocupación porque los menores de 25 años no quieren ser dueños de un vehículo.

Tampoco sueñan con tener una casa en propiedad. Lo que quieren es trabajo. Y un móvil de última generación, la nueva herramienta de comunicación global, el verdadero símbolo de estatus e independencia del siglo XXI.

El coche ya no sirve en las ciudades. Resulta caro y aún más caro calmar su voraz sed de combustible; pagar multas, impuestos, aparcamientos, mantenimiento, averías,… Es mucho más sencillo, barato y sostenible moverse en transporte público o en bici. O pillar por Internet chollos de viajes a cualquier lugar del globo sin más ataduras que la mochila. Los mayores de 60 años comienzan a optar por lo mismo. Mi padre, sin ir más lejos, ya no tiene coche.

Los automóviles han dejado de ser la solución para convertirse en el problema. Ruidos, atascos, contaminación, accidentes, robos. Tras décadas de expulsión, poco a poco los peatones empiezan a retomar el control de las ciudades. Pasos de cebra elevados, calles cerradas al tráfico, férreos límites de velocidad, carriles para autobuses y bicicletas, zona azul y verde.

Algo está cambiando en la sociedad y no es por culpa de la crisis. O quizá sí, y haya sido este terrible palo el que nos ha hecho ver que otra manera de vivir menos derrochona y agresiva con el entorno, con nuestro espacio vital, es posible. La cañera “Autopista al Infierno” de los AC/DC pierde atractivo. ¿Quemar asfalto? Mucho mejor quemar zapatilla.

Foto: Wikimedia Commons

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