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Doñana no es un almacén de gas

Acción en Doñana contra el proyecto de Gas Natural Fenosa 29/11/2016, Doñana, Huelva, España Activistas de Greenpeace paralizan las obras de Gas Natural Fenosa en Doñana por sus daños a este Espacio Protegido Greenpeace ha comenzado a primera hora de la mañana una acción de protesta en las instalaciones de Gas Natural Fenosa en el entorno de Doñana. Más de una veintena de activistas de Greenpeace han paralizado las obras para extraer y almacenar gas en este espacio protegido, bajo los lemas Salvemos Doñana y Resistencia Doñana. Greenpeace ha montado un campamento de resistencia a la entrada de la instalación con activistas bloqueados y con una gran pancarta en la que se lee “Doñana no es un almacén de gas”. Además, escaladores de la organización han montado otro campamento en lo alto de una de las estructuras que tiene Gas Natural Fenosa en la zona del proyecto. ©Greenpeace/Mario Gómez ©Greenpeace Handout/Mario Gómez - No sales - No Archives - Editorial Use Only - Free use only for 14 days after release. Photo provided by GREENPEACE, distributed handout photo to be used only to illustrate news reporting or commentary on the facts or events depicted in this image.

©Greenpeace/Mario Gómez

Nunca pensé que fuera necesario explicar lo evidente: Doñana no es un almacén de gas.

Dices Doñana y automáticamente te vienen a la cabeza flamencos, linces, espátulas, alcornoques centenarios convertidos en ruidosas pajareras, elanios azules, águilas imperiales, yeguadas marismeñas, grullas y campos inmensos de dunas enterrando pinares, pero almacén, gas, energía, industria, zanjas, pozos no caben en esta definición de Doñana. Qué triste que tengamos que recordárselo a nuestros políticos y a nuestros conciudadanos ingenieros, gestores, empresarios. Señoras y señores: Doñana no es un almacén de gas.

Pero Doñana va a convertirse en un gigantesco almacén subterráneo de gas.

El proyecto de Gas Natural Fenosa ya ha sido autorizado por el Gobierno central en el Espacio Natural de Doñana. Una decisión que pone en riesgo la biodiversidad y el futuro de este lugar protegido. Es como si se quisiera hacer un almacén de hidrocarburos bajo la mezquita de Córdoba o la Giralda de Sevilla ¿También lo autorizarían?

Lo de que por ser bajo tierra no tendrá efectos secundarios no se lo cree nadie. Viene precedido por casos como el del almacén subterráneo Castor en Castellón que produjo más de 500 terremotos y una indemnización con dinero público a la empresa de casi 1.400 millones de euros.

Y supone la industrialización de un área protegida considerada patrimonio mundial. Además, denuncian todos los grupos ecologistas, supone seguir apostando por un modelo energético basado en combustibles fósiles que alimentan cual suicidas desesperados el insostenible cambio climático.

Esta semana concluyó el plazo dado por la Unesco a España para informar sobre las medidas que va a tomar para cumplir con sus recomendaciones para proteger Doñana. De no ser suficientes, el Parque Nacional de Doñana podría perder su figura de protección de Patrimonio de la Humanidad y ser incluida en la lista de Patrimonio Mundial en peligro en 2017.

Perder la medalla de la Unesco es lo de menos. Lo peor es perder esta joya de la corona de la naturaleza mundial para triste beneficio espurio de una empresa privada. Porque este almacén de gas servirá tan sólo para que Gas Natural Fenosa tenga reservas que le garanticen la venta de gas natural de forma regular a lo largo de todo el año, evitando tanto las fluctuaciones estacionales como geopolíticas ya que el gas a almacenar procede en su práctica totalidad de Argelia. Es decir, se cede el subsuelo de un espacio protegido con el más alto valor ecológico y patrimonial del mundo para garantizar los beneficios especulativos exclusivos de una empresa, poniendo en peligro a las personas de las muchas poblaciones cercanas (incluidas Huelva y Sevilla) y las riquezas naturales de Doñana.

Yo hace ya mucho tiempo que no entiendo nada.

Informe de Greenpeace “Extracción y almacenamiento de gas en Doñana. Diez razones para decir NO”. Descargar aquí.

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Pena de muerte para los castores españoles

En Europa el castor está estrictamente protegido y son muchos los proyectos de conservación dedicados a la mejora y aumento de sus poblaciones.

En España (que por lo visto no es Europa), los matamos. Eso sí, legalmente.

No se trata de volver a cazarlos como se hizo en estas tierras hasta que los tramperos peleteros los extinguieron en el siglo XVII. Se trata, sencillamente, de exterminarlos.

¿La razón? Las introducciones las hicieron en 2003 grupos ecologistas extranjeros con animales alemanes y sin permiso de la Administración competente.

Si hubieran llegado de forma natural por sus propias patas, cruzando los Pirineos, estaríamos ahora todos tan felices. Pero vinieron sin papeles y, lo que es peor, se han adaptado maravillosamente bien a los ríos españoles (Ebro, Cidacos y Aragón, en La Rioja y Navarra) sin necesidad de gastarnos ingentes cantidades de dinero en su recuperación. Sin embargo, y como alguna pega les tenemos que poner a estos vegetarianos animales, se les acusa de dañar gravemente los árboles de los ríos e incluso frutales, aunque no existen estudios científicos que avalen tal suposición.

Condenados a muerte

Los tres primeros castores ya han sido capturados estos días en el río Ebro a su paso por Calahorra (La Rioja). Dos robustos machos y una hembra cuyos pesos superaron los 25 kilos cada uno.

La captura es tan sólo un proyecto piloto, tendente a perfeccionar los futuros sistemas de trampeo y exterminio de toda la población española, más de un centenar de ejemplares. Por eso a éstos no los han matado… todavía.

Según una nota difundida por el Gobierno riojano, los animales han sido trasladados temporalmente a un centro público de conservación de fauna salvaje en Lérida

“para su utilización con fines de educación ambiental, a la espera de un destino definitivo todavía sin determinar”.

Darles el matarile, me supongo, o mejor dicho eutanasiarlos, palabra que queda políticamente mucho más correcta. Porque eso de devolverlos a su supuesto lugar de origen, la teoría aducida frente a la UE, no se lo cree nadie. Y menos al total de la población española.

Soy el primero en lamentar estas sueltas de animales sin el más mínimo control biológico ni, mucho más peligroso, sanitario. Con toda su buena intención, estos ecoterroristas podrían haber provocado un gravísimo problema medioambiental, como hacen todas esas salvajes liberaciones de visones americanos de las granjas peleteras.

Pero la reintroducción ha funcionado, como están funcionando planes semejantes en el Reino Unido, Alemania o los Países Bajos. Por eso decidir el exterminio de una especie que ya exterminamos nosotros hace cuatro siglos y que ha regresado a sus territorios perdidos después de tanto tiempo, que tanto ayuda en la mejora ambiental de los ríos, y que cumple sin duda una importante función ecológica en el ecosistema fluvial, es un despropósito.

Un río con nutrias y ahora con castores me parece un lujo para los sentidos. ¿Apoyarías tú la erradicación de una especie sólo por haberse saltado el protocolo administrativo?

Porque no me cabe duda. Ahora los matamos y dentro de unos años sacaremos adelante un millonario proyecto para su recuperación. Eso sí, éste con todo el procedimiento burocrático impecablemente resuelto. Incluida la póliza de 25 céntimos.