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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Un buitre se esconde en los probadores de una tienda de Cuenca

No se habla de otra cosa estos días en Cuenca. Como explicaba la pasada semana el periódico La Tribuna, un buitre leonado se fue de compras a la zona comercial de la ciudad, se metió en una tienda de ropa y no paró hasta llegar a los probadores, donde entre aleteos y vómitos dejó el establecimiento hecho unos zorros. Frente al tremendo animal engrifado, dueña y dependientas huyeron despavoridas.

La descripción que del suceso hace el periodista es graciosísima

El animal mostraba un estado, no lamentable, pero sí un poco penoso, puesto que en más de una ocasión vomitaba, con lo que numerosas prendas de ropa se vieron afectadas por lo expulsado.

De igual manera, en los momentos en que batía las alas muchas eran las piezas que se ensuciaban.

Y no menos curioso resulta el relato de su captura:

Enseguida llegó un miembro de ‘Recogida de animales’ que, armado con un lazo, tanteó al ‘bicho’ hasta que pudo hacerse con él. El problema estribaba en que, aparte de que el buitre se resistía a ser cogido, había que intentar taparle la cabeza para que en la oscuridad se quedase quieto. Fue algo que no pudo hacerse, con lo que se hizo acopio de una caja en donde finalmente se pudo introducir el animal de una manera segura. El principal problema estaba no en el pico, sino en las garras.

El mismo periodista nos ofrece un dato muy interesante. No se trata de un caso aislado, pues un par de días antes otro buitre leonado fue capturado por los funcionarios municipales mientras éste deambulaba tan campante por las calles del barrio conquense de San Antón, quien asustado por sus captores, acabó enredado entre zarzas en las inmediaciones del río Júcar.

¿Qué pasa en Cuenca con los buitres? ¿Se están volviendo locos?

Nada de eso. Como ya os he contado en otras ocasiones, los buitres se están muriendo de hambre. Con los muladares y los comederos cerrados, los vertederos sellados, el ganado muerto recogido e incinerado, la llegada de los fríos invernales los está poniendo contra las cuerdas de la supervivencia.

Los más jóvenes, siempre más inexpertos y débiles, son las primeras víctimas. Y caen como moscas. Unos directamente muertos, otros desnutridos, incapaces de volar, desorientados igual en el campo que en medio de la ciudad.

Por eso vomitaba el de Cuenca. De estrés, de miedo. Pero no tenía fuerzas para salir volando, tan sólo buscaba un escondite, los probadores quizás, donde tratar de pasar desapercibido. Pobre animal. Desapercibido un buitre maloliente de siete kilos de peso y dos metros y medio de envergadura dando saltos por una calle comercial a las cinco de la tarde.

Los buitres lo están pasando mal, muy mal. Necesitan que vuelva a haber animales muertos en el campo de los que alimentarse, como sucedía antes del mal de las vacas locas. Pero en lugar de comida les damos veneno. No tienen nada que echarse al pico. Por eso seguirán lloviendo buitres. Buitres hambrientos.

La foto que ilustra esta noticia es propiedad de Brookei.

Los buitres se mueren de hambre

Los buitres están atravesando uno de los peores momentos de su historia reciente, precisamente cuando sus poblaciones habían alcanzado los registros más altos de los que se tiene conocimiento en España.

Así lo acaban de señalar con gran preocupación los expertos en estas especies reunidos el pasado 6 de abril en Caravaca de la Cruz (Murcia), dentro del I Encuentro Nacional sobre Manejo de Rapaces Necrófagas y Gestión de Muladares.

En concreto, y como han advertido, la actual estrategia de gestión de los cadáveres de animales muertos en el campo supone una seria amenaza para el mantenimiento de la biodiversidad natural. Y esto es así porque, y así lo señalan los ornitólogos,

la rígida aplicación de normativas generales surgidas a raíz de la enfermedad de las vacas locas ha traído consigo, además de una carga económica considerable para muchos ganaderos, graves problemas para las poblaciones de buitres de gran parte de España.

Resultado de una exagerada política sanitaria, en algunas colonias han comenzado a bajar los censos, ha descendido el nacimiento de pollos, han aumentado los ingresos por muerte o desnutrición en los centros de recuperación, y se han disparado los casos de ataques de buitres al ganado vivo, especialmente crías o hembras recién paridas.

Se veía venir. En este país siempre hemos sido más papistas que el papa, y de no hacer nada con un tema pasamos automáticamente a querer ser los más eficientes en el mundo. Pero nos sale mal.

Como se ha destacado en este congreso, no es ambiental ni moralmente aceptable que las poblaciones de aves necrófagas de la Península Ibérica se concentren sólo en unos pocos muladares con alimentación dirigida gestionados por las Administraciones públicas. Con la disminución de la ganadería extensiva y las medidas sanitarias impuestas, estamos abocados irremediablemente hacia la estabulación de los buitres, cuando la presencia de rapaces carroñeras en un ecosistema es el reflejo del buen estado de conservación de nuestro patrimonio natural. Estos restaurantes para buitres deberían de ser tan sólo lugares de alimentación suplementaria, pero se están convirtiendo en sus únicas fuentes de sustento y provisión.

Porque, como advierten los expertos,

el sistema actual de recogida, transporte e incineración de cadáveres no es sostenible a medio o largo plazo, ni desde el punto de vista económico ni desde el energético ni del ambiental.

¿Qué pasará si un día el camión de cadáveres no llega al comedero? Los animales no saben de problemas presupuestarios y conflictos laborales. Si no hay comida, sencillamente se mueren.

¿Qué podemos hacer entonces? Algo tan sencillo como lo que hemos venido haciendo a lo largo de los últimos 10.000 años. Apoyar la ganadería extensiva como uno de los principales pilares generadores de biodiversidad, incorporando medidas que favorezcan su viabilidad, como permitir el abandono de los animales muertos en el campo, al menos en los espacios protegidos.

De esta manera tendremos más buitres en un campo donde podrán seguir cumpliendo su labor de limpiadores naturales de cadáveres, beneficiándonos al mismo tiempo de una ganadería de mayor calidad, más sana y por ello con menor cantidad de fármacos y otras sustancias peligrosas.

Buitres comiendo basura en un vertedero del norte de España. La retirada de animales muertos del campo está matando de hambre a los buitres.