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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Galletas y fritangas arrasan las selvas del Planeta

Orangután

© International Animal Rescue

Lo reconozco. Lo mío es ya una obsesión. No compro ningún alimento sin comprobar antes que en su producción no se han usado aceites o grasas de palma. “Grasas y aceites de origen vegetal”, como subrepticiamente nos los tratan de colar casi siempre.

Borneo

Deforestación de Borneo (UNEP/GRID-Arendal Maps and Graphics Library).

¿La razón? El cultivo de esta palmera en el trópico está provocando el mayor desastre ambiental y social de nuestra salvaje historia. Un gigantesco ecocidio responsable de la destrucción de selvas inmensas como las de la isla de Borneo, donde en apenas 25 años se ha destruido una superficie tan grande como toda la península Ibérica.

¿Te lo puedes imaginar? Junglas impenetrables reventadas con maquinaria pesada, eliminando santuarios de especies únicas refugio de los últimos orangutanes con el único fin de plantar palmeras.

Ya está el ecologista exagerado“, dirá más de uno. Pues que mire, si es capaz, el vídeo que os dejo a continuación, grabado en Borneo hace un año.

Parece que ha pasado un tsunami, pero en realidad ha pasado la empresa aceitera. No les interesa ni la madera. Tan sólo quieren el suelo embarrado, al que enseguida anegarán de herbicidas y pesticidas.

Entre tan terrible devastación, los loables esfuerzos de la ONG International Animal Rescue por rescatar orangutanes rayan lo grotesco.

Toda esa destrucción es para producir aceite y grasas. Para hacer galletas baratas. Para alimentar nuestras fritangas con esos aceites “de cocina” utilizados en la mayoría de los restaurantes y comedores de España, en lugar del tradicional de oliva o girasol. Para poner en peligro nuestra salud, pues como sabes, el aceite de palma es saturado hasta en un 50%, lo que dispara nuestros niveles de colesterol y aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Es verdad. Hay aceite de palma certificado, comprometido con un desarrollo sostenible de los lugares donde se produce. Pero mientras una parte proceda de tamaña destrucción, yo seguiré pensando lo mismo: El aceite de palma destruye las selvas y nuestras arterias.

Nestlé ha sido una de las multinacionales alimenticias que más han apostado por la utilización de grasas y aceites de palma. Como a la mayoría, le importaba un rábano su origen. Después de este terrible vídeo de Greenpeace claudicó y se ha comprometido a utilizar exclusivamente aceite de palma certificado sostenible en el año 2015. Algo es algo.

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Los bosques producen las lluvias, y no al revés

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Tradicionalmente se decía que las excepcionales selvas del Amazonas o del Congo se debían a la elevada pluviosidad de estos lugares, las más altas del planeta. Pero un nuevo estudio científico parece demostrar lo contrario: que son los bosques quienes hacen las lluvias y no las lluvias quienes permiten el desarrollo de los bosques. De hecho, sin los árboles, esas inmensas áreas continentales de junglas impenetrables serían desiertos.

Un controvertido trabajo recién publicado refuerza la teoría de que los bosques desempeñan un papel fundamental en la determinación de las lluvias, generando vientos atmosféricos que bombean la humedad tierra adentro como si se tratara de una “bomba biótica“. El modelo podría revolucionar la forma de entender el clima local y su extraordinaria vulnerabilidad. Sugiere, por ejemplo, que plantar bosques en las regiones desérticas y áridas como el sediento Sahel africano podría atraer beneficiosas lluvias.

Del mismo modo, la pérdida de bosques podría transformar las exuberantes regiones tropicales en áridos paisajes.

“Esta teoría nos da una razón más para proteger y conservar la cubierta forestal”, ha asegurado Douglas Sheil, co-autor del artículo publicado en la revista Atmospheric Chemistry and Physics e investigador del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

El modelo explica por qué el aire se eleva sobre las zonas con mayor evaporación intensiva, como los bosques. La baja presión resultante aspira el aire húmedo adicional, dando lugar a una transferencia de vapor de agua que cae en forma de lluvia en las zonas con mayor evaporación.

Debido a que el modelo propuesto es contrario a los actuales modelos climáticos, los autores se han enfrentado a numerosos obstáculos a la hora de poder difundir sus investigaciones. Finalmente, los editores de Atmospheric Chemistry and Physics han decidido publicar el trabajo junto a un comentario explicativo donde se destaca lo inusual de la propuesta, controversia que han dejado abierta a los científicos en este enlace.

Los autores del estudio están convencidos de la importancia de su descubrimiento. Para ellos la lección es muy clara:

Gestionar los bosques es preservar el principal corazón del planeta por donde circula nuestro bien más preciado: el agua.

Y el mensaje final resulta no menos trascendental:

Hay que detener por completo la actual deforestación e iniciar cuanto antes la recuperación de los bosques perdidos.

Fuente: Forest News


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La biodiversidad se nos escapa de las manos

Según el Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica, Biodiversidad hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que la conforman. Es por tanto nuestra herencia, el resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales, pero también de manejo creciente por el ser humano.Y como herencia supone igualmente el legado que dejaremos a las generaciones venideras, pasado y futuro capaz de garantizar la supervivencia, el bienestar, de los hijos de nuestros hijos.

El problema, el grave problema, es que estamos acabando con este legado a una terrible velocidad. Y aún peor. No tenemos ni idea de lo que estamos destruyendo. Baste como muestra dos recientes informaciones que han aparecido en el portal de noticias de ConSuma Naturalidad.

La primera hace referencia a la biodiversidad productiva y se llama Fuensanta. Es una “ternera probeta” de raza Murciano-Levantina obtenida por procedimientos de biotecnología reproductiva.Una raza autóctona tan amenazada de extinción que sólo quedan de ella 60 ejemplares en el mundo. Y que para venir al mundo ha necesitado una “madre de alquiler” de raza común, junto con óvulos y espermatozoides de la raza olvidada congelados en un laboratorio. Quién le iba a decir al ganadero murciano, al carretero que hace apenas 50 años transportaba yeso y piedra por la Huerta, que esas vacas de toda la vida iban a acabar como raro experimento genético.

La segunda noticia nos habla de lo que desconocemos, la biodiversidad silvestre más diminuta ¿Cuántas especies de insectos hay en 1 hectárea de selva tropical? Sólo en un bosque de Panamá acaban de detectar la impresionante cifra de 6.144 artrópodos diferentes, muchos de ellos únicos. Pero por contra, cada año son talados en el Planeta 20 millones de hectáreas de estos valiosos bosques.

Resulta evidente. La biodiversidad (productiva y silvestre) se nos escapa de entre las manos. Esa herencia evolutiva, el legado de nuestra historia biológica, la estamos destruyendo a toda velocidad como quien quema sin parar billetes de 500 euros.

Foto de la ternera Fuensanta: La Verdad.es

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Así matamos a los gigantes del bosque

Desde niño siempre me fascinaron las secuoyas. Especialmente un fabuloso ejemplar al que abrieron un gran túnel en su tronco para cruzarle una carretera. Me preguntaba ¿no sería más fácil rodearlo que atravesarlo? A través de Twitter, un reportaje publicado en Amusing Planet me ha recordado mis dudas y fascinaciones infantiles con este árbol. Muestra una serie de fotos de leñadores realizada en 1915 en Humboldt County, California, cuando la tala de secuoyas estaba en su apogeo. Las imágenes son parte de las colecciones de la Universidad Estatal de Humboldt y fueron realizadas por el fotógrafo sueco A.W. Ericson.

Cuando se descubrió oro en el noroeste de California en 1850, miles de personas se lanzaron a las remotas regiones donde crecían las secuoyas en busca del preciado metal. Fracasaron y se tuvieron que conformar con explotar otra riqueza, la madera de esos bosques milenarios donde crecen las coníferas más altas del planeta. Algunos de esos gigantes caídos tenían más de 2.000 años. Nacieron varios siglos antes de que lo hiciera Jesucristo, pero les dio igual. Los talaron.

El impacto fue terrible, a pesar de que fotografías como las del sueco Ericson pusieron en marcha los primeros movimientos ciudadanos para lograr su protección. En esa época las secuoyas cubrían más de 8.100 kilómetros cuadrados de la costa de California. Cuando finalmente el Redwood National Park fue creado en el año 1968, casi el 90% de los bosques originales de secuoyas habían desaparecido.

¿Imágenes del pasado? En absoluto. Las grandes secuoyas están finalmente protegidas, incluidos gigantes como Hyperion, una secuoya roja de 115,55 metros, el ser vivo más alto del mundo. Pero en las selvas del Amazonas, Borneo o Congo seguimos derribando gigantes únicos, los más viejos, grandes y hermosos del planeta, para convertirlos en papel higiénico. Sólo que ahora hemos aprendido. Ya no nos hacemos fotos delante de ellos.

Por cierto, que el nombre de secuoya tiene su gracia. Está dedicado a un jefe cheroqui llamado Sequoyah, aunque este pueblo era propio del centro-este de América del Norte donde nunca ha crecido uno de estos árboles. Un fallo del botánico.

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Comer mucha carne provoca hambre

Nuestra sociedad siempre ha estado subyugada a los pecados y peligros de la carne. Según el párroco de mi pueblo, la mayoría de los problemas del mundo venían precisamente de allí, de esas bajas pasiones tan cárnicas. Superado el trauma religioso me vuelve ahora el miedo a la carne, pero esta vez desde el punto de vista de la sostenibilidad. Sin ser vegano ni vegetariano, cuanto más analizo este tema menos apetecibles se me antojan los chuletones. Os explico la razón.

La producción mundial de carne se ha disparado hasta los 228 millones de toneladas anuales. Con el actual ritmo de crecimiento de la población y de consumo, la FAO calcula que en 2050 deberá ser el doble o no habrá comida para todos. Al no existir  suficientes pastos, los países desarrollados nos llevamos lo mejor y dejamos el hambre y los desequilibrios a los más desfavorecidos. Como resultado fatídico, cuanta más carne comemos más hambre provocamos. ¿Paradójico verdad?

Con 52 kilos por persona y año España es el octavo país más carnívoro del planeta, muy por encima de la media europea. Y vamos a más, empeñados como estamos en marginar la dieta mediterránea a cambio de grandes filetes diarios. Se nos olvida que su producción tiene terribles consecuencias. Obtener un kilo de carne consume 15.000 litros de agua frente a los modestos 500 litros de un kilo de patatas. Y resulta tan dañino para la atmósfera como conducir 1.600 kilómetros en coche. El excesivo consumo es igualmente perjudicial para nuestra salud, y eso sin hablar de los nocivos efectos de las hormonas y antibióticos con los que inflamos a ganado y consumidores.

Tan monótona alimentación nos hace además terriblemente dependientes. No sólo de las exportaciones cárnicas. Las lustrosas vacas o los gordos cerdos patrios se alimentan de selva tropical a un ritmo anual de deforestación de 600.000 hectáreas sólo en Sudamérica. De ahí proceden los piensos que integran la mayor parte de su dieta, a base de soja venida de Brasil o Argentina y cultivada en lugares donde hace poco tiempo había impenetrables bosques. Quedaros con otra cifra. Hacen falta 9 kilos de piensos para producir un solo chuletón.

¿Qué podemos hacer entonces? Evidentemente, reducir el consumo cárnico. Comer más verdura. Y quizá volver a los consejos del viejo párroco de no probar carne los viernes. De la nutritiva, se entiende. Del otro tipo ya no es pecado.

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Así actúan las máquinas de destrucción masiva en el Día de la Biodiversidad

Hoy 22 de mayo celebramos el Día Mundial de la Biodiversidad, pero hay poco que celebrar. Apenas una fecha para recordar su acelerada pérdida en lugares tan vitales para la humanidad como las selvas tropicales. Para llorar de rabia.

Al jefe Ranoi ya no le quedan lágrimas para llorar ni selva donde vivir. Hace un año os hablé de la polémica central hidroeléctrica de Belo Monte en el Amazonas brasileño. Que no es una obra de ingeniería más, sino una sentencia de muerte para los pueblos indígenas del río Xingu y para una naturaleza única. Hachazo a la dignidad y el futuro de hombres-naturaleza como Ranoi.

Un año después del inicio de las obras el desastre es gigantesco. Numerosas fotografías remitidas por Greenpeace y publicadas en la edición digital del diario The Guardian revelan el elevado grado de destrucción que la construcción de esas represas ha comenzado a producir en el pulmón verde del planeta. En nuestro pulmón.

¿Te parece una salvajada? ¡Imbécil! Es el progreso.

El antes. Imagen del bosque que se está destruyendo. El río Xingu, donde se realiza la represa de Belo Monte, es uno de los mayores ríos de la cuenca del Amazonas. Fotografía: Karla Gachet/Greenpeace

El después. El proyecto es liderado por Energias Norte S.A. y está previsto que comience a producir energía el 31 de diciembre 2014. Fotografía: Marizilda Cruppe/Greenpeace

Adiós a la selva. Grupos indígenas y ambientalistas aseguran que Belo Monte desplazará a decenas de miles de los habitantes de los ríos y llevará la violencia, el caos social y la destrucción del medio ambiente al estado amazónico de Pará. Fotografía: Daniel Beltrá/Greenpeace

Máquinas de destrucción masiva de biodiversidad. James Cameron, el famoso director de la película Avatar, visitó la zona el año pasado para prestar su apoyo a la campaña anti-represas, donde dijo: “Ahora es un problema mundial. La selva amazónica es tan grande y tan poderosa que su destrucción afectará a todo el planeta”. Fotografía: Daniel Beltrá/Greenpeace

Si el tema te interesa y preocupa, únete a la Campaña de Greenpeace Salva la Amazonia.

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La terrible belleza de la destrucción del planeta

Daniel Beltrá es uno de los mejores fotógrafos del mundo. Iba para biólogo, pero al final le pudo más la cámara. Y con ella está logrando lo que cien trabajos científicos no lograrían: concienciarnos sobre la salvaje destrucción a la que estamos sometiendo al planeta en las últimas décadas cual dinosaurios suicidas.

Lo terrible de su trabajo es que es bueno, muy bueno. Y gracias a su arte logra presentarnos como bello la cara más fea de nuestra civilización.

Baste como ejemplo la fotografía que ilustran este post y que espero no le importe a Daniel que reproduzca. Es una imagen de la tala ilegal de 1645 hectáreas de selva amazónica en Gleba do Pacoval (Santarem, Brasil) para cultivar soja. Una cruz de martirio incrustada en el pulmón verde de la Tierra.

Me quedo sin palabras ante este formidable trabajo de Daniel Beltrá. No sé qué hacer, si felicitarlo o criticarle este bofetón de realidad que nos ha dado a todos.

No dejes de ver el portfolio completo de Daniel Beltrá dedicado a los bosques tropicales.

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200 dólares, precio mínimo de una hamburguesa

Hamburguesa y refresco por dos euros. Comida rápida y barata. ¿De verdad puede ser tan barata la carne? ¿Cuánto cuesta en realidad una hamburguesa?

Un reciente reportaje del periódico La Vanguardia, firmado por Andy Robinson, nos aclara estas dudas. En opinión del periodista y de muchos expertos, si se incluyen las llamadas externalidades –los costes externos medioambientales, sociales y de salud–, el precio de una hamburguesa podría ascender a 200 dólares (140 euros). Muy por encima de la que hasta ahora se considera la hamburguesa más cara del mundo, 85 euros por una hecha con solomillo de Kobe japonés.

El novelista norteamericano Jonathan Safran Foer coincide con esta valoración en su último libro, Eating animals:

“200 dólares no es una hipótesis, no es un número imaginario; es lo que verdaderamente cuesta una hamburguesa”.

Este sobreprecio no lo pagamos en el restaurante de comida rápida pero, no nos engañemos, alguien lo va a pagar, empezando por el Planeta, por todos nosotros. Veamos como se llega a tan alarmante cálculo.

1. Recursos Naturales. La producción masiva de carne pasa una factura enorme en cuanto a consumo de energía, uso de agua y aumento de la huella de CO2. El ganado es el primer responsable de deforestación en América Latina y Asia, según Greenpeace.

2. Salarios. El segundo coste escondido es el que el Estado tiene que asumir para garantizar una mínima calidad de vida como consecuencia de los bajos salarios en el sector de comida rápida.

3. Salud. La tercera externalidad es el coste de enfermedades relacionadas con la comida rápida. Según un estudio estadounidense, el coste del consumo excesivo de carne en EE.UU. se sitúa entre 21.000 y 42.000 millones de euros al año, precio de los tratamientos médicos de enfermedades provocadas por el sobrepeso.

Más información: El bajo precio de la comida rápida esconde enormes costes sociales y medioambientales.

http://www.lavanguardia.es/vida/20110310/54125438057/el-bajo-precio-de-la-comida-rapida-esconde-enormes-costes-sociales-y-medioambientales.html

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Un árbol donde antes había una selva

Vista aérea de un árbol aislado en una llanura despejada que antes era selva tropical, en el estado brasileño de Mato Grosso, uno de los más afectados por la deforestación. La imagen, tomada en agosto de 2005, refleja la tala masiva del bosque húmedo del Amazonas para habilitar terrenos para la agricultura.

Según el Gobierno brasileño, de agosto de 2003 al mismo mes de 2004 desaparecieron 26.130 kilómetros cuadrados de jungla, más de nueve campos de fútbol por minuto y tres veces y media la superficie del País Vasco.

La selva del Amazonas es el hogar del 30% de las especies de animales y plantas del mundo.

La imagen es terrible, aunque no una excepción. Desgraciadamente hay otras semejantes y se seguirán haciendo miles más, todos los días, siempre tan rápido como rápida es nuestra capacidad de destrucción de los bosques. Un crimen.

Para algunos esta acelerada deforestación del planeta no es problema. Cortamos los árboles, pero con sus heridas diseñamos uno en honor a nuestra estupidez.

Fuente: El Correo Digital

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Avatar es real

Avatar, la película más taquillera de la historia, no es un film de ciencia ficción. Es real, al menos para los pueblos indígenas. Tan real como la destrucción que se cierne implacable contra sus vidas, territorio y cultura.

Lo afirma Survival. Y lo apoya en declaraciones terribles, como la que aporta un indígena penan de Sarawak, en la parte malasia de Borneo:

“Los penan no pueden vivir sin su selva. El bosque nos cuida y nosotros cuidamos de él. Entendemos a las plantas y a los animales porque hemos vivido aquí durante muchos, muchos años, desde la época de nuestros ancestros. Los na’vi de ‘Avatar’ lloran porque su bosque es destruido. Es lo mismo con los penan. Las empresas madereras están talando nuestros grandes árboles y contaminando nuestros ríos, y los animales que cazamos están muriendo.”

También dan la palabra en Survival a los yanomanis. Gentes como Davi Kopenawa Yanomami, conocido como el Dalai Lama de la Amazonia:

“Mi pueblo yanomami siempre ha vivido en paz con la selva. Nuestros antepasados nos enseñaron a entender nuestra tierra y a los animales. Hemos utilizado este conocimiento cuidadosamente, porque nuestra existencia depende de él. Mi tierra yanomami fue invadida por mineros. Una quinta parte de nuestro pueblo murió de enfermedades que nunca habíamos conocido”.

Esa visión holística del entorno no es singular. La tuvimos todos los pueblos del mundo, sólo que el progreso nos está haciendo olvidarla.

Termino citando directamente a Survival.

“Como los na’vi de Avatar, los últimos pueblos indígenas del mundo, desde el Amazonas a Siberia, también están en peligro de extinción, ya que sus tierras son expropiadas por poderosas fuerzas en busca del beneficio económico, como la colonización, la industria maderera y la minería. Una de las mejores formas de proteger la herencia natural de nuestro planeta es sorprendentemente sencilla: se trata de asegurar los derechos territoriales de los pueblos indígenas“.

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