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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los excrementos de los búhos tienen mensaje

La noticia ha sido difundida por el diario El País. Los búhos reales (Bubo bubo) utilizan sus excrementos y las plumas de sus presas para comunicarse. Por primera vez se comprueba que algunas aves nocturnas marcan su territorio como lo hacen muchos mamíferos, dejando en lugares bien visibles sus heces y otros restos.

Desde hacía tiempo se presuponía este comportamiento, común a muchas aves rapaces de gran tamaño. Lo hacen por ejemplo los alimoches (Neophron percnopterus), quienes pintan de blanco algunos riscos cerca de sus nidos en lo que muy gráficamente se conoce en Canarias como guirreras, de guirre, el pequeño buitre canario. Pero en Ciencia una cosa es presuponer algo y otra, muy diferente, poder demostrarlo.

Vicenzo Penteriani y Maria del Mar Delgado, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) lo acaban de confirmar, tras publicar sus conclusiones en el último número de la revista científica Public Library of Science(PloS).

Hasta ahora se pensaba que las aves nocturnas sólo se comunicaban a través de sonidos. Pero este estudio ha demostrado que debe descartarse esta creencia. “Vivir en la oscuridad no significa que tengan una vida ciega”, explica el propio Vicenzo. Excrementos y plumas vistosas colocados en lugares preeminentes cercanos a los nidos de búho real son una manera de informar a otros búhos que están entrando en una propiedad ajena, en un territorio ocupado.

Según el estudio, las marcas empiezan a ser visibles en octubre, coincidiendo con el comienzo del celo. Y se mantienen en los mismos puntos hasta que los pollos se independizan, desapareciendo antes si ese año la reproducción ha fracasado.

Para descartar que fuera una casualidad hicieron un experimento. Cubrieron las heces con pintura del color de las rocas y en menos de 24 horas la señal aparecía de nuevo.

Y es que en la Naturaleza todo tiene una explicación, nada se hace por capricho. Hasta el lugar donde se defeca.

Se nos ha olvidado lo más importante

De pequeño me llamaban en Cantabria moñiguero. Moñiga de vaca que había en el suelo, moñiga de vaca que pisaba, y entonces estaban por todas partes. Prefiero no darles detalles sobre el terrible efecto de semejantes desechos en mis impecables mocasines. He cambiado poco, y como sigo más pendiente del cielo y de los pájaros que de ese tipo de obstáculos, obtengo semejantes resultados pestilentes. Las grandes frisonas ya no se pasean por las calles, es cierto, pero en su lugar las hemos sustituido por nuestros canes, y para mi desgracia, la abundancia de sus desechos en todas las ciudades, junto con su menor tamaño, me hacen todavía más vulnerable a sus espantosos efectos.

La culpa no es por supuesto de los pobres perros. Bastante tienen con esperarnos durante horas a cambio de un fugaz paseo por la calle más cercana. La culpa es nuestra, pues seguimos siendo mayoritariamente unos desconsiderados con el vecindario. Eso de bajar la bolsita de plástico y no dejar evidencias malolientes a la espera de la pisada del incauto no va con muchos propietarios de cánidos.

Todo eso está mal, pero ¿qué me dicen de las cacas humanas? Porque con nuestro regreso a la naturaleza de fin de semana, a los paseos y al turismo rural, estamos literalmente llenando el campo de mierda. De la propia, no de la de nuestras mascotas. Y al lado de nuestros desechos digestivos añadimos ahora masivamente los pañuelitos de papel, amables sustitutos de la áspera piedra, pero de contaminante y antiestético efecto. Ahí queda eso, pensamos, a pesar de que debería darnos menos asco ocultar lo propio que lo ajeno, como tantas veces hacemos con la de los perros.

No sé ustedes, pero yo ya empiezo a estar harto de tanto excremento por todas partes. Por no hablar de los graves riesgos sanitarios que tal incivismo implica. Reconozcámoslo, se nos ha olvidado lo más importante, ya no sabemos cagar en el campo.

La versión más terrible de este problema la he tenido al final del verano en las paradisíacas playas de El Cotillo, en Fuerteventura. El único lugar del mundo civilizado donde se permite acampar gratis durante meses a más de 3.000 personas en el principal reclamo turístico de la isla, futuro Parque Nacional, ajenos a su impacto medioambiental y económico. Unas fotos de los Verdes de Fuerteventura intentan remover conciencias y lograr la construcción de un camping en condiciones, pero lo tienen difícil. Los políticos son los primeros en instalar aquí sus caravanas de última generación. El resultado de tal uso está a la vista de todos. Dunas y lavas han sido convertidas en un gigantesco retrete. No se puede ser más guarro.