La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Breve manual para disfrutar del paisaje mientras paseas

Paseando por el bosque. Foto Pixabay

Acabo de termina de leer un librito que es una auténtica maravilla, un tesorillo de papel, una joyita para tener siempre en la mesita del dormitorio, junto a la cama, y poder disfrutarlo en píldoras de hermosa felicidad literaria, tómese al menos dos párrafos antes de ir a dormir.

No hay peligro de sobredosis si uno se engancha al texto y lo lee de una sentada. Bueno, en realidad sí que lo hay. Su efecto secundario principal es que a uno le entran unas ganas locas de salir a pasear por las montañas más solitarias del mundo. A donde, por cierto, se recomienda también llevar este librito de bolsillo en cuestión, no tengamos una recaída y necesitemos del subidón contemplativo que emana de su bella prosa.

Los Alpes en invierno. Ensayos sobre el arte de caminar (Siruela, 2018) fue escrito entre 1871 y 1902 por Leslie Stephen (Londres, 1832-1904), pionero del alpinismo y padre de la famosa escritora Virginia WoolfLee el resto de la entrada »

La Sierra de Madrid será como los Alpes

¡Peligro en el bosque! ¡Vuelven los ingenieros del ICONA!

Como en una pesadilla que creíamos ya olvidada, regresan a los despachos los viejos señores ingenieros expertos en histriónicas repoblaciones forestales propias de los oscuros tiempos del franquismo. Aquellos que tuvieron a bien plantar pinos silvestres burgaleses en las faldas del Teide y pinos canarios a los pies del San Millán, en la sierra burgalesa de La Demanda, tras arrasar acebedas y brezales.

Por pura ley de vida ya deberían estar todos jubilados, pero según parece dejaron discípulos. Sólo así se explica lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid.

Como acaba de denunciar Ecologistas en Acción, la Consejería de Medio Ambiente está desarrollando repoblaciones en la Sierra de Guadarrama con pino negro (Pinus uncinata) y alerce (Larix decidua), especies que son propias de los Pirineos y de los Alpes centrales. Además está realizando talas abusivas en la valiosa acebeda de Robregordo “para rejuvenecerla”.

De acuerdo con los ecologistas, en enero de 2007 la Dirección General del Medio Natural, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, publicó el Plan de Repoblaciones de la Comunidad de Madrid. Entre los objetivos a conseguir destacaban la mejora de la biodiversidad de especies arbóreas autóctonas, la restauración de áreas degradadas y la expansión de las áreas naturales de especies autóctonas valiosas. Indicaba además que las repoblaciones previstas se harían con material genético procedente de parcelas seleccionadas “de las mejores masas” de la misma Comunidad.

Fieles a su palabra de políticos, han echo exactamente lo contrario de lo previsto. Supongo que para ellos mejorar la biodiversidad debe ser introducir especies alóctonas no presentes en España de forma natural como el alerce, proveniente de viveros italianos. Al fin y al cabo, dirán algunos, árboles son.

Y yo me pregunto: ¿Son estos los árboles que por millones nos están prometiendo los políticos en tan confusos días preelectorales? En cualquier sitio, de cualquier manera, de cualquier especie. ¿También los plantarán en los valiosos piornales de alta montaña que ahora destruyen para colocar alerces, donde pintan menos que un pingüino en la playa de Varadero? ¿Volverán los negros tiempos de los aterrazamientos, de los eucaliptos, a mayor gloria del partido gobernante? Me dan miedo.

Al final va a ser mejor que nos sigan repartiendo cheques y dejen en paz a nuestra maltrecha Naturaleza.

Detalle de un alerce, la nueva especie arbórea de la Sierra de Madrid.

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Adenda.

Me cuenta por correo electrónico un lector bien informado que el dislate es aún mayor de lo que ya de por sí parecía. Ante la presión ecologista la repoblación con pinos negros y alerces ha sido suspendida. Parece una buena noticia, pero todo tiene siempre “efectos colaterales”. El primero, que el terreno ya estaba preparado para la plantación, esto es, los piornales destrozados. Y así se quedarán. Segundo, que la empresa a quien se había contratado el trabajo ya había comprado los árboles, que por supuesto no le van a pagar ahora. Mi informante lo explica a la perfección:

“Resumiendo, se cargan el piornal, embarcan a empresas privadas en labores peregrinas (con el consiguiente gasto, que imagino tendrán que compensar), enfrentan a la gente y, al final, lo dejan todo como un bebedero de patos. Menos mal que después sacarán un proyecto para recuperar es espacio degradado por ellos mismos. Y es que es el negocio de este siglo: construir, degradar, restaurar y, si es posible, volver a construir”.