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Los bosques marinos de Canarias están en peligro

Las praderas submarinas de Canarias, auténticas selvas subacuáticas del océano atlántico y uno de los principales puntos calientes de la biodiversidad marina mundial, están en peligro.

Una categórica afirmación en la que están completamente de acuerdo tanto las principales organizaciones ecologistas del país como la comunidad científica, pero que rechaza de plano el Gobierno canario. Para la Administración regional la extensión de los sebadales, como se conoce a estos peculiares bosques marinos cuya especie dominante es una fanerógama denominada seba (Cymodocea nodosa), es el doble de lo que se pensaba hace unos pocos años. Y por eso ha decidido rebajar su rango de protección de la segunda categoría, “sensible a la alteración de su hábitat”, a la cuarta y última, “de interés especial”.

Detrás de tan sorprendente desacuerdo subyacen las dificultades de políticos y empresarios para desarrollar importantes proyectos de puertos comerciales y deportivos en el Archipiélago, entorpecidos por la presencia de estas comunidades acuáticas férreamente protegidas por la legislación española y europea.

Así ha pasado en Lanzarote y en Fuerteventura, pero ahora la auténtica razón es la de dar luz verde definitiva a la construcción del puerto de Granadilla, en el sur de Tenerife. Un megaproyecto que desde hace siete años mantiene en pie de guerra a la población local, quien en numerosas manifestaciones se ha mostrado mayoritariamente contraria a su ejecución.

Un gran polígono industrial se levanta ya en el desértico lugar elegido para ubicar la gran infraestructura portuaria (el dique previsto tendrá dos kilómetros de longitud), una zona donde la especulación urbanística está logrando importantes ganancias.

Inicialmente, la Autoridad Portuaria y el Gobierno de Canarias afirmaron que en esa costa no había sebadales y, por lo tanto, el impacto ambiental sería mínimo. Tras numerosas denuncias a Europa, ahora se dice exactamente lo contrario, que son tan extensos como vulgares. A pesar de afectar la obra a dos Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), la Unión Europea ha dado finalmente luz verde al proyecto tras recibir unos polémicos informes del Gobierno español donde se justifica la intervención ante el supuesto colapso por falta de espacio del puerto de Santa Cruz de Tenerife.

El último escollo que le quedaba al puerto de Granadilla para comenzar a construirse era la presencia de los sebadales en el Catálogo canario de especies amenazadas. La pasada semana, el consejero de Medio Ambiente del Ejecutivo canario, Domingo Berriel, lo solucionó con un decretazo “a la carta”. Firmando una orden departamental por la que se excluye del Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias a la población de sebadal afectada por la construcción del puerto de Granadilla. Aunque alegando el “principio de prevención” mantiene de momento protegido el resto de sebadales a la espera de nuevos estudios, seguramente tan manipulados como los actuales. Para ellos lo importante es que las obras del gran muelle tinerfeño empiecen a mover millones de euros cuanto antes, desde ya mismo.

Frente a las protestas ecologistas, sus promotores prometen unas medidas compensatorias “pioneras”, como el trasplante de este sebadal fuera de la zona de afección del muelle.

“Esas medidas parecen sacadas de un libro de Julio Verne”, critica con acidez Carlos Espinosa, portavoz en Tenerife de Ben Magec-Ecologistas en Acción. En su opinión, y como han demostrado con contundencia los primeros experimentos realizados, el trasplante es, además de imposible, una estupidez.

“Es como si quisieran llevarse un encinar de Madrid a Dinamarca; hasta los niños entienden que algo así no se puede hacer, que los bosques no se pueden arrancar y ponerse en donde uno quiera sólo porque molestan”.

Lo mismo opina el prestigioso botánico Wolfredo Wildpret y el más de medio centenar de profesores de las dos universidades canarias que han firmado un manifiesto por la protección de los sebadales. Un informe donde se advierte que rebajarles la protección a estos frágiles ecosistemas es “condenarlos a la desaparición”, pues su situación es de “clara regresión general”.

En este vídeo se puede apreciar la gran belleza e importancia de los sebadales canarios como sustento del ecosistema marítimo costero que acogen gran biodiversidad marina. En peligro por culpa de políticos y empresarios interesados ¿Os suena?

Este blog actualiza el artículo que a finales de enero escribí para el periódico Público.

Foto: Ben Magec / Ecologistas en Acción