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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Esta foto no te gustará, pero la naturaleza es así de dura

La foto sin duda es desagradable y más de uno me va a afear el haberla publicado. Pero nos guste o no, la naturaleza es así de dura.

Muestra una escena inusual. El instante en el que un cuervo canario (Corvus corax canariensis) caza de un certero picotazo a una ardilla moruna (Atlantoxerus getulus). ¿Un cuervo cazador?

La imagen está tomada en la isla de Fuerteventura. Y desmiente la creencia que tienen muchos en Canarias de que estos córvidos son dañinos, tan solo hacen mal. Lee el resto de la entrada »

Descubren intacta la semilla escondida por la ardilla loca de Ice Age

¿Os acordáis de Scrat, la divertidísima ardilla loca de Ice Age? Era ese animalito desesperado por poner a buen recaudo del avance de la glaciación alguna semilla que le garantizara el sustento para un largo invierno que (él no lo sabía) duró 90.000 fríos años. Pues acaba de encontrase su pequeño tesoro. No la famosa bellota de la película, pero sí un puñado de semillas de Silene stenophylla, una planta con flores nativa de Siberia, que habían sido enterradas por una ardilla durante la Edad de Hielo cerca del río Kolymá. Esta gran corriente fluvial todavía hoy es usada como la principal carretera de la región durante los largos meses en que permanece helada. Según explica Rachel Kaufman en un excelente reportaje de National Geographic, la datación por radiocarbono confirmó que las semillas tenían 32.000 años de antigüedad.

Pero hay algo aún más sorprendente. El equipo de científicos ha logrado hacerlas germinar ¡32.000 años después de su formación!

Las simientes estaban congeladas a 38 metros por debajo del permafrost, rodeadas de toda clase de restos de megafauna de esa lejana época como mamuts, bisontes y rinocerontes lanudos. Sí, efectivamente. Los amigos de Scrat en Ice Age.

Más de 30.000 años congelada y la plantita ha germinado, crecido, echado flores y fructificado como si apenas hubieran pasado unos meses desde su nacimiento, allá en los tiempos de los bisontes esteparios. ¿No os parece increíble?

Hace un par de años ya os conté en La Crónica Verde cómo un dátil de la época de Herodes encontrado en el desierto de Judea había logrado germinar y convertirse en robusta palmera datilera. Pero esa planta milagro que hasta ahora ostentaba el título de la más antigua semilla regenerada tenía 2.000 años y ésta rusa supera los 32.000 años.

Miras la foto de la Silene resucitada y te quedas helado. Tan normal, tan frágil, nadie diría que ha descubierto la máquina del tiempo. ¿Aparecerá también algún día detrás de ella la nerviosa ardilla?

Aprovecho para dejaros aquí una de las divertidas historias de esta ardilla de dientes de sable tan obsesionada por las bellotas.

La fotografía de la planta-milagro rusa ha sido cedida por la National Academy of Sciences a National Geographics.

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Las islas de biodiversidad no salvan a los náufragos

El primer Parque Nacional del mundo se declaró en 1872. Fue Yellowstone, la casa del popular Oso Yogui. Al mismo tiempo Monet iniciaba el impresionismo, ese arte empeñado en captar el instante del paisaje. Desde entonces protección y paisaje han ido unidos en la meritoria misión de preservar la naturaleza. Paradójicamente llevamos 139 años equivocados, salvando un puñado de espacios supuestamente bellos pero condenando al resto a la destrucción.

La política de crear islas de biodiversidad rodeadas de territorios cada día más degradados es una mala política. Sin interconexión entre ellas no tienen futuro, pues la vida necesita mantener un activo flujo genético para seguir su incesante camino evolutivo. Pero en lugar de ampliarlas las reducimos o convertimos en diminutas microrreservas, apenas unos guetos de flora y fauna rodeados de agresivas urbanizaciones a modo de mar muerto.

La otra opción, la del todo protegido menos donde se ubiquen suelos urbanos o industriales, resulta quimérica. La famosa ardilla (de la que en realidad nunca habló Estrabón pues fue una invención de Rodríguez de la Fuente) seguiría hoy sin poder cruzar España a través de la red de espacios protegidos. Demasiadas autopistas y casas, venenos y tendidos eléctricos se lo impiden.

Pero es que encima de ser pocas, estas tristes islas de biodiversidad han sido muy mal elegidas. Una reciente investigación concluye que el 95% de las zonas de alta concentración de vertebrados de la Península Ibérica está fuera de áreas protegidas. Y ello es así porque a la hora de seleccionarlas sólo se ha tenido en cuenta determinados grupos de mamíferos y aves, olvidándose de anfibios, reptiles o peces. En conclusión, con tan sólo protegido un 5% de esos sitios fundamentales, nuestra actual red de espacios protegidos resulta tan ineficiente como ineficaz. Pobre ardilla.

Referencia bibliográfica:

Pascual López-López, Luigi Maiorano, Alessandra Falcucci, Emilio Barba, Luigi Boitani (2011): “Hotspots of species richness, threat and endemism for terrestrial vertebrates in SW Europe”. Acta Oecologica, 37(5): 399-412.

Puedes leer el artículo completo en este enlace.

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¿Acabaremos pagando por visitar los espacios naturales?

Hace unos años me invitó un amigo naturalista a dar un paseo por un pequeño robledal en la campiña inglesa, último refugio de la allí muy rara ardilla roja (Sciurus vulgaris). Para evitar su destrucción había sido adquirido por un grupo ecologista. Y para mi asombro, debimos pagar cada uno tres libras para poder entrar en él. Como era de esperar, ninguno de los muchos que por allí estábamos ese domingo vimos ninguna ardilla, pero todos llevábamos en la cara la satisfacción del privilegio de pisar ese último reducto de bosque primario británico, del que ya os he contado lo amenazado que se encuentra. Y a nadie le importó tener que pagar por verlo.

¿Llegará también aquí el día en que tengamos que pagar para pasear por nuestros últimos hayedos, robledales o encinares, por nuestros espacios protegidos? Espero que no.

Nuestro país no es de los que gusta de rascarse el bolsillo por admirar el patrimonio, sea artístico o natural. Conozco a varios que desde que se paga entrada en los museos no ha vuelto a pisar uno de ellos, aunque no vacila en soltar 30 euros por ir a un concierto o a un partido de fútbol.

¿Os imagináis que nos cobraran por visitar Monfragüe, Picos de Europa, el Teide, Doñana o el hayedo de Tejera Negra? Me imagino las protestas. Y sin embargo, su mantenimiento cuesta mucho dinero a las arcas públicas. Con el añadido de que, en mi opinión, nuestra sociedad sólo valora lo que vale dinero. ¿Estaríamos así más concienciados de la importancia de la Naturaleza? Probablemente sí, pero dudo que esta decisión se tome alguna vez. Sinceramente, soy el primero que le gusta disfrutar gratis de tanta riqueza.