La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Toneladas de pan acaban en la basura

Los españoles no podemos comer sin pan. Es nuestro alimento estrella, el más natural y básico. También el más diverso, pues sólo en España tenemos más de 300 variedades diferentes de todos los tamaños, formas y texturas.

No por casualidad, su consumo ha estado siempre rodeado de un aura de sacralidad. ¿Recuerdas? Nuestras abuelas lo besaban si se caía al suelo, nunca se podía poner boca abajo (“Llora la Virgen”), se le hacía una cruz al amasarlo y se guardaba en bolsa blanca. “Está bendito”, nos decían. Si se tiraba al fuego se alimentaba al diablo, y si se le pinchaba con el tenedor se atraían desgracias a la casa.

En los pueblos se cocía a lo sumo un par de veces a la semana y, a decir de nuestros mayores, cuanto más duro se quedaba más rico estaba. Nunca se desperdició un solo mendrugo, por lógica y por que hacerlo daba mala suerte. El sobrante, si es que alguna vez sobraba, se usaba para empanar carnes, hacer torrijas o dar consistencia a las sopas, tanto las de leche de los desayunos como las de ajo de las comidas. Pero todo eso era antes.

Ahora seguimos comiéndolo, aunque ajenos a supersticiones ya no lo reverenciamos. En realidad lo desperdiciamos. Al día siguiente de comprado lo consideramos duro y lo tiramos. Da igual que caiga hacia arriba o hacia abajo. Como resultado, miles de toneladas de pan fresco acaban todos los días en el vertedero. Según las estadísticas más conservadoras, un 30 por ciento de todo lo que se elabora al año en España, 660 millones de kilos de los 2.200 producidos, terminan en el cubo de la basura.

Pienso en el hambre en el mundo, en la tragedia de Haití, y se me cae la cara de vergüenza. Con todo este despilfarro podríamos ayudar a mucha gente, reciclándolo, repartiéndolo, pero no lo hacemos. Preferimos comprar todos los días el pan calentito.

Pero seamos positivos. Aportemos entre todos soluciones.

Una fantástica es la de la ONG francesa Pan contra el Hambre. Sus voluntarios recogen por las panaderías todo ese pan duro, lo preparan como comida para animales, y el dinero de la venta lo destinan a proyectos de ayuda al Tercer Mundo.

Seguro que se pueden hacer otras muchas cosas para acabar con este despilfarro. ¿Qué ideas se te ocurren a ti para no desperdiciar el pan duro? Por ejemplo, nosotros en casa hacemos unas crepes y un puding buenísimos.

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Abuelas tres estrellas Michelin

Tras la Navidad nos queda el dulce recuerdo de las comidas familiares. Dice el famoso cocinero Sergi Arola que la mejor cocina del mundo es la de las abuelas y tiene toda la razón. Pero no porque nuestras abuelas sean unos chefs de rango internacional, nada de eso.

Su secreto culinario reside en algo tan intangible como es la tradición. En ese patrimonio oral heredado casi siempre de madres a hijas y nietas, en esos platos adaptados como un guante a nuestros gustos, entornos y culturas, enraizados en los productos de la zona, eso que ya damos en llamar biodiversidad agrícola y ganadera. Platos locales pero también mestizos, enriquecidos con las aportaciones propias de cada generación, de cada viaje, de cada experiencia, apoyados en la dieta mediterránea, la más equilibrada del mundo. Por eso no existen dos casas donde se prepare igual un mismo plato.

En los fogones las abuelas manejan con arte algo cada vez más difícil de conseguir: tiempo y cariño. Olorosos potajes borboteando a fuego lento durante horas. Largas elaboraciones. Despensas bien abastecidas en los surtidos mercados populares. Donde todo se aprovecha y nada se tira no por ecologismo, sino por lógica.

Desgraciadamente, toda esta sabiduría se está perdiendo a una velocidad de vértigo. Las abuelas de antes ya no son las de ahora. La comida rápida, el microondas, la olla exprés y el hipermercado están arrinconando a los platos “de toda la vida”, esos que todos guardamos como un tesoro en la memoria de nuestras pituitarias, en los recuerdos de la niñez. ¿Te acuerdas del bacalao de la abuela? ¿Y de esas patatas a la importancia que parecían ternera? ¿O de las torrijas?

Pero todavía estamos a tiempo de impedir esta terrible simplificación gastronómica que es la comida rápida. ¿Cómo? Muy fácil, entrevistando a nuestros mayores para redactar, con su colaboración, ese libro de recetas familiares que siempre querríamos tener en casa. Ponernos a su lado cuando cocinan friéndoles a preguntas, tomando buena nota de todo. Incluso grabando en vídeo su trabajo y explicaciones. Ellos estarán encantados y nosotros más, pues habremos rescatado del olvido este auténtico Patrimonio de la Humanidad tres estrellas Michelin, las recetas de nuestra familia.

¿Cuál es el plato que más recuerdas de tu abuela? Seguro que había uno especial para Navidad, cuéntanoslo.

Vuelven las ovejas a la Cibeles

Un año más, la Asociación Trashumancia y Naturaleza, dirigida por nuestro querido paladín ambiental Suso Garzón, vuelve con miles de ovejas merinas a recorrer el centro de Madrid. Es su convocatoria número 16, pero el mensaje sigue siendo el mismo: la defensa de los pastores como custodios de la biodiversidad, claves en la protección de nuestra fauna silvestre, nuestros paisajes y nuestros pueblos.

Aprovechando que Madrid recobrará mañana su condición de hito en los caminos ancestrales de la trashumancia que recorren España, la Federación Estatal de Pastores (FEP) solicitará a las administraciones una apuesta decidida para potenciar la trashumancia y la ganadería extensiva por su importancia en la adaptación al cambio climático, en la conservación de la biodiversidad y en la obtención de productos de calidad.

Actualmente existen en España unos 300.000 pastores (con 10.000 familias en régimen de trashumancia) que gestionan aproximadamente 1.000.000 vacas, 2.500.000 cabras y 10.000.000 de ovejas en régimen extensivo, de las cuales 300.000 son trashumantes.

A pesar de ser un ejemplo de sostenibilidad, las familias que se dedican a estas prácticas ancestrales se ven abocadas a abandonar la actividad ante la falta del merecido reconocimiento social y de una política decidida que se corresponda con su enorme importancia ambiental y cultural.

Los rebaños benefician directamente a la biodiversidad, al conservar numerosas razas autóctonas además de permitir la supervivencia de especies amenazadas como el oso, el águila imperial o el quebrantahuesos y mantener paisajes y ecosistemas destacados. Los efectos también son positivos para la flora, al contribuir a una mejor dispersión de las semillas.

La llegada de las merinas es siempre un espectáculo en una ciudad tan de espaldas al campo como es Madrid. La única capital del mundo que celebra esta fiesta de exaltación de la cultura pastoril. Una oportunidad única para llevar a los críos a verlas, pero también para agradecer a los pastores su fantástica labor medioambiental.

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Os copio a continuación el programa y recorrido previstos:

DOMINGO, 25 OCTUBRE 2009

XVI FIESTA DE LA TRASHUMANCIA EN MADRID

10.00 h- Salida de los pastores participantes con una representación de la ganadería autóctona desde la Casa de Campo por el Puente del Rey, Avda. de la Virgen del Puerto, Parque de Atenas y Cuesta de la Vega.

10.30 h- Entrada por la Calle Mayor y saludo a los representantes de la Corporación Municipal en la Plaza de la Villa. Pago del servicio de montazgo, de acuerdo con la Concordia de 2 de marzo de 1418, entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Concejo de la Villa de Madrid.

11.00 h- Llegada a la Puerta del Sol. Abrirán paso los mayorales de Cantabria, con sus perros mastines armados de carlancas para la defensa del ganado, seguidos de los Caballeros de Sierra, encargados de velar por la seguridad de los pastores durante la trashumancia por las cañadas. Seguirán los pendones desplegados de los concejos leoneses de la Vía de la Plata, el camino más antiguo de Europa Occidental, entre Mérida y Astorga. Serán escoltados por los arrieros de La Maragatería (León), garantía del comercio desde Galicia a La Mancha con sus recuas de mulos por caminos y cañadas, y por la Cabaña Real de Carreteros de Quintanar de la Sierra (Burgos), con sus poderosas yuntas de bueyes de raza serrana. Continuarán las carretas de vacas tudancas, retintas y berrendas, seguidas de los grupos populares de Cantabria, Extremadura y Castilla y León, ataviados con sus trajes tradicionales, representando a las diferentes comarcas y regiones españolas unidas por la trashumancia. Tras el rebaño trashumante, pasarán otros usuarios de las cañadas, senderistas, caballistas y ciclistas, reivindicando los derechos de paso, la conservación y el acondicionamiento de estos caminos de utilidad pública.

11.30 h –Entrada por la Carrera de San Jerónimo hacia la Calle Sevilla.

12.00 h- Regreso por la Calle Alcalá a la Puerta del Sol. Actuación de los grupos populares y lectura del manifiesto a favor de los ganaderos españoles y de la trashumancia por las cañadas.

12.30 h- Las carretas, el rebaño, y los caballos, continuarán por la Calle Mayor hasta Bailén, regresando por la Cuesta de La Vega y el Paseo de la Virgen del Puerto hasta la Casa de Campo. Los grupos populares realizarán un pasacalles por Arenal y Ópera hasta el Palacio de Oriente y la Catedral de la Almudena. A las 14.00 h., traslado hasta la Casa de Campo, donde se celebrará una comida de Hermandad junto al Lago para todos los participantes.

17.00 h- Fin de fiesta y despedida de los pastores.

Hoy matan al Toro de la Vega en Tordesillas

Hoy morirá en el campo de Tordesillas Moscatel, de la ganadería de Victorino Martín, bravo, musculoso, cuatro años, 540 kilos de peso y un bello color negro entrepelado bragado. Morirá un inocente.

Lleva diez días descansando en los hermosos prados del río Zapardiel, esas praderas de mi niñez donde por primera vez vi a las garcillas boyeras despulgando toros igual que lo hacen en África con los ñus. No sabe que a las 11 de la mañana empezará un calvario que acabará a orillas del río Duero, cuando alguno de sus cientos de perseguidores a caballo logre atravesarle el corazón con una larga pica.

Dicen que juntarse miles de personas en el campo para torturarlo y matarlo a lanzazos es una tradición. Medieval, anacrónica, cruel, añado yo.

Dicen que son sus raíces, y que sin ellas no son nada. Pobres raíces las suyas.

Dicen que protestar por esta salvajada es una provocación. Asco y rabia es lo que a mí me provocan estas tradiciones, también añado yo (y les provoco).

Taurinos y violentos

Era de suponer. Si te gusta el espectáculo de ver torturar y matar toros en público, no resulta extraño que también te guste la violencia, que seas intolerante y que ejercites tu barbarie contra los que no piensan como tú. No todos, es verdad, pero seguramente muchos, demasiados para una sociedad que se dice culta y moderna.

El pasado fin de semana, los amigos de la sangre ajena se han comportado con saña contra los antitaurinos sólo por que no piensan como ellos. 20 Minutos ha sido nuevamente uno de los pocos medios de comunicación que ha informado con detalle de estos hechos, al igual que se niega a dar publicidad a matadores y boxeadores.

En Ampuero (Cantabria), una asociación taurina y otra defensora de los animales terminaron enzarzados en una batalla campal que acabó con varias denuncias y con la asistencia hospitalaria a una decena de personas.

En Galápagos (Guadalajara), varios vecinos han acosado, quemado y robado el coche a otro vecino antitaurino.

En ambos casos se acusa a los críticos con la tauromaquia de querer estropearles las fiestas, e incluso de provocarles al grabar en vídeo las burradas que hacen públicamente con los astados. Defienden la originalidad de sus peculiares juergas a tortazos, y si no te gusta, pues te largas. Eso me suena a fascismo.

Seguramente para evitar nuevos altercados, y por primera vez en cinco años, la Subdelegación del Gobierno de Valladolid ha negado permiso al partido antitaurino Pacma para manifestarse contra la tradicional salvajada del Toro de la Vega en Tordesillas el próximo domingo 13 de septiembre. Lavándose las manos en sangre, las autoridades permiten el vergonzoso espectáculo de lancear toros en el campo y exhibir sus testículos arrancados, pero prohíben las protestas. Viva la democracia.

Una vez más, los violentos tratan de taparnos la boca a los pacíficos, aunque no lo conseguirán. La tortura animal nunca podrá justificarse con la tradición, el arte y la cultura. Los toros y sus fiestas sangrientas tienen los días contados en España, le pese a quien le pese.

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En la imagen superior, una terrible escena del macabro espectáculo taurino conocido como el Toro de la Vega, la vergüenza de Tordesillas. Tradición medieval al más puro estilo primitivo, tercermundista.

Si quieres enviar una carta de protesta a los responsables políticos de esta insensatez puedes hacerlo a través del modelo que ha redactado Anima Naturalis y que te enlazo aquí.

¡Se acabaron las meriendas!

Fieles a su cita, ajenas a los calores de agosto y a sus terribles sequías, las quitameriendas (Merendera montana) han comenzado a tapizar de morado las praderas y eras de Castilla. Heraldos del otoño, nos señalan implacables el comienzo del final del buen tiempo, de las vacaciones, del verano.

Me las encontré ayer mientras paseaba con mis hijos por el robledal de Arlanzón (Burgos) y, como me pasa siempre, no pude evitar una exclamación de sorpresa, pero también de desagrado. ¿Ya están aquí? ¿Tan pronto? Lo queramos o no, los ciclos en la Naturaleza son implacables. Y estamos a las puertas de septiembre.

Como me volvió a explicar la abuela Emilia, la aparición de estas bellas flores parecidas al azafrán silvestre señalaba que los días empezaban a ser ya demasiado cortos como para estar trabajando en el campo hasta las diez de la noche. Así que esas humildes meriendas vespertinas de pan, queso, chorizo y bota de vino, respiro necesario tras monótonas horas trillando y abeldando el cereal, llegaban a su fin. Conocedores de los signos del campo, la violeta flor les señalaba la necesidad de apresurarse en la recolección, pues el frío y las tormentas se les echaba encima.

Por suerte, todos estos trabajos son ya sólo lejano recuerdo. Pero la señal sigue ahí en el campo, fiel a su cita, indicándonos lo incuestionable: El verano se acaba. También las vacaciones. ¿Estamos preparados para entrar en el otoño?

Darwin mató al hombre lobo

Nuestro hombre lobo, el lobishome gallego, el lobizón argentino, no murió por el disparo de una bala de plata, elemento mágico de esa luna llena que todos los meses le transformaba en fiera. Murió asesinado por Charles Darwin en 1859, año en el que la publicación de su revolucionario libro El origen de las especies hirió de muerte al legendario licántropo.

Según ratifica una interesante información publicada por el Servicio de Información de Noticias Científicas (SINC), la aceptación de la Teoría de la Evolución y su general conocimiento entre la población echó por tierra la posibilidad de que pueda existir un hombre mitad lobo. Porque como todo el mundo sabe, es algo evolutivamente imposible.

En su lugar, nuestro mundo de leyendas ha buscado y encontrado otros monstruos más darwinianos, menos imposibles: el Yeti o Bigfoot, un hombre mono, eslabón perdido de nuestro pasado primate.

Esta original teoría es defendida en charlas y conferencias por Brian Regal, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad Kean de Nueva Jersey (EE. UU.).

Según recoge SINC del propio Regal,

“La difusión de la idea de la evolución ayudó a acabar con el hombre lobo porque un híbrido entre humanos y canes no tiene sentido desde el punto de vista evolutivo”.

Y añade, en defensa del Yeti como entelequia pseudocientífica legendaria:

“El híbrido entre hombre y primate, sin embargo, no sólo es aceptable desde un punto de vista evolutivo, sino que es la base de la evolución humana”.

La tragedia del castaño acaba en fiesta

Miles de fuegos purificadores han iluminado esta noche, la más corta del año, toda España. Es la fiesta de san Juan, homenaje ancestral al sol, al verano, a la vida. Alegría, música, magia, amor. Pero también muerte. En la comarca de El Bierzo (León), las hogueras de San Juan se alimentan de la tragedia. Están mayoritariamente hechas con los cadáveres de decenas de viejos castaños, muertos por miles debido a dos enfermedades incurables, el chancro y la tinta.

Estos hongos terriblemente virulentos están diezmando la inmensa riqueza forestal berciana ante la ya tradicional impasibilidad de la Administración regional, que tan sólo recomienda el arranque de los ejemplares afectados.

De esta forma, como quien se deshace de una inmundicia, los grandes castañares de los sotos de El Bierzo, punto caliente de biodiversidad, acaban en el fuego.

Un ejemplo lo hemos tenido ayer en San Juan de la Mata, en el municipio de Arganza, donde no están seguros de entrar en el Guinnes de los Récords con la hoguera más grande del mundo, aunque quizá lo logren, pero sí que su resplandor se habrá visto en media comarca. Una pira nocturna donde se han consumido más de cien toneladas de troncos, algunos de hasta tres mil kilos.

Al igual que la grafiosis acabó con los olmos españoles, el chancro y la tinta está diezmando a los castaños. En El Bierzo, donde se localiza el mayor castañar de Europa, pueden estar afectados ya el 80 por ciento de todos los ejemplares. También y especialmente sus cientos de ejemplares centenarios, una riqueza natural única.

En realidad, como me explican desde la asociación A Morteira, sólo los castaños que se encuentran por encima de los 800 metros de altitud están de momento a salvo. Pero por culpa del cambio climático, este refugio cada día es más inseguro frente a esas dos virulentas enfermedades que nadie parece dispuesto a parar.

Las buenas prácticas forestales de nuestros sabios abuelos evitaban la llegada de este tipo de plagas, pero ahora, con las prisas y la mecanización, le estamos dando alas a la proliferación de todo tipo de enfermedades. Y en vez de luchar para salvarlos, en vez de llorar su pérdida, preferimos competir con el vecino a ver quién la tiene más grande, la hoguera. Y les prendemos fuego. ¡Qué viva la fiesta!

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Foto: Ayuntamiento de Arganza.

‘Numerus clausus’ en El Rocío

“Al Rocío yo quiero volver”, repite con devoción la Salve rociera. Y este Domingo de Pentecostés, pasado mañana, es el gran día, la víspera del famoso “salto de reja” de los almonteños, de la espectacular procesión de la Blanca Paloma por entre el centenar de hermandades allí llegadas tras una larga peregrinación.

No hay duda, el Rocío, en Huelva, es una de las fiestas más importantes de España, si no la que más. Pero tiene un problema. Puede morir de éxito. No la romería, eterna, sino su entorno, sumamente frágil.

La ermita fue fundada hacia 1280 por el rey Alfonso X el Sabio, en la creencia de que la Virgen se había aparecido sobre uno de los milenarios acebuches que aún siguen vivos a su alrededor, en medio de unas tierras pantanosas ya célebres entonces por su riqueza en aves, el atractivo indiscutible de Doñana. Muy diferente a ahora, cuando la pequeña aldea recibirá este fin de semana la avalancha de más de un millón de peregrinos, 80.000 a través de los caminos tradicionales que cruzan el Parque Nacional.

Si lo hacen “como Dios manda”, en carretas y caballos engalanados, el impacto será mínimo. Pero también acuden cientos de peregrinos motorizados en quads, tractores y todo terrenos, y eso en el santuario de los linces no es de recibo. Son las propias hermandades, las primeras interesadas en preservar el entorno de la ruta rociera, quienes han comenzado a poner coto al aumento de vehículos en estos lugares únicos. Los ecologistas incluso les han pedido que pongan numerus clausus, pues el espacio natural tiene unos límites que la masificación creciente del lugar está empezando a derribar. Todos están de acuerdo en ello, pero ninguno en cómo hacerlo, con hermandades como la de Almonte que crece en 200 nuevos hermanos al año.

La solución teórica parece sencilla, es necesario impedir la entrada de vehículos de motor por los caminos de Doñana. La realidad, como siempre, resulta mucho más compleja.

¿No se te alegran las pajarillas?

Les voy a hacer una confidencia: estos días se me están alegrando las pajarillas. Por si alguno se escandaliza con ello, me adelanto y le pido que no busque connotaciones eróticas ni orníticas en mi confesión, son únicamente estéticas.

Las pajarillas es el nombre antiguo que se daba al bazo guisado de los animales, pero especialmente al del cerdo. Y retrocediendo muchos siglos más hacia atrás, la medicina clásica situaba precisamente en este órgano la melancolía y los humores de donde se suponía surgen la tristeza y la amargura. Alegrarse las pajarillas, el bazo, significa por tanto estar contento, y ése es ahora mismo mi estado de ánimo y el de muchos amantes de la naturaleza. Aunque llueva y haga frío. Porque nos encontramos en el momento más bello y efímero del año, la explosión de colores del otoño, antesala de la inminente desnudez del campo.

Cada año es diferente, al menos en mi Burgos natal. Aquí unas veces apenas dura una semana, sin darte tiempo para disfrutar de esas inolvidables caminatas, pero otras se alarga durante un mes.

2008 está siendo un año fantástico para los otoñistas apasionados como mi amigo Elías, quien todos los días sale de paseo con su mujer “a ver el otoño”. Y me confiesa:

“Caminamos por las choperas de El Parral o La Quinta y lo hacemos como cuando éramos chiquillos, arrastrando los pies bajo la hojarasca para escuchar su sonido y aspirar su olor”.

Otros, como Raúl y Rocío de Plasencia (Cáceres), se calzan las botas y en compañía de sus dos hijos se adentran por la tarde en la dehesa para escuchar, no ya las hojas, sino a las grullas que por cientos pasan volando camino de sus dormideros. Y la luz, esa luz otoñal tan intensa, tan dorada, les ensancha misteriosamente el corazón. Ya se lo digo yo a ellos: “Se os alegran las pajarillas”. Y sonríen. ¿No os pasa a vosotros lo mismo?